El Swansea arrolla a un modesto Malmö (4-0)
Michu fue el autor del primer gol en la historia de la Europa League para los swans.

Más de dos décadas después, el Swansea City volvía a disputar un partido en Europa. Lo hacía en la ida de la tercera fase de clasificación de la Europa League, ante un oponente, el Malmö sueco, que venía más rodado, pero que no fue rival para los galeses. Los hombres de Michael Laudrup fueron los amos y dominadores de un encuentro en el que el balón tuvo un único propietario que no quiso cedérselo a su adversario, y que fue manejado según la voluntad de los swans a lo largo de todo el partido.

A los pocos minutos de juego, ya se empezaba a visualizar lo que sería el encuentro. Un Swansea ofensivo y dominador, que tocaba y tocaba, encerrando a su rival en su mitad de campo. Sin Pablo Hernández ni Chico, ambos con problemas físicos, el Swansea inició con Jordi Amat en la defensa y el que a la postre sería uno de los hombres más decisivos del partido, Wayne Routledge, como sustituto del ex centrocampista del Valencia.

Poco a poco fueron llegando los primeros avisos de los galeses. Primero fue un remate de cabeza de Amat tras un córner botado por Shelvey, autor de un disparo lejano poco después. El mediocentro inglés, que debutaba junto con Amat y Bony en partido oficial con los swans, se mostró muy cómodo en la zona ancha, dirigiendo y organizando a su equipo, siempre con criterio y confianza, hecho que quedó patente al ver el atrevimiento que demostró el joven ex del Liverpool cuando intentó diversos disparos desde una cierta distancia a lo largo de todo el encuentro.

Michu no ha perdido el olfato

De bien seguro que David Moyes, técnico del Manchester United, el primer rival del Swansea en la Premier League y que se encontraba presenciando el partido en las gradas del Liberty Stadium, tomaría buena nota del propio Shelvey, así como de los movimientos del siempre activo y participativo Miguel Pérez Cuesta ‘Michu’.

Y es que sería el pichichi del Swansea la temporada pasada quien abriría la lata para los swans. Tras un par de intentos sin éxito, el ex rayista, en el minuto 37, anotaría el primer tanto de la historia del Swansea en la Europa League. Shelvey inició la jugada desde su campo, dando el balón a Routledge, que tuvo tiempo para levantar la cabeza, ver el desmarque de Michu y ponerle el balón justo donde éste lo pedía. El atacante español aprovechó un resbalón de su defensor, encaró al meta y definió con sutileza y precisión con su pierna zurda.

Con esta ventaja mínima se llegaba al descanso. El Swansea, muy superior a su rival, veía como el Malmö lograba aguantar, plantado como un muro en su campo, toda una mitad, habiéndo recibido tan solo un gol. El poco peligro que crearon los suecos vino a raíz de contragolpes muy puntuales, que pillaban la defensa del Swansea medio desordenada, pero que terminaban en remates muy desviados o en recuperaciones de los defensores locales. Sin embargo, la sensación que daba el encuentro era que era cuestión de minutos que llegasen más goles para los locales, algo que terminó ocurriendo.

Fulminante segundo tiempo

La segunda mitad arrancó como había terminado la primera. Seguían cayendo las ocasiones del lado local, una superioridad que por el momento no se veía reflejada en el marcador. Esta circunstancia duraría poco. Antes, hubo tiempo para que el Malmö pudiese acercarse en el marcador. Primero, con un peligroso lanzamiento de falta que se marchó muy lejos del arco defendido por Vorm. Después, con la jugada polémica del partido.

Corría el minuto 53 cuando Eriksson cayó al suelo dentro del área visitante tras tropezar su pie con el de Jordi Amat, que le derribó. El contacto, dudoso aunque existente, fue muy protestado por los suecos, conscientes que un penalti podía permitirles igualar el encuentro, pero no fue suficiente a ojos de un árbitro que, bien situado, decidió que prosiguiera el juego sin que hubiera pena máxima.

A partir de entonces empezó el recital goleador de otro de los fichajes estrella del Swansea, el marfileño Wilfried Bony, que estaba haciendo un gran partido a nivel asociativo y de trabajo, retrasando constantemente su posición para recibir y combinar a uno o dos toques con hombres de segunda línea, creando así superioridad en el centro del campo.

En la jugada del segundo tanto, en el minuto 55, Routledge repitió como asistente, esta vez para enviar un centro preciso y picado para que Bony lo cabecease con precisión al palo largo, imposible para el guardameta rival. Tras este gol, el Swansea se creció y, llevado en volandas por su hinchada, cuyos cánticos fueron en aumento a medida que llegaban los goles, se armó de valentía para ir con aún más ímpetu a buscar a su rival. El Malmö fue menguando con los minutos y lo que era previsible, sucedió.

Solamente pasaron cinco minutos, de gran presión local, eso sí, hasta que de nuevo Bony se apuntó otro tanto en el marcador. Otro gol, por cierto, muy de delantero centro. En una jugada parecida a la del tanto que abrió la lata, Michu recibía dentro del área y, con el balón perfectamente controlado y orientado en su pierna buena, disparaba raso y ajustado, aunque esta vez su chut dio en el palo y, al instante, Bony lo empujaba sin problemas al fondo de la red.

En cinco minutos muy intensos, el Swansea logró encarrilar un partido ante un rival que aguantó poco menos de una hora de juego. A partir de entonces, Laudrup dio entrada a hombres de refresco como De Guzmán o Pozuelo, que ayudaron en ataque a un equipo que de forma natural se había echado unos metros atrás después del 3-0. El Malmö trató de mantener entonces un poco más la posesión del balón, y durante unos minutos el partido se rompió, pues los visitantes trataban de incorporar efectivos en ataque, mientras que los galeses aprovechaban los espacios que dejaban los suecos en defensa para tratar de meter el cuarto.

El Malmö no fue rival 

Pero los hombres de Norling apenas tenían argumentos en ataque. Si bien lograron salir con velocidad en un par de contragolpes, lo cierto es que no llegaron a ocasionar problemas a un Swansea que se encontraba muy cómodo en el campo, más con un sólido marcador a su favor. En los últimos minutos de juego, los suecos trataban sin mucho ímpetu de llevar la iniciativa, más para que pasaran los minutos sin tener que defender que para generar peligro. La falta de ideas en ataque cuando tenían el balón se hacía evidente una y otra vez, y sólo con jugadas individuales lograron acercarse al arco rival.

A pesar de que el Swansea había retrocedido unos metros, los jugadores de refresco, sobre todo un eléctrico Pozuelo, junto con Shelvey, lograron armar diversos ataques con igualdad e incluso superioridad numérica. Shelvey no logró marcar, pero no fue por no intentarlo, algo que repitió desde varias posiciones. Quien sí lo logró, a diez minutos para el final, fue el ex bético Pozuelo.

En un partido decaído, sin intensidad ni ritmo, algo lógico por otra parte, dado el contundente marcador, llegaría uno de los goles más bonitos de la noche. En una maravillosa triangulación en la frontal del área iniciada por Shelvey, De Guzmán y Bony tocaron de primeras y habilitaron a un Pozuelo que, sin ponerse nervioso, recogió un balón alto y, tras controlar con el pecho, definió con una bonita volea rasa. Era el definitivo 4-0.

En ese momento moría el partido y, probablemente, la eliminatoria. En los minutos restantes hubo alguna ocasión intrascendente y algunos cambios de jugadores para perder tiempo, de modo que el juego poco más dio de sí. Se culminaba así una noche perfecta para el Swansea. La del rencuentro con su afición, de forma brillante, sin haber recibido goles, con un nueve que ya sabe lo que es golear y sin ningún lesionado, y con un resultado holgado para afrontar con cierta tranquilidad el partido de la vuelta la semana que viene en Suecia.

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