Orgullo aragonés en estado puro
Foto: Andrea Royo (VAVEL)

Volvía el fútbol a La Romareda tras las vacaciones de Navidad y, con ello, novedades. La del banquillo ya se sabía, Lluis Carreras como nuevo técnico del conjunto aragonés, en el campo, Jorge Ortí de mediapunta. Minutos previos de incertidumbre y de alegría a pesar del frío y la lluvia. Además, con una gran bandera de Aragón postrada sobre el césped para recibir a los protagonistas del derbi. En las gradas, numerosos seguidores azulgranas en el sector sur del estadio zaragocista y una afición local con la garganta más afinada y animosa que en otros partidos. Gran ambiente, que ya se dejaba notar en la previa.

Ángel, capaz de lo mejor y lo peor

Las primeras ocasiones iban a ser de los oscenses, con Camacho y las indecisiones de la zaga blanquilla en primer plano. Más intensidad y confianza de los del norte, aunque poco a poco se empezaba animar el ataque de ambos. Darwin Machís y Tyronne ponían en aprietos a Bono en el inicio. Leo Franco, que volvía a las porterías zaragozanas esta vez como rival, andaba más tranquilo. Carreras se levantaba del banquillo, prueba de que no le gustaba lo que estaba viendo, ni a él, ni a muchos. Pero dejando a un lado el pesimismo, el Zaragoza sacaba su primer córner al cuarto de hora y suponía la primera ocasión local, que fue bien rematado por Cabrera, pero se marchó por encima del travesaño.

El control del balón era del conjunto blanquillo y se empezaban a ver los primeros pases en profundidad, parados por el fuera de juego. Machís lo seguía intentando para el Huesca desde fuera del área y de nuevo, el guardameta marroquí debía emplearse y desviar a córner. Hasta el momento, un partido sin claridad y con imprecisiones que podían costar un gol para los dos equipos en cualquier jugada. Así llego el cronómetro a la media hora, mandaba el Huesca, muy cómodo en el campo y con mucha continuidad en sus aproximaciones al área de Bono. Los jugadores del Zaragoza se limitaban a hacer falta a los contrarios por medio de Dorca y Erik Morán y con detalles de poca intensidad. Lo más destacado de estos, una bonita chilena de Ángel blocada por Leo Franco. Mientras tanto, la afición visitante botaba contenta con el juego de su equipo, aunque a Anquela no parecía convencerle.

Quedaban cinco minutos y, tras varias oportunidades seguidas del Zaragoza, Ángel puso el puñal y adelantó al zaragocismo con un soberbio golazo. Erik Morán se inventó un gran pase en profundidad al delantero, que con varios recortes a la defensa azulgrana, se deshizo de esta para golpear con calidad al palo derecho de Leo. A partir de ahí, caos hasta el descanso. El partido se rompía, en beneficio del Huesca y en detrimento de los locales. En una jugada desafortunada, Ángel se “autoexpulsaba” para dejar con uno menos a su equipo.

El canario, tras sufrir una entrada por detrás justo al lado del línea, perdía los nervios girándose de una manera demasiado brusca a Carlos David. Se formó el jaleo y jugadores de ambos equipos se enzarzaban y caldeaban un ambiente que había estado tranquilo durante toda la primera mitad. El minuto 44  se saldó con tarjeta amarilla para Dorca y con Ángel desfilando al vestuario, que había sido capaz de lo mejor y de lo peor. Muy poca picardía del delantero. Final de los primeros tres cuartos de hora y a descansar el cuarto.

Y el aficionado disfrutó …

Con diez jugadores y un 1-0 a favor, el cambio de operaciones y las primeras filigranas de Lluis Carreras desde la banda tenían que llegar. El Zaragoza comenzaba la segunda mitad con un 4-4-1, con Jorge Ortí como referencia y sin cambios. Sí lo hacía Anquela, que sustituía a Ramírez por Aythami en defensa. El cartelón del cuarto árbitro no tardó en volver a lucir, y entonces sí, Carreras movía ficha para dar entrada a Diamanka en sustitución de Jorge Ortí. Al Zaragoza, sin delanteros en el campo, le quedaban 40 minutos de puro trabajo y sufrimiento para ganar.

El Huesca introducía madera en ataque con Héctor Figueroa. La pérdida de balón siempre es sinónimo de peligro en contra y Dorca lo hizo. Aunque esto se produjo en el campo del Huesca, significó el gol de estos que, con una contra de libro, Fran Mérida fulminó a los locales. Pero el zarpazo oscense y varapalo zaragocista resultó ser doble. A los dos minutos del empate, un testarazo de Héctor Figueroa ponía el segundo y dejaba al Zaragoza más en shock aún si cabía. Diamanka, ante el desconcierto de la grada, seguía de punta. Carreras reaccionaba ante ello y daba entrada a Ortuño en cambio de Pedro. El murciano, tras una jugada embarullada dentro del área visitante, ponía las tablas. Jarro de locura en La Romareda.

Nervios a flor de piel en todos los habitantes del estadio camino del minuto 70. No por el cambio de párrafo, lo ocurrido iba a asimilarse y las ocasiones de ambos seguían poniéndole emoción a estas líneas. De nuevo, remontada. El feudo local estallaría con el 3-2 de Diamanka. El Zaragoza y, en particular, Hinestroza, aprovechaba el despiste del Huesca que se había volcado en el ataque, para dar un golpe sobre la mesa. La conexión del colombiano y el senegalés volvía a las andadas, el primero de ellos asistió a Diamanka para que este, anotara un golazo para enmarcar desde fuera del área. El Zaragoza revivía y enorgullecía.

Final de infarto y, en cierto modo, cruel

Tocaba defender con uñas y dientes el resultado. Mientras, el Huesca seguía en sus trece para buscar el tercero, búsqueda que le había pasado factura. Bono se convertía en “santo” y la delantera azulgrana fallaba goles claros. Hinestroza se retiraba dando paso a los últimos 5 minutos e Isaac Carcelén saltaba al campo. Se empezaba a escuchar el himno del Real Zaragoza, al que las cosas se le ponían de cara con la expulsión de Fran Mérida por doble cartulina amarilla. Llegaba el final del partido con tres minutos de descuento, que moriría dentro de las redes zaragocistas. Carlos David era el encargado de ahogar la fiesta del Zaragoza y un segundo antes del final, daba un punto al Huesca in extremis.

VAVEL Logo