La Loba se ahogó en la orilla
Foto: tuttosport.com

La lluvia fue la protagonista estelar en la partida que dio inicio a una nueva jornada de la Serie A. El Renato Dall´Ara del Bologna presentó un campo inundado, que hacía dudar seriamente del comienzo del juego. Sin embargo, el juez Gianluca Rocchi decidió jugar el encuentro, un partido totalmente desnaturalizado por la cantidad de agua que no permitió a ambos equipos desarrollar su juego. En ese escenario, las dos escuadras tuvieron sus momentos de dominio y acabaron empatando por algo que en este tipo de juegos es fundamental: detalles.

Los locales entendieron mucho mejor cómo se debía jugar el partido en el arranque. Con pelotazos para la peinada de Destro hacia los extremos e intentando todo el tiempo con pases largos por las bandas para terminar por adentro, el Bologna consiguió sorprender a una Roma que no hizo pie en el primer tiempo. Giaccherini, el jugador más incisivo, tuvo la primera aproximación. Y minutos después, la primera polémica. Destro bajó uno de los tantos pelotazos frontales que le enviaron y Giaccherini recibió por izquierda, enganchó y mandó el centro para la llegada vacía de Mounier al gol. El asistente levantó el banderín marcando posición adelantada, pero ninguno de los atacantes estaba en fuera de juego.

El fallo de los jueces le impidió a los locales ponerse en ventaja, algo que conseguiría igualmente unos minutos después a balón parado, tras un centro inofensivo que derivó en mil rebotes en el área de la Roma, cuyos defensores no lograron despejar. En ese río revuelto, la ganancia fue de Masina, quien se acomodó y sacudió de zurda para batir al polaco Szczesny, que en su estirada patinó y no logró controlar el balón que se le escabulló entre las piernas.

La Roma reaccionó, más desde el temple que desde la inteligencia. Primero con otra jugada que sería polémica, ya que Diawara frenó un lateral largo hacia el área con el brazo izquierdo, situación que era penalti y Rocchi omitió señalar. Los numerosos pelotazos a Dzeko sólo sirvieron para ganar tiros libres, instancia del juego clave para los de García gracias al pie fino de Pjanic. El bosnio tuvo tres situaciones similares en la primera mitad. La primera pegó en la barrera; la segunda fue desviada brillantemente por Mirante; la tercera, por arriba de la portería. El primer tiempo se terminó con el Bologna, más aplomado en el juego, con una merecida ventaja.

En la segunda mitad, el equipo de García tomó una página del libro que había usado el conjunto local en el primer tiempo. Los pases largos al espacio para las corridas de los extremos empezaron a rendir sus frutos, pese a que la primera situación de riesgo del complemento la tuvo el Bologna. Destro se fue mano a mano con Szczesny, pero su derechazo fue débil y al lugar en el que estaba parado el polaco.

A los cinco minutos de la segunda parte, Mounier detuvo ostensiblemente con el brazo un centro de Florenzi y Rocchi sancionó penal. Se hizo cargo Pjanic, quien no pateó bien, pero envió el balón con la fuerza suficiente para superar la resistencia de Mirante. El campo y la lluvia hicieron el resto

El empate envalentonó a los romanistas, que siguieron predominando en el juego con pases a las espaldas de los defensores. Florenzi e Iturbe tuvieron las suyas, pero la más clara fue para Dzeko. El bosnio aprovechó el freno del balón luego de un pelotazo ante la salida de Mirante y la picó, pero el portero alcanzó a atajar. El exjugador del Manchester City dudó luego y permitió que la defensa se acomodara, desperdiciando una oportunidad para pasar al frente.

Pero tuvo revancha. A 20 minutos del final, Iturbe se filtró en el área y fue derribado por Rossetini, quien vio la tarjeta roja por doble amonestación. Los visitantes cambiaron de ejecutor, aunque no de nacionalidad. Después de Pjanic, Dzeko se hizo cargo de la presión y sentenció a Mirante con un derechazo cruzado inatajable. 

La Roma se puso en ventaja y decidió resistir. El partido se trabó, especialmente por una lesión de Maietta que obligó a detener el juego unos minutos. Sobre el final, los locales fueron en busca del empate a puro embate aéreo. La Roma se mostró frágil para defender esas acciones, más que nada por la poca confianza que brindaba Szczesny ante cada centro. Pese a eso, la igualdad definitiva vendría, otra vez, por la vía del penal. El ingresado Torosidis cayó en la trampa de Giaccherini, que con su regate invitó al griego a derribarlo, y Rocchi volvió a pitar. El 2-2 quedó para Destro, que gritó con alma y vida su gol ante su exequipo, que prescindió de sus servicios en la pasada temporada.

El juego pudo tener otra emoción, pero Florenzi se demoró cuando enfrentaba cara a cara a Mirante y permitió el cierre de Masina. El empate le deja más al Bologna, que suma algo en su lucha por la permanencia, que a una Roma que perdió la ocasión de quedar como único líder antes de los partidos de la Fiorentina y el Inter. Como demostró el partido, la Roma acabó haciendo aguas.

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