Momentos Celta - Rayo Vallecano: hidalguía vestida de celeste
Antonio Hidalgo, un clásico del Celta de los 70 (Foto: todocoleccion.net)

Nacido en 1943, se formó como futbolista en los juveniles del Real Betis. Sin embargo su destino se encontraba en tierras extremeñas, adonde llegó en 1966 para jugar cedido en el Extremadura, que por entonces militaba en el grupo 15 de la Tercera División. Sus buenas maneras le facilitaron el pase al CD Badajoz, que acababa de lograr el ascenso a Segunda, categoría que por entonces se componía de dos grupos de 16 equipos. En la capital pacense, Hidalgo completó una muy buena campaña, pese a que su equipo no iba a conseguir la ansiada permanencia. El objetivo no resultaba sencillo ya que coincidió con el momento en que se reestructuró la categoría para unificarla en un solo grupo, por lo que descendían más de la mitad de los equipos que competían. El Badajoz terminó en el decimotercer lugar, por lo que no tuvo opción a salvarse. 28 partidos disputados al completo, con un gol anotado en el choque frente al Real Oviedo, fue el bagaje que provocó que el Celta se interesase en aquel zaguero andaluz intenso y luchador.

Equipo de la temporada 1970/71, Hidalgo primero en la fila superior a la derecha (Foto: foro.delcelta.com)

Con 25 años se presentaba Hidalgo en Vigo para reforzar a un equipo que buscaba el ascenso desde que en 1959 se produjera la última caída. Y lo hacía a primeros de 1969, con toda la segunda vuelta del campeonato por delante. Su incorporación al once vigués fue inmediata reemplazando a Pedrito, hasta entonces un fijo en las alineaciones del técnico guipuzcoano Ignacio Eizaguirre. El equipo ya venía mostrando una solidez importante, moviéndose siempre entre la primera y la tercera plaza. Con Antonio incluso se mejoró la trayectoria, llegando a permanecer 11 jornadas seguidas sin perder y ocupando el liderato durante varias semanas.

Triunfo camino de Primera

Once frente al Rayo Vallecano (11/05/1969)

Desde la cabeza de la tabla se afrontó el choque correspondiente a la jornada 34 frente al Rayo Vallecano en Balaídos. Los de la capital, dirigidos por José Antonio Olmedo, se mantuvieron en la zona media-alta de la clasificación durante toda la temporada pero nunca llegaron a pelear por el ascenso. El Celta, bajo un calor asfixiante, salió dispuesto a finiquitar el choque por la vía rápida. Así, a los 7 minutos abría la cuenta Pocholo de falta directa. Pese a que los de Vigo llevaban la iniciativa el Rayo conseguía fabricar peligrosos contragolpes que no encontraron la portería de Bermúdez. Al filo de la media hora una buena combinación entre Manolo Jiménez y Gabriel Lezcano finalizó con un servicio de este último para que Pocholo colocase el segundo en la cuenta de los de celeste. Poco antes también había sido anulado un gol al moañés Lito por fuera de juego. La primera parte de los locales no admitió réplica y con 2-0 se llegó al intermedio.

En noviembre de 1974 anotó su único gol como jugador céltico

En el segundo acto los de Vallecas buscaron equilibrar el choque a través de un mayor control en el centro del campo. No obstante, la firmeza del Celta resultó insalvable para los de Olmedo, que veían como a los 67 minutos de juego Lito cabeceaba a las mallas un buen servicio de Cesáreo Rivera. Antonio Hidalgo jugó los 90 minutos y se ocupó del sector izquierdo en el contexto de una defensa de tres hombres. Junto con el gran capitán Manolo y el mucho menos habitual Pedro Taberner consiguieron controlar a los atacantes del Rayo, quienes apenas generaron peligro. El 3-0 final dejaba a los locales al borde de un ascenso que se consumaría pocas semanas más tarde, confirmando al Celta como el equipo menos goleado de la categoría. El Rayo no pasó de la novena posición, en el medio de la tabla. Fue un final feliz para la década oscura y la llegada de una nueva era al club olívico.

Un puntal en la zaga

Foto: yojugueenelcelta.com

Para Antonio Hidalgo, aquella temporada no supuso más que el inicio de una larga relación con el Celta, la cual se iba a extender hasta el verano de 1976. El andaluz, quien apenas medía 1,65 metros de estatura, destacaba por la intensidad y la capacidad de trabajo que derrochaba en cada partido. Defensivamente muy fuerte por la derecha, jamás rehusaba ocupar otra demarcación en la que pudiese resultar útil al equipo. Fuera del terreno de juego se le recuerda por su buen carácter y su simpatía. En total disputó seis temporadas en Primera con la casaca celeste, gozando de la confianza de los diferentes técnicos que pasaron por el banquillo de Balaídos. Destacó su papel en la temporada 1970/71 —en la que el Celta logró la sexta posición y la clasificación para la Copa de la UEFA— participando en 27 partidos de liga y acumulando más de 2.300 minutos de juego. Unas cifras que iba a superar en su mejor campaña, la 1971/72, en la que alcanzó los 2.800 minutos y participó en el encuentro de ida frente al Aberdeen. En noviembre de 1974 anotó su único gol como jugador céltico en un empate 3-3 ante el Real Madrid. Su importancia en el equipo no decreció hasta el ejercicio 1975/76, ya con 32 años. El Celta había vuelto a la División de Plata y aunque logró regresar de inmediato a Primera, Hidalgo ya no formaba parte del armazón básico del equipo. En 1976 finalizaba su relación contractual con el club olívico, totalizando 171 partidos con la elástica celeste en los que aseguró trabajo y constancia.

Durante años mantuvo la costumbre de reunirse por Navidad con sus antiguos compañeros, aquellos con los que compartió tantas vivencias futbolísticas en la década de los 70. Antonio Hidalgo falleció en marzo de 2014 víctima de un cáncer, en vísperas de un choque frente al Atlético de Madrid. El estadio de Balaídos guardó un sentido minuto de silencio en su honor.

No cabe duda de que el andaluz era un tipo de esos que dejan huella. El haber formado parte de aquel equipo que, con Juan Arza al frente, consiguió la proeza de pisar Europa, le otorga esa aura especial de celeste setentero. Su ánimo noble y generoso estuvo presente durante todos y cada uno de los partidos en los que intervino. Y la memoria de Balaídos jamás flaqueará con futbolistas honestos y luchadores como Antonio Hidalgo.

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