La previa de la Champions de Madrid

La felicidad es el segundo anterior a que el árbitro pite el comienzo de la final de la Champions League el 24 de mayo en Lisboa. La felicidad es que te escaneen la entrada y estés dentro y subas las escaleras buscando tu asiento. La felicidad es salir de las tripas del estadio al graderío, ver por primera vez el césped. La felicidad es tomar posesión del lugar, localizar el marcador, mirar el túnel de vestuarios, sentarte en tu localidad, que se convierta en tu imperio. La felicidad es esperar a que el campo se llene y ruja. La felicidad es el fútbol antes del fútbol.

La felicidad es ese instante en el que todo es posible, en el que no estás desbordado por sensaciones de euforia alocada o desesperación opresiva. La felicidad es ir de camino a un campo de fútbol con el sol que va decayendo, mirando la entrada, buscando la puerta, sabiendo que la felicidad es más la espera que el desenlace. La felicidad es ese momento tuyo en el que crees, en el que temes, en el que aún miras todo con ojos tranquilos y no ciegos de pasión. La felicidad del nerviosismo de la montaña rusa en la que vas a montarte en un rato. Te acercas, se animan los cánticos pero aún son minoría. La espera es un murmullo, una procesión de creyentes. Estamos aquí porque merecemos estar aquí. Estamos aquí porque queremos disfrutar de estar aquí, estamos aquí porque en una hora y media no sabemos qué seremos, ni cómo, pero ahora estamos felices porque podemos.

La felicidad es ese cosquilleo que sientes en la previa de una final, con la bufanda al cuello, calentando las palmas, tomando un refrigerio con los amigos a la sombra del estadio e imaginando el partido como un jugador de ajedrez que aún no ha hecho un solo movimiento, pero que ya tiene toda la partida en la cabeza.

La felicidad es vivir con alegría, planear el viaje. La felicidad es el camino, poner la bufanda en la bandeja trasera del coche y dejar que el día transcurra con esa sensación de bienestar que te sube por el pecho hasta los ojos.

La felicidad es conseguir las entradas, guardarlas en casa y no perderlas de vista ni un instante. La felicidad es ese pellizco en la garganta de haber conseguido un asiento para ver a tu equipo jugarse el título más importante del mundo. La felicidad es tener un equipo. La felicidad es sentirlo, jugar con él desde las gradas, desde el sofá, desde la banqueta del bar o desde la radio, caminando solo en mitad de la nada. La felicidad es ver lo que has conseguido y ver lo que aún te queda por conseguir.

La felicidad es haber vivido mirando un atardecer en Lisboa. Después ya llegará la ciclotimia por barrios, pero hasta el 24 de mayo, Madrid va a ser la ciudad más feliz del mundo.

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