Momentos Celta - Deportivo: ocho minutos para ganar un derbi
Adolfo Atienza en una colección de cromos de la temporada 1950/51 (Foto: todocoleccion.net)

Y es que aunque sus primeras experiencias con el balón en los pies hay que buscarlas en el madrileño barrio de Tetuán, Santiago de Compostela iba a ser la ciudad que de verdad convirtiese al joven Adolfo en futbolista. El traslado de sus padres a la capital gallega a principios de los 40 le permitió incorporarse con tan solo 15 años a la disciplina del Club Arenal, que militaba en Primera Regional. Su posterior y efímero paso por el equipo compostelano más importante del momento, el Club Santiago, dejó paso a su fichaje por el Celta. Corría el mes de diciembre de 1947 y, con 20 años recién cumplidos, Atienza se integraba dentro del equipo dirigido por Ricardo Zamora y que en aquella temporada iba a hacer historia con un cuarto puesto en liga y, sobre todo, con un sonado subcampeonato de copa. Los Pahiño, Hermidita, Miguel Muñoz y compañía cerraban el paso a jóvenes talentos como el madrileño por lo que se acordó una cesión al Berbés, equipo que por entonces competía en la Tercera División.

Uno de los eléctricos

Durante el verano de 1948 Adolfo Atienza se incorporó definitivamente al Celta y se puso a las órdenes de El Divino. Durante su primera temporada no gozó de muchas oportunidades aunque ya fue capaz de lograr sus dos primeros tantos con la camiseta celeste. Su debut como goleador tuvo lugar en febrero de 1949 en Les Corts, en una derrota por 3-1 ante el Barcelona, mismo equipo ante el que había debutado en la máxima categoría unos meses antes. El Celta pagó el peaje por haberse desprendido de Muñoz y Pahiño y, lejos de los éxitos obtenidos un año atrás, logró la permanencia con apenas un punto de margen sobre la zona de descenso.

Adolfo Atienza destacó en el Celta de principios de los 50 (Foto: yojugueenelcelta.com)
Adolfo Atienza destacó en el Celta de principios de los 50 (Foto: yojugueenelcelta.com)

Con la marcha de Zamora y la llegada al banquillo de Luis Casas Pasarín, Atienza pasó de figurante a actor principal dentro del equipo. El buen manejo que demostraba con ambas piernas le permitía ubicarse como delantero centro aunque su trayectoria terminaría por certificar que la demarcación de extremo derecho era la que mejor se adaptaba a su perfil. En la temporada 1949/50 compartió línea atacante con Hermidita, Mekerle, Sobrado y Vázquez conformando la que se denominó ‘delantera eléctrica’. El Celta completó unas primeras 22 jornadas memorables que le situaron como líder a falta de tan solo cuatro encuentros para finalizar la competición. Desgraciadamente no se pudo sumar un solo punto de los últimos ocho en disputa y los de Vigo finalizaron en un séptimo lugar que no reflejaba lo cerca que se había sentido el equipo de lograr el título. Atienza, a sus 22 años, tan solo se perdió dos encuentros de liga y convirtió nueve tantos de los 51 que totalizó la ‘delantera eléctrica’. Ante el Nástic de Tarragona logró su primer doblete en un encuentro que los de Vigo vencieron por 10-1 en octubre de 1949.

Adolfo Atienza en su época en el Real Madrid (Foto: corazonblanco.com)
Adolfo Atienza en su época en el Real Madrid (Foto: corazonblanco.com)

La siguiente temporada no resultó tan brillante, ni para Atienza en el apartado individual ni para el Celta en el plano colectivo. Con todo, el equipo de Pasarín se apoyó nuevamente en una línea de vanguardia muy productiva —55 goles— y terminó en una dignísima octava plaza. Curiosamente, el hombre que actuaba como extremo derecho fue el menos realizador de los cinco de arriba y tan solo pudo aportar cinco dianas.

Llegaba el curso 1951/52, que comenzó muy mal para los de Vigo. Durante las primeras 14 jornadas el equipo se situó en zona de descenso, lo que desencadenó la inevitable destitución de Pasarín. La llegada de Ozores y Yayo sirvió a los de celeste para levantar el vuelo con cinco victorias en seis encuentros. Fue aquella una temporada memorable para Adolfo Atienza, que anotó 18 goles y complementó de manera brillante a un gran Hermidita, quien fue capaz de convertir 21.

Huracán celeste

De aquel curso data un derbi disputado en Balaídos ante el Deportivo de Dagoberto Moll y Arsenio Iglesias, correspondiente a la penúltima jornada de liga. Los de Vigo, que todavía se veían en peligro de caer a zona de promoción de descenso, eran novenos en la tabla. Mientras, los coruñeses se situaban en la duodécima plaza y necesitaban los puntos para evitar la caída hacia la Segunda División.

Alineación Celta-Deportivo (06/04/1952)
Alineación Celta-Deportivo (06/04/1952)

En una tarde luminosa el Deportivo tan solo necesitó seis minutos para conseguir el primer gol. Un potente disparo de Manuel Lechuga sorprendió a Francisco Simón y sembraba las dudas en el seno del equipo céltico. Los locales se marcharon hacia arriba y encerraron al cuadro blanquiazul, que soportó como pudo las acometidas celestes hasta el minuto 28. Fue entonces cuando Manuel Hermida consiguió enganchar un buen disparo que superaba al arquero visitante Pita. El empate desencadenó un huracán sobre la portería deportivista, que en apenas ocho minutos iba a recibir tres goles. Y todos ellos con la rúbrica de Adolfo Atienza, quien aprovechó las asistencias de Pineda, Hermidita y Olmedo para lograr un 'hat-trick' en tiempo récord. En un suspiro el Celta resolvía un partido que se le había complicado nada más empezar y, de paso, dejaba amarrada la permanencia.

Atienza regresó en septiembre de 1958 a Vigo, en busca de un broche de oro a su carrera

El segundo tiempo transcurrió bajo el control absoluto del equipo local, que todavía dispuso de tiempo para ampliar el marcador con dos tantos más, ambos obra de Mekerle. El 6-1 final colocaba al equipo coruñés en una situación complicada de cara a la última jornada, aunque una ajustada victoria sobre el Valencia le permitió finalmente eludir la promoción de descenso. El Celta llegó salvado a Santander, donde cayó por 3-0 en la última jornada para terminar en la novena plaza.

Una oportunidad en la capital

La campaña 1952/53 transcurrió en medio de un merodeo constante por la zona peligrosa de la tabla. El Celta se vio obligado finalmente a jugar la liguilla de permanencia, en la cual terminó en una tercera posición que le condenaba a descender. Finalmente se logró la permanencia en los despachos, ante la renuncia del España Industrial a jugar en la máxima categoría. En el capítulo individual Adolfo Atienza se mantuvo a un gran nivel, con 14 goles anotados y más de 2.700 minutos de juego entre liga y play-off. Su gran rendimiento a lo largo de las dos últimas temporadas provocó que el Real Madrid se lanzase a por su fichaje. El Celta no salió mal parado ya que recibió 600.000 pesetas más la cesión de un buen extremo como Gausí. Atienza se encontraba muy a gusto en Vigo pero siempre recriminó a los dirigentes con los que trató que no le valoraron como merecía.

Adolfo Atienza, primero por la derecha en la fila inferior, en una alineación del Real Madrid 1953/54 (Foto: fr.fanscup.com)
Adolfo Atienza, primero por la derecha en la fila inferior, en una alineación del Real Madrid 1953/54 (Foto: fr.fanscup.com)

Así, en el verano de 1953 se embarcó en una nueva aventura, esta vez en la capital de España. El Real Madrid iniciaba, con los fichajes de Di Stéfano y Gento, un proyecto que acabaría por conquistar Europa. Durante la primera temporada el equipo merengue conquistó el título de liga y Adolfo Atienza, sin conseguir afianzarse como titular, sí logró participar en 13 encuentros, a lo largo de los cuales materializó cuatro tantos. Peor le iba a ir al año siguiente, en el que solo pudo formar parte del once blanco en cuatro encuentros de liga. Fue el curso en el que se incorporó al equipo su hermano Ángel, quien sí iba a mantenerse como un hombre importante en la zaga blanca hasta el punto de participar en la conquista de varios títulos de Copa de Europa.

Declive

En 1955 el extremo madrileño fichó por la UD Las Palmas, equipo en el que recuperó el protagonismo perdido en la capital. Durante el ejercicio 1955/56 fue el futbolista más utilizado de la plantilla y se convirtió, de lejos, en el máximo goleador del equipo con 12 tantos. El equipo canario consiguió mantenerse en Primera, objetivo que repitió al año siguiente. Atienza no jugó tanto entonces y tan solo pudo anotar tres tantos en liga pero al menos fue capaz de mantener la titularidad en 23 partidos.

Atienza, segundo por la izquierda en la fila superior, en un Celta que goleó 4-1 al Athletic en enero de 1952 (Foto: halacelta.com)
Atienza, segundo por la izquierda en la fila superior, en un Celta que goleó 4-1 al Athletic en enero de 1952 (Foto: halacelta.com)

Con 30 años se marchó al Real Jaén, equipo que había logrado mantenerse en Primera. Allí Atienza vivió una temporada para olvidar, con apenas seis titularidades en liga y tres goles en la competición copera. El equipo descendió y Atienza regresó en septiembre de 1958 a Vigo, en busca de un broche de oro a su carrera. Pero por entonces, ni él se encontraba ya en un buen momento, ni el Celta era el mismo que había dejado unos años atrás. En 1959 se consumaba el descenso del equipo a la División de Plata en una temporada en la que el extremo derecho ya no pudo aportar gran cosa. Al año siguiente, con el equipo en Segunda, Atienza no llegó a disputar un solo minuto con la casaca celeste y abandonó el club antes del final de temporada. Sus últimas actuaciones vestido de corto tuvieron lugar en la Ponferradina, que militaba en Tercera División a principios de la década de los 60.

Su debut como goleador tuvo lugar en febrero de 1949 en Les Corts

Nunca llegó a jugar con la selección nacional, si bien fue convocado en varias ocasiones. Adolfo Atienza falleció en julio de 2008, a los 80 años. Demostró toda su categoría en su primera etapa en el Celta, de manera especial entre 1951 y 1953. Sus condiciones de extremo goleador resultaron imprescindibles para que el club olívico continuase, con sus altibajos, entre los grandes durante la mágica década de los 50. Aunque cuando se habla en clave derbi, aquellos tres goles logrados ante el Deportivo en apenas ocho minutos se llevan la palma.

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