Maldini "Corazón de Dragón"

Maldini "Corazón de Dragón"

Cargada de simbología y expresión artística, la heráldica se desarrolló en la Edad Media por toda Europa. En ella además de descubrir la ciencia del blasón, la defensa y la armería, se identificaron descripciones y cualidades de míticos caballeros. Códigos de identificación de linajes, ciudades, villas, territorios, gremios y asociaciones humanas de diversa índole. En una de ellas, en la referente a la simbología futbolística, nos topamos con el rastro legendario de un distinguido caballero esférico. Un poderoso guerrero al que vimos resurgir con la pura bandera tras caerse una y mil veces. Aquel que en el mosaico de acero que constituyó su cuerpo, mantuvo firme su escudo aún invicto con la fuerza de mil años y un suspiro de mármol hundido sobre su pecho.

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Mariano Jesús Camacho

Su nombre Paolo Cesare, un joven que vino al mundo un 26 de junio de 1968, con el escudo del Milan esculpido en mármol sobre su corazón rossonero, y portando la heráldica del linaje Maldini en su célebre apellido. En su piel curtida por mil batallas, impregnada por dentro una camiseta en rojo sobre negro. Blasón, escudo, bandera y emblema, el recuerdo de un número tres que trabajó en el taller de las emociones para convertir la banda izquierda de San Siro en bulevar de la elegancia.

Un chico que a la edad de diez años ya poseía el gesto atlético del futbolista veterano, y que por aquel entonces jugaba como extremo izquierda. Ese mismo que a los 12 o 13 años pasó al centro del campo, y posteriormente en edad juvenil fue retrasado a la defensa, donde Fabio Capello se convirtió en su primer gran mentor. Desde siempre un atleta adaptado al fútbol, un joven que logró a base de trabajo y mucha clase que no se apreciara su condición natural de diestro.

Descendiente directo de una estirpe de emperadores, hijo de Cesare Maldini, defensa central de la selección italiana y capitán del Milan, campeón de Europa en Wembley 1963, frente al Benfica de Eusebio. Aunque se intuía que llegaría lejos -como vaticinó Gianni Rivera que le vio nacer y crecer en las categorías inferiores del Milan-, pocos habrían apostado que lograría superar lo conseguido por su padre, del que jamás recibió un trato de favor con la intención de no perjudicar su carrera.

Su recuerdo una letanía de hazañas y gestos heroicos, los de un defensa tan grande como Il Duomo di Milano, conocido en sus inicios como "Il Bello". Aquel al que el legendario Nils Liedholm, poco antes de hacer su debut le preguntó: "¿Dónde quieres jugar chico?" "En el lateral derecho, mi sitio natural", respondió. Unos días más tarde, un 20 de enero de 1985, le hacía debutar en la derecha con la maglia nº14 del Milan, en un encuentro ante Udinese en sustitución del lesionado Battistini.

Posteriormente con Arrigo Sacchi y Franco Baresi como faro, aprendió los conceptos tácticos del posicionamiento, a moverse sin balón. Paolo se consolidó en el ruolo de terzino sinistro -lateral zurdo-, formando parte integrante de un equipo que marcó época y constituyó línea por línea su particular tratado sobre el fútbol en zona. En concreto y en lo que compete Paolo, integró una defensa recitada de memoria por los tifosi rossoneros: Maldini, Baresi, Costacurta y Tassotti

En 1988 logró su primer Scudetto, el que abriría la senda legendaria de un gran campeón que con Capello aprendió el verdadero valor de la mentalidad y el pragmatismo. Luego vivió una etapa complicada para el club, heredó la capitanía de Baresi y vio pasar a técnicos como Óscar Tabarez, el regreso de Fabio Capello, Alberto Zaccheroni y la contratación temporal de su padre Cesare. En 2001 Fatih Terim se hizo cargo del equipo para poco después dejar su puesto en manos de Carlo Ancelotti, con el que Maldini y el Milan se reencontraron con el éxito. En esta época el número tres del conjunto rossonero se asentó de forma definitiva en la posición de central.

Cinco Copas de Europa, le contemplan y tan solo Paco Gento -con seis- puede mirarle desde las alturas. Las cinco coronas de un palmarés repleto de títulos: 7 Scudettos, 5 Supercopas de Europa, 2 Intercontinentales, 1 Mundial de Clubes, 1 Coppa de Italia y 5 Supercopas Italianas.

Seda y acero, defensa elegante dotado de buena técnica en el toque, velocidad, elevación, prestancia física y polivalencia. Atleta de máximo nivel, recurriendo a los anglicismos del fútbol, un zaguero dominador del ‘timing defensivo’, que manejaba a la perfección el instante preciso en el que efectuar el ‘tackling’ con el que arrebataba la pelota limpia al adversario. En las infinitas palabras futbolísticas que nos proporciona el juego y la sintaxis de un partido de fútbol, un lateral infranqueable en el uno contra uno. Aquel al que solo vimos sufrir ante Maradona y recordamos en España por sus marcajes a Míchel, que se considera a sí mismo como presidente del club de sus damnificados.

Su padre Cesare le hizo debutar en la selección sub 21, con tan solo 18 años, luego el 31 de marzo de 1988, en el partido en el que Italia empató 1 a 1 con Yugoslavia lo hizo con la absoluta. Con la Nazionale llegó a jugar cuatro mundiales y el destino quiso arrebatarle la gloria hasta en dos ocasiones, en USA 1994 y en la Eurocopa del año 2000.

Defensa milenario, que superó aquella cifra de partidos, y que con 126 internacionalidades con la Nazionale, más 902 partidos oficiales con el Milan, simboliza al hombre record del fútbol de su país. Autor del gol más rápido de la Champions, anotado en la final disputada en Estambul ante el Liverpool a los 51 segundos de juego.

Entrando a valorar si fue o no el mejor lateral de la historia del fútbol italiano creo que no me equivoco si le considero el número uno en la parcela defensiva, pues en la parcela ofensiva Giacinto Facchetti fue mejor.  En la geometría esférica del fútbol italiano un prosista estético que abanderó la palabra lealtad durante 25 temporadas. Uno de aquellos One club man, hoy en vías de extinción, paradójicamente una leyenda que se marchó con sabor agridulce de la que fue su casa. Y es que en su despedida de San Siro, -en mayo de 2009 al filo de los cuarenta años- fue vilipendiado con desafortunadas pancartas de la radical "Curva Sud", que no encajaron bien las posturas lejanas de Paolo frente al radicalismo y sobre las que subyacían rencillas pasadas iniciadas con el regreso de Capello al equipo.

Afortunadamente la gran mayoría de la afición otorgó el justo y merecido adiós que correspondía a su perfil de leyenda. Aquella que colgó en la heráldica de su apellido su número tres, reservado únicamente para siguientes generaciones representadas en los sueños esféricos de dos jóvenes llamados Christian y Daniel -sus hijos-.

Para todos "Il Capitano", para mí por y para siempre: "Corazón de Dragón". Patrimonio de la tradición, un caballero mítico con el club en su cabeza que llegado el momento del partido, su corazón se armaba con el crisol de mil llamas y su cuerpo, con el acero.

  

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