Victoria de equipo grande frente a un rival de verdad
Victoria de equipo grande frente a un rival de verdad.  Imagen: AC Milan.

Antes del decisivo enfrentamiento "coppero", Milan y Lazio se medían en la Serie A con muchas ganas de obtener los tres puntos en disputa, como no podía ser de otra forma, pero esta vez aún más si cabe para continuar con sus buenas rachas y acercarse o confirmar sus objetivos ligueros.

Inicio vertiginoso

Ambos equipos salieron muy intensos desde el inicio del choque, conscientes de que el partido requería estar muy metidos dada la igualdad. La Lazio combinaba mejor en campo contrario, con mucha movilidad y fluidez; pero iba a ser un Milán muy vertical y con la clara consigna de acabar jugadas, quien amenazase por partida doble desde lejos, en concreto Suso y Çalhanoğlu respectivamente, la portería de Thomas Strakosha, que sacó una gran parada al disparo del segundo.

Tras el aviso, llego el primer tanto para el cuadro rossoneri en el minuto 15. El guante derecho de un implicado Çalhanoğlu serviría una falta en el pico del área para que Patrick Cutrone, libre de la marca de Bastos, y ante la no salida del guardameta del conjunto romano, solo tuviera que poner la cabeza para transformar el primero de la tarde.

El Milan dominaba y parecía ser claro dueño del partido, hasta que la Lazio decidió que era momento de justificar por qué es el equipo revelación de Italia, y de Europa junto al Lyon. El extraordinario fichaje del pasado verano, por menos de seis millones de euros, Lucas Leiva, se inventaría un espléndido pase en diagonal, de los que más daño hacen a las defensas rivales, para que Marušić aprovechara con mucha frialdad y clase para empatar el encuentro en el 20. Partido delicioso para el espectador. Intercambio de golpes de tu a tu. Ida y vuelta. Milan y Lazio nos ofrecían un espectáculo disfrutón... para que luego digan que el fútbol italiano es aburrido y obsesivo en el aspecto defensivo. Estamos viendo que con esta Lazio, eso casi nunca sucede.

Espejo de los primeros 20 minutos

De nuevo el balón parado hacía sufrir a los visitantes y Suso rondaba el 2-1 con su gran disparo lejano. El equipo de Gattuso dominaba el juego, pero visto lo visto no debía confiarse de una Lazio que es puro veneno. Luis Alberto pasó desapercibido durante la primera media hora, al igual que Sergej Milinković-Savić, algo raro en ambos; hasta que confirmó la teoría de que los milanistas no podían estar seguros. Solo el travesaño pudo evitar que el balón no entrase tras un chut inapelable del español. Parecía que habíamos rebobinado el partido y estábamos viendo lo mismo que diez minutos atrás.

Çalhanoğlu y sobretodo Suso estaban desatados y Kessié, en estado de gracia, hacía lo que tan bien se le da, conduciá y asistirá a estos dos hombres de banda con Cutrone tirando desmarques que descolocaban a la zaga visitante. Funcionamiento completamente efectivo en transición defensa-ataque. Estábamos viendo la mejor versión del Milán esta temporada.

De una forma muy similar iba a llegar el 2-1 ahora sí. Calabia regalaba  otro centro para la moviola, que Giacomo Bonaventura no desperdiciaría para adelantar de nuevo a los suyos. Enésimo desmarque de ruptura de Cutrone, y una vez más, un Bastos irreconocible cayó en la trampa para habilitar al tercer goleador del encuentro, quinto tanto de este hombre en la presente temporada.

De esta manera nos íbamos al descanso, descanso que intuyo nadie quería que llegase por el auténtico partidazo que estaba transcurriendo en un escenario apropiado, San Siro; pero no sin que una vez más, Cutrone diera problemas a la espalda de Bastos y Strakosha hiciera lo que mejor sabe: aparecer cuando sus compañeros más lo necesitan. En realidad, sí había espectadores que deseaban que la primera mitad finalizase, y curiosamente todos eran simpatizantes del mismo club; la Lazio que tanto estaba sufriendo las acometidas del siete veces campeón de Europa.

Menos revoluciones en el inicio de la segunda parte 

Los segundos 45 minutos comenzaron con menos ritmo debido al tremendo desgaste acumulado en el primer tiempo. Muy pronto, pero eficazmente, Simone Inzaghi metía a un hombre que si algo tiene es velocidad y talento: Felipe Anderson. El sustituido en el 52 de partido fue un desacertado Lucas Leiva en el día de hoy pese a haber asistido a Marušić en el único gol de los celestes. El míster quería intimidar y adueñarse de la iniciativa, y con la pólvora que acumulaba su "11", parecía que podría conseguirlo.

Los locales no habían salido igual de bien, situación entendible ya que el listón estaba muy alto y ambos conjuntos necesitaban dosificar las fuerzas. La Lazio lo intentaba repetidamente, asumiendo más riesgo y con su jugador estrella Milinković mostrando una mayor participación, presencia y tirando del carro como solo los grandes futbolistas saben hacerlo. El "tercer cuarto" de partido tuvo poco que resaltar. 

Milinković quiso dejar su huella, pero fue Donnarumma quien lo consiguió.

El ritmo había decaído enormemente, y entonces Savić dio un golpe sobre la mesa. Quería ser de nuevo el "man of the match" y lo estaba consiguiendo. Con tres acciones de gran habilidad ponía en jaque a "Gigio", que solventó todos los remates del serbio demostrando ser uno de los porteros del futuro y del presente. Tremendo el duelo entre los mejores jugadores de sus respectivos equipos y de la próxima década. 

En la otra parte del campo la cosa también había cambiado. Ahora Bastos se estaba comiendo al "9" milanista gracias al buen empleo de sus imponentes cualidades físicas. Los integrantes de ambos duelos pugnaban por ser hacer de ellos el más bonito del partido, hasta que Gennaro Gattuso retiró del terreno de juego a Cutrone en el minuto 70 para jugar sus cartas con el portugués André Silva en la punta de ataque. La Lazio, por su parte, tuvo que sustituir al líder de la zaga Stefan De Vrij por lesión, y el relevo fue Luiz Felipe pese a que el central incorporado en el mercado invernal, Martín Cáceres, estaba en el banquillo.

Arreón final biancazzurri

A tan solo 15 minutos para la conclusión, el conjunto visitante llevaba el peso del encuentro pero no conseguía poner las tablas en el marcador. Simone Inzaghi metía a Nani y de esta manera su equipo tenía toda la carne en el asador. La superioridad biancazzurri (aunque esta vez vestían de neroazzurri) era notoria, tan solo faltaba tan solo el gol.

Felipe Anderson estaba haciendo verdadero daño pese a su intermitencia, y en una jugada de desborde en la banda contraria a su habitual ubicación de extremo izquierdo, ganaba línea de fondo y metía un "pase de la muerte" que el carrilero Lulić no fue capaz de introducir en boca de gol tras rematar con el abdomen un balón que le venía fuerte y a media altura.

La ocasión final de este gran partido nació de las botas de quien sino, Milinković-Savić, que filtraba un balón picado con mucha clase e intención para Caicedo que cedía de espaldas y al primer toque el último remate del partido a un exhausto Parolo que mandaba el balón centímetros a la derecha de la meta rossonera. El ecuatoriano Felipe Caicedo mostró entrega, pero sustituir al pichichi del Calcio es una tarea muy complicada mientras permanezca en estado de gracia.

Victoria importantísima para los pupilos de la leyenda italiana llamada Gattuso, que da mucha moral a un equipo con tendencia ascendente y permite colocarse en puestos europeos, en la séptima plaza de la competición doméstica a tres puntos de la Sampdoria (6º). La Lazio, por su parte, sigue en tercera posición, con el Inter un punto más cerca tras en empate ante la SPAL (a dos) y manteniendo la dispancia con la Roma que también perdió frente a la propia Samdoria. Habrá que esperar tres días para ver la réplica, también en San Siro, pero esta vez en la ida de semifinales de la Coppa.

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