Yo jugué en el Real Betis: José Mari García
En la imagen, el mediocentro posa con la elástica del conjunto heliopolitano. (Foto: Betisweb.com).

Yo jugué en el Real Betis: José Mari García

Criado en la cantera de Osasuna, este riojano puede presumir de que, aunque no fue demasiado conocido para el gran público, puede presumir de haber jugado en varios de los clubes más importantes de nuestro país, incluyendo el Barcelona de Cruyff, la escuadra de las trece barras que de la mano de Serra se acomodó en las alturas o ese Athletic al que Luis Fernández hizo subcampeón de Liga.

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J. Julián Fernández S.

Hay futbolistas que pese a no haber destacado demasiado de cara al gran público durante sus carreras pueden presumir de haber jugado en varios de los equipos más señeros de nuestro fútbol. Es el caso de nuestro protagonista, José Mari, un riojano formado en la cantera de Osasuna que, más tarde, pasaría por el Barcelona, un Betis que comenzaba a destacar en Primera e, incluso, todo un Athletic de Bilbao con el que hasta sería subcampeón de Liga.

Su historia comienza en Logroño el 10 de febrero de 1971 y desde bien pronto destacó con un balón en los pies. De hecho, se mudó a Pamplona, donde Osasuna lo incorporó a sus escalafones inferiores, protagonizando una carrera meteórica que en la 89/90 le llevó al filial rojillo y a disputar el Mundial sub 20. Por todo ello era considerado una de las grandes perlas de la entidad navarra y hasta dio el salto al primer equipo en 1990, con apenas 19 años. Jugó apenas 15 minutos frente al Betis en la jornada 19, tras sustituir a Martín Domínguez en el 78’. De este modo, vivió su estreno en Primera, así como también obtuvo su justa recompensa a una campaña en la que se fue aclimatando al vestuario.

En diciembre de 1994 dio el salto de Segunda al Camp Nou

Había dado otro paso más en su aprendizaje, que en la 91/92 le permitió ganar algo más de peso en el equipo, hasta el punto de disputar diez envites, debutando incluso en la Copa de la UEFA. Aunque su gran explosión llegaría apenas un curso después, en el 92/93, cuando asumió el rol de revulsivo y con él a cuestas estuvo sobre el césped en 20 choques durante los que firmó hasta dos tantos, a Espanyol y Real Sociedad. Con ello, demostró que estaba preparado para asumir más galones, recibiéndolos en la 93/94, en la que sumó 27 actuaciones y un gol, al Albacete, que, pese a todo, no impidió el descenso del club a Segunda como colista.

Aquel varapalo suponía un serio contratiempo para su progresión, porque aunque jugaría con mayor regularidad tendría que hacerlo en una categoría menor. Sea como fuere, José Mari no se movió de El Sadar y comenzó a arrimar el hombro para devolver al cuadro pamplonica a la élite, con 14 intervenciones durante toda la primera vuelta. Sin embargo, y para sorpresa de muchos, su situación iba a dar un giro radical en cuanto abriese el mercado invernal, puesto que el Barcelona, ya en las postrimerías de aquel ‘Dream Team’ entrenado por Cruyff, llamó a su puerta.

Llegó a Heliópolis como compensación a la venta de Cuéllar

Como es lógico, él no pudo negarse y fichó por la escuadra azulgrana, en cuyas filas acabaría la temporada con un total de 16 encuentros durante los que no pudo estrenarse como goleados. No obstante, en verano su situación volvería a cambiar. Todo se debió a la llegada de Ángel Cuéllar al Camp Nou, que provocó las iras del presidente de su hasta entonces club, Manuel Ruiz de Lopera, que acusaba tanto a los culés como al propio jugador de habérsela jugado. A raíz de ahí, la tensión entre ambas entidades fue creciendo hasta el punto de que en la Ciudad Condal decidieron encontrar una solución que lo normalizase todo.

Así, mandaron a Heliópolis al riojano junto a Sánchez Jara y Arpón, que se enrolaron en una escuadra de las trece barras que había sorprendido a todo el mundo con un más que meritorio tercer puesto liguero. De este modo, el de Logroño inició una nueva etapa en la 95/96, con 23 encuentros durante los que no dejó de ser una alternativa a Alexis y Stosic en la medular. No obstante, aquella experiencia le sirvió para hacer grandes amigos como Vidakovic o Roberto Ríos, que le permitirían iniciar otro tipo de aventuras una vez retirado. Sea como fuere, su estancia en el Villamarín acabó justo cuando la competición echó el cierre, marchándose al Athletic.

En San Mamés solo tuvo continuidad en su primera temporada

Allí, en la 96/97, disfrutó de la continuidad que se le había negado como verdiblanco, llegando a los 36 partidos y firmando dos ‘chicharros’ (a Rayo y Barcelona). Pero el panorama cambió de manera radical a partir de la 97/98, cuando las lesiones y la competencia le quitaron el puesto, hasta el punto de quedarse en apenas 16 actuaciones a lo largo de una campaña en la que los vizcaínos fueron subcampeones de Liga y hasta fueron a la Champions.

Aunque la decoración para José Mari no experimentó grandes variaciones. Sus números siguieron bajando en la 98/99, quedándose en doce duelos. Y en la 99/00 se mantuvieron prácticamente iguales, con 13 choques y un gol, al Deportivo, que le sirvieron como despedida del conjunto de San Mamés, porque en verano decidió cambiar de aires y probar fortuna en otro equipo e, incluso, una categoría diferente.

Sus últimas patadas, en las filas de Leganés, Burgos y Reus

Se fue al Leganés, en Segunda, donde las cosas no le fueron mal del todo, alcanzando la cifra de 30 encuentros oficiales. Pero la experiencia no le satisfizo como para continuar en el cuadro pepinero un año más. De hecho, se marchó al Burgos, en cuyas filas pareció reverdecer viejos laureles, ya que se hizo fuerte en el equipo y sumó 32 partidos, durante los que logró dos goles (a Poli Ejido y Numancia). Sin embargo, el descenso del club a Segunda B forzó su salida, poniendo rumbo al Reus, donde se lesionó de gravedad y reapareció para disputar sus últimos ocho envites (firmando un tanto frente al Castellón) como profesional, colgando las botas en junio de 2003.

A partir de ahí, pasó unos años alejado del mundo del fútbol, repareciendo en 2010, cuando se convirtió en director general del Écija, justo cuando gente como Roberto Ríos, Rafael Gordillo y Hristo Vidakovic desembarcaron en la entidad astigitana. Más tarde, en la 11/12 regresó al Betis, donde ejerció como segundo técnico del filial. Desde entonces se encuentra a la espera de una oportunidad para iniciar su carrera en solitario en los banquillos.

Y, entre tanto, en Heliópolis muchos lo recuerdan más por su labor junto a Vidakovic y la polémica salida éste que por lo que hizo en su etapa como futbolista. Algo parecido le ocurrirá en relación al gran público, aunque en su currículum balompédico pueda presumir de haber pasado por varios de los clubes más grandes de nuestro país.

(Fotos del texto: 1, Bdfutbol.com; 2, Todocoleccion.net; 3, Miathletic.com; y 4, Sentimientoathletic.blogspot.com).

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