Entrevista. Carboni: "Si era por los test físicos, Amedeo hubiera continuado jugando varios años más"
Fotomontaje: VAVEL

Amedeo Carboni (Arezzo, 6 de abril de 1965) todavía respira fútbol por los cuatro costados. A pesar de vivir en Valencia muchos años, maneja un italiano-español personalísimo. Como jugador, tenía más alma que nadie. Una amarilla le privó de la final de París y una mano suelta de Kahn le robó la gloria en Milán. En el Valencia, el zaguero vivió una segunda juventud pese a llegar con la treintena ya cumplida. Rompió los pronósticos y logró poner punto y final a su carrera con 41 años, 1 mes y 10 días, delante de un estadio que lloró su adiós. Hoy, la vida del “abuelo” ha cambiado. La cita es en un escenario diferente. Señor fuera y dentro del campo, el té verde y el agua los paga él. "Habéis venido vosotros hasta aquí. Yo ya he ganado bastante, ahora es vuestro turno", impone para invitar. Su DNI asegura estar bajo el dintel de los cincuenta, aunque el pelo rizado, acompañado de una sonrisa que ni daña ni ofende nos hace dudar. Mientras tanto, en el recuerdo, suena la megafonía de Mestalla: “¡Amb el 15 a l’esquena, Amedeo Carboni!”.

Pregunta.- ¿Cómo fueron sus inicios en el mundo del fútbol?

Respuesta.- El hecho de tener hermanos mayores que jugaban al fútbol me llevó hasta este mundo, además aprendí mucho de ellos. Luego, pues como todos los niños, se empieza a jugar en la calle, en las terrazas, sitios por los que no pasaban muchos coches. Por suerte, en mis primeros pasos no había tantos vehículos como ahora. Más tarde, cuando me di cuenta de que me gustaba este deporte, ya pasé a algo más profesional, como a jugar en el club de mi ciudad.

P.- ¿Qué recuerdos le trae Arezzo a nivel personal y profesional?

R.- Jugar para el equipo de tu ciudad es algo indescriptible. Es aquello que siente un valenciano cuando defiende los colores del Valencia. Eso sí, salvando las distancias, ya que en ese momento el Arezzo estaba en Segunda División.

P.- Debutó en la élite del fútbol en septiembre de 1985 cuando, siendo jugador del Bari y con el Milán de rival, relevó a Losetto II en el minuto 80 de aquel partido. ¿Qué supone esto para Carboni?

R.- Fue mi primer partido en la Serie A. Es imposible olvidarlo, porque el sueño de cualquier futbolista es llegar a la élite, jugar con la selección y más tarde, ganar títulos. En cualquier trabajo hay que tener ambición en algo y en ese momento, mi objetivo era llegar a lo más alto. Cuando salté al campo me sentí como cualquier chaval de 18 años, en las nubes.

Carboni en un momento de la entrevista. Foto: Vicente Tafaner

P.- De su paso por clubes como el Bari, la Sampdoria, el Parma o la Roma, ¿con qué se queda?

R.- Sampdoria y Roma han sido los dos grandes equipos italianos en los que he estado. En Génova pasé dos años fantásticos. Tengo grandes recuerdos porque aparte de que ganamos muchos partidos, fue el club con el que di el salto a la selección.  En la capital de Italia fui capitán, compartí vestuario con grandes futbolistas y me sentí muy querido. Eran dos sitios para vivir bien. Roma es fantástica, una ciudad tremenda en el doble sentido, tanto en lo bueno como en lo malo. Si el equipo va bien, te ponen a la altura del Papa y no se puede ir por la calle, pero cuando se pierde, pasa todo lo contrario, tienes que quedarte en casa. Al fin y al cabo, todo forma parte de este trabajo.

P.- ¿Cómo nace la oportunidad de fichar por la Roma?

R.- Tuve una pelea con un jugador que era el hijo predilecto del presidente y uno de los dos tuvo que salir. Claro, como yo era el que había llegado más tarde, pues me tocó marcharme, aunque realmente me fui porque vino la Roma a buscarme y me parecía un sitio fantástico para jugar. Hubiera podido quedarme en la Sampdoria porque todavía tenía contrato, pero pensé que era el momento adecuado para fichar por un club como la Roma.

P.- Allí conoce al mítico Rudi Völler, ¿cómo era el atacante dentro y fuera del campo?

R.- Rudi era tremendo. Un alemán italianizado. Solo comía pasta, para él no existían ni las salchichas, ni las patatas (risas). Futbolísticamente era un jugador fantástico. Ahora sigue de director deportivo en el Bayer Leverkusen. Es toda una leyenda del fútbol.

P.- En su tercera etapa como jugador romano, empieza a entrenar con el primer equipo y a contar con sus primeros minutos un joven llamado Francesco Totti. ¿En ese momento, apuntaba tan alto como para pensar en lo que ha hecho y hace por el fútbol italiano?

R.- Ciertamente, se veía que era un chaval que destacaba mucho en el filial. Se notaba que tenía algo más que los demás. Se fue un año cedido porque vino un entrenador que apostaba más por la gente mayor, pero luego cuando ya ficharon a Mazzone, que es un técnico italiano de la vieja escuela, apostó por él y la jugada le salió bien. Desde entonces no ha salido del club y hoy, es una referencia para todo joven que se inicia en este mundo.

P.- Es cierto que en sus siete temporadas solo ganaron una Copa de Italia pese a tener buena plantilla.

R.- Sí y perdimos una UEFA ante el Inter de Milán. Creo que nos faltó algo más de suerte en algunos tramos complicados de la temporada aunque la plantilla, jugador por jugador, era excepcional.

P.- A nivel de clubes, Italia ha recuperado mucho prestigio.

R.- Ahora no tiene tanto como cuando yo jugaba. En aquella época era de lo más. En los años 90, Italia era la liga más importante de Europa. Venían los mejores jugadores del panorama futbolístico. Si uno se para a analizar las plantillas que había en esa época en el campeonato italiano, se da cuenta de que era tremendo. Pienso que yo me marché en el momento, justo cuando Italia empezó a perder algo, no a nivel de selección pero sí a nivel de liga.

P.- Entonces se podría decir que la Serie A no está a la altura de la Liga BBVA.

R.- Sí. La Liga sigue estando delante. Junto con la Premier League siguen siendo las ligas más importantes de Europa.

Carboni llega a Valencia. Fuente: 100x100fan.com

P.- Sigamos con su carrera. Valencia en el año 1997. ¿Quién le trae hasta el club de Mestalla?

R.- Yo nunca he tenido representante.  Me trajo el que era mánager de Roberto Baggio, que se llama Antonio Caliendo, un hombre que también portó a Daniel Ortega. En ese momento, él me conocía y me preguntó: “¿Amedeo, por qué no te vienes a Valencia?”. Yo venía de superar una lesión muy importante, con un rotura en el talón de Aquiles, que me dejó sin Mundial y le aseguré que no estaba del todo preparado para ello. Él me insistió y al final, cuando vinieron el presidente del Valencia, Paco Roig, junto a otro dirigente que era Jesús Barrachina, me acabaron convenciendo y firmé en una servilleta mi fichaje por el Valencia.

P.- Con 32 años cambia de campeonato, se planta en Valencia, y debuta con dos expulsiones seguidas.

R.- En el primer partido me expulsan ante el FC Barcelona en una jugada contra Figo, que ha sido siempre mi principal rival. Todavía lo recuerdo como si fuera ayer. Yo creo que con el tiempo, empezar mal fue mi verdadera suerte. Siempre lo pienso, por mi carácter, que me ha dado más fuerza. Yo no soy una persona que le pasa algo malo y se hunde, soy completamente al revés. A mí me gusta luchar, pelear, cambiar los retos… y cambiar el reto de mi entrada en Valencia fue mi gran éxito.

"No he vuelto a ver la segunda final de Champions contra el Bayern"

P.- Se le colgó la etiqueta de tipo duro, además de recibir muchas críticas por parte de la afición.

R.- Solo de entrada, eso ya entraba en mi descripción por ser un defensa italiano (risas). Lo que conseguí con esas dos expulsiones, es salir en la primera página de los periódicos. Tengo que admitir que me gustaba ir al choque. Al final era decidir ''o pasas tú o te la robo yo''. Es la clásica enseñanza de todo zaguero italiano.

P.- No obstante, en Valencia logró llegar a dos finales de Champions de manera consecutiva, eso sí, sobreviviendo año tras año vendiendo a sus mejores futbolistas. ¿Cuál era el milagro?

R.- Cada año se iban jugadores importantes, que libremente elegían hacer otro camino, y llegaban otros nuevos, pero lo que se mantenía siempre era la columna vertebral del equipo. Gente comprometida, mayor de edad, todos por encima de los treinta años. Estos eran el verdadero ejemplo para los que llegaban. Los veteranos siempre eran  los primeros en llegar a los entrenamientos y los últimos a la hora de marcharse y quieras o no, eso deja rastro en todos los futbolistas. Para los que venían nuevos, Valencia era una verdadera escuela. Creo que ese fue el verdadero milagro.

P.- Hablemos de la primera final de Champions con el Valencia, ¿qué supuso para usted no estar en la final?

R.- Recuerdo que no estuve en esa final por una segunda amarilla que vi en Barcelona. Un linier de los que arbitraba, era italiano, y le di pena cuando fui amonestado. Así me lo hizo saber al finalizar el partido, además me aseguró que no la merecía y que no sabía el porqué me la había enseñado el colegiado. Pero bueno, en ese momento, lo que piensas con 36 años es: “¿Cuándo volveré a jugar una final de la Champions League?” El destino, por suerte, quiso darnos otra oportunidad y disfrutamos mucho, pese a no levantar el título en ninguna de las dos.

Carboni se lamenta tras fallar el penalti. Foto: worldfootball.net

P.- Precisamente de ello hablaba. Segunda final de Champions consecutiva, partido en tablas y llega la tanda de penaltis. ¿Cómo fue el antes y el después en la vida de Carboni tras el lanzamiento de aquel penalti en Milán?

R.- En ese momento se te cae el mundo porque yo estaba convencido de que íbamos a ganar. La derrota no era una posibilidad que se me pasara por la cabeza, entonces cuando se pierde por penaltis, habiendo tenido ocasiones durante los noventa minutos para rematar el partido, da rabia. Cuando fallé, pensé no solo en mi error, sino también en el dolor que di a mucha gente. Es el peor augurio que le puede pasar a una persona, sentir el dolor de todos. Yo sentí el de todos los valencianos. Estuve quince días que no dormí mucho. Luego, toda esa adrenalina que acumulé, me la he guardado como un buen recuerdo, porque al fin y al cabo, son sensaciones únicas en la vida. No has matado a nadie, aunque a ti sí que te haya matado. Ahora que lo pienso, es algo muy bonito.

P.- ¿Ha vuelto a ver la final contra el Bayern?

R.- No. Solo he visto el penalti tres o cuatro veces. La verdad es que en mi lanzamiento tuve muy mala suerte. El portero toca con la mano, el balón golpea en el palo, bota sobre la línea y se va fuera. Fue una pena, aunque no hay duda en que volverán esos tiempos en los que la pelota sí que entrará y el Valencia levantará títulos a nivel internacional.

P.- Después de ese punto y seguido, el Valencia logra ganar dos ligas y una UEFA. En el campeonato nacional, superando a dos grandes del momento como el Real Madrid y el Barcelona y en UEFA, pasando por encima de rivales como el Girondins de Burdeos o el Oympique de Marsella en la final, todo ello sin tener un equipo sin estrellas mundiales. ¿Cuál era la clave de tanto éxito?

R.- La rabia de haber perdido dos grandes oportunidades y saber que cada año era más difícil conseguir algo importante, tanto en España como en Europa. Cuando ganamos la UEFA, nos produjo una liberación tremenda. Sabíamos que era nuestro momento. No podíamos dejar en vano todo lo que habíamos hecho antes. Al final, Europa nos sonrió y pudimos celebrar el título como es debido.

P.- Hábleme un poco sobre la curiosa peluca naranja y que ahora se exhibe en el museo del Valencia.

R.- La cambié con un chaval que quería algo mío en el campo donde ganamos nuestra primera liga. Yo tenía la camisa y él me dio la peluca. Me la puse, y ahí empezó esa historia. La verdad es que me traía suerte y como la sacaba cada año que ganábamos algo, pues al final quedó como la peluca que lleva muchos títulos. En definitiva, todo son momentos de locura, porque aunque tuviera treinta y ocho años, en esos momentos te sientes como un niño pequeño. Ver a tanta gente feliz es lo más bonito que te puedo dar este deporte.

P.- En 2003 regresa al Olímpico de Roma y consigue poner en pie a todo el estadio y ser despedido con una grandísima ovación. Más tarde, en su último partido en Mestalla, con la elástica del Valencia, ocurrió lo mismo. ¿Qué siente un futbolista cuando le suceden estas cosas?

R.- Satisfacción. Son los grandes trofeos de cada futbolista. Cuando ganas algún título tienes que compartirlo con todo el mundo porque todos han aportado, pero cuando pasa esto, solo te pasa esto a ti, a tu persona. Cuando sucede, te lleva a pensar en que has hecho un buen trabajo, porque si la gente te aprecia allá donde vas es porque algo bueno debes haber hecho, no sé qué, pero algo seguro que habré hecho bien.

"Si era por los test físicos, Amedeo hubiera continuado varios años más"

P.- También fue internacional en su trayectoria como futbolista un total de 18 veces.

R.- Me perdí dos mundiales porque me rompí el cruzado anterior en una edición y el tendón de Aquiles en otra, pero al fin y al cabo, son cosas que pasan en la vida y más si te dedicas a este tipo de deporte. Yo he disfrutado mucho y no me puedo quejar de la carrera que he tenido a pesar de tener estas espinitas clavadas en mi currículum futbolístico.

P.- ¿Cómo consigue ser titular para todos los técnicos que tuvo en su etapa como valencianista, exceptuando la última con Quique Sánchez Flores?

R.- Reconozco que era una persona muy competitiva. Lo era y esto es una marca importante a la hora de jugar partidos importantes, a la hora de jugar en un gran equipo. Ser competitivo te permite estar siempre a la altura contra cualquiera, en cualquier momento. Es cierto que cada uno tiene diferentes aptitudes, pero cuando se adopta esta postura, es muy complicado que alguien te gane. Yo puedo destacar de mí que era muy difícil superarme, no solo por habilidad técnica y rapidez, sino también porque me gustaba leer la jugada antes. Esto siempre me ha llevado a ser eficiente en todos los años en los que he estado jugando al fútbol.

P.- ¿Cuál es la receta para que un jugador llegue a los 41 años con el estado físico y mental que usted tenía?

R.- Pensar que el entrenamiento es el mejor partido de la semana. Tú puedes jugar bien un partido aunque por la noche no hayas dormido, pero el secreto para poder llegar bien al partido es entrenar siempre por encima de las posibilidades de cada uno. Intentar siempre superar los límites. En un entrenamiento no existe la tensión del partido, entonces lo que se tiene que hacer es explotar más el cuerpo para llegar en grandes condiciones a cada encuentro. Así lo hacía Carboni.

P.- ¿Y cuándo empieza Carboni a verse fuera del Valencia y fuera del fútbol?

R.- Con la llegada de Quique Sánchez Flores. Todo se resume así: el año que estaba Fabio Aurelio, un jugador buenísimo, él tenía características brasileñas. Era menos defensivo, mucho más técnico y más ofensivo, entonces sí que lo hubiera entendido. Cuando el míster hubiera preferido jugar al ataque, hubiera puesto a mi compañero y cuando hubiera querido jugar a defender, hubiera puesto a Carboni. Pero claro, Moretti, jugaba como yo, entonces no se sabía por qué yo no jugaba nunca y siempre lo hacía él. Luego, más tarde, ya se supo, aunque nunca he llegado a entender su postura. Si era por los test físicos, Amedeo hubiera continuado varios años más. Siempre estaba entre los cinco primeros, no era una cuestión de edad.

P.- ¿Le quedó algo pendiente al Carboni futbolista antes de colgar las botas?

R.- Obviamente, haber traído la Champions League a Valencia. Eso hubiera sido muy bonito. No a nivel personal, más bien a nivel grupal porque esta ciudad y este equipo creo que merecen tener en su vitrina un trofeo de ese calibre. También la afición, de la que tengo un gran recuerdo. En los entrenamientos, antes estaban todas las puertas abiertas, venía gran cantidad de gente a vernos y eso es lo que hace grande a un equipo.

Carboni estrecha la mano con Juan Soler. Foto: epimg.net

P.- Y de las botas al traje y corbata, ¿qué le sucede en la mente a Carboni para pasar a ser director deportivo?

R.- Mi idea al desvincularme del fútbol era salir de aquí y marcharme a Estados Unidos para disfrutar con la familia y probar algo nuevo. Mientras tanto, durante ese año que dejé de jugar, el presidente empezó a hablarme de mi futuro, además, yo iba todos los lunes a Madrid para sacarme el título de director deportivo y agente FIFA. Luego, cuando acabé, como siempre me han gustado las negociaciones, me ofreció esa oportunidad y acepté con mucho gusto.

P.- Como futbolista no tenía representante y se enorgullecía de firmar contratos en servilletas. Como director deportivo, la cosa debió cambiar.

R.- La cosa cambió en todos los aspectos. Los mismos compañeros con los que había compartido vestuario y me llamaban “abuelo”, me miraban de manera distinta. La situación me obligó a cambiar.

P.- Usted llegó de la mano de Juan Soler. ¿Cómo valora su paso por la presidencia?

R.- Aunque él me despidió, yo nunca le he guardado rencor porque siempre he pensado que Juan Soler es una buena persona. Lo que pasa es que no fue afortunado a la hora de saber ver quién eran los amigos o los enemigos. Ahí no fue listo. Si nos paramos a pensar, ha sido el único presidente que se ha dejado dinero suyo por el club, que no se ha llevado ningún interés, por lo que le valoro mucho.

P.- ¿Qué pasó con Quique Sánchez Flores?

R.- Él delante de toda la comisión del club decía que todo me estaba permitido y que todos los demás estaban en contra de su figura. Yo no lo entendía, porque yo quería traerle los jugadores que le gustaban. Cuando él nos comentaba que le interesaba alguien, se lo traíamos y cuando nos pedía otro y no podíamos, le poníamos una lista de cinco futbolistas y siempre lo acababa rechazando y eso que todos eran internacionales. Simplemente, era muy difícil. No entendí nunca esa manía.

P.- ¿Es cierto que pudo fichar a Carlo Ancelotti como técnico del Valencia?

R.- Sí. No traerlo fue mi gran error. No insistir más a Soler en que echara a un entrenador que para mí no era bueno para el club y hacerle ver que Ancelotti era la persona adecuada para guiar a los jugadores, fue mi principal fallo.

P.- Quique Sánchez Flores ganó la primera ronda, se fue usted y a los meses echaron al entrenador. ¿Qué pensó?

R.- No es agradable que un club sufra la destitución de un técnico, aunque en lo personal sí que me produjo una pequeña satisfacción. El presidente y muchos periodistas me pidieron disculpas.  Por quien más lo lamenté fue por Soler, que en aquel momento no supo ver quién era el bueno y quién era el malo para ocupar el cargo del banquillo del Valencia.

P.- ¿Qué fichaje sintió no haber podido formalizar para el Valencia y cuál cree que fue su mayor fracaso?

R.- Sin duda, Carlo Ancelotti. Ahí hubiera tenido que forzar más aunque dentro del Valencia había un representante que tenía mucha mano, que el presidente le escuchaba mucho y que además, Quique Sánchez Flores era su entrenador. Al final no pudo ser y todo se quedó como estuvo. En cuanto a jugadores, el que para mí más fracasó fue Del Horno. En aquel momento venía como el mejor lateral izquierdo del momento, del Chelsea e internacional con España. Ahí yo pensaba que podía rendir y mostrar esa garra vasca. No lo fichamos por mucho dinero, una cifra cercana a los siete millones de euros, que en aquella época todos pensaban que era poca en relación a la calidad del jugador, pero yo me esperaba mucho más de él. Ese fue mi mayor error. Es cierto que algunos hablan de Tavano, pero el italiano aún sigue jugando y siempre ha metido goles. Quique, como lo había traído yo, no lo quería sacar. En siete meses, apenas jugó. Era algo impensable, aunque eran sus decisiones y no pudimos hacerle cambiar de pensamiento.

P.- Más tarde probó suerte en el Mouscron compartiendo cargo con Juan Sánchez y con Djukic en el banquillo pero los problemas económicos obligaron a dejar el club. ¿Cómo fue esa experiencia?

R.- El problema fue que a los seis meses el propietario se quería quedar en China y no quería volver, por lo que no sabíamos qué hacer. Fue una experiencia bonita, porque el fútbol belga está a un gran nivel. Yo he viajado mucho y he visto a muchos jugadores, pero en categoría juvenil pienso que Bélgica tiene una de las mejores canteras de Europa. Lamentamos los problemas económicos que más tarde llegaron, pero yo creo que los tres lo guardamos como una etapa especial.

Carboni el día de su despedida. Foto: estebanfdezgarcia.com

P.- Hablemos ahora del actual Carboni, ¿qué funciones desempeña actualmente?

R.- Tengo una empresa de eventos relacionados con el fútbol aunque soy autónomo, en el sentido de que no quiero tener jugadores. Yo pongo en contacto a los clubes. Ellos me llaman cuando quieren venir a España y quieren saber cosas sobre algún equipo o algún jugador. Mi intención es estar siempre ligado al fútbol.

P.- ¿Piensa volver algún día al Valencia, ya sea como técnico o como director deportivo?

R.- Aquí vivo y este ha sido mi último club. Me aprecia mucha gente, he vivido muy bien y trabajar en un club que te ha dejado algo tan grande, creo que es bueno. Claro que volvería, porque para mí sería una gran ilusión volver a trabajar para ellos.

P.- Sobre el Valencia, ¿cómo lo ve de cara a esta temporada?

R.- Sinceramente, después del pasado año, me esperaba algo más a nivel de competitividad porque si nos fijamos en la anterior temporada, creía que esta iba a ser en la que tanto jugadores como entrenador iban a dar el salto definitivo. La gente piensa que el Madrid o el Barcelona son invencibles y que tienen más historia, pero yo pienso que no son más grandes que el Valencia como equipo. Esta campaña creía que podría competir contra ellos. Por el momento, no está siendo así y está teniendo problemas para poder llegar a lo más alto. Creo que el principal problema está en que la plantilla es bastante joven.

P.- ¿Confía en el proyecto de Peter Lim? Usted estuvo presente en esa puja por hacerse con el control del Valencia.

R.- Hay que confiar siempre. Está claro que en todo no se puede compartir la misma opinión pero hay que apoyar y apostar a la persona que esté al mando. Habrá tiempo para decir si ha sido un éxito o no, pero mientras tanto, hay que creer. Es cierto que, durante el proceso de venta, a mí me buscaron tres empresas que querían comprar el Valencia para avalar el proyecto deportivo y a mí, que me gusta esto, no podía decirles que no. Si me hubiera llamado Lim, también hubiera aceptado la oferta. No tengo nada en contra de él.

P.- La fábrica de Paterna ha cuajado muy buenos laterales izquierdos como Jordi Alba, Bernat y Gayà. Todos ellos crecieron viéndole jugar y ahora se han convertido en referentes dentro del panorama futbolístico. Podría decirse que sus sucesores han dado y están dando la talla.

R.- Son tres jugadores que lo están haciendo muy bien y que incluso me atrevería a decir que son mejores que yo. La pena es que el último, tiene dos delante que siguen siendo muy jóvenes, entonces, lo tendrá un poco más difícil para estar con la selección española. No obstante, lo importante es que el futbolista siga en este proyecto y que continúe progresando, porque es un buen jugador. A veces, pienso que Carboni puso la semilla. Cada jugador tiene sus cualidades, pero seguramente algún partido mío habrán visto. Si lo han hecho, seguro que saber defender sabrán hacerlo (risas).

P.- Me han comentado que es usted un amante de la ciudad de Valencia. Si algún día la familia Carboni fija su residencia lejos de Valencia, ¿la tendrá en su recuerdo?

R.- En mi época, tuve la suerte de ser el único futbolista que vivía en el centro de la ciudad y creo que esto me ha acercado mucho más a lo que son las tradiciones de Valencia, a la forma de vivir de la gente... etc. Esto ha hecho que mi familia lo apreciara y por ello, vivo mucho la ciudad, porque vivo dentro y me siento un italiano que vive bien en Valencia.

P.- ¿Cree que volverán esos tiempos donde el Valencia era un equipo temible a nivel europeo y levantaba títulos de manera regular?

R.- Hay que intentarlo. Se juega para esto. Para tener éxito. Una vez que has ganado y has vivido tantos momentos grandes, quieres que se vuelvan a repetir. El club no tiene que perder nunca la ambición. Yo quiero que el Valencia siga siendo uno de los grandes de Europa, que fuera fijo en Champions League para promocionar el escudo. Yo lo hacía orgulloso pese a ser italiano y creo que muchas veces, estaba mucho más emocionado de hacerlo que algún español que jugaba conmigo. El Valencia es un club muy grande y debe seguir siéndolo por muchos años más. Volverán, yo estoy seguro.

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