Estrepitosa caída alemana en suelo holandés
Decepcionante presentación teutona | Foto: @FCBayern

Lo que hace unos años hubiese sido una sorpresa masiva en el mundo del fútbol, hoy, fue un resultado lógico y merecido. El conjunto alemán, siguiendo el rumbo con el que terminó la Copa del Mundo de Rusia 2018, se vio sobrepasado por la nueva generación holandesa. La UEFA Nations League no parece estar siendo la mejor vitrina para los teutones, quienes han conseguido un punto de seis posibles.

Al repasar el partido, ambos entrenadores comenzaron poniendo toda la carne sobre el asador. Las alineaciones estaban plagadas de talento y prometían entregar un encuentro con un centenar de emociones. Sin embargo, los primeros 15 minutos fueron un constante cumulo de faltas que le bajaban el ritmo al encuentro. Los alemanes intentaban construir desde la posesión del esférico, mientras que el equipo de Koeman se replegaba y aprovechaba los espacios que entregaba la lenta defensa teutona.

Las chances comenzaron a llegar, aunque no eran para nada claras. Tiros de esquina a favor de los holandeses que no incomodaban en demasía a los defensores rivales y remates desviados de los atacantes visitantes. Werner anunció desde el costado izquierdo del área, Müller lo tuvo en dos ocasiones y el debutante Uth en una. Ninguna consiguió batir  los porteros.

En el minuto 20 llegó la primera chance importante para el equipo naranja, un centro llegó a la cabeza del joven de Ligt quien remató de cabeza. El balón se fue desviado por muy poco. Era el primer y último aviso. Diez minutos más tarde, un nuevo envío llegó al centro del área. Esta vez quien cabeceó fue van Dijk y el capitán no falló, mandó a guardar el balón y puso el 1-0.

van Dijk abrió la cuenta para Holanda | Foto: @OnsOranje
van Dijk abrió la cuenta para Holanda | Foto: @OnsOranje

A partir del gol, las faltas volvieron a hacerse presentes en el desarrollo del partido. El juego se cortaba mucho y las deficiencias que Alemania vivía en la creación se hacían cada vez más notorias. Por eso, hasta que acabó el primer tiempo solo pudieron rematar en tres oportunidades y ninguna de ellas fue demasiado clara. Ni Uth ni Müller estaban finos en el remate. Por su parte, Holanda siguió aprovechando los espacios dejados por sus rivales y, con un Memphis Depay en estado de gracia, inquietaba a Neuer.

En la segunda mitad, el juego siguió con el mismo ritmo. Alemania tenía el balón en zonas y a velocidades que era totalmente improductivas para sus deseos de empatar el encuentro. En este caso, ni siquiera el juego aéreo parecía darle resultados al equipo de Löw, por lo que los cambios no se hicieron esperar demasiado. La entrada de Julian Draxler y de Leroy Sané le dieron un poco de aire fresco al ataque alemán y, además, un poco más de pegada. Ambos jugadores remataron en seis ocasiones combinadas, pero ninguna fue certera.

Con el desespero alemán, Koeman decidió mover su banco y darle mayor velocidad a su ataque, algo que pronto daría sus réditos. Mientras tanto, el equipo alemán atacaba cada vez con más gente, enviaba más efectivos hacia el ataque y su defensa estaba quedando muy mal parada. Así, Depay empezó a darse un festín gracias a los espacios dejados en el fondo y a la alarmante lentitud que mostraban los centrales.

Los últimos diez minutos parecía una repetición de lo que Alemania vivió en Rusia ante equipos como Corea del Sur o México. Los teutones tenían el balón y llegaban hasta los tres cuartos de cancha. Desde allí, las ideas de sus jugadores se nublaban y terminaban jugando por las bandas y devolviendo el balón al medio sin generar daño. A su vez, el rival los contragolpeaba y les anotaba.

Depay anotó el segundo en el minuto 85 con un potente remate de pierna derecha. Tan solo ocho minutos más tarde, Wijnaldum puso la cereza de la goleada con una gran jugada individual y un remate rasante, potente y cruzado que Neuer no pudo atajar. 

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