Se infartan en la Ribera del Manzanares los corazones
Juanfran desató la euforia anotando el penalti definitivo | Foto: RJ Torrellas - VAVEL

210 minutos, ningún gol y 16 penaltis. 16. Solo así hubo forma de decidir un billete a cuartos de final que fue sufrido, tenso y ante todo emocionante. Narsingh, que había salido precisamente para lanzar desde los once metros, falló. Antes, 14 jugadores habían acertado de cara a puerta. Tras el tiro al larguero del jugador del conjunto holandés, Juanfran anotó y el Atlético de Madrid se clasificó para cuartos de final de la Champions League por tercera vez consecutiva. Y de una forma calcada a la de hace un año. El fútbol es caprichoso.

Avisos sin premio

No había empezado el partido cuando ya se mascaba la tensión en el ambiente. Repartida a partes iguales con la ilusión de la afición rojiblanca, el Atleti intentó coger la pelota desde el inicio, pero el PSV no se amedrentó. El ambiente no parecía preocuparle y los holandeses buscaban transiciones rápidas y verticales. Simeone había apostado por Carrasco en punta junto a Griezmann en un claro 4-4-2. Y el Atleti echó en falta las asociaciones de Vietto en ataque. Saúl se desfondaba y Koke sacaba su mejor versión, pero los dos de arriba estaban imprecisos.

Aún así, las mejores de la primera mitad fueron del cuadro local. Solo corría un minuto de juego cuando Zoet se adelantó a un pase filtrado de Griezmann que buscaba a Carrasco. Tardó un cuarto de hora en llegar la siguiente ocasión, pero qué ocasión. Koke asistió a Griezmann, que controló al borde del área pequeña, sacó el zurdazo y se encontró con Zoet. Si el meta del conjunto holandés parecía crecido, Oblak también mostró sus cualidades. En la mejor combinación del PSV en la primera mitad, se adelantó al remate en el segundo palo de Bruma, que solo tenía que empujarla.

El equipo de Simeone echaba en falta más balón y menos nervios. El PSV, mientras, mostraba sensación de peligro cada vez que llegaba al área contraria, aunque no llegaba a materializarlo en ocasiones claras de gol. Un doble remate, primero de Griezmann y luego de Saúl, fue repelido por dos defensas al filo del descanso. El Atleti quería, el PSV amenazaba y la eliminatoria estaba en el aire, a sabiendas de que un gol haría saltar todo por los aires.

Maderas, tensión, miedo... y penaltis

Comenzó la segunda mitad con un guió similar, así que Simeone se lanzó al ataque: Torres por Augusto. Fue hacer el cambio y llegó la más clara del partido. Pero no fue en el área de Zoet. Locadia, desde el vértice izquierdo, se sacó un disparo que botó frente a Oblak. Aún así, el esloveno sacó una mano prodigiosa y envió el balón al palo. La grada reaccionó, pero el partido se rompió y empezó a ser un correcalles donde Torres fue el más destacado. El Niño mostró su mejor versión encarando, desbordando, presionando y llegando al área con peligro. Incluso intentó una vaselina que se fue por encima del larguero.

Las imprecisiones se volvían a suceder y Simeone se arrepintió ante tanto caos, así que volvió a reforzar el centro del campo con la entrada de Kranevitter. Griezmann, como en Mestalla, intentaba retrasar su posición para asociarse en la zona de tres cuartos, pero el francés no aparecía en el ataque rojiblanco, donde solo Torres parecía intentar algo diferente al resto. Por si parecía poco, Godín se lesionó al final de los 90 minutos y Lucas Hernández tuvo que entrar en su lugar. Más leña al fuego.

El PSV, por su parte, cumplía su rol a la perfección. Tras aguantar en la ida, Cocu apostó por un planteamiento magnífico en la vuelta que dejó sin ideas al Atleti y al que solo le faltó fortuna de cara a portería. La moneda podía caer de cualquiera de los dos equipos, pero lo cierto es que en la grada empezaban a recordarse los penaltis de hace un año. Porque en la prórroga, lo que se dice pasar, no pasó nada. Más miedo, más tensión y más corazones infartando.

Sin ocasiones y pensando más en los penaltis que otra cosa, Cocu pecó con uno de esos errores que tantas veces se ven en estos casos. En el 117', sacó a Narsingh, previsiblemente confiando en su atino desde los once metros. 16 jugadores distintos tiraron; sólo él falló. El resto, más épica. 'Nunca dejes de creer', rezaba el mosaico del Calderón al inicio del partido. El Atleti creyó hasta el final.

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