Barcelona 1992, cuando la selección entró en el Olimpo
Foto: Eurosport

La tribuna imaginaria del recuerdo nos conduce hoy al 8 de agosto de 1992 y a aquel mágico momento que se vivió en Barcelona con el gol de Kiko Narváez en la Zona Cesarini. Hasta esa fecha los momentos en los que España había disfrutado con su selección eran contados, muy espaciados en el tiempo. Pasaron generaciones y décadas sin que la selección lograra coronar con un título internacional la calidad de los futbolistas que brillaban en la Liga española y en el fútbol europeo. Desde que a grito de A mí el pelotón, Sabino, que los arrollo, en el marco de los JJOO Amberes 1920 se acuñó el tópico de la Furia española, la selección reflejó una personalidad quizás equivocada o cuando menos distorsionada. No en vano en todos los éxitos de la Roja el factor determinante para llegar lejos no fue el pundonor, sino el adecuado equilibrio entre la entrega y la calidad. Lo fue en el buen papel que hizo España en el Mundial de Brasil de 1950, con el mítico gol de Zarra a los ingleses, igualmente en la inolvidable Eurocopa de 1964, también en el subcampeonato de Europa de 1982 y en la buena imagen mostrada en México 1986 de la mano de Miguel Muñoz y Butragueño entre otros. Incluso en el digno papel que se hizo en USA 1994, todo ello sin olvidarnos de la medalla de plata de Sídney 2000, por lo que lo acontecido en los JJOO de Barcelona de 1992 constituyó un didáctico ejemplo de que el fútbol español podía aspirar a todo.

Barcelona 92, la consumación de un sueño

Los JJOO de Barcelona 1992 constituyeron sin duda un punto de inflexión para el deporte español, no en vano durante muchos años fueron considerados los mejores de la historia. Lo fueron también para Barcelona y su proyección mundial, el poso olímpico que dejaron en la ciudad condal aún perdura y el recuerdo que se preserva de ellos sigue siendo mágico. Barcelona fue sin duda la consumación de un sueño, los mejores resultados de la historia en una cita olímpica: 22 medallas, 13 de ellas de oro. Fermín Cacho, Theresa Zabell, Daniel Plaza, Antonio Peñalver… y por fin el fútbol.

La Quinta del Cobi

Existe un antes y un después de aquellos Juegos, como también lo existe en el fútbol español, pues en esa década comenzaron sembrarse conceptos que florecerían una década después con la mejor generación de futbolistas de la historia de nuestro fútbol. No en vano las llamadas quintas de jugadores surgidas de la cantera jugaban cada vez mejor. Y para los juegos de Barcelona, la selección se presentó a la cita con la bautizada como “La Quinta del Cobi” en honor a la mascota diseñada por Mariscal, compuesta por: Toni Jiménez, Santiago Cañizares, Albert Ferrer, David Billabona, Mikel Lasa, Rafael Berges, Francisco Nicolás Veza ‘Paqui’, Juanma López, Roberto Solozábal, Luis Enrique Martínez, Josep Guardiola, Gabriel Vidal, José Emilio Amavisca, Alfonso Pérez, Javier Manjarín, Francisco Narváez ‘Kiko’, Abelardo Fernández, Miguel Hernández, Antonio Pinilla y Paco Soler.

Una generación fresca y de calidad

Vicente Miera y Kubala (que fue su ayudante), fueron los encargados de llevar a la selección al éxito. Paradójicamente los jugadores no pisaron la Villa Olímpica, estuvieron aislados, con el seleccionador Vicente Miera y su ayudante Kubala en Valencia. Allí les llevaron con gran mimo y tiento, restándoles cualquier tipo de presión a la que se podrían ver sometidos. Consiguieron además de un trabajo excelente a nivel futbolístico, una convivencia genial entre los compañeros, muchos de ellos lo recuerdan aún a día de hoy como un momento muy especial en sus carreras deportivas: "La clave del éxito fue la convivencia". "Éramos compañeros, pero sobre todo amigos". Recuerda Cañizares con gran cariño. Pinilla otro de los componentes de aquel equipo lo recuerda así: “Barcelona 92 es mi mejor recuerdo del fútbol. Todo lo que viví aquellos días no lo he vuelto a vivir. Dio a conocer a una generación de futbolistas irrepetible: Kiko, Alfonso, Guardiola, Cañizares...".

Sin duda aquel cuerpo técnico se encontró con una generación fresca, de gran futuro, calidad y hambrienta de triunfos, pero no todos logran sacar el mismo rendimiento a sus jugadores ni tienen la fortuna en los momentos decisivos para llegar al éxito. Lo único indiscutible es que Miera tuvo el acierto y la serenidad necesaria para hacer a su equipo campeón.

Cuando el dinero no lo es todo

Solozábal era el capitán de la selección y cuentan que fue el encargado de negociar las primas, que al parecer era bastante bajas. Cuando el capitán vio la oferta que se le realizaba contestó con contundencia: "Para eso, os lo quedáis vosotros".

El primer partido fue ante Colombia, cuando aún no se habían ni inaugurado los Juegos pero la trayectoria del equipo español fue excelente durante todo el torneo. España se plantó en la final de forma brillante e invicta, sin encajar un solo gol. Para la gran final se trasladaron de Valencia a Barcelona.

La gran final

Los jugadores estuvieron concentrados dos días en el hotel Juan Carlos I, propiedad de Joan Gaspart, quien sólo cobró a la Federación una cuarta parte de los gastos. En aquel equipo sobresalía la calidad de Solozabal, Kiko, Luis Enrique, Guardiola, Manjarín y Alfonso, pero también tenía a otro corte de jugadores como Juanma López, Chapi Ferrer o Mikel Lasa. Sin duda el gran mérito del cuerpo técnico estuvo en dejar expresarse cómodamente sobre el terreno de juego a ese puñado de jóvenes talentos y arroparlos en labores defensivas con una muy buena línea de marcadores y grandes porteros como Cañizares, que por entonces jugaba en el Mérida y cerró su pase al Celta en la concentración de Valencia y Toni, que completó igualmente un gran campeonato.

El 8 de agosto de 1992, el fútbol español entró en el Olimpo conquistando la primera medalla de oro de su historia. A las ocho de la tarde comenzó el partido en un Camp Nou con 95.000 espectadores en las gradas. El encargado de dirigir el choque fue el colegiado italiano Stefano Braschi. Vicente Miera puso en liza al siguiente once: Toni, López, Abelardo, Solozábal, Ferrer, Guardiola, Kiko, Berges, Lasa, Luis Enrique, Alfonso. En el minuto 52 Amavisca sustituyó a Lasa.

El partido tuvo dos partes totalmente diferentes, en la primera mitad España comenzó jugando a muy buen nivel. Dominando en la zona ancha, pero Polonia esperaba agazapada atrás esperando una contra mortal con la que hacer daño. Ambos conjuntos gozaron de ocasiones para adelantarse en el marcador, Kiko dejó pases de genio, al igual que Guardiola. Ferrer tuvo el gol de España, pero tras regatear al portero Klak y con la portería vacía no acertó a mandar el esférico al fondo de las mallas. Entonces apareció el peligroso Kowalczyk, que en el minuto 37, dio el primer aviso. Se plantó solo ante Toni y este respondió con una enorme intervención. Poco después Polonia puso en serio peligro las aspiraciones de conquistar la presea dorada para el combinado español, al adelantarse en el marcador por mediación de Kowalczyk tras un fallo defensivo en el minuto 45 de partido. Este gol lejos de amilanar al conjunto español le sirvió de acicate, tal y como se pudo ver en la segunda mitad, en la que por el Camp Nou apoyó de forma extraordinaria viviendo una auténtica fiesta olímpica.

En la segunda mitad, el partido fue todo un espectáculo de buen juego, emoción y goles. Miera tuvo buena parte de culpa, puesto que retiró a un defensa, Mikel Lasa y dio entrada a un futbolista más ofensivo como Amavisca. En seis minutos dio la vuelta al marcador y puso contra las cuerdas a Polonia con goles de Abelardo y de Kiko. Todo parecía bien encaminado para la consecución del oro, pero en un nuevo desajuste defensivo Staniek lograba poner las tablas en el minuto 65.

Apoteosis final con el gol de Kiko

España siguió intentándolo hasta el final y la prórroga acechaba a un equipo español ya casi extenuado. Afortunadamente sobre la bocina, en la mítica Zona Cesarini, Kiko llevó el delirio a las gradas haciendo el 3-2 definitivo con el que se aseguró el oro olímpico. Un gol conseguido en el minuto 90 y 25 segundos, en el que el por entonces jugador del Cádiz y conocido como Quico, aprovechó un rechace a disparo de Luis Enrique para batir al meta Klak.

El espíritu olímpico que había invadido Barcelona, España y el deporte español, se desbordó por las gradas del Estadi con una vivencia que logró cambiar el guion hasta entonces habitual de la historia de ‘la roja’. En lo más alto del cajón, entre los míticos aros y el fuego olímpico, un balón, un grupo de futbolistas y sus flamantes preseas doradas, que hicieron entrar a la selección española en la historia del olimpismo.

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