El despertar de la fuerza
El Liverpool ha sido otra vez ese equipo aniquilador que conquistó Europa / FOTO: Liverpool FC

Un redoble de tambores ensordecedor aviva encuentros de un calibre como este, donde la tensión gobierna en el ambiente. Lo hizo hace poco más de un mes, cuando ambos conjuntos saltaron a Anfield con el liderato como cofre de los deseos. Un duelo hipotéticamente marcado por el favoritismo que ostentaban para proclamarse campeones, se saldó con mandato red. Ahora, el calendario volvía a cruzarles, aunque con dispar denominador: no descolgarse de la lucha que protagonizan los equipos de Manchester. Su preeminencia ha desembocado en una necesidad para reencontrarse consigo mismos, donde la irregularidad les ha devorado. Ante ello, el Tottenham salía con un 3-4-3 compuesto por Lloris, Rodon, Dier, Davies, Aurier, Hojbjerg, Ndombele, Doherty, Bergwijn, Son y Kane. El Liverpool fiel a su filosofía del 4-3-3 salía con Allison, Arnold, Matip, Henderson, Robertson, Wijnaldum, Thiago, Milner, Salah, Mané y Firmino. Se caía Fabinho por molestias y Wijnaldum ocuparía la base para liberar a Thiago hasta el punto de desengancharse a la altura de Salah a la hora de defender en 4-4-2.

La resiliencia de Mané

El divorcio del Pool con el gol proseguiría con el clamoroso error de Mané al minuto de juego. El senegalés recogió dentro del área la filtración de Salah y mandó el balón lejos de la portería de Lloris, en un mano a mano fecundado por el error de Aurier al despejar. Al instante, lo interpeló Son con más acierto, pero en fuera de juego, fruto de su sinergia con Kane. 

Ndombelé y Thiago, choque de estilos en medio campo / FOTO: Tottenham
Ndombelé y Thiago, choque de estilos en medio campo / FOTO: Tottenham

A pesar de la insistencia del Liverpool en los alrededores de la comandancia londinense, el ideario de Mourinho transmitía una mayor seguridad en ambas áreas. En la propia, por las dificultades que planteaba a su rival para superar una línea que unía hasta a seis hombres; en la ajena, por la armonía que Bergwijn, Son y Kane manifestaban para pisar área. Allison detenía las internadas de Son, Lloris negaba a Mané. Sadio fue la frescura entre la pesadez que caricaturizaba al ataque, encontrando a la espalda de la zaga el terreno donde cultivar el gol. 

El cancerbero francés hacía lujo de sus reflejos frente al 10. Pulsos uno contra uno en los que el capitán lograba imponerse independientemente de la naturaleza del remate. Lejos de desistir, insistió en la profundidad hasta que en el descuento encontró a Firmino para que pusiera el 0-1. La internada y posterior servicio a boca de gol del senegalés fragmentó la zaga. Premio a la perseverancia y ruptura del maleficio al filo descanso, dejando atrás 486 minutos de negacionismo. 

Roberto volvió a ser Firmino / FOTO: Liverpool FC
Roberto volvió a ser Firmino / FOTO: Liverpool FC

El desgobierno se lo lleva el Liverpool

Si el ritmo de la primera mitad había alcanzado cotas notablemente elevadas, la segunda arrancó triplicando tales sensaciones. Los Spurs dejaron a Kane y Aurier en el banquillo por Winks y Lamela. El capitán acabó entre algodones tras haberse resentido en dos ocasiones del tobillo. Similar argumento llevó a Klopp a dejar a un recién recuperado Matip en la caseta por Phillips.

El 2T de Arnold es el camino para reencontrarse consigo mismo / FOTO: Premier League
El 2T de Arnold es el camino para reencontrarse consigo mismo / FOTO: Premier League

La caótica distribución del Tottenham a la salida dejó a Salah a los 26 segundos buscando la escuadra. Al minuto, la desorganización proseguía cuando Mané eyectó otro disparo, sacado abajo por Lloris, cuyo rechace fue empalado por Arnold para anotar el segundo. El terremoto no iba a cesar, y al 48 sería Hojbjerg quien hizo salir a los Spurs del atolladero con el 1-2. Su latigazo desde la frontal exhibía la fe incontestable que le moviliza.

Hojbjerg puso la casta / FOTO: Premier League
Hojbjerg puso la casta / FOTO: Premier League

Lejos de suspender las hostilidades, el campeón se obstinaba en la verticalidad con la que encontró el 1-3 hasta en dos ocasiones. En la primera fue Salah quien destruyó la red de Lloris tras el envío largo de Mané. La mano de Bobby Firmino en el inicio de la jugada impidió que subiese al marcador.  En el 64 llegó el segundo y definitivo. El cuestionado Arnold se desquitó de la imprecisión de sus centros para lanzar uno sobre al área que cazó Mané al segundo palo. Joe Rondon puso la alfombra al dejar pasar la remesa del lateral. 

A lo que el Liverpool quería

La excitación que había marcado el segundo tiempo castigó a los de Londres, despidiéndose del rigor defensivo que habían ostentado en los primeros 45 minutos. La voracidad red se ablandó con el resultado, acomodándose en la victoria y dejando la iniciativa al bloqueo mental del Tottenham, pues ahora era su idea la que imperaba. Los laterales impedían la salida mordiendo a la presión, y con la posesión, era el contragolpe la vía más demandada. Se jugaba a lo que ellos querían. Mané, Salah y Firmino construían una sonrisa en cada intento, en cada regate, en cada error, manifestando que habían recuperado la felicidad. El atrevimiento volvía a ser su seña de identidad.

Mané en el momento del 1-3 / FOTO: Liverpool FC
Mané en el momento del 1-3 / FOTO: Liverpool FC

Curtis Jones, Bale y Origi salieron al verde sin que su presencia objetase algún elemento diferencial. Londres fue sacudida por la tormenta avivada desde Meryside. La intensidad que decretaron los hombres de Klopp desquebrajó a un Tottenham intachable hasta el 0-1. La pérdida de su líder, una equivocada dirección de campo y la consecución de golpes, les sumió al lado oscuro, donde ni tan siquiera el orgullo apareció. 

El campeón venció un mes y medio después con una autoridad incuestionable, de esas con las que asolaba hace no tanto los campos de las Islas. Los cuestionados pusieron la determinación, los goles y la pegada, pero fue de nuevo la tenacidad del colectivo la que les hizo amedrentar la rebeldía de los Spurs. Eran el día y el rival idóneos para constatar que habían renacido, porque sí, este Liverpool sigue siendo intenso en la fuerza.

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