El Leeds lo gana fuera y lo empata dentro
Diego Llorente antes de empezar el partido / FOTO: Leeds United

Cuando el maremoto mediático opaca lo que le da forma y sentido a este deporte, se desvirtúa cualquier tratamiento del balón, aunque Leeds y Liverpool ostenten uno de los carteles más atractivos de la Premier. Un partido que prometía ensalzar a la pelota pasará sin pena ni gloria ante el anuncio de la creación de la Superliga Europea. 

Doce gigantes cegados por la avaricia dominarán el discurso las próximas semanas. Uno de ellos saltaba al campo a calentar con un mensaje reivindicativo frente a él que denunciaba la puñalada a la meritocracia que se había fraguado. "El fútbol es para los fans, gánatelo", gritaba la camiseta del Leeds al teórico jerarca del sentimiento inglés. El matrimonio del Liverpool con su aficionado, al que le prometía fidelidad y unidad en su travesía, ha quedado quebrado. Los aledaños de Anfield ya reflejan el divorcio porque olvidar tu origen es el primer paso hacia la pérdida de tu esencia.

Klopp salió a los medios a eximir de culpa al vestuario alegando su absoluto desconocimiento de la iniciativa. Bajo un discurso cauteloso, intentó apagar el incendio soplándole suavemente. 

El fútbol se hizo hueco entre la polémica

El Liverpool salía a la controversia con Fabinho retornando el puesto de central frente a la lesión de Phillips -- la maldición del central red continúa--, pasando Wijnaldum a ocupar el pivote y Diogo Jota el carril diestro en detrimento de Salah. El Leeds repetía la disposición que apeó al Manchester City con la entrada de Struijk por el sancionado Cooper y de Harrison por el 'tocado' Rapinha.

Harrison controlando el balón / FOTO: Premier League
Harrison controlando el balón / FOTO: Premier League

El pitido inicial permitió 'olvidar' el convulso contexto para que fuese el balón quien intentase ostentar el protagonismo durante 90 minutos. De ello se encargó la electricidad de ambos equipos, administrada sobre el inconquistable espacio donde ninguna bandera lograba imponerse. Dos señalados como Thiago y Arnold disfrutaron del caos para instituir su fútbol; el español asumiendo el mando y proyectando a cada jugador Red, el británico incidiendo la espalda de Alioski y Llorente. La libertad con la que recibían fue el manantial que proporcionó al Liverpool la confianza que había perdido.

Mané marcando el 0-1 / FOTO: Premier League
Mané marcando el 0-1 / FOTO: Premier League

La presión intensa que administraron los dos máximos predicadores de la misma, con permiso del Manchester City, normalizó el robo en campo contrario. El pulso lo ganó el Liverpool hilando acciones "cortas" donde primaba el olfato al pensamiento. Sin embargo, fue el ingenio de Diogo Jota quien originó el 0-1. A la media hora desarboló la zaga con un envío cruzado sobre la ruptura de Arnold, que dejó en evidencia a Meslier con el regalo que proporcionó a Mané.

¡Pero cómo quieren quitar este fútbol!

En el marco de la profundidad, el Leeds pescó, pero el atún se le escapaba cuando pisaba área. Los Reds seguían motivando errores en salida, pero no hubo nueva conquista, sino una resistencia casi heroica. Bielsa creyó en su doctrina para obligar a sus jugadores a montarse en una montaña rusa a ciegas. Sobre la fe, The Peacocks planteó al Liverpool un escenario que fue incapaz de igualar. La destrucción de líneas y el estrangulamiento conllevó una serie de desestabilizaciones que solo Allison sostenía. Primero sacó el pie a la fantasía de Roberts y Harrison, luego negó a Roberts un fusil con tanta potencia como poca colocación.

Diego Llorente celebrando el 1-1 / FOTO: Leeds United
Diego Llorente celebrando el 1-1 / FOTO: Leeds United

Salah entró en el fragor de la revuelta final, percutiendo sobre los espacios y errores sin clarividencia alguna de cara a puerta. En la guerra abierta de la meritocracia, el Leeds le hizo honor sobre la cabeza de Diego Llorente, que se impuso sobre el cielo de Elland Road para empatar el partido. No acabarían las hostilidades ni los deslices, pero ninguno sería capaz de reabrir el tarro. 

El Leeds-Liverpool acentúa el romanticismo de los de Bielsa y deja al Liverpool con una doble bofetada --la del contexto y la del resultado--. Quien aspira a luchar contra los de su condición recibió la reprimenda del humilde con el estilo más pasional posible. Ahora el futuro se encuentra inmerso en una incertidumbre enfundada en el enfrentamiento, donde se mantiene el cuarto puesto de la Premier que el Liverpool se complica.

La vertiginosidad dejó un espectáculo apoteósico en lo futbolístico, pero pocos se acordarán, porque el negocio va ganando. 

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