Serial Real Sociedad-Athletic de Bilbao en Liga: 2002/2003. La llave que abrió el cajón de los sueños
De Pedro centra un balón ante un rival del Athletic - Millán

El Real Sociedad-Athletic Club de la temporada 2002/2003 fue un partido muy especial para todos los aficionados txuri-urdines. Aquel derbi fue el encargado de abrir la temporada más especial que se ha vivido a orillas de La Concha en la era de Anoeta.

Pongamos en contexto realista aquel encuentro: el optimismo no era, precisamente, lo que reinaba por el mes de agosto de 2002. La parroquia realista se encontraba en un momento de incertidumbre originado por el sufrimiento que había padecido las tres temporadas anteriores para poder lograr la permanencia. La inestabilidad se había hecho con el club guipuzcoano, que desde la marcha del técnico alemán Bernd Krauss (allá por 1999) hasta junio de 2002 había visto cómo cuatro entrenadores, Javier Clemente, Periko Alonso, John Benjamin Toshack y Roberto Olabe; habían ocupado el banquillo realista. Por eso, el consejo realista fue a Francia a buscar un técnico que consiguiese asentar un proyecto sólido. Ese no era otro que Raynald Denoueix, un desconocido en España pero todo un campeón de liga en Francia con el Nantes. Junto a él, llegaron como refuerzos Valery Karpin, Gabriel Schürrer y Sergio Boris, todos a coste cero.

La pretemporada hizo que surgieran dudas en el entorno txuri-urdin

Sin embargo, la pretemporada no fue buena en cuanto a resultados, y la imagen que transmitió el equipo tampoco fue la mejor. Eso hizo que la hinchada de la Real Sociedad llegase con dudas a uno de los partidos más especiales de la temporada.

Un primer tiempo de locos

Pese a esas dudas, el ambiente en las calles de San Sebastián era inmejorable. Ideal para comenzar una liga que abriría la puerta de la ilusión blanquiazul. El partido comenzó con el típico respeto mutuo entre ambos equipos, pero en el minuto veintisiete Karpin remató a la red un rechace de Lafuente, el encargado de custodiar la portería bilbaína aquella tarde.

Este gol enloqueció totalmente el partido, puesto que dos minutos más tarde un jovencísimo Carlos Gurpegui establecía las tablas en el marcador y, en el minuto treinta y dos, el realista Nihat marcaba una potente falta, llevando el delirio al graderío del Estadio de Anoeta. Así se llegó al descanso, con un dos a uno que dejaba el partido completamente abierto para la segunda mitad.

Gran juego realista

Durante los siguientes cuarenta y cinco minutos no cambió la tónica del encuentro: dominio donostiarra, aunque el Athletic no se daba por vencido. La Real Sociedad sorprendió aquél partido por su juego rápido y vertical, apoyándose en el juego aéreo de Kovacevic, la velocidad con la que Nihat aprovechaba los huecos que dejaba el delantero serbio y la calidad de Xabi Alonso, De Pedro y Karpin, tres asistentes de lujo. Estas fueron las señas de identidad de un equipo que hizo soñar a su afición con que conquistar un tercer título liguero era posible.

Volviendo al transcurso del partido, en el sesenta y uno Nihat recogió un balón cerca del círculo central y tras ganar por velocidad a la defensa rojiblanca batió de nuevo a Lafuente. El delantero turco se convirtió, de la noche a la mañana, en el nuevo ídolo de una afición que le idolatró durante años.

El estilo rápido y vertical de los de Denoueix causó una gran impresión

Pese a todo, el Athletic no dio el partido por perdido y fue a buscar la remontada. Otra vez Gurpegui, esta vez de tiro lejano, batió a Westerveld para acortar distancias en el marcador. Pero la ilusión duró poco en el entorno rojiblanco, ya que tras una gran carrera por la banda derecha, López Rekarte sirvió un magnífico balón a la cabeza de Kovacevic, que no falló picando el balón ante el guardameta rojiblanco.

Con el 4-2 acabó un partido que hizo que la afición txuri-urdin comenzase a soñar con una liga más tranquila que otras temporadas. Sin embargo, lo que nadie podía imaginar era que hasta la última jornada su equipo le disputara la liga al mismísimo Real Madrid, del que sólo le separaron dos puntos en una temporada de ensueño, en la que el equipo estuvo invicto toda la primera vuelta (no perdería su primer partido hasta el derbi de vuelta en San Mamés) y en la que se clasificó a la Champions League por la vía rápida, sin tener que disputar la previa, al quedar en la segunda posición.

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