El debate sobre la cultura futbolística: le revolución vs la contrarrevolución
Ilustración: Javier Robles | Disponible en Alta resolución: https://c1.staticflickr.com/9/8523/29079637751_a55a81207b_o.jpg

Terminó la Eurocopa 2016 donde la selección portuguesa conquistó el trofeo venciendo en la final de forma merecida a una Francia que mostró individualidades, más no cultura de juego. En general este torneo comparado con ediciones anteriores y con otras competencias de selecciones como son los mundiales de fútbol, condujo a que muchos aficionados y críticos del deporte rey se cuestionaran la calidad de la presente edición de la Euro, este cuestionamiento no es sólo por Portugal sino por el bajón general que se evidenció en el desarrollo de los partidos, así como su nivel futbolístico. Hubo encuentros realmente soporíferos y para añadirle más debate, los encuentros con las características anteriormente mencionadas fueron de selecciones habituales en la Eurocopa, por lo que la ampliación del formato en teoría no sería responsable del bajo nivel anotador y futbolístico.

Después de una revolución llega una contrarrevolución

Es perfectamente normal y entendible que cuando se origina una estrategia de juego surja un contratipo para evitar caer en el monopolio y hacer más complejo el juego. No hay que olvidar que cuando surgió en el fútbol de mediados de 1930 el famoso passing-game proveniente de Escocia y adaptado por la Austria de Hugo Meisl, Karl Rappan (también de origen austriaco) respondió creando el famoso cerrojo. Ambos estilos son perfectamente lícitos porque la reglamentación del fútbol hace posible que cualquier estratega desarrolle su idea de juego para optimizar mejor los recursos que posee. A la postre estos recursos son los que deciden porque afortunadamente el juego será de los jugadores y no de los entrenadores, haciendo énfasis en que estos últimos son importantes pero dependen de las sinergias que logren establecer con sus dirigidos.

El maestro Hugo Meisl de sombrero rodeado de sus jugadores austriacos. Cortesía de Alchetron

Con la globalización del juego, especialmente después del mundial de 1966, el fútbol empezó a verse como un espectáculo capaz de movilizar grandes masas y desatar una pasión en los aficionados que en algunos casos involucra factores culturales, políticos, sociales y por supuesto económicos. En esta primera etapa la sociedad no era consciente de lo que el juego podría llegar a representar y al no existir una masificación y un seguimiento por detallado del juego, la presión y el morbo que generaba un partido todavía era manejable para técnicos y jugadores.

Por otra parte entrando más dentro del juego las preparaciones de entrenadores y jugadores no eran tan exigentes como lo es hoy en día. Si bien en esta época hubo entrenadores representativos como Helmuth Schon, Alf Ramsey o Joao Saldanha, existía mucho empirismo en cuanto a la preparación física o a las estrategias y modelos de juego, se apostaba por la capacidad técnica del jugador y como poner la táctica al servicio de este. Para la muestra el mundial de 1970.

Joao Saldanha en el Maracaná. Cortesía de pordentrodamidia.com.br

En este evento mundialista la selección brasilera pudo juntar a cuatro jugadores que tenían la misma demarcación: Volantes de armado o mediapuntas. Gerson, Pelé, Rivelino, Tostao y Jaizinho lograron saber cómo dejar de un lado sus ambiciones personales para sumar sus capacidades y obtener un fútbol que pasará el tiempo y será de los mejores de la historia. Pero no sólo ellos mostraron un gran nivel, el partido de Italia - Alemania , se considera por muchos como uno de los mejores encuentros de la historia del juego porque se dejaron de lado el talibanismo estratégico y se dio rienda suelta al desarrollo de lo mejor de la cultura de cada equipo, la prórroga con momentos épicos como el esfuerzo de Beckenbauer y el empuje de Mazzola perdurarán en la memoria del juego.

La creación de una cultura de juego

Es indispensable trasladarse a Holanda para continuar con este análisis. Hasta la década de los sesenta este país era conocido más por sus tulipanes y por la hermosura de Ámsterdam. Sin embargo la influencia de la escuela austriaca hizo mella en un inglés de nombre Jack Reynolds, que por vueltas de la vida terminó en este país y precisamente en el club que cambiaría radicalmente el fútbol a través de dos hombres: Marinus Michels y Johan Cruyff, el club por supuesto el Ajax de Ámsterdam.

Cruyff y Rinus Michels durante el mundial de 1974. Cortesía del Daily Mail

El Ajax en tiempos muy cortos de tiempo (una década) impuso una filosofía de juego (juego de posición y fútbol total) y lo volvió cultural al crear un sistema de formación de entrenadores y jugadores para aprender dicha filosofía y perdurar a lo largo del tiempo, el sello Ajax es reconocido a nivel mundial como un estilo de juego y de vida. Si bien hubo clubes y países que intentaron aplicar esta cultura, también hubo países que la desarrollaron con ideas diferentes y por supuesto válidas. Para ver este contraste hay que trasladarse al mundial de Alemania Occidental en 1974, donde la anfitriona ganó con un estilo muy distinto a la selección holandesa. Si se extrapola a nivel de clubes el Bayern München ganó tres copas de campeones en este periodo de tiempo con un fútbol enfocado más hacia la fortaleza física y a la fiabilidad defensiva, mientras que el Ajax también ganaba las mismas tres copas pero con un juego más estético, técnico y elaborado.

El objetivo desde el punto de vista holandés era ganar y agradar al aficionado que de esta forma se sentía fidelizado y orgulloso de ofrecer algo distinto, innovador y de ejecución compleja. En el punto de vista alemán o italiano, la victoria era el máximo éxtasis porque para ellos más que la técnica el pundonor y el esfuerzo son herramientas valiosas para poder compensar esa falta de técnica o de vacíos en los procesos de formación de los jugadores. Para los medios de comunicación el debate estaba servido en los próximos años porque estos dos estilos con su múltiples herederos iban a ser enviados a un debate morboso para tratar de ver cuál de los dos es la manera correcta de jugar, pero hay que recordar que en el fútbol existen muchas incertidumbres por lo que una sola manera de juego es imposible. Sin embargo el debate ya estaba servido y habría que explotarlo.

El miedo nos hace cambiar para bien o para mal

El miedo es una condición natural de los seres humanos, muchos lo ven como una debilidad ya que lo confunden con cobardía, pero lo que olvidan es que esta sensación también hace cambiar al ser humano para bien en las interacciones o actividades que realice. El fútbol al ser un juego fácil y un deporte complejo no está exento de este sentimiento, muchas veces el desempeño de una cultura de juego ha cambiado por este sentimiento. Lo anterior se puede observar en los desempeños de competencias de clubes y selecciones en los últimos 30 años, tenemos algunos ejemplos como los siguientes.

- Brasil: Se puede decir que el cambio cultural futbolístico de este país es la que más dolor ha causado, debido a que hasta el mundial del 82 o del 86 era un privilegio poder ver el arte y el juego de posición que practicaban. Después del fracaso del mundial de España, este país decidió que sus jugadores debían ser primero atletas antes que jugadores y a pesar de que ganaron dos mundiales por su innegable talento, el presente y futuro se observa gris porque no hay ganas de aceptar que se está por el mal camino y los dirigentes junto a los entrenadores están llenos de sofismas.

- España: Como bien dijo Menotti: tenían que definirse si ser toro o toreo. Finalmente decidieron escoger esta última opción y los títulos llegaron por sí solos ya que cuentan con una infraestructura de formación de entrenadores y de jugadores de primer nivel, lo que conlleva a que lo que se forme a nivel micro vea resultados a nivel macro. Es sin lugar a dudas el país donde la herencia Cruyff-Michels germinó de manera prodigiosa, ojalá que su cambio cultural no se vea afectado por la derrota en el Mundial de Brasil y en la Eurocopa de Francia. El miedo que tuvieron de no ganar nada los hizo encontrar su esencia futbolística, ojalá que no venga un sentimiento de cobardía disfrazada de miedo que los hagan cambiar.

De izquierda a derecha la edad de oro del fútbol español: Del Bosque, Casillas y Xavi. Cortesía de www.noticiasdenavarra.com

- Holanda: Después de dar lecciones de fútbol en los mundiales de Alemania Occidental en el 74 y de Argentina en el 78, Holanda vivió un bache en la producción de jugadores de primer nivel, sin embargo volvió en la Eurocopa del 88 y la ganó al estilo Michels. Sin embargo después de este torneo hubo un cambio en la cultura de juego porque si bien ha seguido cultivando espectaculares jugadores, sus entrenadores han decidido apelar por un juego más defensivo y físico que les ha reportado un subtítulo en el Mundial del 2010 y una semifinales en el Mundial del 2014, pero han perdido fiabilidad y se nota incómodo a algunos de los jugadores de este equipo porque su idea de formación es distinta en la ejecución en la selección. Curioso que antes España jugaba a lo que ahora juega Holanda y esta selección ahora juega a lo que hacía la roja hace unos 20-30 años atrás.

La eliminación de Holanda en la clasificación a la Eurocopa. Cortesía del País de Cali

- Alemania: Hasta la decepción en el Mundial de Francia 98 se observaban rasgos característicos del juego alemán: Una defensa con líbero fuerte, medios físicos, algún mediapunta de talento y delanteros centros maravillosos. Pero en vista que perdieron protagonismo les invadió un sentimiento de miedo a no seguir siendo de los mejores y es por eso que para la Copa Mundial del 2006 en la que serían locales quisieron dar una nueva imagen, dando como resultado un fútbol más asociativo, un mejoramiento en la formación de entrenadores y jugadores, instalaciones de primer nivel, que hicieron que esta Alemania fuera irreconocible al pasado y se acercara a la cultura de su némesis en los 70: Holanda. Los triunfos tardaron en llegar pero parece que se han quedado para seguir en la élite. Fueron sin lugar a dudas el mejor equipo de la Eurocopa 2016 así no hubiesen ganado el título.

- Italia: Su principal rasgo cultural se puede decir que es su espíritu y competitividad en cualquier circunstancia. Apelan a la defensa porque con la herencia de Helenio Herrera y Nereo Rocco pudieron compensar la ausencia de técnica con carácter y defensa. A pesar de que con Prandelli en la Eurocopa del 2012 y en el Mundial de Brasil trataron de adentrarse en el juego de posición y en ataque estático, el ADN italiano se ve mejor esperando y aprovechando los errores del rival. Su futuro puede ser incierto y quizá pueda haber un cambio cultural debido al mal momento en clubes grandes en la formación de técnicos y jugadores a la altura de los mejores equipos del mundo.

Una llama que ojalá no se apague: Antonio Conte. Cortesía de rtve.es

- Inglaterra: Siempre se han quedado con la etiqueta de ser los padres del profesinalismo en el fútbol y si bien en sus orígenes hicieron mucho por el juego, su misma arrogancia y desprecio por lo que se hace en otras partes los ha llevado a quedarse estancados en el dique seco paralizados por ver como su cultura de juego no les ha servido para crear un modelo de juego fiable. Tienen una liga y una infraestructura única, pero les cuesta entender el juego más allá de correr y correr pero poco pensar, su decepción en la Eurocopa de 2016 fue mayúscula y se espera que de esta experiencia venzan el miedo a interactuar con otras culturas de juego que le puedan brindar más de lo que tiene.

Rooney ante Islandia en lo que pudo ser su última Eurocopa. Cortesía de www.lavanguardia.com

- Francia: Desde el Mundial de Suecia 58 hasta el laboratorio de pruebas que fue Argentina 78, la selección francesa fue buscando modelos con lo cual se sintieran a gusto. La mezcla étnica fue una bendición para los galos porque adquirieron fortaleza física, mezclada con una calidad técnica increíble, de esta unión salió la consolidación cultural futbolística francesa en donde el país hoy por hoy forma jugadores espectaculares de un gran físico pero de una técnica exquisita. Su desempeño en la Euro 2016 fue de altas y bajas porque desde el banco no hubieron soluciones más que depender del talento puro y no de hacer equipo, si encuentran un entrenador que logre mezclar como en el Mundial de Francia 98 y en la Eurocopa del 2000, Francia deberá ser de nuevo una selección muy importante en el fútbol.

Zidane, Desailly y Blanc de izquierda a derecha en el triunfo más importante del fútbol francés multicultural. Cortesía de ESPN

Conclusiones

Finalmente existe un miedo creado por el entorno que rodea al fútbol, hoy de una goleada o de una derrota ante un clásico rival se busca es mirar las razones de culpa del rival y no el mérito, las redes sociales ahora junto al periodismo pasional enardecen el ambiente en el fútbol y muchas veces el futbolista y los entrenadores absorben este estado de ánimo y caen en el conformismo o en el hacer la política de que destruir es más fácil que construir. Se crean modelos de juego en el que el futbolista tiene es miedo a equivocarse y no miedo a intentarlo, por eso se ven equipo más corredores que pensantes y el plano físico supera al técnico cuando pueden convivir plenamente los dos. Corrientes culturales como la del Atlético de Madrid están muy de moda por la forma increíble en que Simeone ha cambiado para bien a la institución a pesar de que en situaciones decisivas como la última final de la Champions le haya faltado un poco más.

El cholo Simeone creando su propio estilo apasionado. Cortesía de sport.es

Si se observa el promedio goleador de las últimas Eurocopas en la foto de abajo, se puede mirar que las ediciones con mejor promedio en los últimos años fueron en donde hubo selecciones con una vocación cultural por el juego ofensivo o selecciones que tuvieron un cambio cultural como fueron España, Alemania y en menor medida Italia. Algunos podrán decir que la edición de Portugal estaría en contravía de la anterior hipótesis pero excluyendo a Grecia, selecciones como Francia, Holanda y la República Checa jugaron un torneo donde trataron de proponer y el desgaste más un buen trabajo defensivo de sus rivales evitaron que llegaran a rondas superiores.

Promedios goleadores de las últimas Eurocopas. Cortesía de as.com

Por otra parte se suponía que la ampliación de equipos iba a ser beneficioso porque iba a marcar más goles, curiosamente las selecciones sorpresa como Islandia o Hungría tuvieron una vocación ofensiva inclusive contra rivales superiores y dejaron una grata imagen, más bien hay que mirar a selecciones como España, Inglaterra y Francia que decepcionaron en el juego y en la parte estratégica por lo que el torneo sufrió en calidad. Por supuesto que hubo selecciones que se esperaba más y que no dieron la talla como Austria, Turquía, Bélgica y República Checa que improvisaron en el torneo porque no tenían seguridad y fueron invadidas por el miedo de arriesgar, y en el fútbol cuando se improvisa termina perdiendo el juego porque el jugador que es el que decide queda en un limbo de estilos sin saber que solución dar.

Sin lugar a dudas el torneo podría haber dado más pero se apeló por el conservadurismo y el miedo a no perder por parte de algunas selecciones poderosas, sumado al cambio o el declive en algunas selecciones importantes del torneo hicieron que el nivel de esta Euro fuera bajo para las expectativas que se esperaban, no por esto se debe ningunear el título de Portugal porque esta selección optimizó en el último tramo sus recursos mientras que otros rivales de mayor envergadura no quisieron o no pudieron dar un poco más de su nivel ya sea por incapacidad de sus seleccionadores o por quedar en el limbo entre el arrojo y el miedo a cambiar su cultura o mantenerla. El aficionado también debe de ayudar a ser exigente con lo que se le da, no se puede conformar con poco sino que debe esperar que su equipo mejore día tras día, es lo que uno espera hacer en la vida, a fin de cuentas el fútbol es un modelo de vida también.

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