Tú a Gran Canaria y yo a Tenerife
Fotografía: laspalmas.incondicionales.com

Tú a Gran Canaria y yo a Tenerife

El pleito insular o el pique que, en mayor o menor medida, según la época a la que nos refiramos, siempre ha existido en la Comunidad Autónoma de Canarias entre las dos islas capitalinas, Tenerife y Gran Canaria, se ha manifestado con una gran fuerza en casi todas las disciplinas habidas y por haber: política, economía, religión, legislación...Pero si en una faceta ha estado imperante desde el inicio de la rivalidad ha sido en la deportiva, en el que se puede denominar como uno de los encuentros más relevantes a nivel nacional, aunque desgraciadamente solo se ha dado una vez en la máxima categoría: el derbi canario. Un partido que, históricamente, ha enfrentado a ambas islas a cara de perro pero que nos hace olvidar que jugadores de Tenerife y Gran Canaria han hecho historia en los equipos de, como se suele decir aquí, la isla de en frente.

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Miguel García

Antaño no era extraño ver a jugadores de las islas de Tenerife y Gran Canaria formando parte de las plantillas del máximo rival, y, además, haciendo historia en las mismas y convertiéndose en auténticos emblemas de ambos clubes. Una tradición que, con el tiempo, se ha ido diluyendo hasta el punto de pensar que, si hoy en día un jugador de Las Palmas se marcha al Tenerife o viceversa, lo consideremos como algo completamente inusual e inconcebible.  Varias razones pueden justificar el hecho de que un tinerfeño o un grancanario emprendan el salto a la isla de al lado: por una cuestión de progreso en su carrera y de hacerse un nombre en la élite futbolística española, en un momento en el que una de las dos entidades disfrutaba de una etapa gloriosa y de mayores éxitos, como puede ser el caso de la UD de mediados de los años 60 hasta finales de los años 80, o el Tete de los 90. También fue habitual la cesión de jugadores a uno y otro equipo con el objetivo de que se foguearan y adquiriesen experiencia para que, cuando volviesen, regresaran para ser importantes. E incluso se podía dar el caso de que algunos futbolistas no contaran en los planes de sus entrenadores y no tenían más remedio que emprender el viaje a territorio nivariense o canario.

Jugadores tinerfeños que hicieron historia en la UD Las Palmas

Martín Marrero

Nacido en Santa Cruz de Tenerife el 6 de noviembre de 1945, jugó en varios equipos infantiles de la isla, como el Mestalla, hasta que se integró en las categorías inferiores del representativo blanquiazul. Pasa a formar de la primera plantilla del CD Tenerife en el año 1963, con tan solo 18 años, a las órdenes de, precisamente, un grancanario: Francisco Campos Salamanca. Un Tenerife que había participado recientemente en la Primera División del fútbol español por primera vez en su ya larga, en ese momento, historia: la temporada 61/62. Martín apenas participaría a lo largo del curso 63/64 (únicamente en un encuentro de la Copa del Generalísimo ante el FC Barcelona) debido principalmente, a su juventud y su evidente inexperiencia. 

No obstante, en las campañas 64/65 y 65/66 si tendría un verdadero papel protagonista, sumando un total de 67 partidos entre compromisos de Segunda División y coperos. No tardaría en fijarse en él una UD Las Palmas que estaba comenzando a iniciar la que fue, y sigue siendo, su Edad de Oro. Junto con su paisano Jose Juan Gutiérrez Déniz, emprende el rumbo hacia Gran Canaria para convertirse en uno de los jugadores más importantes de la historia de la entidad de Pío XXI durante los 13 años en los que defendió la zamarra amarilla. 

La UD Las Palmas en su época dorada. Martín Marrero, el primero en la fila de arriba de izquierda a derecha/Fotografía: Martíperarnau.comFormando parte de uno de los mejores conjuntos del panorama nacional en la época junto a otros futbolistas de reconocidísimo prestigio -Paco Castellano, Tonono (El Omega), Germán Dévora o José Manuel León, entre otros muchos- Martín II es considerado como el primer carrilero de nuestro fútbol: una envidiable ténica, velocidad pura por el lateral derecho e incansables incorporaciones a las jugadas de ataque. Leyenda vida de la UD que, a la órdenes de Luis Molowny, consiguió proclamarse subcampeona de Liga en la temporada 68/69 y alcanzar el tercer puesto en la 67/68, momento en el que más cerca estuvo de alzarse con el título doméstico: a tan solo cuatro puntos del Real Madrid. Marrero puede decir también que fue de los pocos en participar en competición europea con Las Palmas, gracias, como acabamos de comentar, a las privilegiadas clasificaciones en Liga. Concretamente, en la Copa de Ferias y, más tarde, en la Copa de la UEFA, ediciones 69/70, 72/73 y 77/78.

Todo lo conseguido por Martín no podría ser en vano, tenía que obtener un premio, un premio transformado en varias convocatorias con la Selección Absoluta española (aunque ya había debutado con anterioridad en las categorías inferiores). Un total de cuatro partidos jugados con La Roja en el 69: ante Bélgica en Lieja en febrero, contra México el 23 de abril, frente a Yugoslavia siete días después y el último ante Finlandia en Helsinki. Tal circunstancia lo convierten, pues, en uno de los pocos jugadores que, a la vez que defendía los colores de la UD Las Palmas, defendía también los del equipo nacional. Martín Marrero, tinerfeño de nacimiento, grancanario de adopción. Simplemente eterno.

Los Gilbertos

Que casualidad que dos jugadores que se llamasen igual y que procedieran de Tenerife fueran jugadores de la UD y que, además, dejaran su inolvidable sello en la misma. Sí, hablamos de Gilberto Rodríguez Pérez, Gilberto I para los entendidos y amigos, y de Justo Gilberto González, Gilberto II, apodo que se le puso puesto que llegó unos años más tarde al conjunto grancanario que su querido tocayo.

El primero de ellos, natural del municipio de Los Silos, arribaría a orillas del Puerto de la Luz en 1962, y con la curiosa circunstancia de que no lo hizo desde el CD Tenerife, sino desde un club cercano a su localidad natal, el Juventud Silense, con el que lograría la Copa Federación en el año 1960, sin llegar, todavía, a la veintena de edad. En sus dos primeras temporadas en la Unión Deportiva, dejó a las claras cuáles eran sus características principales: jugador de banda (extremo izquierdo), rápido, ágil y de potente disparo

Giberto I, el primero en la fila de abajo de derecha izquierda/Fotografía: AS

Sería uno de los artífices del tercer ascenso a la máxima categoría en la historia de la UD Las Palmas, en el curso 63/64, el comienzo, como se comentaba con anterioridad, de 19 años ininterrumpidos en la Primera División. Durante las nueve campañas consecutivas en las que vistió la camiseta del representativo grancanario, fue habitual su facilidad a la hora de encarar la portería rival, anotando un total de 47 goles en la Liga de las Estrellas que, sumados a los conseguidos en el resto de competiciones, le colocan entre los máximos goleadores de la entidad isleña: sexto, con 73 goles y empatado con otro mito amarillo, Marcos Márquez, El MatadorYa en el ocaso de su carrera, ficharía por el equipo de su tierra natal, con el que marcó nueve goles en 52 encuentros entre los años 1973 y 1975. Hoy en día, todavía sigue presente, espiritualmente, claro está, un puñal silense en las bandas del ya reformado Estadio Insular y del Heliodoro Rodríguez López, las cuáles defendió y recorrió con honor y grandeza.

Del segundo de ellos se podría afirmar que es de esos futbolistas de club, de los ejemplares y de los que se conoce hasta el rincón más insólito de su Estadio. Pero no. Gilberto II no llevaba en su corazón un solo club. No. Llevaba grabados a fuego entre ventrículos, venas y arterias dos equipos: Tenerife y Las Palmas. Dado a luz en territorio santacrucero, debuta en la élite nacional con el conjunto chicharrero en diciembre de 1961 ante el CA Osasuna y con apenas 19 años, dirigido, en aquel entonces, por Josep Enric Rabassa Llompart. Tras el descenso esa temporada, en la que anotó cuatro tantos, seguiría con los blanquiazules durante cinco cursos más en Segunda División hasta que se convirtió en flamante fichaje de Las Palmas en 1967, gracias a sus 14 goles conseguidos entre el 66 y el ya mencionado 67.

Él por una banda y Gilberto I por otra. Interior derecho veloz, de inagotable trabajo, que te defendía igual que te atacaba, que nunca defraudaba y que se dejaba el físico en el terreno de juego. No carecía tampoco de faceta goleadora: en la temporada 67/68 fue pichichi de Las Palmas con 12 goles, premio que compartió, casualmente, con otro tinerfeño que rindió al máximo nivel en Gran Canaria, el ya nombrado José Juan Gutiérrez

Gilberto II regresaría al Tenerife en 1974 para dar sus últimos coletazos en este deporte que tanta pasión y unión crea allá por donde vaya, hasta el punto de que, el propio Justo Gilberto, fallecido en mayo de 2012, es símbolo y ejemplo de los dos clubes representativos de las Islas Canarias, dejando a un lado el enfrentamiento y la rivalidad y mostrando amor y entrega por ambos equipos, un amor que le ha sido y le seguirá siendo correspondido. Descanse en paz.

Gilberto II/Fotografía: Sección de deportes del periódico El País

Felipe Martín Martín

De la Orotava, allá por donde despunta el Teide en lo más alto del Archipiélago canario, nació Juan Felipe Martín Martín el 4 de febrero de 1954. Perteneciente a una etapa más tardía que los anteriores, Felipe sería uno de los líderes de la zaga amarilla en los 70 y los 80. Con apenas 17 años, ya era titular y pieza importante en los esquemas del Tenerife, entre 1971 y 1973 en la Categoría de Plata, de la que sorprendió su aportación ofensiva: dos goles en 23 partidos en la 71/72 y cuatro goles en la 72/73 en 32 participaciones. 

Los ojeadores de Las Palmas, como de costumbre, tenían sus ojos bien puestos en las jóvenes promesas de la isla de al lado, y Juan Felipe recalaría con los 'pío-pío' en el verano del 73. Tres cursos en Primera División en los que tuvo un discreto protagonismo, estando, en el tercero de ellos totalmente inédito (ni un solo compromiso jugado en la 75/76), con lo que la directiva isleña no dudaría en cederlo a un segunda como era el Sant Andreu, club en el que adquirió la suficiente experiencia (26 partidos, un gol) para volver a Gran Canaria siendo un verdadero defensa de élite.

Juan Felipe Martín conduciendo el esférico en un encuentro en Bilbao/Fotografía: La Provincia/DLP

Diez años seguidos, del 77 al 87, en los que su puesto en el once titular amarillo era incuestionable. Fue fundamental en la etapa de transición que sufrió el equipo cuando finalizó esa racha exitosa en 1983 con el descenso a Segunda, consiguiendo, dos cursos después,  el regreso a la Categoría de Oro del fútbol español. Debutó, además, con la Selección española en el año 1978. Tres partidos jugó en total con el combinado nacional que hacen que sea historia viva  de la UD Las Palmas y que El Padre Teide esté orgulloso de él allá por donde vaya.

Otros jugadores

No se podría hablar detallada y minuciosamente de todos los futbolistas tinerfeños, habidos y por haber, que marcaron una época en Las Palmas, pero sí, por lo menos, mencionarlos: Luiso Saavedra (La Orotava, 1962. Delantero que perteneció a la plantilla de la UD entre los años 1980-88, y 1992-94, 292 partidos, 57 goles), Julio Durán (Santa Cruz de Tenerife, 1957. Espigado defensa central que salió de la cantera del Tenerife rumbo al Atlético de Madrid. Miembro del equipo grancanario entre 1982-92, jugando en Primera, Segunda y Segunda División B. Más de 300 partidos disputados), José Juan Gutiérrez Déniz (Santa Cruz de Tenerife, 1941. Futbolista de Las Palmas entre el 66 y el 71. 31 goles).

Jugadores grancanarios que hicieron historia en el CD Tenerife

Manolo López, El gato de Arucas

Uno de los tres grandes guardametas grancanarios de la historia del balompié de esta isla, junto a Antonio Betancort y Juan Antonio Pérez Sáez. Manuel López Santana (Arucas, abril de 1961) arribó al primer equipo amarillo en  1980 con tan solo 19 años de edad, debutando en El Helmántico en lo que supuso un triunfo por 0-2 de los entrenados, en aquel momento, por Mame Léon. Se mantuvo seis años seguidos tras la alargada sombra de Juan Antonio hasta que este decidió abandonar la disciplina insular en 1987 rumbo a Logroño. En dicha temporada, el aruquense se hizo con el puesto de titular en el marco, pero no pudo eludir el descenso a Segunda, el cual iniciaría una etapa aciaga en el club de doce años consecutivos sin lamer las dulces mieles de la Primera División. 

López abandonaría la UD para desembarcar en territorio ceutí en 1988, poco antes de fichar por el equipo del cual formó parte de su etapa de mayor esplendor, el CD Tenerife. Tras una primera temporada en la que sufrió el gran estado de forma de dos porteros uruguayos, Eduardo Belza y Adolfo Javier Zeoli, Manolo sería testigo directo de aquel equipo que, por un lado, privó a todo un Real Madrid de dos títulos de Liga seguidos en el 92 y el 93, y, por otro lado, de aquel Tenerife que disputó competición europea por primera vez en su historia, en la 93/94, siendo, incluso, capitán del mismo.

Fotografía: Pasiónentrelospalos.blogspot.com

Volvería a Las Palmas en sus últimos años como cancerbero (de 1994 a 1997), dándose la curiosa anécdota de que, en el año 1995, en un derbi copero en el Heliodoro, en lo que era el partido de vuelta de la sexta ronda, fue decisivo en una de las hazañas más recordadas en la historia del equipo grancanario: la eliminación a todo un Tenerife de élite jugando en aquella Unión Deportiva de Segunda División B de los años 90, deteniendo uno de los penaltis que le lanzaron en la posterior tanda. 

Manolo López, mito del Tete y la UD. Siempre que vean a un gato saltando ágil y velozmente de techo en techo en Santa Cruz de Tenerife o en Las Palmas de Gran Canaria, acuérdense de él.

Alexis Suárez y Antonio Robaina

Dos jugadores, nacidos en el año 1974, procedentes de la capital grancanaria, y  que marcharon en el mismo año hacia la isla de en frente, en 1995.

Harían su debut con el primer equipo en 1991, con una directiva, la de Las Palmas, que tenía como principal objetivo el regreso a la máxima categoría, pero que se vio completamente frustrado con el primer descenso en sus 43 años de historia a la Categoría de Bronce del fútbol nacional. Ambos se mantendrían tres cursos más como destacados miembros del equipo hasta que en 1995 dieron varios saltos drásticos: el primero de ellos, el de una isla a otra, y el segundo, desde la Segunda División B  a la Primera

Por un lado, Alexis Suárez, defensa central que destacaba por su imponente altura, su formidable corpulencia y poderío físico y un juego aéreo envidiable. Capitán del Tenerife y símbolo de la garra tinerfeñista desde el año 1995 al 2003.

Por otro lado, Antonio Robaina, mediocampista de constatada calidad y dotado de una técnica mágica, pero que le faltó eso de lo que tantos futbolistas prometedores, como era su caso, carecen: cabeza. Algo que le impidió llegar más lejos en su larga trayectoria como profesional.

Toni Robaina/Fotografía: sportsworldcards.com

 

Alexis Suárez/Fotografía: todocolección.net  Pablo Sicilia

Pablo Sicilia

Natural de Gran Canaria y leyenda reciente de la entidad blanquiazul, fue producto de la cantera amarilla de la que se 'independizó' en el año 2003 cuando fichó por la UD Vecindario, club del que saltó al Atlético de Madrid B, con cuyo primer equipo debutó en Primera en 2006 en un duelo en el Alfonso Pérez ante el Getafe. Sería en el curso 2006/2007 cuando pasa a formar parte del CD Tenerife del que no tardaría en convertirse en su principal líder y capitán

Pablo Sicilia en una disputa con Cristiano Ronaldo/Fotografía: zimbio.com

Más de 190 citas con la elástica chicharrera, entre ellas, las 35 que disputó en la última participación del Tete en Primera División, y de los pocos integrantes que no abandonaron el barco tinerfeño cuando el club presidido por Miguel Concepción descendió a Segunda B en el año 2011. Cabe destacar que, en un derbi, en el 2008, le anotó un gol a Las Palmas en el Gran Canaria, un gol que no celebró, evidentemente, por su pasado en el conjunto grancanario.

Queda claro, con este pequeño resumen de jugadores isleños que han defendido las camisetas de sus máximos rivales, que en ocasiones, por muy extraño que pueda parecer, la rivalidad, el odio, el querer ser mejor que el otro, se deja a un lado y se proponen ser auténticas leyendas, mitos, emblemas, símbolos de uno de los dos equipos o, como hemos podido observar, de ambos clubes, representando la unión y la pasión por dos colores y dos aficiones tan fieles y entregadas como son la tinerfeña y la grancanaria.

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