Serial final de Copa 1983/84:  el legado de la gabarra
Serial final de Copa 1983/84:  El nacimiento de la Gabarra

A poquísimos días para que llegue la deseada final de la Copa del Rey entre Athletic Club y FC Barcelona, VAVEL se vuelca con el repaso histórico de las finales entre estos dos últimos equipos en la competición copera. Una ocasión única para, en la antesala del decisivo partido que para los rojiblancos ganarlo supondría lograr un título 31 años después y para los culés completar un hipotético triplete, recordar grandes partidos que ambos equipos han protagonizado, siendo ya partidos habituales en los últimos años con este escenario presente.

El contexto

Nos remontamos al año 1984, un año que ha pasado ya a la posteridad para los aficionados rojiblancos. Con la música viviendo un momento de renovación en esa década, en el fútbol pasaba algo parecido. El Athletic había cogido el testigo de la Real Sociedad bicampeona de Liga, logrando el título en 1983 y 1984. Todo ello, de la mano de un joven y prometedor entrenador de Barakaldo, archiconocido por todos hoy en día: Javier Clemente. Tras una grave lesión de tibia y peroné que le obligo a dejar la práctica del fútbol, el centrocampista encontraba la oportunidad de redimirse en los banquillos.

Y vaya si lo hizo. Tras una primera temporada de prueba, en la que deja al equipo cuarto (su mejor clasificación desde el subcampeonato de la UEFA en 1977), la siguiente temporada lidia con un Madrid que bajo la tutela de Di Stefano crea un proyecto ilusionante para el futuro y con el Atlético de Aragonés en el banquillo y Hugo Sánchez goleando en el campo. Clemente logra ganar la séptima liga en la historia rojiblanca en Las Palmas, goleando y gracias al favor del Valencia de Koldo Aguirre, viejo conocido de los rojiblancos, que gana a los madridistas 1-0 para mantenerse en la categoría.

Volvería a repetir la gesta un año después, temporada a la que corresponde esta final de Copa. La competencia era aún más dura: el Madrid era un equipo más formado y el Barcelona ya era un claro competidor, con Maradona ya adaptado a España y con jugadores cómo Schuster o el Lobo Carrasco en un gran momento. Menotti había salvado la temporada pasada en las últimas jornadas, tras ser nombrado para dicho periodo, logrando la Copa del Rey y la extinta Copa de la Liga.

La sanción inicial a Goikoetxea fue de 18 partidos, reducida luego a siete.

La noticia más sonada para los culés en esa temporada en la que lucharon por la Liga fue la gravísima lesión que, curiosamente, sufrió Maradona en un encuentro contra los rojiblancos. Una entrada criminal de Goikoetxea, que fue muy castigado durante los meses posteriores en Barcelona, lesionaba de gravedad al crack argentino, que abandonó los terrenos de juego por tres meses. El central rojiblanco tampoco se quedaba impune, pues el central rojiblanco fue sancionado con siete partidos. Curiosamente, otra trifulca contra el mismo equipo, pero en la gran final descrita, supuso el adiós de Diego Armando al Barcelona.

La lucha por la Liga es apasionante hasta la última jornada: tras que el Athletic recuperase el liderato con una victoria por 2-1 ante el Real Madrid en San Mamés, los rojiblancos dependían se sí mismos. Una victoria ante la Real Sociedad, en un derbi que vivió una situación idéntica pero justo contraria hace dos años, bastaría al Athletic para ser campeón de Liga. Un gol de Liceranzu en el minuto 18 traía la euforia a Bilbao; sin embargo, en uno de los goles menos celebrados de la historia del fútbol español, Uralde marcaba con el error de Zubizarreta. Algo que 11 minutos más tarde se encarga de volver a arreglarlo Liceranzu, que llevaba el alirón a La Catedral. Todo ello, cómo contexto de una final histórica.

La final

Ni medio alfiler entraba en el Santiago Bernabéu la tarde-noche del 5 de mayo de 1984. Con clara mayoría rojiblanca en las gradas, el colorido de la afición prometía que, si se trasladaba al ámbito futbolístico, el partido fuese bello hasta para el espectador neutral. No lo hizo, y el espectáculo que se vivió en el apartado técnico fue bastante limitado debido al fútbol brusco que ambos equipos plantearon.

El camino a la final no fue de rosas para los, en esta final, locales. Tras eliminar a la Real Sociedad en los octavos gracias a la lotería rusa de los penaltis, el Sporting obligó, en cuartos, a remontar en San Mamés tras imponerse los asturianos en El Molinón por 2-1. Un 2-0 bastó para medirse a su fiero rival en la Liga, el Real Madrid, en las semifinales del torneo. Ambos equipos, siendo la vuelta en San Mamés, perdieron por 0-1 en sus respectivos estadios, por lo que se volvió a decidir todo por penaltis, dónde el Athletic se volvía a meter en una final copera siete años después.

Tampoco lo tuvo fácil el Barcelona, aunque sí fue más plácido. Los octavos y cuartos se saldaron con cómodas victorias ante Hércules (que sin embargo ganó la ida) y Osasuna (vencedor en la vuelta en El Sadar, habiendo perdido 4-0). En semifinales tuvo una eliminatoria durísima ante Las Palmas, dónde el Barcelona, habiendo ganado por 2-1 en el Camp Nou, perdió por 1-0 en suelo canario. Cómo todavía los goles marcados fuera de casa no duplicaban su valor en caso de empate, los once metros fueron también protagonistas, cayendo la suerte para los culés.

Todo comienza con un dominio muy tímido en la posesión del Barcelona, cómo siempre estaba acostumbrado a jugar. Sin embargo, el primer susto llega en el minuto 8: Endika ya empezaba a dar problemas a la zaga blaugrana y está cerca de marcar con una vaselina que desvía por arriba Urruti.

Pero cinco minutos más tarde llegaba un momento que, por la trascendencia en ese momento inusitada que iba a tener, se quedaría grabado de por vida a los aficionados rojiblancos. Argote lanza un saque de esquina que despeja Schuster, con la suerte de que le vuelve a caer a él el balón. Centra con su pierna menos hábil, la derecha, al área, cayéndole el balón a Endika, que controla con el pecho y, también rematando con la menos habitual, en este caso la izquierda, remata tras el bote del balón al fondo de las redes. Se adelantaba el Athletic, justo lo que la estrategia de Clemente necesitaba para poder ganar el encuentro.

Y se notó sobre todo porque en los minutos siguientes no se volvió a ver casi nada de fútbol. Los jugadores del Barcelona estaban desesperados, puesto que con la plantilla que poseía la presión era enorme para no quedarse un año en blanco. Se empezó a notar mucho en futbolistas cómo el mencionado en múltiples ocasiones Maradona, que ante la impotencia de la zaga rojiblanca comenzó a intentar provocar a los jugadores bilbaínos, sin lograr suerte. O Schuster, el cual respondió mal al lanzamiento de objetos de la afición rival.

El Barcelona lo intentaba y lo intentaba, pero seguía sin poder penetrar la defensa del Athletic. La tensión en el campo se podía cortar con un cuchillo, y cuando el colegiado murciano Franco Martínez pita el final estalló dicha tensión. No sólo en forma de alegría, pues esta final fue lamentablemente recordada por la batalla campal que se sucedió después entre ambos equipo. Jugadores cómo Migueli, Salinas, Goikoetxea o, el que peor actuó, Maradona fueron participes de dicha pelea. El que peor actuó, debido a que, con una fuerte patada en la cabeza, dejó inconsciente a Miguel Ángel Sola, jugador del equipo vasco.

Daniel Ruíz Bazán, el mítico “Dani”, recogió la Copa del Rey de manos de S.M. Juan Carlos I, para iniciar una histórica fiesta rojiblanca. Histórica, por ser la última vez (hasta la fecha) de una celebración única y que no se ha vuelto a dar en la ciudad del Botxo: el paso de los jugadores del Athletic por toda la ciudad subidos, y surcando la ría, en una gabarra. Una final de no grato recuerdo para los aficionados barcelonistas, pero imborrable para todo rojiblanco de buen hacer.

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