El asentamiento de un proyecto que decrece en ilusión
Foto: AS

El Getafe ya ha echado a rodar. Y con ello, un sinfín de pretensiones y objetivos marcados que, solo a temporada vista, podrán ser evaluados con el sosiego y la calma que ello requiere. Objetivos que año tras año se renuevan, que deben acrecentarse una vez que el equipo se ha consolidado en la élite del panorama nacional. Si bien es cierto que la realidad es la que es, que un club como el Getafe no puede pretender instaurar una ilusión de cotas desmesuradas en su afición pero, tal vez, y vista la relativa facilidad con la que la escuadra ha mantenido la categoría las últimas campañas, se podría empezar a esbozar en la planificación de la temporada algo más que la tan ansiada permanencia.

Y más, cuando el año anterior ha sido el propio equipo el que ha parecido no tener ilusión en disputar competición europea, o al menos, eso parece reflejar una única victoria en los últimos ocho encuentros. Y precisamente, ese triunfo, se produjo ante la Real Sociedad en su única derrota de la segunda vuelta. Cosas del fútbol que demuestran que la ambición es una de las mayores asignaturas a implantar por Luis García en su plantilla porqué, desgraciadamente, ya van dos cursos seguidos con el mismo desenlace. Dejándose llevar lejos de una orilla llamada Europa que ha estado realmente cerca.

Y todo esto debe partir de una planificación estructural bien definida, con objetivos claros e ideas que partan de una misma base y en un mismo sentido. Tanto a la hora de incorporar jugadores, como de establecer ciertos criterios en cuanto al estilo y posición deseada en la tabla a final de campaña. Y por encima de cualquier tipo de cábala debe sobresalir la figura del que manda, del propulsor capaz de llevar a cabo lo establecido, del entrenador de la nave azulona, de Luis García Plaza, encargado de llevar todo esto a cabo.

Deficiente planificación de plantilla

Para hacer las cosas bien, toda gran casa que se precie debe estar sustentada bajo unos buenos cimientos. Pues bien, empecemos por lo que prima, por lo necesario para poder desarrollar el resto: la confección de una buena plantilla o al menos, de un plantel con cualidades suficientes para adaptarse a lo que el preparador madrileño desee realizar, para que comulguen con ello y, de este modo, los resultados sean simplemente el producto del trabajo bien hecho.

Y precisamente, hasta la fecha, esta faceta no roza lo requerido. Las incorporaciones brillan por su ausencia ya que, a excepción de Roberto Lago, el resto de jugadores ya han vestido la elástica azulona. Véase Escudero, Arroyo, que vuelve tras su fugaz paso por Alcorcón, Alex Pérez, después de descender a segunda B con el Huesca o Miku y Mosquera, que regresan de Glasgow y Valdebebas respectivamente. Caso aparte son los ya defenestrados, Arizmendi, nuevo jugador del Deportivo, y Dani Güiza, que ha puesto rumbo a Paraguay para defender los colores de Cerro Porteño.

Para más inri, el jugador más diferencial de la plantilla, Abdel Barrada, ha hecho las maletas rumbo a Abu Dhabi para ingresar en las filas del Al-Jazira de Milla y jugadores que disputaron una gran cantidad de minutos como Xavi Torres, nuevo miembro del Betis, Miguel Torres, que buscará en Grecia su mejor nivel defendiendo la camiseta de Olympiacos y Fede Fernández, a pesar de que su vuelta parece inminente, han dejado la entidad sin, a día de hoy, ningún recambio de garantías contrastado en la élite del fútbol nacional. Y eso que han sonado con fuerza recambios como el desconocido Lichnovsky o Bartra, aún a expensas de su futuro.

Oportunidad para redimirse de jugadores

Si bien es cierto que la situación ofrecerá un nuevo panorama, que dará la oportunidad a jugadores que hasta el momento han rallado por debajo de sus expectativas de demostrar que poseen virtudes suficientes para formar parte del engranaje azulón. Y por encima de todos, este año sí, debe sobresalir Pedro Mosquera. Con una nómina de mediocentros donde la creatividad brilla por su ausencia, el gallego debe comenzar a comportarse como lo que es, como ese jugador que destacaba por encima del resto en el Real Madrid y que este año ha recuperado sensaciones en la fábrica blanca, a empezar a ser futbolista de verdad.

Mosquera deberá asumir galones en un mediocentro sin timón Algo similar ocurrirá con Pablo Sarabia, quien debe dejar a un lado la irregularidad que le ha caracterizado desde que aterrizó en el Coliseum para sentirse cómodo sobre el verde, gozar de la confianza de su entrenador con el fin progresar y rallar a buen nivel. A pesar de eslabones perdidos, y que pueda ofrecer la posibilidad de ganar enteros a algunos jugadores, no hay que obviar que la planificación de la plantilla, a día de hoy, es realmente preocupante y, porqué no decirlo, totalmente desilusionante para una afición que no ve ningún resquicio o clavo ardiente al que agarrarse para creer en un equipo que, una vez cumplido su trabajo y asegurada la permanencia, peca totalmente de ambición.

Pretemporada irregular

Y si mala es la planificación de plantilla a estas alturas de temporada, que fíjense en lo que queda para el debut liguero, la pretemporada, que ha seguido la misma estructura que año tras año cambiando únicamente el lugar del stage, es peor aún. Y no solo por los resultados, que al final son lo que menos importa en estos tests veraniegos, sino por las sensaciones de inoperancia y opacidad independientemente de quién estuviera sobre el verde, de un esquema o de otro, del estilo impuesto con o sin balón, dominando o esperando, del rival que hubiera enfrente.

Una única victoria en ocho encuentros, y fraguada en los últimos instantes del choque, ante rivales que ni mucho menos son superiores en relación calidad-presupuesto al Getafe como club, exceptuando al Feyenoord y al AZ Alkmaar, es un bagaje demasiado paupérrimo para una escuadra que tiene ante la Real Sociedad un comienzo de campaña bastante complicado, a pesar de que los txuri-urdin puedan tener la mente puesta en su fase previa de Champions de la próxima semana ante el Lyon y, por ahí, puedan tratar de hincar el diente los pupilos de Luis García.

Sólo una victoria en ocho encuentros es el bagaje de la pretemporada azulona A escasos días de comenzar la temporada, poco se puede hacer para revertir esta serie de cosas. Se tendrá que tirar con lo que se pueda, que tampoco está tan mal, ya que esta plantilla, salvo una serie de cambios, es la misma que se salvó con holgura el curso pasado. Luchar como siempre y ser un auténtico acordeón en el verde y, mucho más importante si cabe, fuera de él, en el vestuario. Ahí se fraguan realmente las grandes hazañas, en los grandes grupos. Y un club como el Getafe, con todo lo que arrastra a sus espaldas, solo puede crecerse ante las adversidades, unir fuerzas y convertirse en aquello que anhelan miles de entusiastas que sienten los colores azulones deseosos de disfrutar con su equipo. Por ellos y por los propios jugadores. Esto empieza ya, y el Getafe desde que está en Primera no ha ofrecido síntomas para dudar de él. A los aficionados sólo les resta esperar que este año, pese al mal comienzo en planificación y pretemporada, no sea distinto. Diez años disfrutando y saboreando la élite bien lo merecen.

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