Psicología, la gran relegada en el banquillo de España
Psicología, la gran relegada en el banquillo de España

El Mundial de fútbol sigue su marcha. Disputada ya la fase de grupos, 16 combinados hacen las maletas para abandonar Brasil mientras que otras 16 seguirá pugnando por el cetro planetario futbolístico de selecciones. Alegrías, tristezas, sorpresas en una u otra dirección; grandes que confirman sus posibilidades; selecciones más humildes que batallan por las suyas ante la expectación del mundo entero. Sanciones, expulsiones, goles, exigencia, lamentos, crítica. El Mundial de fútbol, como toda competición y como una pequeña extrapolación de la vida misma, es un océano de sensaciones y sentimientos en la lucha entre unas selecciones en las que el físico juega un papel tan importante como la mente. Sin embargo, a pesar de que el papel psicológico posee una gran importancia dentro del deporte de élite, aún no son pocos los profesionales que si bien le confieren cierta relevancia, tal vez de forma inconsciente, siguen relegándola a un segundo plano. Y es que trabajar el aspecto psicológico de manera correcta tiene poco que ver con los discursos motivacionales y las charlas.

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No es la primera vez que VAVEL se sumerge en el desconocido e interesante mundo de la psicología deportiva y en esta ocasión, con motivo del Mundial de fútbol, ha querido hacerlo enfocando sus cuestiones hacia el mayor evento de selecciones del mundo. Para ello, ha vuelto a contar con la colaboración del psicólogo Francisco José Navas Ainz -nuestro más profundo agradecimiento desde aquí-, que ha puesto algo de luz en muchas de las dudas que seguramente cualquier aficionado al deporte rey puede formularse ante distintas situaciones. Y es que muchos son los que buscan razones meramente deportivas en la debacle de España: cansancio, superioridad rival, fin de un ciclo... Puede que todas ellas influyan. Pero sin duda, la gran olvidada, la psicología, puede haber tenido también un papel destacado en lo que pudo ser y no fue.

Amor a los colores

Muchos son los que coinciden en que el mundo del fútbol es algo cada vez algo más lejano al propio juego, cuya importancia se extrapola más allá de lo que acontece sobre un tapete. Buena parte de él es negocio, márketing, interés y para los futbolistas, un equipo no es más que la empresa en la que trabajan. Esta percepción de la realidad está contrapuesta con la de los aficionados, que más allá de filias y fobias hacia determinados futbolistas que pasan por ahí, son fieles a su equipo. No obstante, cuando de por medio aparece el combinado nacional de un país, parece existir un componente que además de llevar al jugador a defender esos colores con la misma profesionalidad con la que lo hace en su propio equipo, le concede también ese plus que sólo el 'amor a los colores' es capaz de dar. Esto deriva en una mayor responsabilidad para el jugador, que nunca deja de sentirse profesional, por encima de cualquier otro sentimiento, ya que esto no responde tanto a una teoría exacta y generalizable como a la percepción individual de cada futbolista.

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"¿Mayor emotividad jugando con la selección? Yo diría que mayor responsabilidad"

"Esta es una respuesta que depende del jugador. Por norma, los jugadores son profesionales que pueden ejercer su trabajo durante un período de tiempo limitado dependiendo de su estado físico y mental. Esto incluye querer prosperar y jugar en el que entienden que es el mejor club para ellos. En esta definición de mejor club influyen factores de minutos de juego, compañeros, entrenador, dinámica, afición y, por supuesto, retribución económica. En el tema de las selecciones nacionales existe el factor motivacional de defender a tu país pero igualmente está primado por objetivos, por lo que podemos decir que nunca dejan de ser profesionales. ¿Mayor emotividad jugando con la selección? Yo diría que mayor responsabilidad, ya que no tienes que satisfacer a una afición sino a un país".

Satisfacer a un país. También a uno mismo, el jugador, que más allá de pertenecer a ese país y de estar luchando por su gloria personal y la de los suyos, busca, muchas veces, un objetivo implícito. Una gran actuación en un torneo de selecciones como puede ser el Mundial puede convertirse en el trampolín o escaparate perfecto para dar el salto a un gran equipo, para lograr un aumento de ficha, para conseguir un mejor contrato. A priori, todos estos objetivos inherentes parecen contrapuestos al mero orgullo de defender los colores de un país; así pues, ¿cuál es la auténtica meta? ¿El club como camino hacia la selección o la selección como camino hacia el club? ¿El combinado nacional como motivo de orgullo o como herramienta hacia lo económico? ¿Ambos aspectos son compatibles? Parece que sí.

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"La meta es conseguir el mejor resultado posible en el menor tiempo posible. Quemar etapas lo más rápido posible. Luego la realidad y las circunstancias acomodan esos deseos al timing necesario para cumplirlos o ver que eran metas inalcanzables. En mi opinión, el juego con la selección y con clubes se complementa perfectamente para estos objetivos. Muchos son los casos de jugadores que hacen grandes temporadas, van a la selección y fichan por un grande. El proceso también lo hemos visto muchas veces comenzando en una temporada normal que concluye con participación en la selección donde explota el jugador y subida de caché. En mi opinión, el sistema está montado para que siempre haya de qué hablar, siempre haya nuevas oportunidades, nuevas decepciones y muchas noticias que comentar. A fin de cuentas, el fútbol es un juego y el objetivo de un juego es entretener".

El concepto de profesional del fútbol de una selección nacional puede ser algo más confuso. Están ahí porque son futbolistas pero mientras que en un club se limitan a cumplir con su trabajo, en muchas ocasiones -la mayoría- con cierto desapego hacia la vertiente más sentimental, parece claro que con la elástica de un país, ese factor se reduce, tal vez, como se comentaba anteriormente, por un nivel de responsabilidad que se multiplica ante una nación. Por todo esto, el hecho de que un jugador decida enfundarse la camiseta de otro país puede hacerse más llamativo.

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A pesar de no ser ninguna novedad, el último capítulo en esta faceta se vivía con el caso de Diego Costa. El ya exjugador del Atlético de Madrid se decidió a defender los colores de España por sobre los de Brasil, generando una gran controversia y malestar con la torcida brasileña, que llegó a acusarle de traición. El término no le resulta novedoso a los futbolistas, que también lo escuchan cuando pasan de un club a otro rival pero ¿pesa más el hecho de estar aludiendo al país en el que se nació? ¿Llega un jugador realmente a sentirse como un traidor ante esta situación, cuando se trata de la selección y no de un club de fútbol? De nuevo son aquí la responsabilidad y la profesionalidad las que acuden al rescate.

'Caso Costa': "El sentimiento de traición siempre pasa por la mente de los jugadores, fase que se quema antes de jugar"

"Ese sentimiento de traición siempre pasa por la mente de los jugadores aunque, en mi opinión, esta es una fase que se quema antes de jugar los primeros minutos con tu nuevo combinado. Tras sudar la camiseta esto se olvida. La dinámica es la misma que cuando fichas por un nuevo equipo: querer hacer lo antes posible algo bueno para contentar a la afición y dejar claro que ese es tu sitio".

En el caso concreto de Costa y dada la decepcionante actuación de la selección española, esto se ha visto complicado por una serie de factores cuyos responsables, parece ser, aceptaron la derrota antes de haberse, tan siquiera, enfrentado a la posibilidad de evitarla: "El caso de Diego Costa ha sido un cúmulo de circunstancias en contra: lesión a final de temporada, bajo nivel de forma, dinámica mental frenada, incorporación a un grupo con menos hambre que antaño, fin de ciclo, etc. En definitiva, todo los factores que no se podían controlar han salido mal. En mi opinión, el único factor controlable (aspecto mental del grupo) es el que no se ha atendido como mereciera. De hecho, contacté con la FEF con una propuesta de trabajo para controlar estos aspectos como hago con deportistas de otras disciplinas y no obtuve respuesta. Queda claro pues que no creen que se pueda trabajar el aspecto mental. De hecho, ahora es una de las justificaciones a la derrota. No deja de ser una excusa el justificar la derrota en base a algo que creen 'inentrenable' pero que realmente lo es".

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Grandes contrastes

Sea como fuere, la selección española fue la primera en decirle adiós a Brasil 2014, una dolorosa realidad que contrasta con el título alzado hace cuatro años desde la cima del planeta fútbol, que además estaba ratificada por sendas Eurocopas que hicieron de España una selección histórica. Al igual que 'la roja' muchos otros grandes combinados culminan su participación mundialista y tras unas merecidas vacaciones, los jugadores regresarán con sus equipos para afrontar nuevos desafíos. Aunque curioso, no son pocos los futbolistas que, tras llevar a cabo su participación en, nada menos que un Mundial de fútbol, retomarán luchas más modestas con clubes de aspiraciones más humildes, alejadas de la gloria planetaria, continental y en ocasiones, incluso nacional, un cambio de chip que no comporta excesiva dificultad para los jugadores, a pesar de los grandes contrastes.

"Un fracaso con la selección puede convertir esa frustración en motivación para la temporada con el club"

"Los jugadores se adaptan y si no lo logran cambian de equipo para fichar por uno donde estén más en concordancia sus aspiraciones individuales y las de club. Normalmente la dinámica suele ser que los jugadores importantes que juegan con selecciones de nivel inferior global al que ellos tienen se convierten en líderes. Esto tiene la ventaja de que ellos logran desarrollar más su rol de líder. Por contra, la frustración de no lograr el resultado global aparece tarde o temprano. Incluso en ese caso, tras un fracaso con selección, se puede convertir esa frustración en motivación para la temporada con el club".

Grandes contrastes al pasar de sus selecciones a equipos pequeños y grandes contrastes al despedirse del Mundial en primera fase tras alzarse campeón en la edición anterior. Para Xabi Alonso esto tenía una explicación sencilla, cuya exposición generó un gran revuelo entre compañeros, prensa y afición: "Ha sido un fracaso inesperado. No hemos sabido mantener ese hambre y probablemente la cuota de éxito estaba agotada. Mentalmente no estábamos preparados", dijo el de Tolosa. Pero ¿le faltaba razón al centrocampista del Real Madrid? ¿desagradaron sus palabras por ser inciertas o por ser una verdad incómoda? Aparentemente lo que tan poco ha gustado en boca de Alonso, no sólo es algo cierto, sino algo natural, algo que, -eso sí- podía haberse trabajado, entrenado y mejorado. No obstante y por curioso que esto parezca, tocar fondo es el primer paso para triunfar, una idea positiva que España ha de tener en cuenta.

"Para España, el ciclo ha terminado de la forma indispensable para que se repita el éxito: con decepción"

"Como te he respondido en otra pregunta, creo que es vital la faceta mental. Por muy buenos jugadores que tengas, por muy bien entrenados que estén, por muchos medios que tengan a su disposición, si una vez que están sobre el terreno de juego no saben gestionar el ambiente y acceder a sus recursos para hacer frente al rival obtendrán un rendimiento inferior al del potencial de que disponen. Creo que Xabi Alonso tiene mucha razón porque no hay fuerza más dinamizadora que el hambre por el éxito. Y este hambre nace del sinsabor de la decepción acumulada tiempo atrás. Todo son ciclos en la vida y en el deporte y este ciclo ha terminado de la forma imprescindible para que se repita el éxito: con decepción. Ahora bien, en mi opinión muy mal la FEF no contemplando el trabajo de fortalecimiento mental como algo que es vital. En las noticias deportivas verás a los jugadores entrenar el físico y la táctica pero jamás les verás recibir trabajo mental específico. Porque una charla no es un trabajo mental. Hay herramientas de alto rendimiento efectivas que producen un rápido y efectivo feedback sobre el resultado. Si son profesionales en la FEF deberían ponerse al día en este tipo de trabajo".

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La unión hace la fuerza

La idea de la decepción como paso previo al éxito puede resultar reconfortante para aficionados y jugadores. Sin embargo, la sensación tras este final es la de que quedó algo pendiente, un capítulo por cerrar que ponía de manifiesto que, más allá del estado de forma o el cansancio físico de los jugadores, algo no andaba bien; un ambiente más cercano a lo psicológico que a lo corpóreo y que, sin duda, no ayudó en desarrollo de la competición. Y es que tras el desastre en Brasil, cada cual tomó su camino sin zanjar, con la unión necesaria, un episodio que solicitaba una convocatoria a la unidad.

"Veo mal que hayan roto el grupo en Brasil"

"A las alturas de temporada que están y con el ambiente que han vivido de desgaste en Brasil, unas vacaciones es lo idóneo. Sin embargo, veo mal que hayan roto el grupo en Brasil, quedándose algunos jugadores allí para iniciar sus vacaciones. Otro ejemplo de que el grupo está roto ahora mismo. Lo idóneo, que volvieran los mismos que se fueron y una vez en España, que cada uno cierre el capítulo y de paso, a vacaciones. Como bien sabes, el ambiente ha sido nefasto, y de eso se quejan periodistas que han recibido malas contestaciones de jugadores, como también canta el hecho de que nada más terminar el partido corrieran al avión para desaparecer del Mundial".

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Una ruptura de la unidad de grupo en la que puede haber diversos factores; ninguno de ellos parece clave para justificar el mal papel de España pero tampoco ayudan, generando una inercia negativa, que, eso sí, parece más consecuencia que causa de unos malos resultados: "Hasta este verano pensaba que los jugadores hacían un reseteo cuando se ponían la camiseta de la selección y eso no afectaba. Aunque ahora tengo mis dudas. No sé hasta qué punto puede haber afectado. No creo que sea un motivo principal de ruptura del grupo de la selección que durante el año tengan sus piques los jugadores pero sí creo que a falta de resultados los jugadores se abren menos y se forman subgrupos, generalmente de jugadores del mismo club. Eso sí alimenta los roces durante la temporada".

'Mens sana, in corpore sano'

A pesar de la evidencia de que la psicología deportiva sigue siendo la gran asignatura pendiente para muchos en el deporte de élite, tampoco puede ignorarse que el cansancio físico haya podido pesar en el mal papel de la selección española en Brasil; una realidad que puede hacerse extrapolable al fútbol europeo, en debacle si se compara con el americano, pues la gran mayoría de selecciones que continúan su camino hacia el cetro mundialista son americanas. Más allá de otros factores que hayan podido influir en esto, sin embargo, el gran epicentro del fracaso vuelve a centrarse en lo mismo: cansancio mental por encima del físico.

"A falta de exuberancia física, una mente que no esté enfocada en el objetivo y la creencia del logro, no te lleva a ningún lado"

"La clave del éxito americano la desconozco porque no estoy informado de dinámicas que realizan ni en qué varía su rutina respecto a la nuestra. Cierto es que nuestros jugadores físicamente han estado jugando hasta hace bien poco finales continentales y ese cansancio pesa. Pero no es excusa porque los años que España ganó también jugaron hasta última hora con sus clubes. La clave siempre es la mente. Cuando el cuerpo responde, tu superioridad física puede disimular tus lagunas mentales pero a falta de exuberancia física una mente que no está enfocada en el objetivo y en la creencia de logro del mismo no te lleva a ningún lado".

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Más allá de las razones que justifiquen el fracaso, lo que parece claro es que las filas de España solicitan una renovación; juventud, hambre, calidad con ganas por exhibirse. Si se le echa un vistazo a la selección sub-21 del combinado español, parece que no hay motivos para la alarma pero la duda se genera cuando, además de la calidad futbolística que ha caracterizado a la selección absoluta de España durante estos años, se tiene también en cuenta que lo que ha hecho del combinado nacional algo histórico ha sido una identidad muy clara en el tipo de juego. ¿Cuánto puede costar que esos jóvenes aúnen una filosofía común que además se convierta en la valiosa herencia de la España que fue en estos seis años atrás? Una vez más, por encima de una filosofía concreta, la clave ha de estar en que se ponga en liza la que se ponga, esta genere sobre todo, el convencimiento de que es la válida, una realidad que necesitará de veteranos y noveles con una misma mentalidad.

"Cualquier filosofía es válida si los jugadores la aceptan como medio para el éxito"

"La filosofía de juego es un medio para ganar. España ha mantenido la suya porque le daba resultados. Imagino que si cambian a Del Bosque quien llegue hará su propuesta y los jugadores se adaptarán. En mi experiencia, cualquier filosofía es válida si los jugadores la aceptan como medio para el éxito. Para eso hacen falta jugadores entregados a la causa por lo que creo que más importante que la filosofía es recuperar mentalmente a aquellos jugadores que se considere con recorrido con la selección y/o dar entrada a gente nueva con hambre, con ganas de demostrar lo que valen. Ese relevo será clave para levantar al grupo".

Un vestuario por renovar | Foto: Getty Images

A la alusión de nombres propios en diferentes situaciones, se le pone punto y final con la de Cristiano Ronaldo. El jugador luso finiquitó su temporada con el Real Madrid aquejado de una lesión de la que parecía no salir. Forzó en varios encuentros y recayó en otros tantos, sin ofrecer su mejor versión en una recta final para los blancos, que le necesitaban más que nunca. Con Portugal, si bien el futbolista ha disputado todos los minutos posibles, la sombra de la duda siempre ha planeado sobre él. Mientras el de Madeira se empeñaba en convencer al respetable de su total recuperación, no eran pocos los profesionales que aseguraban que si no para, el luso tiene mucho que perder. Pero ¿arriesgaría Cristiano Ronaldo, como cualquier otro jugador, si asumiera la posibilidad de una lesión grave que pudiera, incluso, truncar su carrera? ¿Es esto posible, más allá del dolor físico? ¿Cuál es el límite y quién lo establece?

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"Los profesionales del fútbol prefieren antes una máquina o una medicina que el trabajo mental"

"Es una pregunta muy interesante porque conecta con lo que trabajo. Si te enfocas en el dolor sólo sentirás dolor. Hay un límite físico en el que no hay margen de maniobra mental, por ejemplo: si te rompes una pierna. Por mucho que intentes evadir la sensación dolorosa tu pierna está rota y no puedes moverla, no te responderá. El circuito está roto. Sin embargo, ante molestias, cada jugador tiene un umbral de dolor determinado por su enfoque. Si te enfocas en el dolor no hay nada más. Tu juego se centra en evitar ese dolor. Te condicionará. Si te centras en aislar ese dolor puedes realizar tu práctica profesional perfectamente. Esto es algo de lo que más trabajo con deportistas y de lo que más fácilmente es demostrable mediante técnicas de alta eficacia a nivel mental. Sin embargo, se da la curiosa circunstancia de que quienes más lo solicitan son jugadores amateurs. Los profesionales no confían en ello. Prefieren antes una máquina y una medicina que un trabajo mental. Es por eso por lo que muchas veces pongo el asterisco junto a la palabra profesional cuando se trata de deportistas y entidades. Imagino que dentro de unos años el mundo profesional abrirá su mente y verá que todo aquello que se les escapa y que condiciona sus resultados es controlable y genera grandes resultados. Sin embargo, aún quedan unos años para que vean que más vale maña que fuerza".

Así pues, parece claro que la psicología, un aspecto tan intangible como importante, posee un peso aún ignorado por muchos en el deporte de élite. Su trabajo y su incorporación en la rutina del día a día se antojan necesarias en un mundo de gran exigencia, donde la concentración es vital para el desarrollo de la actividad y su éxito. A pesar de eso y aun siendo un campo en constante evolución, algo tan básico y fundamental como el trabajo psicológico de personas sometidas a una gran presión, sigue lejano a normalizarse. Lo aquí expuesto ha de invitar, no obstante, a una profunda reflexión, pues en más ocasiones de las que parece, la psicología parece ser una gran e ignorada aliada.

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