La Isla vuelve a sonreír
Foto: Salvador Reyes.

Que el fútbol es un enorme elemento de cohesión en la sociedad actual es algo que hoy en día no se discute. Un deporte capaz de unir en un solo grito a personas de muy diversa índole, de clases sociales totalmente opuestas y de ideologías políticas diferenciadas.

Puede llegar a unir a jóvenes y a ancianos sin necesidad de lazos familiares y convertir a tus amigos o conocidos en verdaderos hermanos con los que abrazarse en pleno estado de euforia. Solo por un gol. Por un orgasmo de fútbol, como diría Eduardo Galeano.

Lo de esta tarde en Bahía Sur era necesario. El San Fernando debía dar un golpe de autoridad después de encadenar una serie de resultados desastrosos que le habían obligado a dejar de lado su infructuosa persecución al líder y a echar un vistazo a los retrovisores.

Con cambio de entrenador incluido, incluso llegó a ver como su monoplaza se quedaba calado en mitad de una curva y era adelantado por vehículos que, en teoría, no debían ser problema. Tenía, pues, que tratar de arrancarlo en el peor momento posible. Llegaba al Iberoamericano el líder. El intratable Córdoba B, a un mundo de distancia.

Y cayó. El filial blanquiverde mordió el polvo con un directo a la mandíbula. Un gol en el último minuto de partido que enloqueció a toda la Marea Azulina y que tiene un significado bestial para el San Fernando.

Novedades tácticas y mentales

Durante toda la semana previa al choque, el equipo de La Isla de León había intentado elevar la moral de su tropa. Y lo consiguió. Bahía Sur presentaba un ambiente diferente al de los últimos compromisos y el cuadro de Méndez parecía tener ese puntito de actitud positiva para partidos de este tipo que otras veces tanto se echaba en falta en la escuadra azulina.

Antonio Méndez, como viene siendo habitual, no repitió once. Tampoco esquema. Fortaleció la medular con Lolo Garrido por delante de la defensa y con la entrada de Herrero, Carlitos y Dani Martínez para acompañar a Óscar Oliva. Las bandas quedaban, así pues, exclusivamente para Mario y Amarito, que debían inquietar al rival con centros medidos a la posición de nueve de Tati Maldonado.

Apuesta arriesgada la del preparador sevillano si se tiene en cuenta que los costados eran una de las armas más peligrosas de este filial con futbolistas de la talla de Javi Galán y Sebas Moyano. Pero salió bien.  Los azulinos, de hecho, estuvieron a punto de desvirgar el luminoso con un lanzamiento de falta de Tati desde la frontal a los cuatro minutos de juego. Solo el vuelo de Sillero lo evitó.

Quiles fue expulsado por agredir a Lolo Garrido a los 12 minutos de juego

La historia del duelo disputado en El Arcángel volvía a repetirse. Dos equipos superiores al resto, con hambre de gloria, rebosantes de tensión porque un mínimo error podía significar una condena decisiva en forma de derrota. Domino alterno, tuya-mía en la medular hasta que el árbitro detiene el juego y alza la cartulina roja. Quiles, máximo goleador del Grupo X y hoy de mediapunta, es expulsado por una agresión a Lolo Garrido. El partido cambia totalmente.

No podía ser de otro modo, pensarán. El Córdoba B se replegó a partir de entonces para encomendarse a la velocidad a la contra de Moha Traoré. Panorama idílico para el San Fernando...o eso parecía. Porque el Club Deportivo no tenía muy claro como meterle mano a las dos líneas de cuatro que planteó Luís Carrión.

La falta de chispa y de pólvora en la punta de ataque era un hecho. Amarito y Mario lograban zafarse de sus respectivos marcadores, pero nada más. Sus centros, sus asistencias, eran despejados sin dificultades aparentes por Fran Serrano y Bijimine. Las paredes por el centro entre Carlitos, Óscar y Dani Martínez se enredaban en el bosque de piernas cordobés y el balón parado se convertía en la opción más clara para derribar la resistencia cordobesista. Así fue.

El ajedrez, las uñas y el principiante

Una falta muy similar a la del comienzo. Mismo lanzador. Tati disparó y el esférico, caprichoso él, impactó en la barrera de tal manera que descolocó totalmente a Sillero. El esférico entró. Llorando pero entró. Acarició la red y desencadenó un espectacular rugido. Pero, como se suele decir, lo mejor aun estaba por llegar.

Luis Carrión necesitaba revertir la situación. Esteve reforzaba la zona ancha, esa que el San Fernando había conquistado en el primer acto. No obstante, el filial continuaba lamentando la expulsión. Zamora apenas era exigido y el Club Deportivo perdonaba la sentencia en las botas, otra vez, de Tati.

Tati, con ayuda de la barrera, abrió el marcador al filo del descanso y el juvenil Vera empató en el 77'

Sin embargo, el Córdoba B reaccionó. Se vino arriba a partir de un cabezazo alto de Bijimine y demostró los motivos que le hacen ser líder autoritario del Grupo X. Pablo Vázquez y Gabi aguantaban como podían las arrancadas cada vez más habituales de Moha (de hecho, el asistente le anuló el empate al africano) y la grada empezaba a mirar de reojo el electrónico y a quedarse sin uñas.

Como si de un duelo de ajedrez se tratase, Méndez movió sus piezas. Lolo Garrido fuera, dentro Ñoño. Adiós al equilibrio en el centro del campo. Le sustituía la electricidad hecha futbolista. El San Fernando cedía terreno y otro balón parado silenció al estadio isleño. Corría el minuto 77. Ceballos acababa de entrar por Tati y el juvenil Vera había ocupado el sitio de Jose Antonio Gonzalez.

Cualquier acción resultaría decisiva. El esférico flotó por el cielo cañaílla con intención seriamente dañina. Bijimine se elevó más que nadie y asistió de cabeza al propio Vera. El regalo no se podía desaprovechar. Zamora fue incapaz de detener la igualada. El atacante juvenil corrió como loco hacia el banquillo. Se podían oir sus gritos de júbilo. Bahía Sur era un cementerio.

El San Fernando lloraba para sus adentros. No podía ser verdad. Otra vez ese triunfo necesario se escapaba. Rabia. Impotencia. Tristeza. Miedo al ver como Moha quería más y a punto estuvo de anotar el 1-2. 

Había que lamerse las heridas. Morir matando. Acabar cercando la meta de Sillero. Para tal fin, Edgar ingresó al césped en lugar de Oliva. Méndez quemaba sus naves con solo una consigna: tener puntería, tener gol.

Vencer o morir

Y, por extraño que parezca, al líder le fallaron las fuerzas. El Córdoba B se convirtió en vulnerable ante la furia azulina. Amarito fue un puñal decisivo por la izquierda. Mario era lo propio por la diestra. Herrero erró al rematar un pase de la muerte del canterano y el larguero y Sillero evitaron que Dani Martínez se convirtiera en héroe a pase del melillense.

Fue entonces, ante la desesperación colectiva, cuando uno se daba cuenta de la diferencia existente en todos los rostros que sufrían lo indecible por ver ganar por fin a su equipo. Todos, con pensamientos diferentes, luchaban por alcanzar el éxtasis.

Dani Martínez provocó la locura en Bahía Sur en el 89'

El reloj se detuvo. Sillero volvía a aparecer. El esférico se escapó al lateral del área. Un barullo en el área permitió al San Fernando ver la luz. Nadie parpadeaba. Dani Martínez en franca posición de disparo. Mario a su lado, como un espectador de lujo.

Era la última bala. Todas las miradas estaban puestas en ella. Era la bala de todos los isleños. El fin de una crisis. El punto de inflexión. Entre la gloria y el desastre solo estaba un pulpo vestido de amarillo. Otra vez el fútbol hacía de las suyas, incapaz de mantenerse en un tranquilo término medio. Aquí o matas o estás muerto.

El San Fernando esta vez mató. El balón entró. El orgasmo del fútbol se produjo. La locura se apoderó de Bahia Sur. Y La Isla, que tanto había sufrido este último mes, volvió a sonreír.

VAVEL Logo