Paulo Dybala, el futbolista que viene

En el caso de Dybala estamos ante uno de esos chicos menudos a los que los dioses no han querido distinguir por el tamaño, sino por el brillo. De momento porta la nº21 de Pirlo y enamora a Italia, y esta circunstancia sacando a bailar al verde a una Vecchia Signora, es ya mucho que decir.

Paulo Dybala, el futbolista que viene
Foto: (AP)

Aquel menudito chaval acarició las costuras de la bola y se la quedó mirando fijamente, como si lo que sostuviera en la mano fuera el mundo entero. Y en cierto sentido así lo era, puesto que en el mismo instante en que la depositaba contra el suelo, la bola comenzaba a rodar: su mundo comenzaba a rodar y el fútbol cobraba sentido. Y Paulo Bruno Dybala era uno de ellos, un pibe con un sexto sentido para el travieso comportamiento rodante de la de cuero. En el ángulo más abrigado del patio o el potrero que es recuerdo, hay una pelota de trapo cosida a costurones de talento.

Talento que los viejos tahúres del fútbol suelen identificar a la primera. Santos Turza, viejo ojeador de Instituto fue su descubridor y recuerda perfectamente  el primer día de Dybala en la Gloria, aquella prueba en La Agustina. Tenía diez años y aquel día acudió junto a su padre Alfonso "Chancho" Dybala. Era por entonces jugador de Newell´s de Laguna Larga y a Turza, histórico reclutador albirrojo, le hablaron de un pequeño diablo con una zurdita venenosa. Era el año 2003 y tan solo le bastaron unos segundos para percatarse del talento de aquel menudito surgido del averno de los potreros. Turza que había visto tantos chicos romperla en inferiores que luego no llegaron a nada, se mostró en todo momento cauto con la progresión del jugador, pero cuando se produjo su explosión en la primera con Darío Franco, algo se movió en su interior, pues se percató de que al talento Dybala, sumaba aquella cualidad que nunca falla para convertirse en jugador profesional: voluntad y esfuerzo para llegar.

Desafortunadamente para el chico la desgracia se cebó con su familia y la residencia del club le acogió con 15 años, cuando se produjo el fallecimiento de su padre, el "Chancho" Dybala, que fue su máximo pilar en su sueño de convertirse en futbolista y que desgraciadamente no pudo verle brillar en Europa. Aquel luctuoso suceso en lugar de hacerle sucumbir le reafirmó la personalidad, le sirvió para endurecerse y ubicar como gran objetivo cumplir su sueño de ser profesional. En La Gloria se hizo acreedor a los apodos de La Joya y El Pibe de la Pensión.

Dybala es uno de esos futbolistas que parece estar tocado con una varita mágica, lleva apuntando alto desde siempre y si nada extraño sucede por el camino, se convertirá en uno de los mejores delanteros del mundo en un plazo no lejano a los dos años. Es cierto que son muchos los ejemplos de talentos futbolísticos que finalmente no acabaron cumpliendo con las enormes expectativas que crearon, pero en el caso de este sensacional jugador argentino existen motivos sobrados para ser optimistas. Desde que deslumbró con el club de Alta Córdoba, allá en Instituto no ha parado de brillar, y su hasta ahora corta pero fulgurante carrera queda marcada por los récords y los ilustres nombres a los que se le asoció. Debutó de la mano de Darío Franco, con solo 17 años con la primera de Instituto, y rompió un récord que ostentaba Mario Kempes desde 1972. Esa misma temporada ante Atlanta igualó otro récord de Diego Maradona, al convertirse en el futbolista más joven en Argentina en firmar un hat trick.

La meteórica progresión de Dybala provocó que tan solo jugara una temporada en la Nacional B, en la 2011-12, en la que anotó 17 goles. Con 18 años firmó por el Palermo, (que pagó doce millones de euros) Dybala era seguido por los grandes equipos del fútbol europeo, pero acabó recalando en el conjunto siciliano, donde los zurdazos de la ‘joya’ comenzaron a robar el corazón de los seguidores rosoneros.  En Palermo jugó entre 2012 y 2014, anotando 21 goles en 85 partidos. En Italia al no tener un rol posicional fijo asume la posición de trequartista, pues Dybala es un futbolista alejado del nueve fijo. Ofrece muchas más variantes, es un punta moderno como mucha movilidad e inteligencia en la asociación, todo ello sin perder la voracidad del goleador.

Dybala es rápido, atrevido, talentoso en desmedida y goleador, es el jugador que viene, un atacante polivalente, con un muy apreciable cambio de ritmo, zurdo cerrado que ve bien los espacios y se asocia al toque de forma tan eficaz y plástica como natural con sus compañeros. Es un chico con unas enormes ganas por aprender, un centro de gravedad bajo y unas potentes piernas, que unidas a su habilidad le convierten en un delantero especialmente interesante. Cuenta con el aval especial de Leo Messi, que no ha dudado en más de una ocasión en considerarle como ‘uno de los nuestros’, de la estirpe de los creadores, de los que conciben el oficio del fútbol como un espectáculo en el que hay que disfrutar, hacer divertir y ganar.

Cuando la Juve se hizo con sus servicios al precio de 32 millones de euros, a muchos le asaltaron las dudas respecto a si Dybala conseguiría romper definitivamente (como hizo en Palermo) o acabaría pesándole la responsabilidad de jugar en una grande de la Serie A, pero el chaval ha demostrado que posee cualidades sobradas para asumir un papel esencial en la ‘rimonta’ del equipo turinés. Actualmente acumula 9 goles y 6 asistencias y, siendo absolutamente clave en los últimos nueve triunfos de la Vecchia Signora. Indudablemente le queda camino por recorrer y una fase importante de crecimiento, pero existen pocos jugadores que hayan conseguido dar el salto de la Nacional B argentina al fútbol europeo en tan poco tiempo y, con un rendimiento tan destacable como profesional, muy especialmente en la siempre tan difícil serie A italiana.

Dicen que cuando el músculo duerme la cabeza comienza a pensar, por ello todos aquellos elegidos que tengan la capacidad de mantener sus músculos despiertos mientras su cabeza piensa, estarán más cerca de ser tahúres de la pelota, en el caso de Dybala estamos ante uno de esos chicos menudos a los que los dioses no han querido distinguir por el tamaño, sino por el brillo. Uno de esos jóvenes necesarios para el fútbol y el espectáculo, necesarios como sus compañeros, con la única salvedad de que a su lado, estos parecen personal de mantenimiento. El tiempo lo dirá, su hambre de diversión y goles apuntan alto, ese será el juez que dicte sentencia, que depare si Paulo Dybala se convertirá en un juguete inolvidable capaz de ocupar aquellos lugares especiales y vacantes de nuestra memoria, o en un peón vestido de frac que fue comido en la primera jugada del siempre complicado tablero del fútbol. De momento porta la nº21 de Pirlo y enamora a Italia, y esta circunstancia sacando a bailar al verde a una Vecchia Signora, es ya mucho que decir...