De Riazor a Riazor: el viaje de Orellana
Foto: Jorge Landín.

13 de noviembre de 2011. Estadio Municipal de Riazor. Deportivo y Celta disputan un derbi apasionante, repleto de tensión, en los puestos altos de la tabla de la Segunda División. Un gol de Riki a los tres minutos puso por delante a los locales durante casi todo el encuentro hasta el intervalo que va entre el 82 y el 83. Apenas un minuto en el que Fabián Orellana fue ángel y demonio casi al mismo tiempo. Primero empató el choque con una jugada llena de habilidad y de fe. Acto seguido perdió un balón tonto en campo propio que permitió a Lassad plantarse en la frontal y perforar la meta de Yoel con un zapatazo que dejaba los tres puntos en A Coruña.

Orellana ha pasado de extremo irregular a atacante total

Aquel minuto representó a la perfección lo que fue el chileno aquella temporada, en la que empezó dubitativo y acabó maravillando con una capacidad de desequilibrio enorme para la categoría. Aquel Orellana era un extremo con facilidad para el desborde y para marcar las diferencias, pero también un jugador intermitente, irregular, que pasaba fases enteras de partidos sin tocar la pelota. Con todo, fue junto a Iago Aspas uno de los grandes artífices del ascenso a Primera División a pesar de volver a caer ante el eterno rival en Balaídos.

Viaje hacia el jugador total

El de mañana sábado será el sexto derbi que dispute Orellana, el jugador de la plantilla celeste que más partidos de la máxima rivalidad ha disputado. Además de los dos mencionados en Segunda, el chileno jugó en Riazor el curso siguiente el famoso partido del cabezazo de Aspas a Marchena que acabó con 3-1, y los dos de la temporada pasada con sendas victorias celestes. En ninguno de ellos ha vuelto a marcar pero, sobre todo en los últimos, ha dejado su impronta.

Tras el ascenso, Orellana volvió a Granada tras su cesión y, seis meses después, el Celta lo fichó en propiedad sobre la bocina del mercado de invierno. La ilusión que generó su contratación no encontró la respuesta del futbolista. No había ni rastro de aquel jugador desequilibrante de Segunda. Apenas un par de asistencias en una floja participación en la temporada de la agónica salvación del 4%.

Junto a Nolito, el único de la actual plantilla que sabe lo que es marcarle al Dépor

Las esperanzas se centraron en que Luis Enrique consiguiera sacar lo mejor del futbolista de Santiago pero la sorpresa llegó cuando el asturiano le dijo que se buscase equipo, que no contaba con él. Finalmente no se produjo la salida y el Ninja acabó entrando en el equipo y volviéndose indiscutible en el extremo derecho. Era el principio de una ascensión que todavía no ha tocado techo.

Y es que con Berizzo, Orellana dejó de ser un extremo de desborde para ser el atacante total. Un futbolista capaz de aparecer por cualquier flanco de la ofensiva viguesa, de asociarse con Nolito y ahora también con Aspas y de generar juego sin parar. Las botas del chileno son un torrente de fútbol.

Cuatro años después, Fabián vuelve a Riazor. Vuelve tras conocer la victoria por primera vez la temporada pasada. Vuelve como peso pesado de un Celta que, como él, ha crecido lo indecible en estos años. Vuelve recién renovado, plenamente identificado y concienciado de que en ningún equipo se ha acercado a su nivel de celeste. Vuelve como el atacante total.

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