Serial Atlético de Madrid - Barcelona en Liga 93/94: La remontada más mágica del Atlético de Madrid
Caminero celebra el gol de la victoria aquel 30 de octubre de 1993

La temporada 93/94 no había comenzado muy bien para el Atlético de Madrid. 10º con 8 puntos en 8 jornadas, el Atlético se medía al líder FC Barcelona, empatado a puntos con el Valencia y la Real Sociedad en esa jornada. Era un claro cara y cruz para los rojiblancos, convulsos en los líos de banquillos y declaraciones altisonantes del siempre polémico Jesús Gil.

Llegaba un gran partido en una preciosa tarde – noche de octubre. El comienzo de la leyenda desbocada de goles y pasión de los Atlético – FC Barcelona, partidos a los que les va la marcha. Y es que desde el primer minuto el Atlético y el FC Barcelona salieron dispuestos a dar batalla en el césped del Calderón. El Atlético formaba con Diego, López, Juanito, Solozábal, Pedro, Quevedo, Kosecki, Caminero, Pirri, Luis García y Manolo. El FC Barcelona de Johan Cruyff jugó de inicio con Zubizarreta, Chapi Ferrer, Pep Guardiola, Koeman, Goikoetxea, Amor, Eusebio, Beguiristain, Bakero, Laudrup y Romario.

Como ya hemos dicho, los hombres de Cacho Heredia y de Johan Cruyff salieron a por todas desde el minuto 1, en un ir y venir de ocasiones en una y otra área. Primero avisaba Kosecki, con un disparo fácil para Zubizarreta, luego era Romario, en un mano a mano que le sacó Diego desde el suelo, casi sentado, el que pudo inaugurar el marcador de aquel 30 de octubre de 1993. Aquella ocasión era la primera de cinco que dispuso el brasileño en el primer tiempo, en un auténtico show del carioca.

Después de ese mano a mano, llegaría el primero de O Baixinho. Pase al hueco de Guardiola. La defensa rojiblanca se queda clavada pensando que iba largo para Romario, que la deja pasar, pero aparece Beguiristain como una bala para cazarla sobre la línea de fondo, y ponerla atrás a Romario, que sólo de marca bate por bajo a Diego. El primero del partido llegaba en el minuto 14. Era un gol que desataría a ambos, en una locura de goles sin control.

El FC Barcelona se sentía comodísimo en un escenario que en las temporadas anteriores se le había dado especialmente bien. Tenía la pelota con esa defensa de tres, protegida con Guardiola y Amor por delante de la zaga. Tocaba y tocaba, mareando al Atlético, que cuando lograba robar la pelota trataba de ser vertiginoso y correr hacia delante en contragolpes mortales, sabedor de la debilidad defensiva barcelonista con 3 zagueros. Manolo tuvo el empate, que le negó Andoni Zubizarreta con una buena parada a su cabezazo en plancha.

Romario, que tocaba pocos balones, decidió volver a entrar en acción. Un pase a la espalda de Solozábal, obra de Amor, servía al brasileiro para controlar con el pecho, arrancar y marcharse del central madrileño, y con un toque suave de exterior, batir a Diego. Era el 0-2 en el minuto 27, y el FC Barcelona sacaba máxima rentabilidad a sus peligrosas llegadas al área del Atlético de Madrid. El Atlético tenía ocasiones, desbaratadas por Zubizarreta todas y cada una de ellas.

Por su parte, Romario seguía a lo suyo. Otro mano a mano lo envío al larguero, y poco después, firmaba el tercero, aprovechando un pase al espacio de Laudrup. O Baixinho rompió en velocidad a la zaga atlética, y según llegaba a la pelota fusiló con su derecha. El 0-3 al descanso campeaba como una losa enorme sobre el ánimo de un Atlético de Madrid tocado, y sobre una afición que estuvo volcadísima con su equipo, animando y no parando de animar en ningún instante de los 90 minutos de partido. Y esa extraña comunión de la gente con su equipo hizo del segundo tiempo un acto de fe, en el que el Atlético se envalentonó, y el FC Barcelona creyó ganado el partido.

Nada más salir de vestuarios, una pérdida de Guillermo Amor, que trataba de jugar con Koeman, sirvió a Kosecki para encarar a Zubizarreta y batirle por bajo en el mano a mano, cuando el reloj marcaba el minuto 2 del segundo acto. El Atlético albergó esperanzas con ese gol, y las esperanzas empezaron a materializarse en una más que tangible realidad cuando Pedro hizo de Luis Aragonés. El lateral izquierdo riojano sacó a pasear su humilde pierna izquierda en el minuto 55 de partido, la que ahora guarda como un tesoro privilegiado en su frutería de Logroño, en un impecable lanzamiento de falta, que alguien llegó a tocar ligeramente, para alejarlo lo suficiente del guante del meta internacional vasco.

Quedaban 35 minutos y el Atlético ya estaba a tan sólo un gol de sumar un punto ante el Fútbol Club Barcelona del Dream Team. La histeria se apoderó del partido, con un FC Barcelona que más que buscar la calma para afianzar la ventaja de un gol de la que disponía, se dejó llevar por el pánico y la histeria del partido. El Atlético estaba mucho más cómodo en el partido. Forzaba las equivocaciones de los azulgrana en los pases, y cada vez que lograba robar o interceptar el balón, la intención y la consigna era salir como balas hacia la meta de Zubi.

En un fallo defensivo de Ferrer, que no acierta a despejar la pelota con la cabeza, el esférico le cae a Kosecki, que controla muy bien la pelota y se marcha de Koeman, para marcar con un disparo cruzado con su pierna izquierda el gol del empate a 3 en el minuto 70 de partido. Le restaban veinte minutos de electricidad y alto voltaje a un choque que era para videoteca en esos momentos.

El FC Barcelona, que se veía ganador al descanso, se encontraba al borde del KO en esos momentos ante un renacido equipo colchonero, liberado de cualquier presión y obsesionado con la victoria. Tal era la obsesión, que el asturiano Pirri fue expulsado a falta de 12 minutos de partido, por protestar airadamente una falta señalada contra los rojiblancos. Más bien, por decir algo que no debía decirle al colegiado andaluz López Nieto. Fue un acoso y derribo blaugrana desde ese momento, que con uno más y con mayor calidad en teoría, debía plasmarlo todo sobre el césped del colíseo madrileño. Pero allí no hubo más que diez gladiadores de rojiblancos que honraban la historia de la camiseta con su comportamiento. Corrieron para tapar agujeros, y encontraron un tesoro por su esfuerzo.

El conjunto culé sacó en corto un saque de esquina, Eusebio la puso rasa a Romario, de espaldas al marco de Diego, que ante la llegada de Juanito cayó en el área. López Nieto entendió que O Baixinho se había dejado caer y la jugada continuó. El Atlético salió en dos toques al contraataque. El primero para jugar Kosecki, el segundo el control orientado del polaco, que giró y encaró a los dos defensas barcelonistas. Aquel expreso de Varsovia no había quién lo frenase, aunque Nadal y Juan Carlos replegasen, Koeman se ahorró el sprint para replegar o hacer una falta al polaco y permitir al equipo organizarse. Caminero venía por la izquierda más rápido, y cerca de la frontal blaugrana, Kosecki cedía el cuero a Caminero, que cruzó la pelota ante el meta azulgrana y desató el delirio en el Vicente Calderón, una olla a presión que vivía una de sus noches más bonitas y recordadas en sus cerca de 50 años de historia. El Atlético ganaba esa noche al gran Dream Team de Cruyff, en el momento estelar de una temporada gris para el Atlético.

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