A las puertas de Mordor
Foto LFP.

Tras un brillante inicio de viaje y algunos obstáculos recientes, el Celta hincó la rodilla con claridad el día menos indicado para hacerlo. El duelo entre las dos torres del fútbol gallego dejó a un Deportivo que sí dio lo que se esperaba —agresividad, intensidad, coraje— y a un equipo vigués incapaz de mantener el ritmo exhibido en los primeros dos meses de competición.

Tras la emoción, ¡fuego!

Un Riazor completamente lleno asistió al precioso acto previo al partido en el que atronó el himno gallego por la megafonía con un bonito mosaico en las gradas. Aficionados de ambos equipos cantaron el himno en un gesto que apunta hacia la racionalización de una rivalidad demasiado exacerbada en años anteriores. Pero la rivalidad es rivalidad y el Deportivo salió concienciado de ello, en un estado de excitación óptimo ante un Celta contemplativo que vio como Lucas Pérez le ganaba la espalda a su línea defensiva una y otra vez.

Lucas Pérez fue una pesadilla para la zaga celeste.

Tras un aviso del ariete de Monelos, Nolito tuvo una ocasión inmejorable cuando le robó la cartera a Arribas y se quedó solo ante Lux al que quiso batir con una deficiente vaselina que acabó en las manos del arquero argentino. La respuesta local fue inmediata: una mezcla de intensidad para recuperar y velocidad y verticalidad para salir que desarboló a la zaga celeste. Fontàs sufrió lo indecible en las acometidas de los atacantes deportivistas, que lo superaron con y sin balón. En una de estas embestidas, el Dépor se adelantó en una jugada algo embarullada que acabó con un remate a placer de Lucas Pérez en posible fuera de juego.

No hubo tiempo de ver cómo afectó el gol a los célticos. Acto seguido del tanto local, Aspas fue derribado por Navarro dentro del área y el árbitro decretó penalti. Nolito ejecutó y Lux paró con una intuitiva intervención a su derecha. Dos errores poco habituales en el sanluqueño que, como todo el equipo, no tuvo su noche en Riazor.

Sin recursos

El resto del primer tiempo transcurrió entre la intensa presión local y el carrusel de imprecisiones visitantes. Tan solo el Tucu Hernández dio algo de continuidad al centro del campo con un Daniel Wass muy desdibujado. La segunda parte arrancó de manera similar, pero con el globo local deshinchándose poco a poco. El Celta, más liberado, pudo trenzar un poco más el juego, aunque sin demasiados alardes.

Sidnei y Arribas no sufrieron con los balones colgados.

Con el paso de los minutos, el Dépor se echó más atrás para tratar de encontrar un contragolpe que matase el partido. Fontàs recayó de su lesión y dejó su sitio a Planas. Jonny pasó al centro de la zaga mientras que por delante no aparecían soluciones. Berizzo optó por meter a Guidetti, pero aunque se dejó todo el en el campo, el sueco no pudo ofrecer recursos diferentes. La incapacidad ofensiva del Celta le llevó a traicionarse a sí mismo colgando balones al área, verdaderos caramelos para Arribas y Sidnei, que apenas sufrieron.

En el tramo final se vieron los dos únicos conatos de tangana de un partido muy tranquilo. Juanfran estrelló contra el palo un zapatazo desde media distancia. Por parte celeste, tan solo un tímido disparo de Aspas desde la frontal que Lux detuvo sin complicaciones. Ya en el descuento, el Dépor cerró el partido gracias a un error de coordinación entre Jonny y Sergio. El guardameta salió de su marco a recoger un pelotazo desde el área deportivista pero el de Matamá no escuchó su grito y cedió atrás, hacia una portería desprotegida que vio como el balón entraba llorando en ella y desataba definitivamente el júbilo en las gradas del Municipal coruñés.

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