Manotazo a las dudas
Foto: José Cabeza

Llegó el día. El San Fernando CD de Pepe Masegosa ganó, pero también convenció. Lo hizo con autoridad, de manera sencilla, plácidamente. Llegó incluso a parecer que cualquier espectador podía saltar al terreno de juego a sumarse a la fiesta porque no había rival. "Gobernar es hacer creer", decía Maquiavelo. Y teniendo en cuenta el sentimiento que invadió el Puntas Vela de Rota durante los noventa minutos de encuentro, el cuadro azulino  lo hizo sin dar opción a su enemigo.

En ningún momento hubo disputa por el encuentro. Los puntos parecían ya en el bolsillo echando un vistazo a las gradas. Azul por aquí, azul por allá. Había hambre en la afición isleña. Pero más aún en el once inicial planteado por el técnico sevillano.  Masegosa alineó al recién fichado Óscar Oliva como la chica presumida que sale de noche con el pañuelo de seda que se ha comprado horas antes. Dicho toque, según ella, embellece todo su conjunto y terminará de conquistar al chico del que está enamorada.

La jugada no le pudo salir mejor al preparador azulino. Óscar demostró ser maduro a pesar de sus veinte años e hizo gala de unos pulmones de hierro. Corrió sin pausa  hasta hacerse dueño de la zona de creación, que vigilaban sin descanso Jorge y Pablo Vázquez. Cuando ya era el jefe allí, no paró. Siguió corriendo. Trabajando. Creando.

Si hay algo que Oliva no ha cambiado desde que emigró con apenas dieciséis años es su visión de juego. Un director de orquesta joven y de la casa. Otro más para hacer que los músicos como Tati, Ñoño, Edgar, Dani Martínez y compañía toquen la melodía más acertada en el momento justo. El eslabón que faltaba. El hombre encargado de engrasar a la “Cañaílla Mecánica”. Bendito error burocrático de Albacete y La Roda que ha permitido a un diamante volver a La Isla.

¿Pero qué demonios ha liado ese niño?, se preguntarán. El segundo gol del San Fernando resume a la perfección su partido. Controló de espaldas, aguantó las tarascadas de su par y, libre como el viento, quebró a dos rivales más. Para terminar su intervención, se permitió el lujo de poner el esférico allí donde Tati ya se había desmarcado. Maldonado completó la maravilla de vaselina ante el delirio de los espectadores que justificaban el precio de la entrada.

El San Fernando disfrutó ante una Roteña demasiado cándida en todas sus líneas

Mientras tanto, en el círculo central, el capitán de la Roteña, Jairo, personificó el estado anímico del conjunto rival. Tendido y lamentándose de no poder hacer frente a semejante ciclón. Era, como se suele decir, la imagen de su entrenador en el campo. Zafra no buscaba responsables, ni tan siquiera daba órdenes específicas a sus pupilos. Simplemente aguantaba el chaparrón de pie, sumido en sus pensamientos.

El técnico local solamente se lamentó airadamente en una ocasión. Corría el minuto 19 y el San Fernando dominaba totalmente el partido de manera extrañamente cómoda teniendo en cuenta la categoría. Ni una sola patada para cortar la circulación aseada de balón. Los azulinos eran incapaces de penetrar por la banda de Gabi y Ñoño, pero sí que habían tenido la opción de hacerlo por la izquierda, donde Dani Martínez superaba una y otra vez a Johnny. Por este motivo, el gol que abrió la lata parecía cuestión de tiempo.

Vendaval azulino

Y fue a balón parado. Ese tipo de acciones que decantan encuentros. Saque de esquina desde la derecha de Dani Martínez y cabezazo imperial de un Solano totalmente asentado en el eje de la zaga del equipo de su ciudad. Si el centro ya era medio gol, el de La Isla se encargó de fabricar el otro medio marcando los tiempos en el salto y posterior remate. De diez. De 0-1.

A partir de entonces, la Roteña se esfumó del encuentro. No existió. O, mejor dicho, fue expulsada del terreno de juego por su rival. El San Fernando, además de calidad, demostró intensidad y hambre. Siguió mordiendo para ahogar al enemigo. Cuando la Unión Deportiva buscaba salir de la cueva, el Club Deportivo intimidaba aprovechando los espacios de la retaguardia rojilla.

Tras la obra de arte de Óscar y su posterior conversión en el 0-2, los de Zafra se entregaron definitivamente. El San Fernando se dedicaba a jugar un rondo a campo completo. Óscar mandaba y Dani Martínez era un auténtico cuchillo, del que sacó provecho Tati para completar su doblete. El madrileño ganó una disputa aérea en el área grande y cedió para el improvisado “killer” azulino.

Todo con suma facilidad. Sin forzar. Cumpliendo el expediente y disfrutando. Antes del descanso, el vendaval provocó la caída de otro fruto. El zarandeo continuo al metáforico árbol de los goles trajo el cuarto al Puntas Vela. Otra vez por la izquierda. Nuevamente Dani Martínez. El madrileño volvió a entrar hasta la cocina y regaló otro pase con marchamo de gol para un Jorge Herrero que solo tuvo que empujarla.

Pablo Niño mejoró a la Roteña, pero el San Fernando apretó hasta conseguir la manita

Como se ha citado anteriormente, no había duelo. El San Fernando gobernaba sin compasión. Zafra buscó la reacción de los suyos, dando entrada a un Pablo Niño que dio algo de fútbol al colista. Villa lo acompañó como apagafuegos, sentando ambos a Dani y Hermida. La Roteña mejoró, algo que no era muy complicado, pero la intensidad azulina seguía haciendo improbable cualquier ocasión local.

Todo lo contrario. De hecho, el monólogo continuó tras la reanudación. Óscar y Ñoño tuvieron el quinto al poco de arrancar el segundo tiempo. El extremo buscaba ya desesperadamente buscar su gol, pero no lo encontró para su desgracia. Cuando el choque entró en el periodo idóneo para refrescar, Ñoño ya sabía que podía ser uno de los sacrificados.

Tati fue el primero, dejando su puesto a Francis. Curiosamente, el sevillano y Edgar se cayeron del once y permitieron que el San Fernando volviera de inicio al 4-3-3 de la temporada pasada con Maldonado de falso nueve y Ñoño y Dani en las bandas. La fórmula, como se ha podido comprobar, sigue resultando un éxito, sobre todo con espacios.

Siesta en la segunda parte

Fue así como llegó la manita. Ñoño ya estaba en el banquillo relajado, al igual que Solano. Ambos contemplaban las acciones de sus sustitutos, Carlitos y Edgar, que no pecaron de egoístas a la hora de ceder a Dani Martínez la posibilidad de cerrar el marcador a placer.

Era el minuto 66. Óscar seguía corriendo como si del primer minuto se tratase. El San Fernando decidió no hacer más sangre. Carlitos se permitió el lujo de dar espectáculo con detalles que solo él puede ofrecer en Tercera División y la grada aguantaba el frío a base de cánticos y sonrisas.

En el Puntas Vela se estaba cerrando un partido sin historia, pero, a la vez, un envite que puede significar un punto de inflexión en la temporada del Club Deportivo. Los de Masegosa recuperan el liderato y la confianza perdidos la semana pasada. Además dio el golpe en la mesa intimidatorio para sus rivales que se le demandaba y descubrió a una joya con mucho futuro por delante.

Óscar Oliva paró su cuentakilómetros en el 90’. Se marchó a vestuarios satisfecho, imaginando la catarata de elogios que se le venía encima. En efecto. Su irrupción en el cuadro cañaílla ha sido arrolladora. Quizás era el hombre que faltaba para dar un verdadero manotazo a las críticas.  0-5. Próxima parada: Coria CF. 

Fotos del cuerpo:

Foto 1: deportedelaisla.com

Fotos 2 y 3: José Cabeza.

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