De Vallejo al Ciutat de València
Vallejo quedó inundado tras la riada de 1957. | Foto: Valencia en blanco y negro.

Calle Almassora , calle Pintor Vilar, calle Alborai a y calle Convento Carmelitas. Los cuatro puntos cardinales entre los cuales se encuentra, actualmente, un bloque de edificios que suscita poca atención entre los viandantes. Pocos son los que al pasar junto a la Iglesia del Carmen se emocionan con los recuerdos, propios o ajenos, de lo que en su día se pudo vivir en las proximidades del Pont de Fusta. En ese punto exacto se encontraba Vallejo. Estadio de fútbol perteneciente a la familia Martínez Vallejo donde el Gimnástico disputó sus encuentros durante 14 años. Posteriormente, el club azulgrana vinculó su futuro junto al Levante FC para amalgamar sus esperanzas en el resultante Levante Unión Deportiva. 29 años más siguieron peregrinando los aficionados que viajaban desde los poblados marítimos hasta el Pont de Fusta para seguir los partidos de su equipo. La renovada sociedad heredó, no sólo el estadio y los colores, sino también el apodo del pariente que representaba a los barrios más céntricos de la ciudad. El término “granota”, al contrario de lo que muchos creen, no representa a los levantinistas por el grana de su indumentaria, sino por las ranas (granotes en valenciano) que visitaban asiduamente el coliseo valenciano.

En aquellas latitudes se vivieron muchísimas tardes de fútbol. Allí deslumbraron auténticos mitos del Levante UD como Serafín, Antonio Calpe o Wanderley. Allí se vivió el primer ascenso a Primera División. Allí fue donde aconteció la famosa anécdota del gato y la palmera ,y allí fue donde muchos de los aficionados que hoy poblan las gradas del Ciutat de València vieron como prendió fuego la mecha de su pasión por el club "granota".

Entrada al antiguo campo de Vallejo (Foto: Valencia Antigua)

Tiempos de cambio

1968 fue un año convulso en Europa. Revoluciones como la de Mayo del 68 agitaron los cimientos de un sistema que tuvo que amoldarse a los tiempos que corrían. En la Valencia franquista, los levantinistas vieron como los cimientos de su propio club se tambaleaban tras la orden de deshaucio dictada por los propietarios de Vallejo. Antonio Román, presidente por aquel entonces, decidió que lo mejor para salvar la maltrecha economía del Levante sería abandonar Vallejo y trasladarse al norte de la ciudad. Allí, entre huertos y caminos se levantaría el nuevo templo azulgrana que llevaría el nombre del presidente que tomó aquella decisión.

Exilio en Mestalla

La temporada 1968-69 fue un periodo de transición para el club. Abandonado su viejo hogar y con el nuevo todavía por construir la opción tomada por la directiva “granota” fue Mestalla. En el estadio del rival local, el Valencia CF, disputaría sus encuentros de Tercera División(todavía no existía la Segunda B). Allí el equipo entrenado por Juanito Navarro cuajó una fantástica campaña que terminó con la lesión del goleador estrella, Vicente Navarro, en un encuentro frente al Atlético Levante (filial granota). El Levante echó en falta los goles del delantero y se quedó a las puertas del ascenso a Segunda División.

Inauguración del Antonio Román (Foto: Levante UD)

Inauguración del Antonio Román

Tras una temporada actuando de local en Mestalla, el Levante UD inauguró su nuevo hogar el 9 de septiembre de 1969 frente al Valencia CF. Aquel nuevo emplazamiento levantó ciertas suspicacias. En Orriols, lejos de los poblados marítimos y lejos también de los barrios tradicionalmente “gimnastiquistas” como Ciutat Vella , Russafa o El Carmen. Un esta dio entre huertas, cuyos alrededores se embarraban con facilidad, dificultando los accesos al mi smo. El presidente que dio nombre al nuevo estadio apostó fuerte por este emplazamiento: “El Levante se salvará porque los terrenos que existen a su alrededor le darán al club un gran respiro en el futuro”. Pocos aficionados de los congregados en su nuevo templo aquel 9 de septiembre habrían apostado a favor de las palabras del presidente de la entidad. Además, aquel partido sería un anticipo, para muchos granotas, de lo que la historia tenía preparado para su equipo. El primer gol en el recién estrenado estadio lo anotaría un jugador levantinista, Jenaro, pero el ábitro lo anularía y el Valencia CF acabaría superando a su rival por un claro 0-3.

Ciutat de València, los mejores años

El Estadio Antonio Román, cambió de nombre durante gran parte de los setenta, ochenta y noventa. Como el Antonio Román, el Nou Estadi también vio a su propietario deambular por las divisiones inferiores. En 1999, y en un afán de aumentar su vinculación con la sociedad valenciana, el estadio del Levante UD volvió a cambiar de nombre. Bajo la nueva nomenclatura de Ciutat de València, el club azulgrana ha superlativizado sus éxitos y sus fracasos. Tanto en Vallejo, como en el Antonio Román o el Nou Estadi, el Levante llegó a vivir la angustia de vagar por las categorías menos “glamurosas” del fútbol español, pero el Ciutat de València ha vivido bajo la pesadilla de la desaparición del club. La otra cara de la moneda nos muestra el éxito logrado por la entidad valenciana en su “nuevo” feudo. Allí ha vivido los tres ascensos a Primera División e incluso la temporada pasada tuvo que acicalarse para recibir la visita de equipos continentales en la UEFA Europa League.

En el periodo convulso social y políticamente en el que vivimos, el Levante ha tenido que plantearse cambiar de nuevo de residencia, como ocurriese también en los meses precedentes al Mayo del 68. Sin embargo, el futuro es esperanzador. El número de abonados sube año a año, la comunión entre afición y jugadores es máxima, y sólo el destino sabe lo que le deparará al Levante una vez pueda sacudirse las deudas acumuladas. Lo que está claro es que pase lo que pase, “Vallejo” y “Ciutat de València” son algo más que meros nombres en la historia del club decano de la Comunidad Valenciana.

Partido frente al Helsingborg en la Europa League (Foto: AS)

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