Final Berna 1961: aquellos malditos postes
La imagen más repetida de la noche | Fuente anónima

En su segunda aparición en el campeonato que había nacido seis años atrás, el Barcelona consiguió disputar su primera final de la Copa de Europa. Tras la renuncia de Roma a albergar la final, la cita se desplazó el Estadio Wankdorf. En la ciudad suiza de Berna el equipo de Enrique Orizaola, que había reemplazado a mitad de temporada al yugoslavo Ljubisa Brocic, intentaría sin fortuna entrar en el palmarés de la que sería la competición más trascendente a nivel de clubes del mundo.

Aquella Copa de Europa de la temporada 1960/61 no tenía nada que ver con la modernísima Champions League actual. La jugaron 28 equipos de 27 federaciones y el torneo no tenía fases de grupos ni liguilla alguna. España era la única con dos equipos puesto que el Barcelona había conseguido el título de Liga la temporada anterior, mientras que el Real Madrid ocupaba su plaza de vigente campeón de la propia competición.

Camino a Berna

Para llegar a esa final, el Barcelona tuvo que superar cuatro rondas a ida y vuelta. En la preliminar, eliminó al Lierse belga (2-0 y 0-3) y en octavos de final hizo historia contra el eterno rival. Con el gol de Vidal en propia puerta y el cabezazo de Evaristo, el Barcelona consiguió ser el primero que eliminaba al Real Madrid tras cinco años de competición (2-2 en Madrid y 2-1 en Barcelona). En cuartos se desaharía del checo Spartak Hradec Kralové (4-0 y 1-1), mientras que en semifinales hizo falta un partido de desempate (por entonces no existía la tanda de penaltis) ante el Hamburgo que acabó con 1-0 con tanto del brasileño Evaristo, tras el 2-2 global con el que acabó la eliminatoria regular.

Allí esperaba el Benfica, dirigido por el húngaro Béla Guttmann (el de la supuesta maldición), que también había empezado la competición en la ronda preliminar. En primer lugar superó al Hearts escocés con un claro 5-1 en el global. En octavos, se desharía del mejor equipo del país de su entrenador, el Újpest, sentenciando en la ida con seis goles (7-4 en el global). Tambiñen sencilla fue la ronda de cuartos ante el danés AGF de la ciudad de Aarhus (7-2). El Rapid de Viena sucumbiría también en el antiguo Da Luz (3-0 para los lisboetas) y no pasaría del empate en la vuelta de semifinales (4-1 global). Con tantas anotaciones, era normal que el delantero portugués José Aguas fuera el pichichi de la competición con 10 dianas antes de la final. Evaristo, con cinco, no pudo seguir su ritmo.

La final de los postes

Siempre se recordará Berna 61 por las porterías, con palos cuadrados, y por la influencia que tuvieron en el devenir de la final. El favorito era el conjunto culé. El diario Mundo Deportivo titulaba así la previa de la final: "La combatividad y entusiasmo del Benfica no debe sár obstáculo para que la mejor clase del Rarcelóna se imponga en la final ibérica". El entonces técnico azulgrana no podría contar con el defensa Segarra por lesión e incluiría a Garay para casi repetir el mismo once con el que vencieron al Hamburgo. El técnico húngaro por su parte no tendría problema alguno en colocar su once de gala.

El encuentro, con saque inicial a las siete de la tarde, comenzó bien para los blaugranas pues la primera gran ocasión es para Kócsis que remata de chilena cerca del área chica. Sin embargo, un defensa benfiquista evita el gol. Nada pudieron hacer Costa Pereira y compañía cuando Kócsis cabeceaba un centro de Luis Suárez en el minuto 20. El flamante Balón de Oro español estaba disputando su último partido como culé pues ya estaba cerrado su fichaje por el Inter de Milán de Helenio Herrera.

No obstante, el Benfica remontaría fugazmente antes del descanso con dos goles en dos minutos. En el primero, Ramallets no acierta en su salida al lateral del área y deja la portería libre para que José Àguas marque su undécimo gol en la competición. En el segundo, la mala fortuna se aliaría en contra del Barcelona pues un despeje de cabeza del defensa Gensana, retrocederia hasta dar en el larguero y acabaría rebotando en el cuerpo de Ramallets para botar dentro de la portería y salir de ella. El suizo Drients no necesitó la tecnología FIFA para validar el 2-1 cuando se cumplía el minuto 31.

Kócsis pudo hacer con un remate en plancha el 2-2 antes del entretiempo (imagen superior), pero el medio Neto salvaría en línea de gol. A los diez minutos de la reanudación, el Benfica abriría brecha (3-1) con una soberbia volea de Colunna, imposible para Ramallets. Más difícil aún si cabe fue la empalmada de Czibor que significó el 3-2 y la esperanza para los blaugranas para el último cuarto de hora. Los rojizos palos del Wankdorf siguieron con su destacado papel en contra del interés barcelonista al que le faltó la mezcla entre puntería y fortuna. Hasta en tres ocasiones la madera evitó el gol blaugrana: Kocsis a portería vacía, y tanto Kubala como Czibor finalizando una gran jugada colectiva.

El Benfica aguantó y pudo levantar la primera de las dos copas consecutivas que consiguió, la siguiente ya con Eusebio en sus filas.Por su parte, el Barcelona acabaría por completar un mal año tras haber quedado 4º en Liga y caer eliminado de la Copa del Generalísimo en octavos de final a manos del vecino tres días antes de la finalísima de Berna. La primera debía de esperar más de 30 años para llegar...

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