Pere Gol, una leyenda escapulada
Pere Gol, con algunos niños de su escuela. (Foto: S. Carmona / Mundo Deportivo)

Pere Gol, una leyenda escapulada

El deporte es una de las señas de identidad en Badalona, ciudad de profunda tradición de baloncesto, pero que cuenta también con un histórico equipo de fútbol. A inicios del pasado siglo emergió una de las figuras que mayor huella dejaron en el deporte en la ciudad. Hablamos de Pere Gol Teixidor, un personaje que utilizó el deporte como herramienta social para enseñar los valores más nobles a los más jóvenes.

Requena
Roger Requena

En ocasiones muy contadas, el deporte genera referentes singulares que, por su escasez y, especialmente sus muchos méritos, se convierten en modelos ejemplares de los que cualquier persona debería aprender. Sin Pere Gol Teixidor (Badalona, 1905 - 2000), el deporte catalán y la ciudad de Badalona no serían lo que son a día de hoy.

Su influencia en la ciudad que le vio nacer es tal, que aún en la actualidad, catorce años después de su muerte, se le recuerda con cariño, y su nombre se mantiene presente en muchos sitios en los que estuvo ligado y que quieren evitar que su legado caiga en el olvido.

De jugador a técnico del FC Badalona

Pere, de apellido cuanto menos curioso, empezó a trabajar a los once años en una panadería familiar, ocupación que combinaba con los estudios y con sus inicios en el atletismo. Las carreras que hacía en el Ateneu Obrer, institución en la que recibía clases de educación física, fueron su primera vinculación con el deporte. En el Ateneu, el interés por éste y otros deportes se intensificó con los Juegos Olímpicos de Estocolmo de 1916.

En el mismo centro, Gol también empezó a practicar el fútbol, un juego que no se le dio nada mal. Con los años fue aficionándose al balompié, a la vez que iba depurando su técnica, dos circunstancias que le llevaron a fichar por el FC Badalona. En 1924, a poco para cumplir la veintena, Gol pasó a formar parte del primer equipo del conjunto escapulado, siendo una relevante figura del fútbol catalán y uno de los jugadores más decisivos para el Badalona en los años veinte.

Una inoportuna lesión le obligó a dejar el fútbol, pero volvió como técnico para entrenar al Badalona en Segunda División Sin embargo, su carrera futbolística no fue todo lo prolífica que él hubiese deseado. Gol jugaría en el FC Badalona hasta 1929, cuando una inoportuna lesión le obligó a dejar este deporte. Esa  lesión, eso sí, no impidió que Gol volviese al club años después en condición de técnico. En 1936, cogió las riendas de un equipo con el que logró una meritoria cuarta plaza en Segunda División. Aquella fue la mejor clasificación lograda nunca por el club catalán en su historia, un hito que aún nadie en la entidad badalonina ha conseguido ni siquiera igualar.

Pese a todo, el destino fue doblemente cruel con un equipo que, aparte de quedarse a las puertas de subir a primera, veía como el estallido de la Guerra Civil obligaba a detener toda competición balompédica en España. Finalizada la Guerra, el Badalona, sin Gol en su banquillo, tan sólo tardó dos temporadas a descender a la Tercera División. A finales de los cuarenta, el Badalona retornó a la división de plata del fútbol español, y decidió llamar a Gol para que volviese a entrenarles. Su segundo periplo en el banquillo duró cinco temporadas, logrando mantener al equipo en Segunda en dos de ellas, antes de descender de nuevo al tercer escalón.

Apellido futbolero, trayectoria polideportiva

Pero la influencia de Pere Gol no se limita al fútbol. Su trascendencia fue mucho más allá del llamado deporte rey, y es que también en su juventud, Gol tuvo especial interés por otro deporte que, a la postre, sería el más importante de la ciudad, el baloncesto. En 1926 se germinó una semilla en Badalona que no tardó en dar sus frutos, con la fundación de la Sociedad Gimnástica de Badalona, institución de la que él y algunos amigos formaron parte desde sus inicios.  

Durante casi sesenta años, Pere Gol entrenó a jóvenes de distintos equipos de baloncesto Los impedimentos que puso la Federación Catalana de Baloncesto, que no admitió su ficha de jugador porque había sido un profesional en el fútbol, junto con la grave lesión que sufrió en 1929, hicieron que el deporte perdiera un gran deportista, pero a la vez ganara un excelente entrenador y un extraordinario maestro. Y es que Gol no fue un entrenador más. A sus valiosos conocimientos deportivos les añadió un carácter humilde y bondadoso. Durante más de 60 años, con los dos paréntesis comentados en los que volvió al fútbol, se dedicó a entrenar y a enseñar a jóvenes chicos y chicas de distintos equipos de baloncesto.

Uno de los principales méritos que se le reconocen es el de introducir e impulsar el baloncesto femenino y para los más pequeños. Sin ir más lejos, fue él quien introdujo el baloncesto femenino en la ciudad con el Ateneu, sitio donde estudió y más tarde enseñó educación física, a la vez que entrenaba a chicas. Años después creó el Mini-Baloncesto, un torneo de basket para jóvenes que hoy día goza de una gran reputación.

Su legado va más allá del deporte

"En todo equipo es necesario un jugador capaz de sacrificarse en beneficio del conjunto" Pere Gol Para Pere Gol, la enseñanza de valores educativos a los más jóvenes era una de las tareas que más satisfacción y orgullo le producían. Mensajes como “en todo equipo es necesario un jugador capaz de sacrificarse en beneficio del conjunto. Mala cosa es que en un equipo todos se crean estrellas”, le definen y le han convertido en una leyenda en Badalona. Varios miembros de su familia siguieron su ejemplo, especialmente sus dos hijos, María y Guifré, que se entregaron en cuerpo y alma al baloncesto con notables resultados. Ella llegó a ser internacional y él, jugador del primer equipo del Joventut. Además, la dinastía Gol la mantuvieron sus nietos, que durante años también formaron parte de distintos equipos de baloncesto.

Toda una vida ligada al deporte y a la enseñanza del mismo, que han sido reconocidos de distintas formas. Por un lado, recibió dos importantes premios, la Medalla de Forjador del Deporte Catalán, en 1989, y la Creu de Sant Jordi, a título póstumo, en 2000, una de las condecoraciones más importantes que existen en Catalunya y que entrega la Generalitat. Además, su ciudad quiso honrar su memoria grabando su nombre en distintas iniciativas.

Así, en Badalona se puede ir a ver al Badaloní, un modesto club de fútbol, jugar en el estadio Pere Gol; a la Asociación Esportiva Pere Gol, una institución deportiva que agrupa más de doscientos jóvenes; o se puede participar en el Torneo Pere Gol que organiza la Asociación Esportiva Minguella de Badalona, un organismo del que formó parte y que cada año organiza un campeonato de baloncesto para jóvenes que trata de unir la esencia del deporte y la transmisión de valores, dos aspectos que mantien el legado de Pere Gol.

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