Sinfonía blaugrana en el coliseo blanco
Foto: Dani Mullor (VAVEL)

Reportajes fuera, previas a un lado y las opiniones subjetivas guardadas para adentro. En el momento que el árbitro decreta el inicio de un clásico todo lo hablado las horas, los días y hasta las semanas anteriores derivan a un segundo plano. Hablando en claro, no les importan a nadie. Llegado el momento, por suerte, hablan los que saben. Pero callados, sin levantar la voz. Su fútbol, aunque no lo parezca, es el silencio. Sin gritos. Los salones callan, las barras de los bares enmudecen y los protagonistas, los que se expresan con las botas puestas dan paso al espectáculo. El de hoy, de teatro a monólogo. Pero vayamos paso a paso, que digo, de acto a acto.

De Benítez a la orquesta azulgrana

Tres meses, eso ha sido lo que ha tardado en técnico madrileño en ceder al Bernabéu. Tres meses de probaturas y una consignia: el equilibrio. Tras perderlo en Sevilla, Benítez se dejó aconsejar por todos menos por él mismo, el único que sabe de que va ésto. Campeón de dos Ligas con el Valencia y de una Copa de Europa con el Liverpool, el entrenador madrileño vendió su alma al diablo, al palco y al aficionado. Ese mismo que lo tiene ajusticiado desde el primer día que decidió volver a casa. Sin Casemiro, con los jugones y la BBC. Un Real Madrid fisicamente en mal momento se lanzó por el precipicio sin espíritus a los que agarrarse y trató de decirle a papá como se hace un hijo. Como fue lógico, la pelota fue blaugrana. Kroos, Modric y James se pasaron el partido persiguiendo sombras y, la famosa BBC, se convirtió en un periódico de barrio, y que éstos perdonen dicha ofensa.

El Barcelona doblegó al Real Madrid a través de su centro del campo comandados por Iniesta

Entre tanto, el Barcelona jugó a su ritmo. Iniesta, primer capitán por primera vez en la historia de un clásico, había señalado en los días previos la importancia de ser ellos mismos y vaya si así lo fueron. Iniciados por la música de viento que la zona noble del Bernabéu había preparado para Gerard Piqué, el barcelonismo comenzó a moldear su particular sinfonía coral bajo la batuta del manchego. Toques, toques y más toques. Con un Rakitic al violín y un Sergi Roberto haciendo daño en la medular, sólo hubo que esperar unos minutos para que la percusión golpeara. No una, ni dos, ni tres veces. Cuatro.

Un Sergi Roberto de todo menos falso

Más de cinco años después, el nombre de Sergi Roberto volvió a hacerse notar en el Bernabéu de una forma muy diferente. Tras su debút, la figura del joven de Reus ha vivido un sinfín de temporadas ajenas al éxito. Más tiempo en la grada que en el verde, ha tenido que ser esta campaña cuando, aún no se sabía si iba o si venía, se haya desatado la melena. Tras ganar confianza desde el lateral, el centrocampista catalán ganó enteros en el centro del campo aprovechando las bajas y, esta tarde, se ha destapado como un jugador total. Toque, conducción, trabajo y mucha inteligencia. Ahí, en el último punto, reside la clave en su actuación de hoy.

Ubicado en el costado derecho del ataque blaugrana, poco o nada duró el catalán pegado a la línea de cal de la zona defendida por Marcelo. Consciente de la importancia de hacerse con el balón para llevarse el encuentro, Luis Enrique sitúo a Sergi como un falso extremo de forma similar a la que Pep Guardiola hiciera con Leo Messi en el centro del ataque en el famoso 2 a 6. De ahí, el Fútbol Club Barcelona se hizo amo y señor del encuentro, destrozó los tempos del medio del campo blanco y desconectó a unos estiletes blancos más estériles que nunca. Sergi fue clave. La superioridad en el centro del campo derivó en un "no bola no party" en los jugadores merengues. A partir de ahí, el cansancio de sus mediocentros, poco acostumbrados a no tener la pelota, derivó en unos espacios inmensos en el primer cuarto de campo blanco. Hablar de espacios entre líneas y a las espaldas con Neymar, Suárez e Iniesta como protagonistas tiene un final bastante habitual. El resto, por todos conocido.

Iniesta hizo de Messi... y de Ronaldinho

Brazal bien colocado. El bueno de Andrés Iniesta sólo tuvo que contemplar la cabalgada de Sergi Roberto y la definición de Suárez para darse cuenta que había llegado su momento. Con cero a uno en el marcador, el manchego recopiló en su cabeza la exhibición de Banega y Konoplyanka en el Pizjuán como quien analiza el fútbol en una mente privilegiada, vio la sangre en el costado derecho y escogió a su socio, un tal Neymar Jr, e hizo estallar al Bernabéu.

El Barcelona de la última década ha desterrado el pesimismo culé

Primero, con una asistencia al brasileño que dobló la ventaja en el marcador. Segundo, con un control del partido que hizo inútil cualquier atisbo de juanitismo blanco comenzada la segunda parte y, tercero, con un derechazo más propio de Stamford Bridge que de la capital de España. Con el 0-3, y antes de ser sustituído por Munir, cedió el testigo a Messi en la dirección del encuentro y disfrutó, en primera persona, de la perfección del fútbol culé con el cuarto gol, el segundo de Suárez, y la puñalada definitiva al orgullo y señorío blanco. Con su cambio y los aplausos del aficionado blanco a su persona nadie pudo evitar recordar a Ronaldinho. Diez años después, una imagen y dos futbolistas para la historia.

Suárez firmó la última obra

Tras los cimientos de Claudio Bravo -impenetrable, con hasta cuatro paradas de un mérito increíble que, otra vez más, volvió a estar a la altura de las circunstancias. Campeón de todo con el Barcelona y de la Copa América con Chile, ¿alguién duda de qué hablamos del mejor portero del año que termina?-, un sinfín de pases, combinaciones y movimientos acabaron por dejar de rodillas al rival histórico por excelencia, otra vez más. Dominador de Ligas y mejor club del siglo XX, de una década aquí no termina de despertar de su pesadilla. El Barcelona, que ha dejado de lado secuestros, lesiones y penas, ha desterrado el pesimismo. Y ésta, es la peor noticia que ha podido recibir el madridismo.

Con el definitivo cero a cuatro obra de Luis Suárez el partido dejó consigo una última acción, digamos reacción, que desnudó al madridismo. La patada de Isco, expulsado en el acto, continúo con una cantinela de aplausos en defensa de un jugador que mostró su peor cara tras haber sido barrido sobre el campo.

Con esto, y los errores de Munir para traer consigo una nueva manita, la segunda en el Bernabéu desde aquella mágica noche comandados por Johan Cruyff, el partido se despidió con un Real Madrid empequeñecido, con una crisis interna e institucional inmensa y un liderato ya a seis puntos de un Barcelona, con Messi de vuelta, que ha confirmado su favoritismo para, porqué no, volver a conseguirlo todo.

VAVEL Logo