Los monstruos de Torrecilla
Welliton fue el último fracaso de Torrecilla, hace casi un año (Foto: R.C. Celta de Vigo).

Un año más, se abre el mercado invernal de fichajes y un año más, el Celta parece que va a tomar parte de él. El mal momento con el que se llega a este enero de 2015 urge la incorporación de caras nuevas que aporten algo distinto a un esquema y una forma de jugar que parecen haberse aprendido de memoria los rivales del club celeste. Ya apuntó Eduardo Berizzo esta misma semana que se podrían producir incorporaciones, aunque negó tajantemente que algún integrante de la actual plantilla abandone durante este mes la disciplina viguesa, aun cuando algunos de ellos, como Madinda o David Costas, han tenido una participación residual en el equipo.

Es, por tanto, hora de la dirección deportiva de ponerse a trabajar, si no lo han hecho ya, para dar con el futbolista –o futbolistas- adecuado para tapar las carencias del equipo, todo ello dentro de los cánones de austeridad que imperan en los mercados invernales de la parte humilde de este fútbol polarizado. Miguel Torrecilla, la cabeza visible de este departamento, vuelve a tener una reválida. El salmantino cumplió con nota su gestión de la plantilla el pasado verano, en el que sólo el internacional chileno Pablo Hernández ha rendido por debajo de las expectativas entre los nuevos, pero su talón de Aquiles es desde hace tiempo esta época del año. El director deportivo autorizó durante este periodo algunos de los peores fichajes que se recuerdan en el equipo.

Temporada 2013/14: las vacaciones de Welliton

Welliton levantó expectación tras su fichaje sorpresa por el Celta, pero éste pronto recordó a infructíferas contrataciones del pasado (Foto: Atlántico).

La búsqueda de un refuerzo para la parcela ofensiva del equipo era una necesidad manifiesta para los de Luis Enrique, en las jornadas previas a iniciar su magnífica escalada en la clasificación. Charles era un figura irremplazable, pero acompañado de unos compañeros poco rodados: Santi Mina, recién irrumpido en el primer equipo; Mario Bermejo, con muy pocos minutos jugados tras la recuperación de su lesión de rodilla; y David Rodríguez, que no contaba para el técnico asturiano. Con movimientos de salida previstos, un nuevo delantero parecía, a priori, la solución.

Al mismo tiempo, la zaga aguardaba cambios. Eran cinco los centrales en nómina al término de diciembre de 2013, pero ni Jonathan Vila, ni Samuel Llorca –recién salido de una larga lesión- contaban para Lucho. Era aconsejable contar con cuatro defensas del gusto del entrenador asturiano.

La primera solución fue Iñigo López. El central logroñés llegó a Vigo tras no cuajar en el PAOK griego y se presentó como un jugador experto en Primera, con la veteranía justa –tenía 31 años por aquel entonces- y con un rendimiento aceptable en todos los equipos por los que había pasado. Sin convertirse en ningún momento en una pieza clave para Luis Enrique, Iñigo cumplió con eficacia cada vez que fue necesario recurrir a él. Su seriedad y compromiso quedaron marcados en la grada de Balaídos, que agradeció al riojano su trabajo cuando le tocó hacer las maletas en junio, rumbo Córdoba.

El brasileño protagonizó uno de los mayores escándalos que se recuerdan en nuestro fútbol

Era ya media tarde del 31 de enero, fecha de cierre de mercado, cuando el Celta anunció por sorpresa su último fichaje. A Vigo llegaba un delantero brasileño avalado por unos grandes números en el fútbol ruso unas temporadas atrás y falto de ritmo de competición tras encadenar dos infructíferas cesiones en clubes de su país. Welliton Soares Morais será recordado como uno de los peores fichajes del Celta en las últimas décadas, en gran parte gracias a una nefasta actitud. El delantero, que necesitó varias semanas para recuperar un peso competitivo, apenas manifestó actitud en sus entrenamientos, con el resultado de que sólo terminó jugando cuatro minutos durante sus más de cuatro meses de estancia remunerada en Vigo. Pero a Welliton se le recordará por su conducta fuera del campo, representada, como si de un espectáculo previamente preparado se tratase, en una bochornosa escena nocturna en la que el brasileño fue detenido por la Policía Local viguesa conduciendo ebrio y a gran velocidad por el centro de la ciudad.

Fue activo el capítulo de salidas, dado que Luis Enrique optó por dar puerta a los jugadores a los que apenas había dado minutos durante la primera vuelta. Así, se marcharon Carlos Bellvís (cedido a la Ponferradina), Jonathan Vila (cedido al Beitar Jerusalén israelí), David Rodríguez (fichó libre por el Brighton inglés) y Samuel Llorca (cedido al Deportivo Alavés). Con la segunda vuelta ya en juego, rescindirían sus contratos Toni y Túñez.

Temporada 2012/13: peor el remedio que la enfermedad

Pranjić tuvo una escasísima aportación al equipo, a pesar de su reputación previa (Foto: EFE).

Un año antes, la situación era todavía peor. El Celta parecía abocado a sufrir para mantenerse en la Liga BBVA, algo a lo que afectaba en gran medida el escasísimo número de integrantes de la plantilla celeste que tenían experiencia previa en Primera División. Por ello, el cometido principal que debía asumir Torrecilla era la contratación de futbolistas conocedores de la categoría. La grave lesión de Samuel Llorca urgía el fichaje de un nuevo central, a la que se sumaba la acuciante necesidad de un goleador que acompañase a Iago Aspas y Mario Bermejo, a la vista del fracaso que había supuesto la llegada de Park Chu-Young.

Se dio prisa el director deportivo en adquirir un defensor que cumpliese con los requisitos. Pocas horas después de comenzar el 2013, se conocía la llegada de Vadim Demidov, ex de la Real Sociedad, a Vigo. Cedido por el Eintracht Frankfurt alemán, el internacional noruego adelantó al por entonces irregular Cabral y acompañó a Túñez en el eje de la zaga durante los primeros meses del año. Cumplió sin grandes aspavientos, pero una lesión que se fue alargando y la poca confianza que Abel Resino vertió sobre él lo relegaron a un papel testimonial a final de temporada. Jonathan Vila y después Cabral fueron las opciones prioritarias del toledano. Terminado junio, el club decidió no ejecutar la opción de compra que se incluía en el contrato del central.

Pranjić llegó a negarse a jugar los últimos minutos de un partido de Liga

Pedía Paco Herrera fichajes de vínculo largo con el club, pero Torrecilla se empeñó en buscar cesiones de renombre. La segunda trajo a Vigo a un subcampeón de Europa, que podía ser aprovechado para cubrir el hueco que dejó Bustos en el centro del campo tras su reciente préstamo al Sporting de Gijón y que podía ofrecer muchas soluciones gracias a su pierna zurda. Así se enfundó Danijel Pranjić la elástica celeste, después de una fallida experiencia en el Sporting Clube de Portugal y afectado por una larga etapa de inactividad debido a las lesiones reiteradas. El internacional croata fue un ejemplo brillante de falta de profesionalidad, puesto que a su constante y sonada actividad extradeportiva en los locales de ocio vigueses se le sumó una manifiesta falta de actitud en entrenamientos y partidos del equipo. Hasta hizo saber a Abel, en pleno Betis - Celta, que no estaba dispuesto a salir a jugar los últimos minutos del partido. El balcánico terminó viendo los últimos duelos de Liga desde la grada y ni se planteó su continuidad en el Celta una vez concluida la agónica temporada.

Pasaban los días y el ansiado delantero centro no llegaba. Torrecilla decidió reforzar la parcela ofensiva con el ilusionante retorno de Fabián Orellana, esta vez en propiedad del club vigués. Su ficha fue la última tramitada por la LFP el día del cierre de mercado; nunca se sabrá si el famoso fax con el transfer del chileno procedente del Granada pasó de las 12 de la noche, pero parece que fue suficiente para que el Celta buscase en el Poeta el anhelado gol. Pero Fabián tardó mucho en reencontrarse consigo mismo, tanto, que fue totalmente incapaz de arrebatar la titularidad a Augusto y Krohn-Dehli, que por entonces ocupaban los extremos del equipo: sólo fue titular en cuatro partidos. Orellana parecía perdido en el campo, lento, falto de ideas y, sobre todo, falto de aquella picardía que le había convertido en un pilar indispensable del ascenso un año atrás. Sin duda, este bajón de forma fue un completo enigma para un equipo y una afición que ya conocía al chileno, que parecía uno de los destinados para salir del club al siguiente verano. Por suerte, no acabó siendo así.

Durante ese mercado invernal, el Celta se deshizo de aquellos jugadores con menos protagonismo durante los primeros meses de competición. El club cedió hasta fin de temporada a Dani Abalo (Beira-Mar) y a Cristian Bustos (Sporting de Gijón), y rescindió el contrato de Joan Tomás, que puso rumbo a Chipre y se enroló en las filas del AEK Larnaca.

Temporada 2011/12: apuesta por el bloque

La unión de la plantilla ayudó a lograr el ansiado ascenso (Foto: Ricardo Grobas | Faro de Vigo).

Mucho más plácida era la situación del Celta un año atrás. La regularidad y la eficacia habían marcado toda la temporada de retorno a la élite. Los celestes fueron más sólidos durante la segunda vuelta, pero el buen ritmo del equipo en los primeros meses de competición, en los que apenas se despegó de los puestos de playoff, bastó a Paco Herrera y a Miguel Torrecilla para acordar que no eran necesarias caras nuevas en enero. Había una plantilla amplia, gracias a la aparición de jóvenes canteranos de brillante rendimiento, por lo que no se optó por romper la estabilidad del equipo.

Lo que sí se hizo fue desprenderse de aquellos jugadores menos utilizados. Era urgente que Dimitrios Papadopoulos, uno de los jugadores con la ficha más alta del equipo, aliviase las arcas celestes, dado que su rendimiento no estaba a la altura de su sueldo. El griego se marchó cedido al Levadiakos de su país. Dani Abalo, que nunca llegó a consolidarse de verdad con el primer equipo, vivió su primera cesión al Gimnàstic de Tarragona, también en Segunda. Por último, un día después del cierre del mercado invernal, se rescindió el contrato de Sergio Ortega, un central que nunca tuvo la confianza de Paco Herrera.

Temporada 2010/11: la austeridad marcó la pauta

Igualmente positivo era el rendimiento del Celta en el primer año de Paco Herrera a los mandos. El club venía de recuperarse de un crudísimo bache económico que por poco no dio con sus huesos en Segunda B, así que la directiva ya conocía la cultura de la austeridad, y decidió continuar aplicándola. Pocas fueron las incorporaciones en verano, y ninguna se realizó en invierno. La ubicación del equipo en la zona alta de la tabla después de tanto tiempo fue un claro motivo de satisfacción para la dirección deportiva, que vio innecesario sumar un nuevo desembolso.

También fue tranquila la fase de las bajas. Tan sólo se decidió ceder a Toni, que por entonces tenía 20 años, a la S.D. Huesca, que también competía en la misma categoría que los celestes, hasta final de temporada.

Temporada 2009/10: Papa y Cellerino, primeras decepciones

Dos meses tuvo que esperar Cellerino para ponerse en forma. Lo que vino después no fue mucho mejor (Foto: Ricardo Grobas | Faro de Vigo).

La primera temporada de Miguel Montes Torrecilla como director deportivo del Celta comenzó en plena marejada de problemas deportivos y extradeportivos. Se agolpaban jugadores faltos de compromiso en el equipo que estaban bloqueando el salto de una prometedora generación de canteranos que incluía a Hugo Mallo, Yoel, Iago Aspas, Túñez o Toni. El conjunto vigués zozobraba en la zona peligrosa de la tabla, al igual que hiciera la pasada temporada, cuando la irrupción del delantero de Moaña salvó al Celta de la quema en aquel histórico partido con el Alavés. Especialmente alarmante era la falta de gol, con lo que Torrecilla buscó varios delanteros que pudiesen ayudar a la supervivencia del equipo en una campaña que, otra vez, se antojaba eterna.

El directivo salmantino ya demostró en su primera campaña que no se le da bien trabajar presionado. Las soluciones que aportó fueron dos delanteros decepcionantes, procedentes de equipos extranjeros, que supusieron, además, un buen gasto en salarios. El primero de ellos fue Dimitrios Papadopoulos, un futbolista que ya demostraba por aquel entonces que no se iba a convertir en la gran promesa que se esperaba en Grecia. Procedente del Dinamo Zagreb croata a coste cero, el futbolista heleno ocupó demarcaciones de segundo punta y extremo sin que ello se tradujese en goles ni asistencias, a pesar de que sí mostró actitud en el césped. Papa nunca llegó a ser un jugador destacado para Eusebio Sacristán, y pronto se convirtió en una ficha molesta y elevada para el club.

El argentino reaccionó muy mal al ser elegido para ser sustituido a los 36 minutos de juego

Pero más escandaloso fue el rendimiento de Gastón Cellerino. El delantero argentino llegó cedido por el Livorno italiano, tras haber jugado sólo 84 minutos en toda la primera vuelta de la Serie A. Fue necesaria, por tanto, una adaptación progresiva para el jugador, que se tradujo finalmente en casi dos meses fuera del equipo hasta que hubiese cogido la forma. Gozó de un cierto protagonismo al poco de estrenarse por fin, pero un desplante a Eusebio y a sus compañeros en pleno partido en Balaídos ante el Real Unión de Irún, fruto de la decisión del entrenador de sentar al argentino a los 36 minutos de juego, diluyó la actitud de Cellerino y lo convirtió en el blanco de las iras de la grada, acostumbrada ya al paso continuado de futbolistas sin compromiso durante la dura etapa de Segunda. Finalmente, terminó jugando poco, o nada, de los últimos partidos con el equipo y se tuvo que volver a Italia, pese a su voluntad de quedarse en Vigo.

Las penurias económicas del equipo obligaron a la toma de decisiones dolorosas en forma de salidas de canteranos prometedores hacia equipos de superior nivel a cambio de una buena suma de dinero. Así había sucedido en verano con la venta de Joselu al Real Madrid, aunque permaneció esa temporada en las filas celestes, y así ocurrió en enero con el central Jordi Figueras, que puso rumbo al Rubin Kazan ruso a cambio de 850.000 euros, cuando tenía 22 años y acababa de convertirse en un fijo en la defensa tras su etapa en el filial. Además, se dio puerta al inédito Edu Moya, que rescindió y se marchó al Hércules, y a Arthuro, uno de los peores fichajes que se recuerda en la historia reciente del club, que accedió a ser despedido por Torrecilla después de haber provocado con su nula actitud las iras de la afición.

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