El vendaval fue Griezmann
Griezmann y Carrasco celebran el segundo tanto | Foto: Ángel Gutiérrez - ATM

Simplificar el encuentro a 'el Atleti ganó a su manera' podría generar muchas dudas. En otras temporadas, habría tirado de físico y orgullo y, probablemente, se hubiera llevado el partido con un gol de cabeza en un saque de esquina. Hoy no. Porque el Atlético, este Atlético, sabe jugar al fútbol. Griezmann lideró a un equipo que se fue adaptando a los diferentes tramos del partido y acabó sentenciando a un Celta nublado. Y lo hizo combinando, tocando, defendiendo y contragolpeando.

De menos a más

La lluvia amenazaba en los días previos y cualquier aficionado que conociese lo más mínimo a Simeone podría prever un partido físico. El típico encuentro para Raúl García, que dirían los más nostálgicos. Llovió, sí, pero el césped aguantó de lo lindo y el 'Cholo' lo tuvo claro: a jugar. Con un once plagado de mediocentros, hizo debutar a Augusto en su antigua casa y apostó por Vietto acompañando a Griezmann en ataque. Poco físico y mucho fútbol.

Sin Nolito y ya sin Augusto, dos bajas determinantes, Berizzo siguió apostando por su idea futbolística, con Aspas y Orellana como principalas referencias ofensivas. No estuvo fino Iago en la primera mitad: cada vez que entró en juego fue para ralentizar las jugadas celtiñas. Giménez, que esta vez sí acompañaba a Godín, volvió a mostrar su mejor rendimiento frenando el ataque vigués.

Aún así, no salió mal el Celta, que dio la sensación de tener el partido más a su favor en los primeros minutos. Le costó, pero poco a poco el Atlético fue entrando en el partido y acabó haciéndose con el control. Simeone, que no lo veía claro, pasó del 4-4-2 al 4-3-3 y fue ahí cuando empezó a funcionar la máquina. Vietto se asociaba de lo lindo con Koke y Saúl. Y Griezmann ejercía de líder. El argentino parece el jugador idóneo para las jugabas más combinativas del equipo rojiblanco, pero el menos propenso a jugar en los encuentros más físicos. No fue este el caso.

Una primera mitad donde al Atlético le faltó el pase definitivo en zona de tres cuartos. Aún así, tuvo la más clara de la primera mitad en una pared entre Griezmann y Koke que el francés culminó con un disparo duro y alto que se marchó cerca del larguero. Los de Simeone crecían con el balón en su poder y acabaron la primera parte asediando el área de Sergio. Pero el gol, una vez más, se resistió antes del descanso.

Griezmann marca el camino

La lluvia apretaba, y el Atleti, tras el descanso, la convirtió en vendaval para el Celta. Nada más salir de vestuarios, 'los buenos' se asociaron y crearon el primer tanto del partido. Koke se la dio a Griezmann, quien al primer toque profundizó para Vietto. Llegó el argentino para poner el balón al segundo palo, donde a la carrera volvió a llegar Griezmann. Más que un vendaval, un ciclón.

Con 0-1 y todo de cara, el 'Cholo' lo vió claro: más mordiente para sentenciar el partido. Carrasco entró al campo y no le pudo salir mejor la jugada al técnico argentino. El Atlético retrasó y juntó sus líneas, defendió con 4-5-1 y dejó al Celta controlar el balón, que no el partido. Este Atleti es el mejor ejemplo para demostrar que la posesión no es sinónimo de dominio.

Porque el Celta, con el balón, no creó ni una ocasión de peligro. Le costaba traspasar la frontera Godín-Giménez y, si lo hacía, allí estaba Oblak, anticipándose a cualquier ocasión. El meta es un seguro bajo palos. La idea de los rojiblancos era evidente: velocidad y contragolpe para aprovechar los espacios de la defensa celtiña.

Tardó en llegar, pero como Simeone previó antes que nadie, Carrasco sentenció el partido. Y lo hizo con un golazo: controló en la frontal, dribló dentro del área, recortó y batió a Sergio. El belga cerró el partido en favor de un Atlético que recupera el liderato. Un líder sólido, aguerrido, solidario y con mucho fútbol. Y campeón de invierno.

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