La leyenda de Helmut Duckadam
FOTO: thehardtackle.com

Muchos de los culés y seguro que ninguno de los más jóvenes no sabrán quién es Helmut Duckadam. Ni siquiera lo relacionarían con el mundo del futbol, así que os lo presento. Duckadam fue el portero del Steaua de Bucarest en la fatídica final de la Copa de Europa de Sevilla del 86, en la que el Barça cayó de forma sorprendente en la tanda de penaltis.

Se hizo famoso por pararle los 4 penaltis que lanzaron los azulgranas en esa tanda, lo que permitió al modesto equipo del Este de Europa, ganar su primera y única Copa de Europa, todavía no se llamaba Champions League. Quizás este hecho le marcó el resto de su vida, y digo quizás porque todo lo que envuelve su historia a posteriori de este partido, no deja de ser una leyenda, así que es muy difícil saber lo que es real o un mero globo mediático. Pero empecemos por el principio.

Duckadam después de parar el último penalti de la final de Sevilla

Héroe del Steaua para la eternidad

El Barcelona se presentaba en la final de la Copa de Europa como claro favorito. Llegaba tras remontar un 3-0 en contra, ante el Goteborg sueco, con un hattrick de “Pichi” Alonso que será recordado para siempre en las galerías culés. Una gran noche que parecía el preludio de otra velada mágica donde el Barça se iba a proclamar campeón de Europa por primera vez en su historia.

El equipo entrenado por Terry Venables estaba liderado por jugadores como Migueli, Schuster o Steve Archibald y se postulaba como fácil ganador de esa final. Las cosas, sin embargo, fueron más difíciles de lo esperado y el partido acabó 0-0. El equipo rumano veía, que en cada minuto que pasaba sus posibilidades iban en aumento. Un partido muy pobre en cuanto a juego y en el cuál la pelota no quiso entrar. A todo esto, en el minuto 86 de partido, el míster inglés decidió cambiar a Bernd Schuster, uno de los pilares del equipo. Una decisión que todavía muchos culés se preguntan el motivo y que además supuso que el jugador alemán abandonara el campo antes de que la final acabara. Ni en sus mejores sueños el Steaua esperaba que el partido se desenvolviera de esa manera y finalmente se llegó a la tanda de penaltis.

El equipo catalán jugaba en su propio país, ante más de 60 mil seguidores en las gradas, en un Sánchez Pizjuán que parecía otro Camp Nou. Nadie se podía imaginar tan dramático final. Es aquí donde aparece nuestro protagonista. Helmut Duckadam paró todos los penaltis que lanzaron los azulgranas, concretamente fueron 4. Bestia negra del barcelonismo des de entonces, se encargó de acabar con los sueños de cada uno de los culés con cada penalti que paraba. Evidentemente, fue elegido mejor jugador de un partido cuya fecha, 7 de mayo de 1986 quedará grabada para siempre en las páginas negras del Barcelona.

El portero declaró en una entrevista para la web de la UEFA, que su truco había sido ponerse en la piel de los que tiraban los penaltis y sobre todo en la de Marcos, jugador culé que se encargó de lanzar el cuarto y definitivo: “Me puse en la piel de Marcos y me dije a mi mismo: Este portero ha elegido un lado esta noche, se va a tirar al mismo sitio. Así que elegí el otro lado. Él (Marcos) pensó lo mismo así que me fui a la izquierda y paré el cuarto penalti” declaraba Helmut.

Lo que él no sabía es que ese sería su último partido con la camiseta del Steaua, y el último en 3 años. Una misteriosa lesión en el brazo lo apartó de los terrenos de juego y nada quedó ya del portero que se convirtió en el mito de los seguidores del equipo rumano. De hecho, la oscuridad de su historia se inicia a raíz de esta lesión y de “su” Mercedes recién estrenado.

El Mercedes de la discordia

En Sevilla nació el mito, pero también empezó su turbulenta historia. No se sabe al 100% quién se lo regaló, pero Helmut volvió a Rumania con un Mercedes de alta gama bajo el brazo. Una de las opciones que se baraja es que fuera el premio que recibía el mejor jugador de la final de Sevilla. La otra, que el presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, eufórico por la debacle azulgrana, decidiera hacer este presente para agradecer la gesta del portero rumano.

Duckadam paró los 4 penaltis que le lanzaron en la final de Sevilla

No deja de ser el inicio de la leyenda, de lo que no se sabe que es lo que realmente pasó, pero el resultado de obtener ese Mercedes fue el enfado del dictador del país, Ceauşescu, uno de los personajes más importantes de la Guerra Fría y que acabó muriendo fusilado por su propio pueblo. Un dictador que estaba instaurando un estado comunista y que no veía con buenos ojos que un ciudadano de pie tuviera igual o mejor coche que cualquiera de ellos, ya que lo veía como la entrada del capitalismo.

¿El resultado? A Duckadam se le obligó entregar ese coche al líder del régimen, pero éste se negó. Su respuesta no gustó nada y la respuesta de Ceauşescu fue contundente. Mandó que unos matones le rompieran cada uno de sus dedos de la mano y que lo dejaran fuera del panorama futbolístico para un largo tiempo, objetivo que cumplió. Otra de las versiones es que el hijo del propietario se enamoró del coche del portero y se lo pidió a su padre, con el mismo final de antes. Y la última de todas es que fueron el mismo dictador y su hijo quienes le dispararan dos veces en el brazo y lo dejaron fuera de la circulación. Impactante. Una cruda muestra de la realidad del momento.

Sea como fuese, allí se acabó la carrera de Duckadam, que consiguió volver a jugar años después con el Vagonul Arad, un equipo de categoría muy baja, lejos de sus mejores años con el Steaua.

​​​​La versión oficial

Helmut Duckadam nunca ha confirmado tal extremo y de hecho siempre ha defendido que el motivo de su parcial retirada del fútbol, fue una trombosis, pero nunca ha negado rotundamente la veracidad de las versiones. Sí que ha reconocido su mala relación con Ceauşescu, hecho que no hace más que disparar las versiones que corren sobre su persona.

Múltiples versiones sobre lo que pasó pero nunca sabremos la verdad

En la actualidad, Duckadam es el presidente del Steaua, después que el propietario del club, George Becali, lo nombrara en 2010.

Lo que sí está claro es que el misterio siempre volará por encima de la cabeza del portero y sean verdaderas o no todas estas historias, su leyenda no sólo será recordada por este oscuro trasfondo, que personalmente me dejó boquiabierto y muy impactado, sino que también por su magnífica actuación que le valió ser considerado una de las bestias negras del barcelonismo y su apodo: “El héroe de Sevilla”.

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