La maldición cruzada
Oier minutos antes de sufrir la lesión. Fotografía: Marca.

En el mundo del futbol hay un expresión que pone los pelos de punta a aquel que la escucha. No procede de la grada, ni del más voraz de los columnistas, ni siquiera del árbitro. Procede del doctor del equipo o médico de turno y es capaz de helar la sangre e incluso hacer llorar al más duro delantero yugoslavo: ligamento cruzado anterior (LCA). El lector, veterano futbolero, ya se está echando las manos a la cabeza; el joven, y recientemente iniciado, ajusta su enfoque sobre la pantalla. Si eres del segundo grupo no te preocupes, un alto porcentaje de los escandalizados del otro sector no son expertos en medicina o anatomía, pero los años de aficionado al balompié hacen callo y una rotura del LCA de la estrella de tu equipo no se olvida con facilidad.

Si además —como procede— se es seguidor osasunista, el termino es casi de la familia. No sabrás el nombre de tu vecino, ¿pero diagnosticar una rotura de ligamento cruzado anterior? Eso es el pan nuestro de cada día. Sin ir más lejos, el pasado domingo, cuando aún no se había cumplido la media hora de juego, Oier abandonaba el campo tras caer lesionado en una jugada fortuita. El Barça B hincaba la rodilla en El Sadar, pero el joven capitán rojillo también —este en un sentido demasiado literal, por desgracia—.

"Son acciones que no son aparatosas. Metí la pierna para disputar un balón y noté un chasquido. Enseguida supe que algo malo había sucedido", lamentaba Oier el pasado domingo en Tajonar. El polivalente jugador osasunista atendía a los medios en una improvisada rueda de prensa a la que acudió por su propio pie. En su cara se notaba serenidad y calma, algo que en principio puede resultar contradictorio ante una lesión de semejante gravedad. Y es que, aparte de que Oier es uno de esos tipos duros, la rotura de ligamento cruzado anterior no es tan aparatosa como puedan ser otras.

Una rotura tipo del ligamento cruzado anterior implica un periodo de baja de seis a ocho meses

Una fractura de tibia y peroné —quizá la lesión más dramática que se puede ver en una campo de fútbol— suele deparar un periodo de baja de entre seis y ocho meses, mismo intervalo que el temido LCA. Y es que, si bien puede ser una lesión menor para una persona con escasa actividad física, para un deportista profesional puede convertirse en una pesadilla por lo delicado de la zona —la rodilla—, el apartado mental —hablamos de una temporada en blanco más un periodo impronosticable hasta recuperar la total confianza en la articulación dañada— y el miedo, el miedo a que se vuelva a producir.

Morfología y mecanismo de ruptura

Las roturas de este dichoso ligamento en un campo de fútbol se deben principalmente a un cambio brusco en la dirección de la rodilla al desacelerar repentinamente. En el caso del lateral estellés, al meter la pierna para intentar recuperar un balón, la bota de Oier se quedó clavada sobre el verde y la inercia de la carrera provocó una parada brusca que dobló la rodilla del jugador por encima de sus posibilidades —lo que en términos médicos se conoce como un genu valgo forzado, si es hacia dentro, o varo, si es hacia fuera (imagen inferior)—. Aunque esta no es la única forma de destrozarse el ligamento. Otro ejemplo común sería al caer y apoyar mal la extremidad después de un salto.

Una parada brusca puede causar genu varo o valgo y provocar la rotura del LCA. Fotografía: Mis10k.com.
Una parada brusca puede causar genu varo o valgo y provocar la rotura del LCA. Fotografía: Mis10k.com.

Y es que el cruzado anterior es uno de los cuatro ligamentos que proporcionan estabilidad rotacional a la rodilla. En este caso, hablamos del que conecta, por detrás de la rótula, la parte posterior-lateral del fémur con la parte delantera-media de la tibia. Junto al ligamento cruzado posterior (LCP) forma una "X" en el interior de nuestra rodilla que ejerce de freno principal ante un desplazamiento desproporcionado de la tibia, ya sea anterior —por delante respecto al fémur— (LCA) o posterior —hacia atrás— (LCP).

La rodilla es, sin duda, la gran herramienta de trabajo del futbolista —incluso por encima del propio pie— y su total estabilidad es imprescindible para la práctica del balompié. Esta lesión permite llevar una vida normal más allá de los terrenos de juego y, en algunos casos, no es siquiera necesario pasar por el quirófano —basta con rehabilitación y fortalecimiento muscular—. Pero, para un futbolista, supone un calvario que se alarga entre seis y ocho meses —si no hay complicaciones— tras la cirugía.

Morfología de la rodilla desde diferentes perspectivas. Fotografía: ExercisesBasics.net.
Morfología de la rodilla desde diferentes perspectivas. Fotografía: ExercisesBasics.net.

Una maldición en la plantilla rojilla

Y el Club Atlético Osasuna es un equipo acostumbrado a luchar contra los elementos, saltar obstáculos y hacer frente al infortunio. En ocasiones, parece como si alguien hubiera echado un mal de ojo a los jugadores rojillos. Unos jugadores que siempre se han caracterizado por jugar al límite de la legalidad guiados por una afición presionante y una olla a presión que atiende al nombre de El Sadar. Quizá sea una fría venganza del destino por emplearse con extrema dureza durante muchos años, pero lo cierto es que las estadísticas no mienten y la rotura del ligamentos cruzado anterior ha asolado la plantilla del equipo navarro en los últimos años.

En 2009 Oier ya sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior de su otra rodilla

De hecho, no es la primera vez que Oier tiene que pasar por una situación similar. Posiblemente por ello el joven canterano se muestra optimista en cuanto a su recuperación. El 15 de febrero de 2009, el jugador rojillo cayó lesionado tras recibir un golpe en su rodilla izquierda durante un partido que enfrentaba a Osasuna Promesas contra la UE Lleida. La resonancia magnética confirmaba la peor de la sospechas: rotura del ligamento cruzado anterior y el infortunio se cebaba con Oier, que había logrado una oportunidad con el primer equipo tras una inoportuna lesión de Nacho Monreal.

Afortunadamente para él, esta nueva lesión, que le mantendrá nuevamente entre seis y ocho meses de baja, se ha producido en su otra rodilla, la derecha que, aún así, no está exenta de problemas de ligamentos. Pocos tiempo después de volver de la lesión, a finales de diciembre de 2009, una rotura de tercer grado —la más grave— del ligamento lateral interno de la rodilla derecha dejaba tres meses en el dique seco al lateral; aunque, esta vez, pudo esquivar el quirófano.

En las dos últimas temporadas Sisi ha sufridos dos roturas del LCA: una en cada pierna

Pero Oier no es el único integrante de la actual plantilla osasunista que tiene tocadas las dos rodillas por esta desagradable maldición. El pasado sábado Sisi inició como titular su tercera temporada en Pamplona y, aún así, el menudo extremo albaceteño solo ha podido disputar 20 partidos de Liga en sus dos años anteriores. A finales de 2012, en un partido frente al Rayo Vallecano en Pamplona, Leo Baptistao caía con todo su peso sobre la rodilla derecha del atacante castellano manchego provocándole una rotura grado II-III del ligamento lateral interno, una rotura del menisco externo y una rotura parcial del famoso ligamento cruzado anterior.

Sisi volvió a los terrenos de juego durante el pasado verano durante la gira holandesa del equipo navarro. Poco a poco, el jugador comenzó a coger ritmo de competición e, incluso, disputó el primer partido de Liga ante el Granada entrando tras el descanso en sustitución de Raoul Loé. Pero la alegría de Sisi apenas duró nueve jornadas. En la visita del Barça a Pamplona, con apenas cinco minutos de juego, las asistencias entraban al campo para llevarse al mediapunta rojillo entre gestos de dolor e impotencia. Había vuelto al campo tras pisar mal en una pugna de balón con Carles Puyol, pero, tras probarse varios minutos sobre el verde, su rodilla acabó diciendo basta: rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco interno de la rodilla izquierda. Afortunadamente, y tras disputar, eso sí, algún partido de pretemporada, Sisi volvió el sábado a disputar un partido oficial, y el destino quiso que lo hiciera de nuevo en El Sadar y contra el Barça, en este caso, B.

Carles Puyol y Sisi llaman a las asistencias tras producirse la lesión. Fotografía: Mundo Deportivo.
Carles Puyol y Sisi llaman a las asistencias tras producirse la lesión. Fotografía: Mundo Deportivo.

Nino, Echaide y Nekounam también han sufrido esta lesión como jugadores rojillos

Pero, además de Sisi y Oier, hay otros tres jugadores que han tenido que pasar por una rotura de ligamento cruzado vistiendo la camiseta de Osasuna: Nino, Echaide y Nekounam. El verano pasado, mientras Sisi volvía a sentirse futbolista tras su primera lesión, Nino, el pistolero de plata, caía en la maldición. Un golpe fortuito durante un entrenamiento del equipo en Tajonar disparaba todas las alarmas y nuevamente la resonancia magnética evidenciaba el odioso diagnóstico. El almeriense se rompía el cruzado dejando la delantera en cuadro y no volvería hasta siete meses después, en el partido ante el Elche en el Martínez Valero.

Un caso similar al de Oier lo sufrió Ion Echaide en 2011. El prometedor central rojillo regresaba a Tajonar tras una destacada temporada como cedido en la SD Huesca. Echaide se había ganado el derecho a luchar por un puesto en la plantilla osasunista y había conseguido convencer a Mendilibar con su trabajo y compromiso. Pero un choque fortuito con Ricardo López durante un entrenamiento truncaba los sueños del de Barañáin, que ansiaba una oportunidad en el primer equipo de su tierra. Rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y un nuevo tren que pasaba dejando al navarro en el arcén.

Por último, el fichaje estrella del verano rojillo también se vio obligado a vivir una temporada entre el hospital, la grada y el gimnasio por una rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha. Tras encandilar a la afición rojilla durante su primera temporada en Pamplona e incorporarse tarde a la pretemporada osasunista por haber disputado la Copa de Asia, Javad Nekounam caía lesionado en su primer amistoso del verano ante el Villarreal. Era agosto de 2007 y apenas tres meses después, en noviembre, Osasuna renovaba su contrato —que expiraba en junio de 2008— hasta 2011, en un gesto de confianza hacia el jugador persa que Neko nunca olvidó y que posiblemente se le pasara muchas veces por la cabeza el pasado día 3 cuando, seis años después de aquella lesión, se volvía a enfundar la camiseta rojilla en su presentación.

La plaga de las últimas temporadas

2008 fue un año trágico con tres lesionados por rotura de LCA: Margairaz, Roversio y Molo

No obstante, en los últimos años han pasado por Osasuna numerosos jugadores que se han visto obligados a echar el freno por culpa de un mal giro de rodilla. El mismo verano que Nekounam caía lesionado, la secretaría técnica rojilla firmaba al pivote internacional suizo Xabier Margairaz para acompañar —y a la postre sustituir— al centrocampista iraní. El jugador procedente del Zurich firmaba por tres temporadas, pero cuando todavía no había cumplido la primera, en febrero de 2008 durante un amistoso contra el Eibar, Margairaz se rompía el cruzado acabando así la temporada para él y condenándole a ver la Eurocopa celebrada en su país por televisión. Prácticamente fue su último partido con Osasuna, pues un año más tarde, en el mercado de invierno, volvería al Zurich en forma de cesión y, en julio, cerraría su traspaso de vuelta a casa.

Y es que 2008 fue un año especialmente ajetreado para los servicios médicos del club que, además de la de Margairaz, tuvieron que atender otras dos roturas del ligamento cruzado anterior. Ambas fueron en la zaga y con menos de una semana de margen. Primero fue el central brasileño Roversio, con una rotura del ligamento cruzado anterior y una rotura parcial del ligamento lateral interno y el menisco externo tras un mal giro de rodilla en el partido de Copa del 13 de noviembre frente al Getafe. Seis días más tarde, el 19 de noviembre, Manuel Jesús Casas 'Molo', central del filial que había subido al primer equipo para suplir al jugador carioca, corría incluso peor suerte que su predecesor: una rotura completa del ligamento cruzado anterior, una rotura de menisco externo y una rotura del menisco interno.

El central almeriense perteneció a Osasuna Promesas entre 2008 y 2011 —cuando abandonó el club rumbo al Guijuelo— y es otro de esos jugadores tocados por la mala fortuna. Como también le pasara a Oier, al poco de reaparecer con el filial, en un partido ante la SD Compostela, una fractura endomedular del cóndilo femoral externo y una rotura de menisco externo de su rodilla izquierda volvía a dejarle en el dique seco durante los tres meses siguientes, truncando definitivamente toda posibilidad de acceder al primer equipo. En la actualidad, Molo, hoy jugador del Lleida, se encuentra apurando su recuperación tras romperse de nuevo el cruzado el pasado mes de marzo.

Los canteranos Rúper y Satrustegui se alejaron del primer equipo tras sendas lesiones de LCA

Otro canterano que también vio expirar sus posibilidades de asentarse en el primer equipo fue Rúper. Durante la temporada 2009/10, el centrocampista de Ayegui había conseguido ficha con los mayores e, incluso, había gozado de la titularidad en 11 encuentros. Su carácter y entrega, que recordaba a jugadores de generaciones pasadas como Iñaki Muñoz, le había convertido en un jugador querido por la afición, pero no así por José Antonio Camacho, al que no le acababa de convencer el juego del canterano. Sin embargo, el 3 de noviembre de 2010, con apenas dos meses de competición, Rúper se dejaba el cruzado en un entrenamiento. Tras su lesión, se marchó cedido al Elche con la idea de convencer a Mendilibar, el nuevo técnico rojillo, pero ya nunca volvería a pisar Tajonar.

Pero el infortunio rojillo viaja más allá de las frontera del campo de entrenamiento de Osasuna. Eneko Satrustegui —hoy sin equipo tras no renovar—, tras subir al primer equipo en la temporada 2011/12 para cubrir las carencias de Jukka Raitala, se marchó al Numancia un curso más tarde para pulir su fútbol antes de dar el salto definitivo a la plantilla de Primera División. Al lateral zurdo pamplonica le costó entrar en la dinámica del equipo soriano, pero cuando lo consiguió, cuando los técnicos rojillos empezaban a ver en él un jugador apetecible para Osasuna, la maldición atacó de nuevo. El carrilero navarro se rompía el cruzado en febrero de 2013 y decía adiós a su etapa en Los Pajaritos, volviendo a Tajonar de forma casi testimonial hasta el pasado 30 de junio, cuando expiró su contrato profesional.

Una lesión difícil de prevenir

La rotura del ligamento cruzado anterior es desde siempre un quebradero de cabeza para los preparadores físicos de los equipos de fútbol. Una buena forma física y un ejercicio regular de la capacidad de coordinación ayudan a proteger la articulación, pero los jugadores profesionales están continuamente expuestos a la posibilidad de un traumatismo, una torcedura o un mal giro que les lleve directos al quirófano y posterior rehabilitación.

Ante cualquier golpe en la rodilla los médicos deportivos temen la dichosa rotura del LCA. A finales del curso 2012/13, el ex rojillo Lolo, tras retirarse lesionado durante un partido ante el Valencia en Mestalla, mantuvo al osasunismo en vilo ante un diagnóstico previo nada alentador. No obstante, en este caso, la resonancia magnética reveló una rotura completa del ligamento lateral interno de su rodilla izquierda, sin que esta hubiera afectado al ligamento cruzado. Caso similar al del jugador del filial Isaac Manjón. El delantero del Promesas, uno de los hombres importantes de José Manuel Mateo, sufría la semana pasada una lesión de rodilla, pero finalmente, y a pesar de tener que pasar por el quirófano, el susto se quedó en rotura del menisco interno y un periodo de baja de entre 5 y 7 semanas aproximadamente.

El balance de las últimos temporadas en Osasuna no es nada alentador. Urban ya ha perdido a Oier para lo que resta de temporada, pero habrá que tocar madera para que esa sea la única baja de larga duración de esta temporada. Por lo pronto, a escasas horas de que finalice el mercado, el club rojillo deberá fichar para cubrir la baja del estellés, aunque quizá, y solo quizá, la lesión del capitán haya sido un golpe de mala suerte y la maldición rojilla del ligamento cruzado anterior haya desaparecido con la plaza de Osasuna en la élite. Quizá Segunda División depare mejor suerte a los servicios médicos rojillos. Aunque, de momento, solo se puede hacer eso: tocar madera.

Lista de la lesiones de ligamento cruzado anterior en Osasuna desde 2007:

Fecha Jugador Diagnóstico
14/08/2007 Javad Nekounam Rotura del ligamento cruzado anterior
27/02/2008 Xabier Margairaz Rotura del ligamento cruzado anterior
13/11/2008 Roversio Rodrigues Rotura del ligamento cruzado anterior y una rotura parcial del ligamento lateral interno y el menisco externo
19/11/2008 Manuel Jesús Casas 'Molo' Rotura completa del ligamento cruzado anterior, una rotura de menisco externo y una rotura del menisco interno
15/02/2009 Oier Sanjurjo Rotura del ligamento cruzado anterior
03/11/2010 Roberto López 'Rúper' Rotura del Ligamento cruzado anterior
24/08/2011 Ion Echaide Rotura del ligamento cruzado anterior
01/12/2012 Sisinio González Rotura grado II-III del ligamento lateral interno, una rotura del menisco externo y una rotura parcial del ligamento cruzado anterior
02/02/2013 Eneko Satrustegui Rotura del ligamento cruzado anterior
12/07/2013 Juan Francisco Martínez 'Nino' Rotura del ligamento cruzado anterior
19/10/2013 Sisinio González Rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco interno
23/08/2014 Oier Sanjurjo Rotura del ligamento cruzado anterior
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