Adiós, celtista
Foto: FC Barcelona.

El reloj marcaba las seis de la tarde cuando se supo la noticia. Tito Vilanova había fallecido en la clínica Quirón de Barcelona, rodeado de su esposa y sus hijos. La trágica noticia ponía fin a tres años de lucha incansable contra el cáncer. Tres años de batalla contra una implacable enfermedad que le obligó a retirarse en tres ocasiones de su tarea profesional en el FC Barcelona.

El primero de los recesos fue en noviembre de 2011, cuando se le detectó un tumor en la glándula parótida, por el que tuvo que ser intervenido. Tito se recuperó y tuvo tiempo para volver a su puesto de segundo de Guardiola y acompañar al de Santpedor en los últimos meses al frente del mejor Barça de la historia. El segundo, ya como primer entrenador del equipo culé, fue un año después. Tito se desplazó a Nueva York para tratarse y recuperarse de su enfermedad, pero tuvo tiempo para volver y guiar a los suyos hacia el título de Liga. La tercera retirada fue ya definitiva. En la pretemporada del curso que está a punto de finalizar, Vilanova tuvo que dejar de ser entrenador del Barcelona de forma definitiva y el club fichó al Tata Martino para sustituirle.

Trienio celeste

Todo el mundo sabe que el corazón de Tito era azulgrana. Sin embargo, había un trozo, un pequeño pedacito, reservado al color celeste. Vilanova defendió la Cruz de Santiago entre 1992 y 1995. El Celta fue el único club en el que el centrocampista pudo jugar en Primera División, por lo que su recuerdo de la Puerta del Atlántico siempre era afectuso.

Antes de formar tándem de entrenadores, Pep y Tito se enfrentaron en el campo. (Foto: Mediaset).

El bagaje deportivo de Tito no fue demasiado positivo en Vigo. Disputó 26 partidos en tres temporadas, siendo la primera la mejor, con 19 apariciones. En la segunda tan solo disputó un encuentro, y fue en la tercera y última, en la que pudo anotar su único tanto como celeste, en uno de los seis choques en los que jugó. Como no podía ser de otra manera, aquel centrocampista era de un marcado perfil Barça. Toque, posesión, manejo. Tito habría tenido sitio en el actual Celta, pero en aquel, marcado por la lucha, la intensidad y la brega, su talento tenía difícil encaje.

No obstante y a pesar del poco recorrido deportivo, Tito siempre habló con cariño del Celta y de Vigo, ciudad en la que se encontró muy a gusto junto a su mujer y a la que el matrimonio regresó en varias ocasiones de visita o vacaciones.

Último adiós

Desde ayer las redes sociales han sido un tsunami de mensajes de apoyo a la familia. El Real Club Celta emitió un comunicado en su web y miles de celtistas expresaron su dolor y su pésame a los seres queridos de Tito.

La consternación y el dolor lo han inundado todo. También la sorpresa, ante el desconocimiento de la complicada situación de Vilanova en su lucha que,debido a la discreción del personaje y su entorno, nunca se supo públicamente. Cuentan que un amigo le llamó hace unas semanas y le propuso quedar para comer en mayo. La respuesta de Tito fue tan cruda como clara: “Buf, para mí mayo queda muy lejos”. Él lo sabía, sus seres queridos lo sabían. Nadie más.

Dicen que los ganadores no son los que vencen siempre, sino los que nunca se rinden. Tito nunca se rindió. Tito luchó hasta el final. Tito fue un ganador. El cáncer fue capaz de llevarse su vida, pero no podrá hacer olvidar su legado: el de un fútbol de diamantes construido desde el esfuerzo, la humildad y la discreción.

Descanse en Paz.

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