Los uruguayos a orillas del Pisuerga
Foto: Real Valladolid

Garra y coraje, son dos características de todos los jugadores nacidos en Uruguay, rasgos que les ha permitido hacerse un hueco en los principales grandes equipos de Europa. Centrales contundentes, fuertes centrocampistas y nueves de la antigua escuela, son el tipo de jugador que Uruguay más ha exportado a las ligas del viejo continente. Desde los primeros charrúas defendiendo el blanco y violeta, hasta Marcelo Silva, el último en llegar; el Real Valladolid ha tenido a ilustres jugadores del país sudamericano, aunque no siempre han terminado de funcionar en Zorrilla.

Benítez y Cacho Endériz, los pioneros

El futbolista que abrió la veda para los uruguayos en el club pucelano fue Julio César Benitez, defensa central del Racing de Montevideo, que llegó a Valladolid en la temporada 1959-60 junto con su compatriota, el centrocampista Eduardo Endériz 'Cacho' Artajona desde el Central de Montevideo. Ambos jugadores dejaron una gran huella en el club pucelano. El primero llegó con la temprana edad de 18 años por 300.000 pesetas, jugando sólo una temporada, ya que sus actuaciones hicieron que los grandes se fijaran en él. Benitez acabó fichando finalmente por el Real Zaragoza, quien años después lo vendería al Barcelona por un precio cinco veces superior a lo que los maños pagaron al Valladolid.

Su compatriota 'Cacho' hizo el mismo recorrido que Benítez. Llegó con 19 años por 100.000 pesetas y disputó cuatro temporadas en el equipo blanquivioleta. Su gran labor en el centro del campo le hizo fichar por el Real Zaragoza para surtir de balones a los famosos '5 magníficos' del Real Zaragoza, llegando a ser considerado el sexto magnífico por la afición maña. Acabó fichando por el FC Barcelona, en el que una lesión de rodilla truncó su carrera en el cuadro catalán. Este último defendió la camiseta del Real Valladolid en dos etapas, al principio y al final de su carrera. Ambos jugadores llegaron a Zorrilla de la mano del entrenador José Luis Saso, que se fijó en ellos tras verles en varios partidos en su Uruguay natal.

Endériz como capitán del Real Valladolid

Los dos siguientes uruguayos en jugar en la entidad blanquivioleta fueron José Rodríguez Suárez y Mario Rodríguez Pini, ambos de 1962 a 1965. El primero pasó con más pena que gloria por el club vallisoletano, ya que apenas llegó a disputar algún partido. De Pini cabe destacar que fue un contundente central que llegó para completar la defensa en la liga del histórico cuarto puesto en la temporada 1962-63 con Antonio Ramallets en el banco.

Tras casi una década sin jugadores charrúas en el plantel pucelano, en la temporada 1972-73 llegó Alfredo Amarillo, del Nacional de Montevideo, jugador que ocupaba todas las posiciones de la banda izquierda. Amarillo estuvo a punto de conseguir el ascenso en varias ocasiones, aunque finalmente acabó fichando por el Barcelona de Rinus Michels. Esta intensa relación con el FC Barcelona hizo que llegaran a orillas del Pisuerga jugadores como Pepe Moré, que acabaría siendo uno de los futbolistas emblema del club.

Los años 80, una de cal y otra de arena

Jorge Orosmán 'Polilla' Da Silva llegó al Real Valladolid con la fama de ser un gran delantero, y así lo cumplió. Sus goles le valieron para hacerse con el pichichi con 17 tantos en la temporada 82-83. Formó parte del histórico equipo que se proclamó campeón de la Copa de La Liga en 1984. Entre sus logros también destaca el ser primer jugador del Real Valladolid en marcar un gol en la Copa de la UEFA, al Rijeka de la antigua Yugoslavia. A finales de 1984 fue traspasado al Atlético de Madrid.

Poco después, en la temporada 1987-88 llegaría Javier Cabrera con la vitola de gran goleador, algo que no reafirmó en Pucela, ya que sólo anotó cuatro tantos en dos temporadas, llegando a pagar por su traspaso la nada desdeñable cifra de 30 millones de pesetas. Carlos Gabriel Correa, otro jugador de corte defensivo, pasó por Pucela con más pena que gloria, anotando tan solo un gol en la temporada que jugó en Zorrilla, pero de valiosísima importancia, ya que valió para mantener la categoría venciendo en Vallecas. Años después, en la campaña 1995-96, apareció un uruguayo más en el Real Valladolid. Se trata del centrocampista defensivo Álvaro Gutiérrez Felscher, que arribó a orillas del Pisuerga de la mano de Rafael Benítez, actual técnico del Real Madrid. Felscher permaneció cuatro temporadas en Valladolid, marcando un gol y siendo clave en el Valladolid que jugó la UEFA en la temporada 96-97.

Fugaz fue el paso del ex del Real Madrid, Pablo García Pérez. Cedido por el Atlético de Madrid, no era del agrado del entrenador Sergio Kresic, por lo que sólo llegó a disputar un partido en copa ante el CP Mérida en su única temporada defendiendo los colores del Real Valladolid. Poco después, en Osasuna, despuntó como un gran centrocampista defensivo. La misma sensación dejó Nicolás Andrés Oliveira, que sólo jugó 20 encuentros y anotó cuatro tantos en el curso que jugó en Zorrilla. Un caso especial fue el de Germán Hornos, procedente del Sevilla, al que le costó entrar en el once de Sergio Kresic, pero acabó formando una gran dupla atacante con Adúriz. Desafortunadamente, un accidente de tráfico truncó su carrera y puso en grave riesgo su vida. Pudo recuperarse de aquello, después de un año de rehabilitación, y aunque volvió a la disciplina del Valladolid, nunca consiguió ser el mismo.

Los últimos jugadores uruguayos en llegar a Zorrila fuero Estoyanoff y Canobbio. El primero, perteneciente al Valencia, equipo con el que ni llegó a debutar, fue cedido en varios conjuntos hasta acabar en el Real Valladolid. El caso de Canobbio fue parecido, anotó cinco tantos en los 53 partidos que disputó con la camiseta del Real Valladolid, hasta rescindir su contrato en 2010, para fichar por el AE Larisa, de la Super Liga Griega. A descatar el tanto que consiguió ante el Real Madrid, en la que es la última victoria pucelana sobre el conjunto blanco.

Foto: AS.

Marcelo Silva, el último en llegar

El último en llegar ha sido Marcelo Silva. El central uruguayo ha llegado procedente del recién ascendido Las Palmas con la carta de libertad bajo el brazo, por lo que no ha tenido coste alguno para el Real Valladolid. El central de 26 años firma por una temporada para intentar devolver al equipo blanquivioleta a Primera División de la mano del entrenador Gaizka Garitano. Su fichaje, además de devolver la garra a la zaga pucelana, algo olvidada en las últimas campañas, significa la continuación de una relación que parecía olvidada entre el cuadro pucelano y Uruguay, cuna de grandes futbolistas.

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