Ana Ivanovic
Ana Ivanovic
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Ana Ivanovic

1987 Belgrado


Ana Ivanovic (6 de noviembre de 1987, Belgrado) fue una de las tenistas más reconocidas del deporte de la raqueta. Durante sus 23 años de carrera, la de Belgrado logró 5 títulos ITF y 15 WTA, entre ellos Roland Garros en el año 2008. Además, fue número uno del mundo y disputó en tres ocasiones las WTA Finals. El 28 de diciembre de 2016, mediante un vídeo en Facebook y entre lágrimas, Ivanovic anunciaba su retirada del tenis profesional alegando que no era capaz de seguir compitiendo al máximo nivel debido a sus continuas lesiones a la edad de 29 años.

Vida personal

Ana Ivanovic procede de una familia clásica serbia. Es hija de Dragana, su madre, una abogada, y de Miroslav, su padre, un economista de origen montenegrino. Además, tiene un hermano, menor que ella, Milos, el cual le encanta el baloncesto y juntos disfrutan de este deporte en su tiempo libre.

En 2007, la nombraron Embajadora de la buena voluntad por parte de UNICEF, una plataforma que la lucha a favor de la defensa de los niños y niñas, materia por la cual siente especial interés ya que siente gran predilección hacia la educación infantil y la protección de menores, además de visitar colegios con el fin de fomentar y promocionar el deporte y los estudios.

Ana Ivanovic en 2007 con UNICEF (Foto: shoubiz.guru)
Ana Ivanovic en 2007 con UNICEF (Foto: shoubiz.guru)

La de Belgrado es una mujer muy culta, pues adora la lectura, especialmente la Historia y la Mitología Griega. En lo que a estudios y destrezas se refiere, la balcánica estudió finanzas y español en su ciudad natal, idioma en el cual se defiende. También habla serbio y por supuesto el inglés.

Actualmente, Ana Ivanovic se encuentra casada con el mítico futbolista alemán, ex del Bayern de Munich, Bastian Schwensteiger, desde julio del año 2016 y con el que tiene dos hijos.

Monica Seles tuvo la culpa

Su compatriota, aunque posteriormente nacionalizada estadounidense y húngara, fue quien provocó que la tenista de Belgrado se enganchase al tenis. Las tremendas batallas que enfrentaban a Monica Seles ante Arantxa Sánchez Vicario o Steffi Graff sobre Roland Garros despertaron el interés por el tenis de una pequeña niña de 5 años. Tras ello, Ana recordó el número de teléfono de un club de su ciudad pidiendo a sus padres que la llevasen allí. Ella quería jugar al tenis. Ante tanto interés por este deporte, sus padres le regalaron una raqueta por su quinto cumpleaños, una raqueta que aún conserva la serbia.

Unos inicios verdaderamente duros

Pasaron los años y la balcánica siguió con su amor por la raqueta y siguió practicando. Sin embargo, en el año 1991 comenzaron los problemas y es que en su país se comenzaba a desarrollar la famosa Guerra de los Balcanes, con la posterior disolución de la antigua República Yugoslava, una Guerra que no finalizó hasta el año 2001. Esto provocó una serie de altibajos en Ivanovic, todo ello en plena etapa de crecimiento.

Por si fuera poco, la serbia también sobrevivió a los Bombardeos de la OTAN del año 1999, con 12 años. Emocionalmente, esto era muy duro de llevar para la tenista de Belgrado, pues ello impedía que pudiera entrenarse con normalidad. Ante esta situación, Ana se vio obligada a cambiar sus horarios de entrenamiento, teniendo que hacerlo por la mañana para escapar de los continuos bombardeos que se producían.

Por suerte para ella, en su antiguo club, donde se fraguó su amor al tenis, pudo entrenarse. En una entrevista concedida antes de la final de Roland Garros del 2007, la propia Ana explicó que allí había una piscina olímpica y que al no tener fondos para poder calentarla en verano, la vaciaban, ponían una moqueta y la convertían en una pista de tenis y así poder jugar. Pero no lo hacía sola y es que en ese mismo lugar se estaba cociendo otro mago serbio de la raqueta. Efectivamente, es Novak Djokovic. Juntos, durante la Guerra, entrenaban, un entrenamiento que creó una gran amistad entre ambos.

Ana Ivanovic y Novak Djokovic durante la Hopman Cup del 2013 (Foto: zimbio)
Ana Ivanovic y Novak Djokovic durante la Hopman Cup del 2013 (Foto: zimbio)

La serbia se marchó de Belgrado, aunque eso sí con inconvenientes, ya que no fue capaz de encontrar visados, algo que la obligó a salir de su ciudad natal en autobús. Llegó a Hungría y posteriormente a Suiza donde la esperaba un ángel de la guarda, el mecenas Dan Holzmann, que tuvo olfato para reconocer el talento de la balcánica invirtiendo 300.000€ en su carrera, creando así su residencia en Basilea.

Los primeros años en la élite

En el año 2004, Ivanovic comenzó a dar sus primeros pasos en el circuito femenino y a lograr sus primeros títulos, aunque eso sí de categoría menor. Disputó cuatro torneos challenger y en todos ellos se alzó campeona siendo dos de ellos disputados desde la fase previa. En el circuito profesional, también disputó otros cuatro torneos enfrentándose a tenistas como Anabel Medina o Venus Williams y logrando como mejor resultado los cuartos de final en el torneo de Luxemburgo perdiendo precisamente ante la tenista española.

Ya en 2005, la serbia cosechó su primer título a nivel profesional. Fue en Canberra, Australia, derrotando a la húngara Melinda Czink en la final. La tenista de Belgrado comenzó a escalar en el ranking y a verse las caras con las tenistas de renombre con mucha más frecuencia: Vera Zvonareva, Svetlana Kuznetsova, Nadia Petrova o Amélie Mauresmo, derrotando a esta última en la tercera ronda de Roland Garros. Ese año, la serbia terminó en el puesto Nº16 del ranking postulándose así como alguien a tener en cuenta en los próximos años. Tenía 18 años.

Ana Ivanovic en 2005 con el primer título de su carrera en Canberra (Foto: ImperioDeFamosas)
Ana Ivanovic en 2005 con el primer título de su carrera en Canberra (Foto: ImperioDeFamosas)

2006 transcurrió por la senda de la regularidad donde logró alcanzar varias veces los cuartos de final en torneos como Indian Wells, Sydney, Los Ángeles o Varsovia y también tener actuaciones decentes en Roland Garros o en el US Open. Sin embargo, la serbia tocó la gloria en Montreal, Canadá, lugar donde cosechó su primer triunfo de peso tras doblegar a la mismísima Martina Hingis en dos sets. Finalizó el año en Hasselt, Bélgica, consiguiendo de nuevo alcanzar los cuartos de final y terminando el año como número 14 mundial.

2007, el año de la explosión

Los resultados que iba cosechando en los años anteriores auguraban que una estrella estaba llamando a la puerta. El crecimiento de esta joven jugadora era muy latente y eso se plasmó en el 2007, y por consiguiente también en el 2008, el que ha sido sin ningún tipo de dudas el mejor año de toda su carrera.

A principios de 2007, sus actuaciones discretas en Gold Coast, Sydney y el Open de Australia, no fueron más que un trampolín para tocar la gloria en los meses posteriores. En Tokyo logró alcanzar la tercera final de lo que hoy día se conocen como los WTA Premier, pero cediendo en ella ante Nadia Petrova. Una ronda menos conseguiría poco tiempo después, en Miami, llegando hasta las semifinales, pero cayendo ante Tataiana Golovin.

Con ello, se llegó a la gira centroeuropea, con Berlín como primera estación y obteniendo su primer torneo “Premier” doblegando en la final a la rusa Svetlana Kuznetsova. Este título la catapultó al Top 10 mundial colocándose como nueva Nº8 del mundo. Se retiró de Roma para reaparecer posteriormente en Roland Garros y Wimbledon, certámenes donde conseguiría sus primeras semifinales de Grand Slam donde Justine Henin y Venus Williams la privarían de alcanzar la última ronda en ambos torneos.

Ana Ivanovic en 2007 en Berlín con el trofeo Águila Imperial (Foto: ElMundo)
Ana Ivanovic en 2007 en Berlín con el trofeo Águila Imperial (Foto: ElMundo)

Tiempo después, Los Ángeles y Luxemburgo serían testigos de la ebullición de la tenista de Belgrado, pues allí consiguió el tercer y cuarto título de su carrera tras derrotar nuevamente a Nadia Petrova y Daniela Hantuchova respectivamente, logrando así posicionarse como número 4 del mundo, siendo este el mayor ranking de su carrera hasta ese momento, además de sacar su pasaporte para sus primeras WTA Finals, que en aquel entonces se disputaban en el Madrid Arena de la Casa de Campo, perdiendo en este último certamen del año en semifinales ante Justine Henin tras superar la fase de grupos en segundo lugar.

El éxito llegó en 2008

Las esperanzas estaban en todo lo alto en la campaña que estaba a punto de empezar y es que había mucha expectación en torno a la figura de Ana Ivanovic. Se apostaba a que ese era el año en el que la joven jugadora serbia podía comandar el circuito mundial del tenis tras lo visto en la temporada anterior. Descaro, garra y explosividad. Ingredientes suficientes para tocar la gloria.

Hasta mitad de temporada, todo fue prácticamente rodado para la jugadora serbia. Cosechó las semifinales en Sydney, torneo previo al Open de Australia, lugar donde volvió de nuevo a cosechar una final de Grand Slam, la segunda de su carrera, previo paso por unas semifinales donde tras ir 0-6 y 0-2, sacó valor  para remontar a Daniela Hantuchova en una lucha titánica y citarse con una joven Maria Sharapova en la final con la que finalmente no podría, pero saliendo de Melbourne con el Nº2 mundial.

Ivanovic y Sharapova en la ceremonia del Open de Australia 2008 (Foto: pinterest)
Ivanovic y Sharapova en la ceremonia del Open de Australia 2008 (Foto: pinterest)

Tras unas discretas actuaciones en los torneos de Doha y de Dubai, la serbia se plantó en Indian Wellls, el primer torneo Premier de la temporada. En una semana de ensueño, batiendo en última instancia a Svetlana Kuznetsova, la balcánica se alzaba campeona sobre el desierto californiano sumando un nuevo título a su palmarés, el sexto de su carrera, y encarar así la gira de tierra batida donde tocaría el cielo con las manos.

La serbia con su trofeo de campeona en Indian Wells (Foto: pinterest)
La serbia con su trofeo de campeona en Indian Wells (Foto: pinterest)

Antes de llegar a Roland Garros, Ivanovic defendía el título en Berlín del año anterior. No lo logró, pues se quedó en semifinales, y con ello emprendió el viaje de sus sueños hasta la capital de Francia, París. La Ciudad del Amor aguardaba un secreto que perseguía con anhelo pero que se había resistido tras dos intentos en Grand Slam y tras quedarse a las puertas el año anterior, tenía claro que lo iba a intentar de nuevo en la presente campaña.

Sofia Arvidsson, Lucie Safarova, Caroline Wozniacki, Petra Cetkovska, Patty Schnyder y Jelena Jankovic fueron los escollos que superó la serbia para citarse con Dinara Safina en la lucha por el título, una lucha que enfocaba sabiendo que al día siguiente iba a ser la nueva número uno del mundo y horas después lo haría con la copa Suzanne Lenglen entre sus brazos. Todo ello a los 20 años.

La infinita felicidad de una adolescente de 20 años que acababa de hacer historia (Foto: zimbio)
La infinita felicidad de una adolescente de 20 años que acababa de hacer historia (Foto: zimbio)

Pasado Roland Garros, en Wimbledon, estrenando su número uno del mundo, cayó en tercera ronda ante la china Jie Zheng. En año Olímpico, Ivanovic no viajó a Pekín debido a una lesión. Malos momentos para la serbia que acabó cediendo el trono mundial tras cosechar unos resultados muy pobres. Unos resultados que supo dejarlos atrás con unas semifinales en Zurich, cayendo ante Venus Williams y el título en Linz, doblegando a Vera Zvonareva y alzando el octavo título de su carrera y el tercero del año. En las WTA Finals, se retiró en fase de grupos por lesión cerrando el año en la quinta posición del ranking.

Una larga travesía por un desierto de muchas sombras y pocas luces

El año siguiente podría considerarse como el peor en la carrera de la jugadora serbia. Aquella tenista que se dio a conocer en los años anteriores se diluyó de la misma forma y en el mismo tiempo que tarda en diluirse un terrón de azúcar en una taza de café. En 2009, lo más destacado fueron unos cuartos de final en Brisbane, al inicio de la temporada. Tras continuos tropiezos, en septiembre, tras despedirse del US Open, anunció una retirada temporal y no se volvió a saber de ella en una pista de tenis hasta 2010.

En el año en el que se cumplía una década de siglo, las cosas mejoraron ligeramente. La serbia cosechó tres semifinales: en Brisbane, cayendo frente a Justine Henin, en Roma, cediendo ante María José Martínez, y en Cincinnati, retirándose en el segundo set cuando se enfrentaba a Kim Clijsters. Sin embargo, se consagró campeona de Linz, derrotando a Julia Goerges en lo que fue su primer título en dos años y también se proclamó reina de lo que ahora se conoce como el WTA Elite Trophy, que se disputa después de las WTA Finals, batiendo a Alisa Kleibanova y acabando así la temporada en el puesto Nº17 del mundo.

En 2011, 2012 y 2013 se mantuvo dentro de la senda regular, aunque eso sí sin cosechar grandes triunfos más allá del que logró en el 2011 cuando repitió título en el WTA Elite Trophy venciendo a Anabel Medina y logrando así el undécimo título de su carrera y el que sería el último hasta dentro de 3 años. Ese mismo año, a principios, disputó la Copa Hopman, pero se retiró en la final ante Justine Henin, lo cual la obligó a hacerlo del próximo torneo que disputaba, Sydney. También en esa temporada contrató a Nigel Sears como entrenador.

La balcánica con su título en Bali 2011 (Foto: Yahoo Deportes)
La balcánica con su título en Bali 2011 (Foto: Yahoo Deportes)

En la siguiente temporada, 2012, año olímpico, y en 2013, sus papeles fueron bastante discretos, aunque eso sí cosechó varias semifinales, como las conseguidas en Indian Wells en el 2012, donde posteriormente se retiraría ante Sharapova, Madrid 2013, cediendo también ante la tenista de Siberia, o en Carlsbad, perdiendo ante Victoria Azarenka, que semanas después la doblegaría en octavos del US Open.

De vuelta a 2012, sobre Flushing Meadows, logró alcanzar los cuartos de final, la mejor actuación de su carrera en Nueva York, en o que fueron sus primeros cuartos en un Grand Slam desde que lo lograra en el 2008 en Roland Garros. En los JJOO se despidió en tercera ronda y finalizó el año como Nº13 siendo este resultado el mejor desde el 2008.

La decepción de Ivanovic sobre la Caja Mágica de Madrid en las semifinales del 2013 (Foto: zimbio)
La decepción de Ivanovic sobre la Caja Mágica de Madrid en las semifinales del 2013 (Foto: zimbio)

En 2013, además de lo ya mencionado previamente, llegó a la final de la Copa Hopman de la mano de Novak Djokovic, pero no fueron capaces de derrotar a la España comandada por Fernando Verdasco y Anabel Medina. A finales, hizo final en el torneo de Linz, pero no pudo levantar el título ya que cayó frente a su buena amiga Angelique Kerber. Disputó el WTA Elite Trophy cayendo en semifinales ante Simona Halep, finalizando así el año dentro del Top 20 en vísperas de lo que estaba por venir en 2014, la temporada de su resurgimiento y una de las mejores de toda su carrera.

Como el Ave Fénix, Ana resurgió de sus cenizas para volver a brillar

 El año de su resurgimiento no pudo comenzar de mejor manera. En Auckland, Nueva Zelanda, la serbia volvería a brillar sobre una pista de tenis y volvió a dar atisbos de la jugadora que fue. En una semana de gran nivel, la de Belgrado derrotó a Venus Williams en la final para alzar al cielo el duodécimo título de su carrera, el primero en tres años.

Ana, con su trofeo en Auckland (Foto: The Straits Times)
Ana, con su trofeo en Auckland (Foto: The Straits Times)

Y con ello, partió hasta Melbourne para disputar el Open de Australia, el primer Grand Slam de la temporada donde la estaba aguardando un momento mágico. Tras derrotar a sus rivales previas, a Samantha Stosur en una titánica lucha a tres sets, Ivanovic se plantó en los octavos de final donde la esperaba Serena Williams, la número uno del mundo por aquel entonces. Con un gran descaro y haciendo uso de su potente tenis, la serbia pegaba el pelotazo del torneo derrotando a la número uno del mundo en tres sets. Ana Ivanovic volvía a ser noticia. ¿Y si estábamos ante un nuevo 2008? En los cuartos de final, la balcánica no pudo derrotar a la canadiense Eugenie Bouchard.

El grito de Ivanovic tras derrotar a Serena Williams en el Open de Australia. Sin duda, una de las mejores victorias de su carrera (Foto: zimbio)
El grito de Ivanovic tras derrotar a Serena Williams en el Open de Australia. Sin duda, una de las mejores victorias de su carrera (Foto: zimbio)

Sin embargo, sus dos siguientes meses fueron bastante discretos y es que en Dubai, Doha, Indian Wells y Miami, no sumó grandes resultados y cosechó derrotas prematuras. Pese a ello, la ex número uno del mundo no perdió la ilusión y en Monterrey, sumó de nuevo una semana mágica coronándose campeona tras doblegar a su compatriota Jovana Jaksic. Dos títulos en cuatro meses, algo había cambiado en la buena de Ana.

Ana, campeona en Monterrey (Foto: pinterest)
Ana, campeona en Monterrey (Foto: pinterest)

Posteriormente vinieron los torneos de tierra, su superficie favorita, donde realizó una gira más que decente, pues cosechó unos cuartos de final en Madrid, unas semifinales en Roma, cayendo frente a Serena Williams, y venciendo previamente a Maria Sharapova y convirtiéndose así en la única tenista que doblegó a la rusa ese año sobre polvo de ladrillo y terminando con la imbatibilidad de la siberiana en Roma, pues se coronó en 2011 y 2012. En 2013, Sharapova no disputó los cuartos de final debido a una gripe. Además, también fue subcampeona en Stuttgart perdiendo en la final preciamente ante Maria Sharapova. En Roland Garros perdió en tercera ronda.

En la hierba, logró su primer, y único, título sobre esta superficie. Fue en Birmingham , doblegando a Barbora Strycova y levantando el tercer trofeo de la temporada. Tras una discreta aparición en Wimbledon, se inició la segunda mitad de la temporada. En Stanford, cayó en cuartos frente a Serena Williams, misma tenista ante quien caería en la final de Cincinnati tras tras haber disputado un duelo antológico en semifinales ante Maria Sharapova.

La serbia, besando su único trofeo sobre hierba (Foto: zimbio)
La serbia, besando su único trofeo sobre hierba (Foto: zimbio)

Ya sobre Asia, la balcánica sumó un nuevo título, y el que a la postre sería el último de su carrera. Tras vencer a Caroline Wozniacki en la final de Tokio, Ana Ivanovic se hacía con el título Nº15 de su carrera. Posteriormente sumó unas semifinales en Pekín y con ello consiguió clasificarse por tercera vez en su carrera a las WTA Finals que ese año de disputaron en Singapur. Allí, se despidió en la fase de grupos, pese a haber ganado dos partidos. Sin embargo, ello le sirvió para finalizar el año como número 5 mundial y siendo la tenista con más triunfos cosechados en la temporada.

Ana, con su platillo de emperatriz en Tokyo (Foto: zimbio)
Ana, con su platillo de emperatriz en Tokyo (Foto: zimbio)

Sus dos últimos años, muy desapacibles

La serbia que volvió deslumbrar al planeta en el 2014, reviviendo así esos momentos tan pletóricos del 2007 y 2008, no volvió y apenas se volvió a saber de ella. Los últimos dos años de la carrera de Ana Ivanovic fueron un continuo vaivén emocional del que ni ella misma sabía cómo poder salir y conseguir encontrar la estabilidad. Sus resultados fueron muy pobres para el nivel de una jugadora como la balcánica. La inestabilidad fue su seña de identidad en sus últimos momentos como tenista.

En su penúltimo año, pese a que no logró levantar ningún título, gozó de un año relativamente decente. Comenzó la temporada de la misma manera en la que había terminado 2014. Haciendo un gran tenis, se plantó en la final de Brisbane, la última final de toda su carrera, aunque finalmente cedería ante Maria Sharapova pese a haberse anotado la serbia el primer set. Desde ahí, el Ave Fénix que resurgió, comenzó a hacer cuesta abajo.

Sharapova e Ivanovic en la final de Brisbane (Foto: zimbio)
Sharapova e Ivanovic en la final de Brisbane (Foto: zimbio)

Aún así, llegó hasta las semifinales de Monterrey, donde defendía el título, Pekín, a final de temporada y aún luchando por poder entrar en las WTA Finals, y sorprendentemente en Roland Garros, el lugar en el que “nació” como tenista, dónde desplegó un maravilloso tenis durante dos semanas venciendo a tenistas del calibre de Ekaterina Makarova, la zurda rusa, una tenista que se le daba fatal a la serbia y que por aquel entonces era Top 10 mundial. Todo ello tras no haber superado previamente ni la tercera ronda en ninguno de los torneos que disputó sobre tierra batida: Stuttgart, Madrid y Roma. Además, logró a los cuartos de final de Toronto, Cincinnati y Tokyo.

Ivanovic, sobre Roland Garros en 2015 (Foto: zimbio)
Ivanovic, sobre Roland Garros en 2015 (Foto: zimbio)

Ya en la que sería su última temporada como profesional, la serbia no daba atisbos de poder resurgir como hizo dos años atrás, y eso que era año olímpico. Su actuación más destacable fueron las semifinales que cosechó en el torneo de San Petersburgo siendo derrotada por la también ya retirada Roberta Vinci, finalista del US Open 2015. Sólo pisó los cuartos de final en Dubai y Mallorca, mientras que el resto del año todo fueron pobres resultados y derrotas muy sorprendentes. Disputó los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro y no pudo superar el debut después de caer a manos de Carla Suárez.

Ana Ivanovic sobre la central del Centro nacional de Tenis de Río de Janeiro en los JJOO de 2016 (Foto: zimbio)
Ana Ivanovic sobre la central del Centro Olímpico de Tenis de Río de Janeiro en los JJOO de 2016 (Foto: zimbio)

El último partido de la carrera de Ana Ivanovic se produjo en el US Open. Sobre Flushing Meadows, cuya mejor participación fueron los cuartos de final en el 2012, la serbia no fue capaz ni de ganar un partido. En su primer, único y el que a la postre sería el último envite, la balcánica cayó estrepitosamente ante la checa Denisa Allertova, una tenista que pasará a la historia por ser la última rival de toda una número uno del mundo. Tras esto, Ivanovic anunció una retirada temporal de las pistas con el objetivo puesto en 2017, pero ese 2017, nunca se produjo.

Una inocentada real de muy mal gusto

A unos días antes de poner el colofón al 2016, Ana Ivanovic anunciaba en Twitter que iba a dar un importante anuncio el 28 de diciembre (noticia aquí), el día de los santos inocentes. Los visionarios especulaban con la retirada definitiva del tenis, los demás pensaban que esa retirada temporal sería algo más larga de lo esperado, y vaya si lo fue.

Con una sonrisa de oreja a oreja, la serbia iniciaba el vídeo mediante Facebook. Se vaticinaba la noticia que finalmente sería oficial en los siguientes minutos. Con lágrimas de emoción en sus ojos, Ana Ivanovic oficializaba que había llegado el final de su carrera. Las lesiones la machacaban y la ex número uno del mundo decidió poner punto y final a toda una vida dedicada al tenis puesto que ya no se veía capaz de competir al máximo nivel. Ana Ivanovic colgaba la raqueta a los 29 años y decidía centrarse en otros proyectos y en su familia ya que se casó con Schwensteiger.

Al año siguiente, Roland Garros hizo su propio homenaje a la tenista que hace 9 años levantó su trofeo como campeona del certamen. En una pista Philippe Chatrier a rebosar, pues era la antesala de la final que disputarían Simona Halep y Jelena Ostapenko, con triunfo final de esta última, Ana Ivanovic recibió un caluroso recibimiento de la muchedumbre que la vio crecer cuando ella tenía 20 añitos.

Bernard Giudicelli entregando a la serbia el trofeo conmemorativo en su homenaje (Foto: zimbio)
Bernard Giudicelli entregando a la serbia el trofeo conmemorativo en su homenaje (Foto: zimbio)

La WTA perdía a una de las mujeres más emblemáticas y carismáticas de su asociación. El mundo del tenis perdió a una sonrisa única y maravillosa. A una estela de elegancia corriendo detrás de la pelota. A la tenacidad y a la persistencia. A una golpe de derecha descomunal. A un resto devastador. A un icono mundial. Simplemente, a Ana Ivanovic, esa pequeña niña que pasó de ser bombardeada por las guerras de su país y de jugar en una piscina olímpica a liderar el tenis mundial.

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