El cisne que aprendió a hablar español
Cuando el cisne dejó de hablar español. (Fotos: Zimbio)

Todo inicio tiene su fin. Lo tuvieron los imperios, las dictaduras, las guerras y también los ciclos futbolísticos, que no podían ser menos. Uno de ellos, emplazado en un rincón de las islas británicas llamado Swansea, la segunda ciudad más grande del País de Gales, situada en la costa sur del mismo, tuvo durante varios años un acento español más que destacable.

El inicio de todo

Swansea, ciudad universitaria de la costa del sur de Gales, ha vivido en el último lustro las temporadas más brillantes de la historia. En muy poco tiempo han pasado de ser un modesto y semidesconocido equipo, más allá de las fronteras de su país, a ascender a la máxima división del fútbol británico, ganar la Capital One Cup y debutar con notable éxito en la Europa League. Y todo ello, aliñado con un fútbol especial, diferente, singular, más propio de la península ibérica que de las islas británicas.

El inicio del Spanish Swansea empezó con la llegada de los three amigos a Wigan La semilla del floreciente Swansea City que se ha visto recientemente, sin embargo, se plantó a inicios de los años noventa. Y no empezó en Swansea, sino en Wigan. Ahí aterrizaron tres españoles, apodados los three amigos. Eran Roberto Martínez, Jesús Seba e Isidro Díaz, tres chicos que hicieron las maletas para desembarcar en Inglaterra, en una aventura sin precedentes, para jugar en el entonces hundido Wigan Athletic, que jugaba en la Third Division.

El protagonista de este capítulo, Roberto 'Bob' Martínez, se acomodó durante seis temporadas en Wigan, convirtiéndose en uno de los jugadores más queridos de la afición de los Latics. En 2001, salió del club para probar, sin demasiada suerte en el Motherwell y el Walsall. A la tercera, sin embargo, fue la vencida. Su destino fue Swansea, donde aterrizó dispuesto a dar sus últimos años como futbolista. Aquel Swansea era un equipo que luchaba por sobrevivir en la Second Division.

Del césped al banquillo

Más de un centenar de partidos con los cisnes le hicieron ganarse el respeto y la admiración de una afición agradecida, que valoró su entrega para ayudar al Swansea a mantener la categoría. En tres años lograron dos ascensos, de la Third Division a la League One (equivalente a la Segunda División B española), pasando por la League Two. En 2007, Martínez anuncia su retirada como futbolista, y cambia las botas por las pizarras, pasando a ser entrenador del Swansea.

Con Roberto Martínez se empezó a gestar el Spanish Swansea, que contó inicialmente con jugadores como Orlandi, Rangel y Bauzà Poco a poco, a Swansea fueron llegando varios españoles, como Guillem Bauzà, Ángel Rangel o Andrea Orlandi, tres jugadores procedentes de la Segunda División B, además del preparador de porteros Iñaki Bergara, antiguo guardameta del Logroñés. El concepto Spanish Swansea empezaba a tomar forma. Aquel equipo, que cerca de dos décadas atrás había sido entrenado por John Benjamin Toshack -pieza fundamental para entender lo que es hoy el Swansea-, quien a su vez ya le dio un gran impulso, subiendo varias categorías, estaba a punto de experimentar un vuelo de gran altura.

La llegada de Bob Martínez al banquillo de los cisnes tuvo un efecto parecido. El de Balaguer le imprimió un sello distintivo que calaría hondo en las raíces del club. Poco a poco, Martínez fue importando algunos jugadores españoles que conocía para profundizar en su idea de juego. Así, llegaron Albert Serrán, del filial del Espanyol, y Gorka Pintado, procedente del Granada. Más tarde, se les uniría Jordi Gómez, polivalente centrocampista catalán que tras un año en Swansea, acompañaría a Roberto Martínez en su siguiente etapa en Wigan.

El Spanish Swansea (I)

Bob Martínez entrenó durante dos temporadas a los cisnes (2007-2009). En ellos, entrenó al equipo galés durante 126 encuentros, con un balance más que destacable de 63 victorias, 37 empates y 26 derrotas (un 50% de victorias). En la primera de ellas, el equipo se clasifica como primero, y asciende al Championship (Segunda División), con un heroico Jason Scotland, mito de Trinidad y Tobago, que aquella campaña anotaría 29 goles, 24 de los cuales en liga. El Swansea aventajó en diez puntos al segundo clasificado, el Nottingham Forest, y llegó a encadenar 18 encuentros consecutivos sin perder.

Bob Martínez logró ascender al Swansea al Championship, con un 50% de victorias En aquel equipo militaban Orlandi, Bauzà y Ángel Rangel, un desconocido lateral diestro de Sant Carles de la Ràpita (Tarragona) que había llegado ese mismo año procedente del Terrassa tras varias temporadas en clubes de la Segunda División B. Poco a poco, el Swansea fue reeditando sus mejores años, con un juego que, sin dejar de tener parte de las características innatas del fútbol de las islas británicas, se diferenciaba sustancialmente de la clásica idea de fútbol inglés, de balón alto y juego físico.

"No somos un equipo muy alto ni muy físico, pero tenemos el ejemplo del Barcelona. No es fácil llegar a un país donde el juego es 'box to box' (de área a área). Sólo el Arsenal hace el tipo de juego del Swansea", relató pocos años después Ángel Rangel. Bob Martínez, que en su etapa de jugador fue un mediocentro técnico y con buena visión de juego, se propuso desterrar ese estilo para cambiarlo por otro con rasgos similares a los que practicaba el equipo de moda en Europa y el resto del mundo, un Barça que con Xavi, Iniesta o Ronaldinho al frente, resultaba el gran paradigma del buen fútbol en aquellos momentos.

Aprovechar las bandas, imprimir velocidad en la circulación, dotar al equipo de un mediocentro creativo y defender a partir del control y dominio de la posesión, fueron algunas de las premisas básicas que caracterizaron a aquel equipo, un rara avis en las islas. El ciclo de Bob Martínez en Swansea no se extendió más allá de 2009, pero su idea, su modo de ver el fútbol, habían calado de tal modo en Swansea que tras su marcha, la semilla sembrada, no tardaría a dar sus frutos.

Sousa y Brendan: la prolongación y maduración del estilo

El sustituto del idolatrado Martínez, que se llevó con él a Wigan a Jordi Gómez y a Jason Scotland, fue un portugués de escasa experiencia como técnico, pero que en los noventa había jugado en clubs como Benfica, Juventus, Borussia Dortmund o Inter de Milán, antes de retirarse en el Espanyol. Paulo Sousa cogió las riendas del equipo en junio de 2009.

Brendan Rodgers maduró y perfeccionó la idea de Martínez, logrando el histórico ascenso a la Premier League Un mes después, el Swansea de Sousa realizó varios partidos amistosos en tierras españolas, ante conjuntos como Espanyol, Girona, Gimnàstic de Tarragona, Sabadell o Almería. Sin retroceder un centímetro de la idea de su precursor, Sousa siguió apostando por gente de toque, y por ello incorporó a un joven Jordi López, mediocentro que militaba en el Queens Park Rangers (actualmente en el UE Llagostera). Otro español más para un proyecto que, sin embargo, esa temporada quedaría séptimo, a las puertas del playoff de ascenso.

En la temporada 2008-2009 coincidieron seis españoles en Gales, que dotaron al Swansea de un importante acento hispano, aunque la mayoría de jugadores nunca dejó de estar compuesta por un grupo de ingleses, galeses e irlandeses. En 2010, el club volvió a dar un paso adelante al contratar a uno de los ayudantes de Mourinho en el floreciente Chelsea: Brendan Rodgers. Sin perder nunca de vista el legado recibido, Rodgers maduró y perfeccionó una idea para la que contaba con hombres como Ashley Williams, Nathan Dyer, Scott Sinclair, Alan Tate, Joe Allen, Mark Gower o Garry Monk, algunos de los hombres más usados y con mayor influencia sobre el césped, así como los españoles Rangel y Orlandi, que fueron los que mejor se asentaron en el nuevo esquema de Rodgers.

De la Premier League a Michael Laudrup

Una gran temporada sirvió al Swansea para quedar tercero, alcanzando esta vez sí los playoffs, en los que tras superar a Nottingham Forest y Reading, logró una de las hazañas que más costará de olvidar en la ciudad: el ascenso a la Premier League, es decir, la vuelta, más de treinta años después, a la máxima competición británica. El vuelo del cisne había llegado a la cima, pero aún tenía mucho camino por recorrer.

El cambio de categoría esta vez fue enormemente considerable, lo que obligó a regenerar una plantilla a la que llegaron altas y cesiones de jugadores como Cualker, Lita, Graham y Vorm, y más tarde, en invierno, Sigurðsson y McEachran. Todo parecía poco para el gran objetivo, que no era otro que lograr la permanencia. En su debut en la renombrada Premier League, sólo sobreviven dos españoles, Andrea Orlandi y Àngel Rangel. Exceptuando casos como el del argentino Federico Bessone, el portuguéws José Moreira o los holandeses Vorm, Bodde o Agustien, el francés Situ o el alemán Tremmel, el resto, la gran mayoría de futbolistas, eran ingleses o galeses.

Pese a la britanización de la plantilla, el Swansea se mantuvo fiel a su particular idiosincracia, y eso le bastó para alcanzar una sorprendente y más que sobresaliente undécima posición. Aquel éxito le sirvió a Rodgers para convertirse en lo que es hoy: entrenador del Liverpool. Otra vez el Swansea se puso a buscar sustituto, y otra vez Huw Jenkins, presidente de la entidad, volvió a acertar. El relevo era un danés, de fama de sobras conocida: Michael Laudrup.

Spanish Swansea (II)

Sin necesidad de recordar su palmarés e historial, Laudrup se dispuso a perfeccionar un modelo de equipo con un proyecto a su medida que recordaba al que había intentado en Mallorca o Getafe: coger un equipo modesto, con una idea de juego ambiciosa, y ponerlo a jugar al fútbol. La teoría resultaba bonita y elegante, pero había que convertir las ideas en hechos. La base de aquel equipo estaba ya hecha, pues el buen desempeño de muchos de los jugadores los años anteriores fueron motivo para prolongar su estancia en Gales a pesar del cambio de técnico.

Aquello, sin embargo, no impidió que Laudrup apostase por elementos conocidos de su etapa en España. Así, de nuevo Swansea volvió a teñirse de un acento latino con las incorporaciones de Chico Flores (Genoa), Miguel Pérez Cuesta 'Michu' (Rayo Vallecano) o Pablo Hernández (Valencia), además de las cesiones de De Guzmán (Villarreal) y Roland Lamah (Osasuna), dos extranjeros que conocían bien el buen hacer de la liga española.

Con Laudrup al frente, el Swansea logró su mejor clasificación histórica en la Premier, y alzar una inolvidable Capital League One en Wembley Con una plantilla a su medida, el Swansea de Laudrup no tardó en florecer, dejando tras de sí un modelo de juego colectivo que poco o nada tenía que envidiar a los grandes de la Premier. No era un todoterreno capaz de disputar la liga a los multimillonarios Manchester United, Chelsea, Manchester City, Arsenal o Liverpool, pero sí estaba preparado para hacerles sufrir sobre el césped con un juego dominativo e irreverente.

El primer año del Swansea de Laudrup (temporada 2012-13) fue, simplemente, histórico. En la liga, quedaron novenos, un hito que posiblemente tarde a repetirse. En la FA Cup, su participación no fue más allá de la tercera ronda, pero su gran éxito fue levantar la Capital League One en Wembley, el 24 de febrero de 2013. Por el camino, habían dejado a Barnsley, Crawley Town, Liverpool, Middlesbrough y Chelsea, con victoria en Stamford Bridge incluida. En la gran final, asestaron una letal mano de goles (0-5) al Bradford (dos de Dyer, uno de Michu y otros dos de De Guzmán).

La euforia que se vivió en Swansea aquel verano de 2013 fue, como es comprensible, mayúscula. El equipo acababa de lograr su mejor clasificación histórica en una liga en la que, a priori, aspiraban a mantenerse, habían logrado además alzarse con un título dejando por el camino a dos grandes, y, de paso, se habían ganado la clasificación para la Europa League. Durante ese dulce verano cogió cuerpo un equipo que se reforzó con cabeza, invirtiendo para la que se preveía como una temporada dura por el alto número de encuentros que se debían afrontar. Así, llegaron dos promesas de futuro, Jonjo Shelvey del Liverpool, y Wilfried Bony del Vitesse, además de otros cuatro españoles (Jordi Amat, José Cañas, Álvaro Vázquez y Alejandro Pozuelo).

Cima y caída

El Swansea había completado una década de ensueño. En 2003 era un modesto semidesconocido que vagaba sin rumbo definido por las categorías inferiores del fútbol británico, hasta que la influencia de Martínez y el talante de los Sousa y Rodgers le permitió tocar la cima. En 2013, era un equipo con cara y ojos que acababa de realizar la mejor temporada en sus 101 años de historia.

En septiembre de 2013, el Swansea vence 0-3 al Valencia en Mestalla en uno de los mejores partidos de la historia de los cisnes. Lo fue tanto por el qué -vencer a un equipo histórico en su feudo y en una competición de tal relumbrón-, pero especialmente por el cómo. Seis españoles, Jordi Amat, Ángel Rangel, Chico Flores, José Cañas, Alejandro Pozuelo y Michu, fueron de la partida en aquel partido, más que los que puso en juego el Valencia (tan sólo cuatro).

Seis españoles formaron en el once que derrotó 0-3 al Valencia en Mestalla Cierto es que aquel Valencia no se encontraba en su mejor momento, más bien todo lo contrario, pero eso no resta mérito a la hazaña lograda por el Swansea, que con goles de Bony, Michu y De Guzmán tomó una de las plazas más difíciles de Europa. Ni el más optimista de los galeses hubiese soñado un debut tan dulce en la fase de grupos de la Europa League. En la Premier, el equipo no terminó de arrancar, pues le pasó factura el desgaste europeo, algunas inoportunas lesiones y dos aspectos puramente futbolísticos: la falta de gol y la fragilidad defensiva. Los cisnes iban puntuando sin regularidad alguna, pero contentaban a su afición con la progresión en Europa League.

Pese a la posterior relajación del equipo en dicha competición (terminó la fase de grupos con dos triunfos, dos empates y otras dos derrotas), el Swansea se clasificó como segundo, sólo superado por un Valencia que empezaba a remontar el vuelo. El Nápoles se topó en el camino, y aunque el equipo dio una gran imagen a lo largo de toda la eliminatoria, no pudo con el potencial de los de Rafa Benítez, que decantaron el cruce a su favor con dos goles en el tramo final del encuentro de vuelta en San Paolo, obra de Higuaín e Inler. Allí terminó el viaje europeo de un cisne que se propuso volar y lo consiguió, hasta que le dejaron.

Garry Monk, la vuelta a los orígenes

La temporada 2013-14 no terminó nada bien en Swansea. Fue, tal vez, la peor a nivel institucional de la última década, sino más. Lo fue porque, por primera vez en más de diez años, se despedía a un entrenador (los anteriores habían renunciado voluntariamente). Michael Laudrup era cesado a principios de 2014 por divergencias con gran parte de la plantilla, descontenta con sus métodos de entrenamiento y con los resultados, y de unos directivos que ya no confiaban ciegamente en él.

Eliminados de Europa, la campaña acabó de forma abrupta con una salvación tardía, a dos jornadas para el final, que pudo terminar en susto mayúsculo si se llega a producir el tan temido descenso. Las únicas alegrías de aquel año llegaron a través de la Europa League y, en menor medida, por la FA Cup -eliminaron al Manchester United en un épico duelo en Old Trafford-.

Los datos en liga no habían sido enormemente distintos a los del año anterior (46 puntos y 47 goles a favor en 2013 por 42 puntos y 54 goles a favor en 2014). Cinco puntos menos, pero la sensación de un equipo que ya no crece, sino que va cuesta abajo. No fue hasta las jornadas 35 y 36, en abril, que el Swansea logró ganar dos encuentros consecutivos en Premier League esa campaña. La irregularidad fue otro de los aspectos que pasaron factura a un Swansea incómodo tanto en casa como jugando a domicilio.

Tras la marcha de Laudrup se han ido Michu, Pozuelo, Chico, Pablo Hernández y Álvaro Vázquez, y el futuro de José Cañas no está nada claroA todo ello, Garry Monk, en la plantilla desde hacía diez años, asumió las riendas deportivas y se puso a entrenar a los que eran sus ex compañeros. Salvó al equipo in extremis, pero tenía claro que algo debía cambiar de cara al futuro. Jenkins ratificó su confianza en él de cara a la siguiente temporada, la 2014-15, y alrededor de Monk girará el nuevo Swansea, que aún debe definir si prosigue con la idea de los Martínez, Sousa, Rodgers y Laudrup o, por el contrario, aboga por un estilo que recupere la esencia del fútbol británico y se equipare a los demás equipos.

Este verano se han ido Michu (Nápoles), Pozuelo (Rayo Vallecano), Pablo Hernández (Al Arabi SC), Chico (Lekhwiya) y Álvaro (regresa de su cesión al Getafe). José Cañas no sabe aún su futuro, y los únicos que parecen tener asegurada su continuidad son Àngel Rangel y Jordi Amat. De los seis refuerzos que han llegado en este mercado estival, Fabianski, Gomis, Kingsley, Emnes, Sigurðsson y Montero (a la espera de la confirmación de Fede Fernández), únicamente el extremo ecuatoriano habla español, por lo que parece claro que el Spanish Swansea está en un claro proceso de desaparición. Sólo el futuro desvelará si el proyecto de Monk tira adelante o, por el contrario, el Swansea City decide retomar un camino, con acento español, que nunca en la ciudad galesa van a olvidar.

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