La afición bética dicta sentencia el día que se consuma el descenso

Los jugadores del Real Betis saltaron al césped de un Benito Villamarín bastante vacío sabiendo que la evidencia se había consumado, que los números habían hecho su labor y que eran matemáticamente equipo de Segunda División. La victoria por 1-0 del Getafe al Málaga, ayudó también a que una afición muy cansada ya, ni siquiera fuera en masa al estadio a quejarse. Los 16.807 seguidores que estuvieron en las gradas se dedicaron a pitar a los suyos, a mostrar alguna que otra pancarta y, sobre todo, a entonar cánticos en contra de la directiva y de los jugadores. 

Una de las últimas cosas que le quedaban a los futbolistas era intentar competir de la mejor forma posible y demostrar a todo el beticismo que aún les queda algo de dignidad. Pero jugar sabiendo que esa es la motivación no era suficiente para unos deportistas que tampoco demostraron tenerla en su debido momento. Es verdad que la poca transcendencia del partido también hablaba por sí sola. La Real Sociedad se jugaba entrar en competición europea la temporada que viene, pero se contagiaron de la apatía bética.

La afición estaba indignada

Con gritos de “Nosotros somos el Betis", "Jugadores mercenarios", "Esa camiseta no la merecéis", "Directiva dimisión", “Pepe Mel, Pepe Mel, Pepe Mel” o “Estamos hasta los…”, recibió la parroquia verdiblanca a los once que eligió Calderón, donde la principal novedad estaba en la presencia del canterano Juanma y de Braian Rodríguez, desaparecido durante toda la temporada. El conjunto heliopolitano tuvo la pelota e intentó llegar al área rival durante la primera mitad, pero como ha ocurrido durante toda el curso, apenas creó peligro. Tampoco hizo mucho más la escuadra de Jagoba Arrasate, que sólo inquietó a Antonio Adán en un disparo lejano de Vela. Por lo demás, el balón estuvo casi todo el tiempo en el centro del terreno de juego en un encuentro sin ritmo ni intensidad. Los espectadores, mientras tanto, se limitaron a seguir con su retahíla de quejas, haciendo especial hincapié en Rubén Castro cada vez que tocaba el esférico.

Vela marca de penalti

Sin mucha más historia se llegó al descanso y los cinco minutos de la reanudación Juan Carlos cometía un penalti claro sobre Carlos Vela cuando este se disponía a encarar a Adán. Pena máxima que el propio mexicano se encargó de materializar. La acción del penalti debía haber sido la segunda cartulina para el ‘galgo de Boadilla’, pero Ayza Gámez no quiso hacer más daño y no se la mostró. Un detalle curioso, es que la gente, lejos de protestar, aplaudieron el tanto del conjunto donostiarra. Calderón comenzó a mover el banquillo, retiró a Juan Carlos y sacó a Jorge Molina, ambos aplaudidos, y el equipo mejoró algo. También hay que tener en cuenta que la Real, con la ventaja, tampoco intentó hacer mucho más. Tuvo un palo de Griezmann y luego un tiro lejano de Íñigo, que paró de forma espectacular Adán. Los de casa también disfrutan de un par de ocasiones, una de Molina nada más entrar y otra de Rubén Castro, pero despejó Bravo. Los de Arrasate no quisieron hacerle más daño a un enfermo terminal. 

En los instantes finales el cuadro bético tenía el control total del envite, pero no fue capaz de materializar ninguna de las pocas oportunidades de las que dispuso y poco a poco se fue llegando al final de un encuentro muy duro. La noche no va a ser fácil para los miles de béticos que hay por todas las partes del mundo. Su equipo regresaba a Segunda División tres años después. La temporada más ilusiónate de los últimos tiempos ha terminado convirtiéndose en una verdadera tragedia, que nadie querrá recordar.

Al Betis le quedan ahora tres encuentros más esta campaña en la máxima categoría del fútbol español. Con el pitido final, los futbolistas verdiblancos se quedaron en el círculo central a aplaudir a una afición que nunca les ha fallado y que tenía más de un mensaje que decirle.  

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