Henri Delaunay, padre de la Eurocopa de Naciones

Henri Delaunay, padre de la Eurocopa de Naciones

La historia del fútbol y en concreto en el apartado referente a la organización, dirección y administración de este deporte nos deja constancia de que además de los ingleses los franceses jugaron un papel preponderante. Basta citar a Robert Guerin y a Jules Rimet para constatarlo y situarnos en la pista biográfica de otro ilustre directivo francés: Henri Delaunay, mano derecha de Jules Rimet y padre de la Eurocopa de Naciones.

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Mariano Jesús Camacho

Nacido en Paris en 1883, Delaunay fue el gran precursor de la evolución de la UEFA y el padre de la Eurocopa de Naciones. Hombre de fútbol y el deporte desde su juventud, fue futbolista del Etoile de Deux Lacs y ejerció como árbitro, por lo que conociendo en profundidad el envidiable futuro y las posibilidades del citado deporte, entregó su vida al arte de legislar el rodar de una pelota.

Sus inquietudes le llevaron a ser nombrado en 1906 Secretario General del Comité Interfederal Francés (embrión de la Federación Francesa). Cargo desde el que trabajó por y para la creación y fundación de la Federación de Fútbol Francesa. Delaunay destacó sobremanera por sus innovadoras ideas, siempre encaminadas hacia la expansión y evolución del fútbol. En Francia puso sobre la mesa la idea de la Copa Charles Simon, que más tarde se convertiría en la Copa Francesa. En 1919 fue nombrado secretario de la FFF, Federación Francesa de Fútbol, donde trabajó codo a codo con su presidente Jules Rimet.

Con una trayectoria profesional que le avalaba tanto en el campo deportivo como directivo, la FIFA le pidió en 1920 que se sumara a formar parte de su nuevo comité consultivo de las Reglas del Juego. Delaunay recopiló y trabajó activamente en las primeras decisiones respecto a la interpretación de las Reglas del Juego. Precisamente en el máximo organismo futbolístico a nivel mundial, ejerció como Secretario, un cargo en el que jugó un papel fundamental en el proyecto de creación de una Eurocopa de Naciones. Su idea expuesta en 1927 quedó archivada y pospuesta por la FIFA, centrada en el proyecto de la Copa del Mundo y afectada por la delicada situación mundial. La Segunda Guerra Mundial frenó aquel proyecto, por lo que hasta veinticinco años después no se retomó nuevamente su idea.

Aunque su proyecto de la Copa de Europa de Naciones no pudo llevarse a cabo en aquel entonces, su apoyo a Jules Rimet en el Congreso de la FIFA de 1928 celebrado en Ámsterdam (en el que se intentó posponer la idea de Rimet de la celebración de la Copa del Mundo para evitar molestar al Comité Olímpico Internacional), resultó esencial para la puesta en marcha del mismo. En contra de algunas voces que afirmaron que el torneo olímpico debía ser considerado un auténtico campeonato mundial, Delaunay sostuvo que la condición de jugadores amateurs que se les exigía a los participantes en la Olimpiada, impedía que cada país acudiese a los Juegos con sus mejores equipos, en tanto que el Campeonato del Mundo estaría abierto a todos los jugadores, "fueran profesionales, amateurs u otros", sin establecer ningún estatuto particular.

En aquellos complicados años Delaunay siguió trabajando por y para el fútbol y, como cité con anterioridad, hasta 25 años después no se retomó su proyecto europeo. Un 15 de junio de 1954, en el hotel Euler de Basilea se llevó a efecto la fundación de la UEFA, Delaunay fue nombrado su primer secretario general, cargo en el que trabajó y aportó su incalculable experiencia hasta su fallecimiento el 9 de noviembre de 1955. En referencia a la citada fundación hay que destacar que tres fueron los nombres fundamentales para que la UEFA y el proyecto de la Eurocopa de Naciones salieran adelante: el francés Henri Delaunay, el belga José Crahay y el italiano Ottorino Barassi. Ellos jugaron un papel fundamental en la creación de la segunda organización de estas características en fundarse en todo el mundo, con el precedente de Suramérica en 1916. También en la gestación de una competición abierta a todas las federaciones europeas que no hizo sombra al Campeonato del Mundo de la FIFA.

Asistieron 30 países y Francia jugó nuevamente un papel preponderante, puesto que la primera sede administrativa de la UEFA se situó en territorio francés, antes de establecerse en Suiza, donde continúa actualmente. Además Henri y Pierre Delaunay se convirtieron en las piedras angulares de la puesta en marcha de la citada organización. Desgraciadamente Henri Delaunay falleció un año más tarde, pero legó su proyecto y delegó en la figura de su hijo Pierre, que se convirtió en el continuador de su obra e hizo posible su gran sueño. La tenacidad del galo pudo más que Alemania, Inglaterra e Italia, que se opusieron a que el proyecto de su padre fuera aprobado en el Congreso de Estocolmo en 1958.

En la temporada 58/59, 17 países se inscribieron para disputar en 1960 la que sería la primera Eurocopa de Naciones, disputada en Francia, cuna del proyecto de Delaunay padre, una Copa que como no podía ser de otra manera llevó el nombre de su padre espiritual. Así la primera edición de la Eurocopa de Naciones se disputó en 1960, una competición que como ya cité arrancó con la oposición de potencias reconocidas como Italia, Alemania Occidental y las selecciones británicas, que no aceptaron la invitación de para participar.

Una primera edición en la que España protagonizó una triste anécdota, puesto que desechó la gran oportunidad de alzarse con el primer título de su historia. Y es que el General Franco, en una de sus dictatoriales decisiones negó la entrada del equipo de la Unión Soviética al país, y de este modo los soviéticos se clasificaron automáticamente a semifinales. Jugadores como Suárez, Tejada, Kubala, Di Stéfano y Gento, se quedaron sin poder luchar por un título que tenían elevadas posibilidades de conseguir. Finalmente y como no podía ser de otra manera aquella primera edición fue para la extinta URSS, que en la final disputada en el Parque de los Príncipes de París se impuso a la también extinta  Yugoslavia.

Un cabezazo de Victor Ponedelnik  en la prórroga, que supuso el 2 a 1 para la extinta URSS, selló una victoria cimentada en la sólida defensa soviética y las felinas condiciones de su portero Yashin. Un partido y una final para la historia y el recuerdo en la que los 18000 espectadores que asistieron a la misma, fueron testigos de un sueño cumplido y la emoción de Pierre Delaunay, que creyó ver en el reflejo de aquella copa izada al cielo parisino por Igor Netto, el rostro de su progenitor, padre también de aquella competición: Henri Delaunay.

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