Ramallets, descansa en paz, portero
Foto: ABC.es

Antoni que siempre fue un grande quiso irse como tal, un 30 de julio, coincidiendo su partida con la de Joan Gamper fundador de sueños para la ‘gent blaugrana’. La dolorosa noticia nos instala en un recuerdo maravilloso y lejano de un tiempo en el que el Barça descubrió en su figura a la de su portero más legendario, pues con el permiso de Ricardo Zamora, Antoni Ramallets siempre fue considerado como medida de todas las cosas para valorar el desempeño de un portero en el arco azulgrana. Ramallets siempre fue el gran referente para todas las generaciones de porteros que portaron esa camiseta, ganador de seis Ligas y cinco trofeos Zamora con el Barcelona, marcó una época que jamás se olvidará.

Nacido el 4 de junio de 1924 en la calle Marina, cerca del campo del Gracia, del conocido barrio barcelonés, sus escapadas eran siempre las mismas, para perder la noción de las horas jugando al deporte que desde niño le apasionó. Le llovían regañinas constantes porque no querían que Antoni jugara al fútbol, en aquel entorno puramente barcelonés vivía una incesante aventura de travesuras esféricas, reclamaciones por rotura de cristales y alpargatas rotas.  Era un niño rechoncho al que no le gustaba demasiado correr, pero que vivía de forma apasionada el fútbol, por lo que en aquellos partidos seis contras seis a la salida de la escuela, siempre jugaba de portero. El primer balón de reglamento que tuvo en sus manos Ramallets había salido de la tapias del antiguo campo del Europa, en la calle de Sardenya. Antoni formaba parte de las cuadrillas de chavales que disputaban por atrapar los balones que salían fuera del recinto para entrar en él sin pasar por taquilla. Esas fueron las primeras grandes atajadas de un chico que en las peñas de las calles de Gracia, fue modelando un físico de una biomecánica idónea para ser portero.

Jugó en el Racing de Guinardó, en el Marfá, y en la peña Numancia, todas de la barriada de Gracia. Su aventura comenzó a tomar visos de seriedad cuando gracias al interés del dirigente Vieta fichó por el Europa, hasta entonces lo que había constituido un juego y una pasión, adquirió un cariz  absolutamente diferente. Estudiaba peritaje textil y trabajaba  en el despacho de la fábrica Casacuberta, por lo que cuando comunicó a su familia que pensaba dejar el trabajo para dedicarse al fútbol, el disgusto de sus padres fue mayúsculo. En el histórico Club Esportiu Europa recibió su primera ficha profesional, 250 pesetas por contrato. El joven Ramallets defendió la portería del Europa con tan solo dos defensas por delante: Aparicio y Guerrero. Era otro fútbol, pero aquel balón que trazaba entonces una trayectoria más definida, buscaba como hoy los ángulos imposibles en los que comienzan y se detienen los sueños de delanteros y porteros.

Cumpliendo con sus obligaciones militares en la Base Naval de San Fernando (Cádiz), jugó con el equipo del Departamento en los Campeonatos que se celebraron en Cartagena, además de disputar varios amistosos con el CD. San Fernando. Luego fue trasladado a Palma y allí vistió los colores del Mallorca durante dos temporadas (1944-46), durante este periodo Samitier se fijó en las cualidades de este robusto portero, del que ya había oído hablar cuando defendía los colores del Europa. El Barcelona cerró su contratación en 1946, en un principio tardó en hacerse con la portería culé que defendía el gran Velasco, junto a Eizaguirre los dos grandes referentes de Ramallets en la portería. En la temporada 46/47 fue cedido al Real Valladolid, donde consiguió el ascenso a la categoría de plata al vencer al Racing de Santander  por 3-1, en un encuentro en el que Ramallets fue el gran protagonista.

A la siguiente temporada regresó al Barça, para bajo la dirección del uruguayo  Enrique Fernández, formar parte de la plantilla que ganó dos Ligas como suplente del meta Velasco. Tuvo que luchar y aguardar pacientemente hasta 1950 para arrebatarle la titularidad al histórico portero de Jumilla. Su presencia en el equipo coincidió con años de esplendor del equipo azulgrana, en los que consiguieron numerosos títulos, pero Ramallets vivió también la otra cara del fútbol en una aciaga noche de 1961 en Berna.

Concretamente Ramallets fue pilar de dos equipos tremendamente queridos y recordados en Barcelona, el primero el legendario conjunto culé de “Les Cinc Copes” (temporada 1951-52, en que el Barça ganó Liga, Copa y Copa Latina, más la Copa Eva Duarte y la Copa Martini & Rossi sin jugarlas), dirigido por Daucik, que dominó el fútbol español entre 1947 y 1953. En relación a ello hay que destacar que fue testigo directo de la llegada de Ladislao Kubala, del traslado de Les Corts al Camp Nou y la formación de la delantera mítica formada por Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón, que entre 1951 y 1953, conquistó todos los títulos en juego. Un equipo en el que todos sus integrantes menos Kubala y César eran todos de casa.

Y el segundo el dirigido por el mago Helenio Herrera, que intentó discutirle la hegemonía en España al Madrid de Di Stéfano. En esta época el Barça ganó la Copa de Ferias en 1958, la Liga 1958-59, más la Copa, completando el doblete, y la Liga 1959-60. También ganó la Copa de Ferias 58-60, pero el Madrid eliminó al Barça en semifinales de Copa en 1960 y HH fue destituido. Durante su estancia en las filas del FC.Barcelona, entre 1947 y 1962 disputó 473 partidos, ganó seis Ligas, cinco Copas, dos Copas Latinas, tres Copas Eva Duarte y dos Copas de Ferias, además llegó a una final de la Copa de Europa, que puso un amargo epílogo a su grandiosa trayectoria profesional.

Ramallets era un guardameta ágil y seguro, muy veloz de reflejos e inteligente, dotado de un poderoso y atlético físico. La plasticidad acompañaba a todas sus acciones, su figura siempre dibujaba un vuelo elegante, pero además poseía esas cualidades que convierten a los porteros en una estirpe única y diferente. En un encuentro disputado en Coruña llegó a jugar con un dedo roto, fracturado el día antes en el entrenamiento. Ramallets que jugaba y entrenaba sin guantes, se rompió el dedo al detener un chut. Mur padre le unió los dedos con esparadrapo y le dijo: “A jugar”. Al día siguiente salió a jugar y detuvo un penalti.

Con la selección española fue internacional en 35 ocasiones, debutó en el Mundial de Brasil de 1950, en Rio de Janeiro, un 29 de junio de 1950 en un Chile 0-2 España. En aquel Mundial gozó del privilegio de vivir la que fue durante muchos años la mejor actuación del combinado español en la historia de los mundiales. En dicho Campeonato tuvo una destacadísima actuación, siendo apodado por Matías Prats como ‘el Gato de Maracaná’. Concretamente Don Matías utilizó la siguiente expresión: “Ha volado como un gato con alas”. Todo vino por una acción en aquel partido contra Chile, en la que con una parada voladora atajó el disparo de forma espectacular con el pecho. Por aquella acción recibió el citado calificativo por parte del también legendario periodista, que simpáticamente utilizó la figura de un gato volante con los omóplatos un poco pronunciados que decían que eran alas, que se exhibía en un conocido escaparate de Barcelona.

A partir de aquí su nombre y el de la selección estuvieron íntimamente ligados, se recuerda especialmente otra enorme actuación en Estambul, donde al final del choque un entusiasmado aficionado turco se le acercó con la intención de darle el tradicional beso en la boca. Aquel aficionado preguntaba ¿quién es Zamora?, a lo que Antoni respondió señalando a un compañero, protagonizando una histórica y divertida anécdota que aún se recuerda. Un 18 de mayo de 1961, se despidió de la selección en un encuentro disputado en Madrid ante País de Gales, en el que España empató a uno con los galeses.

Su momento más amargo lo vivió en la final de la Copa de Europa de Berna en 1961, en la que el Barça perdió por 3-2 ante el Benfica tras errar numerosas ocasiones de gol y en la que Ramallets se marcó un autogol. En apenas tres minutos negros se consumó la dolorosa derrota de la final de los palos cuadrados, que fue determinante para tomar la decisión de retirarse, algo que hizo en su partido homenaje del año 62 ante el Hamburgo. Cuentan que Ramallets, que contaba con 38 años de edad abandonó el terreno de juego con el Camp Nou rendido ante el mito culé tras hacerle una grandiosa parada a Uwe Seeler.

 Antoni Ramallets i Simón dejó su puesto al sereno Jose Manuel Pesudo, tras su retirada entrenó al Valladolid y al Zaragoza (donde dejó un gran recuerdo) y durante dos temporadas formó parte del cuerpo técnico blaugrana. Posteriormente se desvinculó del fútbol y trabajó en una entidad bancaria hasta su jubilación, pero sus guantes han buscado y encontrado herederos constantes en la figura de los Sadurni, Urruti, Zubi, Víctor Valdés…

Víctor, el que posiblemente se haya constituido como su más claro y genuino heredero, se ha encargado de despedirle con las palabras más certeras y justas. Con ellas pongo punto y final a este pequeño texto biográfico en el que solo quise honrar su memoria y dar el más sincero pésame a su familia: “Acompaño en el sentimiento a la familia de mi buen amigo Antonio Ramallets. Para siempre en mi corazón. Descansa en paz, portero

No hay más que decir…

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