El Chelsea se hace grande, el Tottenham se empequeñece
Jorginho haciéndose cargo del medio campo y del gol / FOTO: Premier League

Una guerra marina entre dos cruceros sobre un rutinario aguacero londinense tenía lugar la noche del jueves. Una guerra sin pólvora, con temores y sin la rimbombancia que merecería. El Tottenham se hunde sin su capitán al mando, y en el Chelsea, Tuchel ha encontrado en el aventajado de Lampard el timón de su juego. Lectura, pelota y espacio, el A-B-C de un Mason Mount que se ha erigido como líder del proyecto. Atrás quedan los Ziyech, Pulisic, Werner o Havertz, porque ninguno convierte la complejidad en facilidad como lo hace él. La solución estaba en casa. 

Dominio azul de los mares

Tuchel seguía inventando en su laboratorio. Wolves y Burnley habían esclarecido los pensamientos del técnico germano, que se lanzaba hacia al océano de los Spurs articulando sus principios: 3-4-3 con James y Marcos Alonso como carrileros junto a una delantera aún carente de certezas. Mount, Werner y Hudson-Odoi serían los marineros encargados de los cañones. Mourinho salía del puerto con su guardia de confianza y la referencia de Carlos Vinicius. 

El navío blue surcaba los mares saliendo a atacar a las olas, impidiendo salir limpio y por bajo a un Tottenham desalmado. La baja de Kane gobernaba el ambiente, desde estribor a babor, cruzando el balón sin razón por la popa hasta morir en pies del rival. La insistencia del Chelsea por el costado diestro con la sinergia James-Hudson-Odoi ostentaría la dinamita que Werner terminaría haciendo estallar. El germano, sin nudos aprisionándole, se hizo cargo de los espacios para ocuparlos a su antojo. Una de sus caídas a derecha llegó con una tirada de caña en la que Dier picó al derribarle dentro del área. Penalti pateado y transformado por Jorginho. Primer cañonazo azul al buque blanco.

Jorginho convirtiendo el 0-1 desde el punto de penalti / FOTO: Chelsea FC
Jorginho convirtiendo el 0-1 desde el punto de penalti / FOTO: Chelsea FC

El agujero en el casco no tuvo respuesta, al contrario. El Tottenham se ahogaba en su campo frente a una presión de la que era incapaz de salir airoso. Además, Mount, Werner y Hudson-Odoi convertían la comodidad defensiva en una incertidumbre colectiva donde se perdía altura progresivamente. Encontrar entre líneas a los tres navegantes de proa hacía saltar por los aires la vigilancia que Mourinho había encuadrado. Su movilidad e imprevisibilidad era el mástil del argumento. 

A los 35 minutos, Thiago Silva caía por la borda lesionado en un intento de despeje. El timonel dejaba su puesto a Christensen, momento en el que el Tottenham tomó oxígeno para otear los dominios de Mendy. A falta de cuatro minutos, Aurier se elevó sobre la tormenta para cabecear por alto y llamar a la puerta del abordaje. Cambiaron el rumbo los hombres de Mourinho en el tramo final, en lo que sería un anticipo del nuevo sentido de la navegación.

Mount capitanea

La primera mitad había dejado 39 pases del Tottenham en campo rival, 29 de Mason Mount, 197 del Chelsea. La ejemplificación de una realidad sujeta a ciertos cambios el resto del encuentro. Los Spurs recogerían el ancla para buscar el balón desde la presión a la salida. La inquietud se trasladó hacia la cubierta blue hasta que Mount volvió a encontrar los espacios. Estirar las líneas provocó una destrucción del orden que fue explotado por el canterano británico para impulsar al Chelsea hacia delante.

Mount, la figura del encuentro / FOTO: Chelsea FC
Mount, la figura del encuentro / FOTO: Chelsea FC

Bajo su mando los cañones apuntaban hacia Lloris, un peligro que ni él mismo pudo transformar en otro cañonazo certero. El arquero francés se hizo grande por bajo cuando pisó área, dribló a su par y soltó la bomba. A excepción de esta intervención, los ataques morirían entre las aguas. La momentánea recuperación del Tottenham fraguó con el goteo de los minutos. Nadie sabía qué hacer ni con el balón ni con el espacio, y es que el equipo naufragaba sobre la tormenta cuando cruzaba medio campo.

Pulisic y Kanté hicieron acto de presencia por Hudson-Odoi y Kovacic; Lamela y Lucas Moura por Ndombelé y Bergwijn. Ninguno imprimió cierta agitación a la dirección de los cruceros, entrando el partido por momentos en la turbiedad del balón dividido.

La luz y la noche, Azpilicueta y Son / FOTO: Chelsea FC
La luz y la noche, Azpilicueta y Son / FOTO: Chelsea FC

El escaso artificio del Chelsea suscitó las vidas con las que el Tottenham convivió hasta el final. Lamela con un disparo lejano en el 78, y Carlos Vinicius con un cabezazo en el 87 rozaron una igualada que no llegaría.

Un 0-1 y ya. No dio para más a pesar del empeño y protagonismo que Mason Mount acaparó. El Chelsea comienza a vislumbrarse bajo el sello germano, con el asalto de alturas e intercambio de roles como mandamientos. Los Spurs prácticamente ni salieron de puerto. Erráticos y descorazonados, sumidos en una zozobra que se extiende hasta encadenar tres jornadas consecutivas sin conocer la victoria. Mourinho encadena por primera vez en Premier dos encuentros con el casillero a 0. Son siete puntos de distancia con el cuarto. Un océano desalentador y una embarcación desmoronada cuyo proyecto se oscurece a mitad de camino.

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