Yo jugué en el Real Zaragoza: José Luis Violeta
Montaje: Javier Gimeno// VAVEL

Hoy en día, José Luis Violeta es historia viva del Real Zaragoza. El León de Torrero, como se le conoce después de su inigualable carrera defendiendo durante 14 años la camiseta del equipo de su vida, es el jugador aragonés que más veces ha sudado la zamarra blanquilla. No solo eso, sino que formó parte de dos épocas memorables para la afición zaragocista: la de Los Magníficos y la de los Zaraguayos.

Una infancia muy dura

José Luis Violeta vino al mundo en 1941 en el barrio de Torrero (Zaragoza), durante los duros años de posguerra que atravesó el país. En esos tiempos, la miseria y el hambre acechaban a los españoles, que tenían que soportar unas duras condiciones de vida después de tres años de guerra civil y devastación. José Luis recuerda las farinetas como la comida más repetida durante esos espantosos años. Pero lo peor de todo fue cuando, a los seis años de edad, tuvo que soportar la detención de su padre por las autoridades franquistas, acusado de haber pertenecido a la Guardia de Asalto republicana.

La afición por el fútbol le vino por familia. Muchos de sus familiares eran futbolistas de la Sociedad Deportiva Arenas, el otro equipo de Zaragoza que recogía cada fin de semana en su estadio a las clases más populares y que a punto estuvo, en varias ocasiones, de ascender a Segunda División en la década de los 40 y de los 50. Es más, llegó a eliminar al Real Zaragoza de la Copa del Generalísimo, siendo esta la mayor hazaña del extinto club.

Los padres de José Luis no le podían costear unos estudios universitarios, por lo que siempre había tenido en mente ponerse a trabajar cuanto antes. Así lo hizo a los 14 años y en una tienda de bicicletas de la calle Don Jaime. De tal manera, despertó su afición por el ciclismo y, en concreto, por el Tour de Francia. Desde entonces, este deporte pasó a ser su primera pasión, sustituyendo el balón de fútbol por la bicicleta.

Bendita bronconeumonía

Sin embargo, una bronconeumonía se interpuso en su camino a los 17 años de edad. José Luis las pasó canutas, estando casi dos meses en la cama. Cuando se recuperó, dejó aparcada la bicicleta por miedo a volver a pasar por esa situación.  Fue como si José Luis, por gracia divina, estuviera destinado a ser futbolista. A saber qué hubiera pasado si esa bronconeumonía no le hubiera hecho sufrir tanto, hasta el punto de cogerle miedo a montar en bici.

Fue entonces cuando decidió apuntarse al River para retomar el fútbol, un equipo de jóvenes zaragozanos con sede en la calle Lagasca. En esa temporada y en las divisiones inferiores aragonesas, llamó repentinamente la atención a Cubero, el cazatalentos del Real Zaragoza por aquel entonces. El entrenador del primer equipo maño era César, uno de los protagonistas de aquella famosa delantera del Barcelona de las Cinco Copas (Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón). Éste prometió a José Luis y a su compañero Encontra que tendrían sitio en la plantilla a la temporada siguiente, la 62/63. Sin embargo, no fue así y tuvieron que salir ambos cedidos al Calvo Sotelo de Puertollano. A José Luis no le gustó nada porque, al fin y al cabo, se encontraba jugando en Tercera División (la misma categoría que el Juventud de Zaragoza) y lejos de su casa.

Fue elegido el mejor jugador de las temporada por los socios del Calvo Sotelo A pesar de ello, esta temporada fue vital para la carrera de Violeta. Ganó mucha experiencia, se formó como jugador e, incluso, fue elegido a final de temporada como el mejor jugador del año por parte de los socios del Calvo Sotelo. Cuando retornó a la capital aragonesa, el nuevo entrenador era Ramallets, el histórico cancerbero culé, que fue el que le permitió debutar con el equipo de su ciudad natal en la máxima categoría del fútbol español.

Debut como blanquillo

José Luis debutó en la temporada 1963/1964. No fue una época cualquiera. Quizá se trataba de la mejor campaña de la historia para el Real Zaragoza: los blanquillos se hicieron con la Copa de Ferias y con la Copa del Generalísimo, los primeros títulos que adornaron las vitrinas blanquillas. Y menos inolvidable fue la generación que propició esos éxitos: Los Magníficos.

Esta generación estaba conformada por una delantera excepcional que seducía a cualquier aficionado al fútbol y hacía las delicias de la afición maña: Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra. Cinco personajes para no olvidar. En la defensa estaban Cortizo, Santamaría y el internacional Reija. Más tarde se les unió Irusquieta. La portería estaba defendida por el mítico Yarza.

Y en el centro del campo, sujetando al equipo y dándole tanto consistencia defensiva como apoyo en el ataque, ahí teníamos a José Luis. Cabe mencionar que tenía una gran competencia con Isasi y Pepín. También jugó muchas veces al lado de Pais.

Desde el centro del campo, Violeta fue el sostén de ese memorable conjunto Los Magníficos fueron los que definieron para siempre el estilo ofensivo, alegre, vistoso y primoroso como identidad indeleble del Zaragoza hasta el fin de los tiempos. Y con ellos, la afición se transformó en una de las más exigentes de España. Esos increíbles jugadores malacostumbraron a sus seguidores dando espectáculos cada dos semanas en la vetusta Romareda. Aparte de los títulos mentados anteriormente, también consiguieron la Copa del Generalísimo correspondioente a la campaña 65/66, frente al gran Athletic de Iríbar.

Su rechazo al Madrid y la llegada de Los Zaraguayos

Tras las mejores temporadas del club aragonés hasta entonces, llegó en la campaña 1970/1971 una enorme decepción: el descenso a Segunda División. Y aprovechando ese descenso a la categoría de plata, el Real Madrid quiso pescar en la ciudad del Ebro, poniendo su objetivo en José Luis. Sin embargo, el León de Torrero rechazó marcharse al mejor club del siglo XX y a un contrato suculento. Todo para ser partícipe del ascenso y la vuelta del Zaragoza a Primera División.

Y nada más ascender, se conformó otro equipo de leyenda, del que volvía a formar parte José Luis: Los Zaraguayos. El León de Torrero volvía a compartir jugadores con magníficos jugadores como Arrúa y el delantero Lobo Diarte.  A esta generación les faltó un título para refrendar sus excelentes actuaciones, aunque consiguieron endosarle un 6-1 al Madrid y un segundo puesto en la temporada 1974/1975, añadiendo el subcampeonato de Copa ante el Atlético de Madrid a la temporada siguiente y con un arbitraje del valenciano Segrelles demasiado dudoso.

Un símbolo zaragocista desde su retirada

Los Zaraguayos duraron pocas temporadas y terminaron igual que Los Magníficos: descendiendo a Segunda División. Tras catorce temporadas vistiendo la zamarra blanquilla y defendiendo el escudo del león rampante, José Luis decidió que había llegado la hora de abandonar el fútbol de una vez por todas. No le supuso mucha tristeza, porque ya se había mentalizado de que la carrera deportiva de un futbolista era muy corta y que el fin de la suya podía llegar en cualquier momento. Fue homenajeado el 21 de mayo de 1978 en un partido entre los veteranos del Zaragoza y los veteranos del Athletic de Bilbao, encabezados por el mítico Iríbar.

Aparte de su inmejorable trayectoria como zaragocista, también hay que recalcar que vistió la camiseta de la Selección Española en 14 ocasiones, siendo partícipe de la Eurocopa conseguida en 1964 ante la URSS y defendiendo a la Selección en el Mundial de Inglaterra de 1966.

Hoy en día, José Luis no ha dejado de seguir la actualidad futbolística, aunque observa con cierto escepticismo en el espectáculo y el negocio en el que ha derivado todo. A pesar de ello, sigue siendo fiel a sus colores y nunca deja de seguir al Real Zaragoza. El 15 de septiembre de 2013, se cumplió el 50 aniversario de su debut como zaragocista. Esta es la gran historia del aragonés que en más ocasiones ha defendido la zamarra blanquilla. El jugador que ha vivido dos de las épocas más gloriosas del conjunto maño, el jugador que, a pesar de descender a Segunda, decidió rechazar al Real Madrid y jugar con el equipo de sus amores. Esta es la increíble trayectoria de José Luis Violeta, el León de Torrero.

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