Yo jugué en el Real Betis: Sabino Barinaga
En la imagen, el mítico futbolista vasco posa con la elástica heliopolitana. (Foto: Manquepierda.com).

Yo jugué en el Real Betis: Sabino Barinaga

Conocido popularmente como el 'Inglés de Durango' y considerado como una leyenda del fútbol español, marcó una época en las filas del Real Madrid allá por la década de los cuarenta, haciendo después las delicias de la afición de la Real Sociedad durante tres temporadas antes de firmar por la escuadra de las trece barras, donde aportó su granito de arena para abandonar el 'desierto' de Tercera e, incluso, arrancó su dilatada trayectoria como entrenador.

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J. Julián Fernández S.

El triunfo y la posibilidad de dejar huella son las dos principales metas de cualquier futbolista cuando llega a un club. Pocos logran esos objetivos y aún son menos los que consiguen completarlos con más de una elástica. Uno que pudo presumir, y mucho, de ello fue Sabino Barinaga, alguien que podría calificarse como leyenda de nuestro balompié y que echó raíces en Real Madrid, Real Sociedad y Betis.

No obstante, su carrera comenzó en Inglaterra. Nacido en Durango (Vizcaya) el 15 de agosto de 1922, el estallido de la Guerra Civil le sorprendió con apenas 14 años y, en previsión de que pudiese sucederle algo, sus padres decidieron mandarlo a estudiar a tierras británicas. Allí conoció de primera mano la pasión por el ‘Deporte Rey’, practicándolo primero a nivel aficionado, en el equipo de su colegio, y más tarde en las filas del filial del Southampton. Es precisamente entonces cuando demuestra que no se le daba nada mal tener un esférico en los pies, ya que juega apenas media temporada 38/39 firmando unos registros descomunales: 62 goles en 13 partidos.

Probó con el Athletic, pero nunca fue rojiblanco

Sin embargo, el estallido de la II Guerra Mundial frenó en seco su progresión en territorio anglosajón, obligándole a regresar a casa. Pero ya de vuelta a Vizcaya, Sabino siguió queriendo hacer carrera en el mundo del fútbol. Probó primero con el Athletic, que llegó a hacerle una oferta que no le convenció. Por ello, decidió marcharse a Madrid, donde sus buenas maneras sedujeron a la directiva merengue, que le hizo un contrato. Así, iniciaría la etapa más prolífica de su carrera deportiva.

De este modo, y con apenas 17 años, debuta en la Liga durante la 39/40, en la visita blanca al Athletic. Fue su único encuentro en aquella campaña, pero también la primera piedra de un largo camino como blanco. No en vano, durante la 40/41 se reivindicaría a base de goles y buen juego, disputando 16 envites en los que logró ocho dianas. Sea como fuere, aquel rendimiento no fue el presagio de su confirmación definitiva en Chamartín, en la 41/42, puesto que apenas jugó en dos ocasiones, frente a Deportivo y Celta.

En verano de 1942 fue cedido al Valladolid

En consecuencia, el Real Madrid decidió cederlo en la temporada 42/43 al Valladolid, club que asistió a grandes tardes del delantero vasco. Tanto es así que cuando llegó el verano en La Castellana no dudaron en repescarlo, algo que Barinaga recompensaría con su explosión definitiva. Y es que durante la 43/44 fue casi intocable en el once, jugando 24 choques y logró la friolera de 20 ‘chicharros’, incluyendo actuaciones tan memorables como sus tripletes contra Sevilla y Sabadell.

Es más, en la 44/45 repitió prácticamente los mismos registros, disputando los mismos encuentros, 24, aunque bajando su cifra de dianas a 18 (el Sabadell volvió a sufrir en sus carnes un nuevo triplete suyo, igual que el Granada). Por entonces, solo se echaba en falta que la selección se acordase de él, cosa que jamás ocurrió, y que comenzase a ganar títulos, algo que no tardaría en suceder. Porque en la 45/46 se proclamó campeón de la Copa del Generalísimo, un éxito que ‘maquilló’ que sus guarismos experimentaran un leve descenso, ya que se quedó en 18 actuaciones y siete dianas.

Fue el primer jugador capaz de marcar en el Bernabéu

Igualmente, en la 46/47 siguió viendo cómo su rendimiento seguía bajando, al jugar 17 veces y anotar solo cuatro ‘chicharros’. No obstante un nuevo triunfo en la Copa del Generalísimo sirvió de bálsamo para ello. Algo parecido ocurrió en la 47/48, que inició ganando la Copa Eva Duarte (una especie de precedente histórico de la actual Supercopa de España), en la que aumentó su presencia en el once hasta los 21 duelos e, incluso, mejoró su puntería con siete dianas. Incluso, pasó a la posteridad como el primer jugador que marcaba en el Santiago Bernabéu, abriendo el marcador en el partido inaugural del nuevo coliseo merengue, en un amistoso en el que los blancos ganaron por 3-1 al Os Belenenses.

Por tanto, el 'Inglés de Durango', como se le conocía, ya había alcanzado el ‘Olimpo Blanco’, aunque a partir de ahí fue perdiendo protagonismo. De hecho, en la 48/49 apenas estuvo sobre el césped en 16 choques y logró cuatro tantos. Igualmente, durante la 49/50 se quedó en una decena de envites y dos goles, ambos al Valladolid, que le sirvieron de despedida del Real Madrid. No en vano, ese mismo verano decidió hacer las maletas y volver al país vasco, probando fortuna en las filas de la Real Sociedad.

Como 'txuri urdin' logró volver por sus fueros

Y precisamente como ‘txuri urdín’ volvió por sus fueros. En su primer curso, el 50/51, se reivindicó con 23 partidos y diez dianas. Cierto es que en la campaña siguiente sus números bajaron a los 19 choques y cinco ‘chicharros’, pero Barinaga volvió a hacer las delicias de los aficionados donostiarras en la 52/53, con siete goles en 14 partidos. Estas cifras, a priori, iban a marcar su adiós al mundo del fútbol, ya que con 31 años parecía estar harto de jugar, pese a que la grada blanquiazul le tributaba un tremendo cariño.

Quizás por eso arrancó con la Real Sociedad la temporada 53/54, aunque sin llegar a debutar. Poco después, en octubre, decidió pedir la baja voluntaria para, en principio, dedicarse a otros menesteres, pero todo cambiaría apenas dos meses más tarde. Entonces el Betis, que luchaba sin descanso por salir de la Tercera división, llamó a su puerta, ofreciéndole un reto que le ilusionó muchísimo. Hasta tal punto lo hizo que se marchó a Sevilla para enrolarse en la escuadra de las trece barras, a cuyo presidente le prometió el ascenso nada más llegar a Heliópolis.

Se convirtió en pieza clave para el retorno bético a Segunda

Así fue. Porque el conjunto verdiblanco puso fin a sus penurias en la, por entonces, Categoría de Bronce, convirtiéndose en campeón de la misma, haciendo historia, puesto que hasta ese momento nadie había logrado el título en las tres primeras divisiones de nuestro fútbol. Para lograrlo fue clave la figura de Barinaga, tanto por su calidad y experiencia como por su carisma y voz de mando en el vestuario, factores que influyeron decisivamente para que continuase una temporada más en La Palmera.

De este modo, vivió el reestreno en Segunda durante la 54/55, en la que completó sus servicios en Heliópolis vestido de corto. En total disputó 44 choques y logró 16 dianas que, unido a todo lo que había aportado al equipo más allá del terreno de juego, hicieron que se ganara el cariño de la grada e, incluso, la directiva. Hasta tal punto se confiaba en él que se convirtió en técnico del club justo al final de la Liga, dirigiendo a sus compañeros en una serie de partidos de la Copa de Andalucía. Sea como fuere, la marcha de la presidencia de Manuel Ruiz trajo también consigo su adiós.

Tuvo una prolífica carrera como técnico

A partir de ahí arrancó una prolífica carrera como entrenador que seguiría en Osasuna (57/58 y 58/59), de nuevo en el Betis tras la destitución de Enrique Fernández en la jornada 10 de la 59/60; Oviedo (60/61), Málaga (62/63), Atlético (63/64), Valencia (65/66), Sevilla (66/67), otra vez en La Palmera durante la recta final de la 67/68 y a inicios de la 68/69, emigrando después al América de México (68/69), volviendo para ir al Mallorca (69/70), convirtiéndose en seleccionador de Marruecos (71/72), regresando al Tartiere (72/73 y 73/74), yendo Cádiz (74/75 y 75/76) y, finalmente, acabando como carbayón en la 77/78.

Después, dejaría a un lado el fútbol durante los diez últimos años de su vida, que acabó el 19 de marzo de 1988. Entonces, se apagó para siempre la estrella de una auténtica leyenda de nuestro balompié a la que muchos recuerdan por su paso por el Real Madrid y la Real Sociedad, pero que, igual que en esas dos etapas, dejó también su huella en verdiblanco, saliendo del ‘infierno’ de Tercera gracias a su compromiso y casta tanto dentro como fuera del campo.

 

(Fotos del texto: 1, Leyendablanca.galeon.com; 2, Madridista.hu; 3; Todocoleccion.net; 4, 5 y 6, Manquepierda.com).

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