Manu Trigueros, la brújula del Submarino
Manu Trigueros. Imagen: María José Segovia (VAVEL)

Manu Trigueros se vinculó con el club castellonense en la temporada 2010/2011, procedente del Real Murcia B. Con tan solo 19 años, y un pasado en La Masía que le acreditaba como un jugador de calidad, aterrizó en la cantera grogueta para formar parte del Villarreal C. Coincidió allí con Jaume Doménech, una de las sorpresas de esta temporada, y Moi Gómez, cuya cesión al Getafe no está siendo muy productiva. El talento de aquel joven delantero –sí, delantero- no tardó en destacar y fue recompensado con 30 minutos de juego con el Villarreal B. Fue el 4 de junio de 2011 ante el Betis, con Javi Gracia como entrenador.

En menos de una temporada, el de Talavera de la Reina consiguió debutar en Segunda División y demostró que podría llegar a ser un jugador importante. El siempre acertado equipo técnico del Villarreal se dio cuenta y, en la que iba a ser su segunda temporada dentro del club, un jugador que llegó para jugar en tercera división ya tenía ficha con el primer equipo. No disputó ningún minuto en Primera División, pero se convirtió en un jugador importante para el Villarreal B.

Las primeras jornadas de la temporada 2011/2012 no debieron ser fáciles para el castellanomanchego, ya que parecía no contar en los planes de José Molina. Pero cuando este pasó a hacerse cargo del primer equipo, y Julio Velázquez –hasta entonces entrenador del Villarreal C- fue elegido para sustituirle, la suerte de Trigueros cambió. El relevo en el banquillo se produjo el 23 de diciembre de 2011, días después de que Manu disputase sus primeros minutos de esa temporada en Segunda División. Con la llegada de Velázquez, el ya delantero reconvertido en centrocampista empezó a tener importancia, consiguiendo participar en 24 encuentros más y anotando 3 goles.

Con la llegada de Velázquez empezó a tener importancia, consiguiendo participar en 24 encuentros y anotando 3 goles

El sorprendente descenso del primer equipo a la categoría de plata mandó al filial, junto con Velázquez y Trigueros, a Segunda B. Manolo Preciado fue el elegido para capitanear el Submarino hacia el ascenso, pero su trágico fallecimiento obligó al técnico del Villarreal B a ponerse a cargo del proyecto. Julio Velázquez subía otro peldaño en el club groguet y, una vez más, lo hacía acompañado de Manu.

La confianza que tenía el míster en el talaverano le hizo colocarle como titular en el primer partido de Liga ante el Real Madrid Castilla, en el que disputó los 90 minutos. A partir de ahí, Manu se convirtió en una pieza clave en el primer equipo; papel que siguió desempeñando con la llegada de Marcelino García Toral al banquillo, el 14 de enero de 2013. La presencia del canterano en el centro del campo pudo verse cuestionada con la marcha de su “entrenador fetiche”, pero el asturiano dejó clara su postura en su estreno. Pocos días después de su acuerdo con el club castellonense, Marcelino disputaba su primer partido y Trigueros volvía a ser titular, curiosamente también contra el filial merengue.

Trigueros celebra un gol con el primer equipo en la temporada 2012/2013. Imagen: Javier Cotera (El Diario Montañés)

Consolidación en la máxima categoría

El ascenso se consumó y el Submarino volvió a su lugar. Pero la máxima categoría del fútbol español no atenuó el talento de un joven con el 14 a la espalda que cada vez se hacía más grande en El Madrigal. Manu Trigueros ya se había asentado en el primer equipo y formaba parte de los indiscutibles de su entrenador.

La máxima categoría del fútbol español no atenuó el talento de Trigueros

En las siguientes dos temporadas, el rendimiento de la media grogueta, con dos jugadorazos como Bruno Soriano y el propio Trigueros, impulsó al Villarreal a ser uno de los grandes de la Liga BBVA. De hecho, los castellonenses son considerados como una de las plantillas que mejor trata el esférico y su buen juego es reconocido por todo amante del fútbol.

Inicio de temporada irregular

Llegó la 2015/2016, y con ella refuerzos de la talla de Soldado, Adrián López o Castillejo, entre otros. El proyecto ilusionó a toda la afición, pero había que ponerlo en práctica. Los jugadores importantes de la plantilla tenían que funcionar y facilitar la adaptación a los nuevos, y uno de ellos es Manu Trigueros.

Manu comenzó a desaparecer y, con él, el vistoso juego de su equipo

El talaverano empezó la Liga en el banquillo, en favor de Tomás Pina, pero nadie tenía ninguna duda de que seguía siendo uno de los indiscutibles. El inicio de campeonato que firmó el Villarreal fue espectacular, con un liderato histórico incluido. Trigueros, al igual que sus compañeros, jugó a un nivel altísimo y fue clave en la racha liguera de 5 victorias consecutivas. Sin embargo, la privilegiada posición dominante en la tabla pareció tener un efecto nefasto en el club amarillo, y particularmente en el 14. Manu comenzó a desaparecer durante los partidos y, con él, el vistoso juego de su equipo. Perdieron la identidad. Es difícil determinar cuál era la causa y cuál la consecuencia, pero era clara la relación entre el mal rendimiento del centrocampista y los pobres resultados del club.

Surge el centrocampista total, la brújula del Submarino

Las cosas se empezaban a poner feas, pero cuando hay talento, tarde o temprano acaba saliendo a relucir. El Rayo Vallecano visitaba El Madrigal dispuesto a hacer leña del árbol caído, y Manu Trigueros partía desde el banquillo. En el minuto 41 llegaba el gol de los visitantes y la luz se alejaba, pero Marcelino tenía que impedirlo. Los equipos salían del vestuario tras el descanso y en los amarillos se veía un dorsal 14 que empezaba a imponer su ritmo. Los suyos obedecían sus órdenes y el equipo parecía carburar de nuevo, aunque a un nivel muy lejano al alcanzado dos meses atrás. La remontada llegó gracias a una jugada iniciada por aquel dorsal 14 que salió para intentar arreglar las cosas.

Contra el Real Madrid, Trigueros se desfondó en tareas defensivas

Manu Trigueros había dado una muestra de que lo vivido solo tenía un nombre, mala racha, pero eso no servía de nada si no se confirmaba. La prueba de fuego llegaba desde la capital y se llamaba Real Madrid. Los blancos, inmersos también en un mal momento, visitaban el feudo amarillo, y esta vez Marcelino sí alineó de inicio a Trigueros. El partido terminó con una importantísima victoria para el Villarreal, pero en el fondo había mucho más. Fue la consolidación del de Talavera de la Reina como un jugador extremadamente completo. Hasta ahora le habíamos visto destacar por su visión de juego, su último pase y su capacidad para tener el balón. Pero el Manu que jugó –y venció- contra el Real Madrid fue mucho más que eso. En la primera mitad nos enseñó el talento, ayudando a mantener la posesión y buscando surtir de balones a los delanteros; vimos al jugador que había conseguido pasar del Villarreal C al primer equipo en un año gracias a su calidad. Sin embargo, los blancos no podían permitirse la derrota y salieron tras el descanso como un auténtico vendaval, muy difícil de contener para la zaga grogueta. Bruno utilizó su conocida capacidad defensiva para sumarse a los esfuerzos de contención, pero surgió a su lado otro muro con el número 14 que, incansable, bregó como el que más y se desfondó en unas tareas en las que nunca se le había visto tan activo. Surgió el centrocampista total.

Trigueros ayudando en tareas defensivas contra el Real Madrid. Imagen: María José Segovia (VAVEL)

Tras 90 minutos de derroche físico, y con solo 4 días de descanso, tocaba volver a ponerse el mono de trabajo para recibir al Huesca y tratar de dar la vuelta a un resultado adverso en Copa (3-2). El rival era inferior en cuanto a calidad, y esa era la brecha en la que Marcelino quería colarse. Los músculos de las piernas de Manu, cansados, dejaron paso al cerebro, y el fútbol volvió a fluir en Castellón. El talaverano marcó el primer gol y dio una asistencia de auténtico crack en el segundo. Ofreció una lección sobre cómo tratar bien un balón de fútbol, acelerando cuando su equipo necesitaba llegar al área contraria y calmando el juego en el momento en que los goles no eran imprescindibles, simplemente perfecto.

Trigueros celebra su gol contra la SD Huesca. Imagen: María José Segovia (VAVEL)

Dos partidos, 180 minutos y la consolidación de uno de los mejores centrocampistas de la Liga BBVA. Manu está en el lugar que le corresponde, ahora solo tiene que demostrar que así es. De momento, contra la Real Sociedad en Anoeta, continuaron las buenas sensaciones en los escasos 23 minutos que disputó. En el horizonte está ya el derbi contra el Valencia, en el que el Submarino necesitará a su brújula para mantener el rumbo de la victoria. Manu Trigueros tendrá una última misión difícil para terminar el año, pero ha demostrado con creces que está preparado para todo.

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