Iván de la Peña, una carrera debatida entre el talento y la desdicha
De la Peña en una convocatoria con la selección española

Iván de la Peña, una carrera debatida entre el talento y la desdicha

El genuino mediapunta cántabro cuelga las botas tras no haber podido superar el calvario de lesiones que le han asolado en los dos últimos años.

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Kevin Fernández Rubio

Muchas son las carreras que inician a una edad prematura su trayectoria por el mundo del deporte y que, años después, han dejado esa ilusión y fervor que prometían en su inicio para dar paso al ostracismo en el epílogo de las mismas. De la mano de Cruyff, Iván de la Peña (Santander, 1976) debutaba en el José Zorrilla con tan sólo 19 años y un brillante porvenir en el horizonte, pero su inoportuna musculatura le traicionó.

Nacido en Cantabria durante la transición española, comenzó a mostrar sus dotes con el balón en el humilde equipo de fútbol sala que capitaneaba su progenitor. El descaro e ingenio que mostraba con el cuero en los pies fueron cualidades que pulió en la cantera del equipo de su ciudad hasta la llamada del Barcelona. Valdano no quería que el que, a la larga sería su permanente anhelo, se escapase y reunió a Gento con la familia para hacerle cambiar de opinión, pero la decisión estaba tomada. El bisoño mediapunta cántabro dejó a su familia en pos de un sueño.

Poco a poco fue adquiriendo importancia en 'La Masía', donde lideró aquella famosa generación apodada como la 'Quinta del Mini', la cual logró grandes éxitos a finales de la década de los 90 con jugadores como Velamazán y Celades. Su progresión en los juveniles y el equipo filial le abrió las puertas del primer equipo con la llamada de Johan Cruyff.

Bajo la batuta del holandés, debutó en primera, marcando un gol, y se consagró un año más tarde con Bobby Robson como inquilino del banquillo azulgrana. De aquel curso queda el recuerdo de más de una exhibición que protagonizó junto a Ronaldo, incluida la de la Supercopa. Pero un nuevo cambio de técnico, unido a la salida de Ronaldo del club, le condenó al ostracismo y a cambiar de aires, rumbo a tierras transalpinas.

En el verano de 1998 se convirtió en el fichaje más caro de la historia de la Lazio y, a la vez, el más decepcionante. El motivo, una repentina lesión muscular que provocó la pérdida de confianza del técnico y su consecuente cesión al Marsella. El tierras galas la suerte también le fue esquiva, ya que una rotura del peroné se encargó de proseguir con su calvario particular.

Fue entonces cuando 'Lo Pelat', apodo atribuido por a su famosa caballera afeitada, optó por regresar a España, para vivir una segunda etapa fugaz en el Barcelona. Abandonó la entidad a la vez que Guardiola para enrolarse en las filas del Espanyol. En el antiguo Montjuic pudo volver a destilar la clase que atesora y se sintió de nuevo futbolista. Con el beneplácito de Clemente, el santanderino fue una de las claves en la agónica salvación perica en 2003 y 2004. En éste último año, fue repescado con el campeonato ya empezado, puesto que no certificó su renovación y, tras no encontrar acomodo en otro club, inició la campaña ejercitándose en solitario.

2005 fue el año de mayores logros para el jugador. Lejos de antiguos coqueteos con el descenso, la sociedad que integró con Tamudo, su antecesor en la capitanía del equipo, permitió a los pericos adentrarse en posiciones de UEFA, de la cuál se despidieron un año después de forma estrepitosa. En el capítulo personal, dicho año fue el que le hizo debutar con la selección absoluta. De la mano de Luis Aragonés, se enfundó la roja en cinco ocasiones inolvidables para él.

Las sucesivas campañas no cesaron de sonreír al futbolista, el cuál conquistó una copa del rey, de forma sorpresiva, y alcanzó una final de la UEFA que el Sevilla sólo pudo arrebatarle desde los once metros. Para el recuerdo dejó una polémica con Lotina que no pasó a mayores y una exhibición, en la que fue su casa, que privó al equipo que le formó de conquistar una liga que fue a parar a manos del eterno rival.

En 2009, la firma de su renovación coincidió, desgraciadamente, con el inicio del declive de 'Lo Pelat'. En dicha campaña, una suma de hasta tres lesiones musculares redujeron su nómina de participaciones a cinco en toda la temporada. Dejó incluso abierta la puerta a la retirada si su situación no prosperaba, cosa que no ha ocurrido en el presente curso, donde, pese a ser capitán, solo ha jugado media hora en todo la campaña. La placenta de yegua con la que se trató en Belgrado no fue suficiente.

Una cifra de seis partidos disputados en dos años han terminado de dinamitar la moral de un jugador considerado la esperanza nacional junto a Raúl. En el recuerdo quedarán su ambición, carácter, su visión privilegiada e ingenio por encima de aisladas acusaciones de falta de compromiso de algún extécnico. 'Lo Pelat' cuelga las botas por el traje de directivo.

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