La fe del Mirandés tiene su recompensa
Foto: LFP

Mejor es un punto que una derrota. Esa es una de las conclusiones que se puede sacar del primer partido de la temporada del Real Zaragoza, que ha concluido con empate a uno. En un final de infarto, el CD Mirandés ha aprovechado el bajón físico que han sufrido los zaragocistas y han logrado obtener un empate, resultado quen sería distinto si el larguero no hubiera repelido un cabezazo de los rojillos en el tiempo de descuento.

El técnico serbio del Real Zaragoza repetía el mismo once con el que vencía a la Real Sociedad en el último partido de la pretemporada por 3-0. De ese modo, Wilk ganaba la partida a Morán y Diamanka en el centro del campo y partía de inicio acompañando a Albert Dorca, indiscutible en los planes de Popovic. La incursión del polaco no era la única cara distinta con respecto a la pasada temporada, ya que al centrocampista se unían cuatro futbolistas más: Marc Bertrán, Aria, Hinestroza y Ángel.

Como se podía imaginar antes del comienzo, el conjunto visitante se hizo con el dominio del encuentro desde los primeros compases. Los de Popovic, sabedores del tipo de choque que les esperaba, no se desesperaron y mantuvieron la calma y posesión ante la fuerte presión en el centro del campo del Mirandés. Con un participativo Pedro, por la banda izquierda intentaron crear peligro los futbolistas blanquillos, pero la defensa local se mostraba segura. Aunque el carril zurdo era por donde había transcurrido la mayor parte del juego, la mejor oportunidad maña llegaría por la derecha: Pedro Sánchez realizaba un cambio de banda a la derecha para que Hinestroza hiciera gala de su velocidad y, viendo el desdoblamiento de Bertrán en el área, se la puso para que el lateral centrara buscando el remate de Pedro Sánchez, pero Carlos Moreno metía la pierna en el momento justo para evitar que el zaragocista rematara al esférico.

Cada vez que los hombres de ataque visitantes lograban combinar entre ellos, el peligro rondaba la portería local. Los de Terraza, sabedores de que tenían que frenar ese flujo de juego, decidieron llevar el encuentro a su terreno. Poco a poco, el choque se fue endureciendo con constantes faltas y el ritmo que había instaurado el Real Zaragoza se fue frenando, entrando en la dinámica que querían los locales. Con las faltas laterales y los saques de esquina, los de Miranda fueron encerrando por momentos a los visitantes en su propia área y tuvieron la oportunidad de adelantarse en las botas de Lago Junior tras un centro de Sangalli, pero su remate se iba muy cerca del poste de Bono.   

A estas alturas de la primera parte, el Mirandés ya se había puesto a la misma altura que su rival, que no lograba encontrar los espacios necesarios para llegar a la portería de Raúl. La presión tan adelantada de los locales había surgido efecto y se encontraban cómodos sobre el terreno de juego, dominando incluso en alguna ocasión al rival hasta el final de la primera parte.

El físico condena al Real Zaragoza

La primera mitad había dejado sensaciones contrapuestas. A pesar de un buen inicio visitante, los locales habían logrado cambiar el rumbo del choque hasta igualar a los zaragocistas. En el comienzo de la segunda parte, fue Sangalli el primero en avisar de las intenciones locales, pero Bono se anticipaba y atrapaba el balón. Rapidamente responderían los maños a esa primera ofensiva, pero lo harían de una forma letal: Pedro ejecutaba de forma magistral una falta para que Cabrera peinara el esférico y se introdujera en la portería.

Este tanto supuso un duro golpe para los de Terrazas, que veían como su rival se había adelantado en la primera acción de peligro que habían tenido en la segunda mitad. El Mirandés, obligado a cambiar su estrategia con respecto a lo visto durante los primeros 45 minutos si querían lograr el empate, solo era capaz de llegar a la meta de Bono mediante el balón parado. Por ello, el técnico local decidió mover el banquillo con la incorporación del delantero Abdón Prats. La necesidad por lograr el empate propició que el Real Zaragoza hiciera gala de una de sus armas más peligrosas para matar el partido: el contraataque. La adelantada defensa de los rojillos era aprovechada por la velocidad de Jaime Romero y Pedro Sánchez, pero éste último no se mostró acertado de cara a puerta.

El bajón físico de los visitantes no fue desaprovechado por el Mirandés y lograron empatar el choque

Con el paso de los minutos, el Real Zaragoza sufrió un bajón físico que no desaprovecharon los locales. El equipo burgalés, aupado por una afición que no paraba de animar por la escasa diferencia en el luminoso, logró encerrar a los blanquillos en su propio terreno de juego mediante balones colgados al área buscando a Abdón. En una de estas, el delantero lograba controlar un envío de Sangalli en el área pequeña, pero Bono desviaba el disparo, mientras que posteriormente Pedro salvaba el gol en la línea tras un saque de esquina. No perdonarían a la tercera oportunidad y Abdón lograba establecer la igualada a falta de diez minutos para el final. En los últimos compases, el Mirandés no se dio por satisfecho y fue en busca de un triunfo que el travesaño evitó en el tiempo de descuento tras un remate de Lago Junior. 

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