El Príncipe quiere la corona
Foto: RJ Torrellas - VAVEL

Hay partidos que, por muchas letras que se junten, son difíciles de explicar sin haberlos vivido. Hay jugadores que, por mucho que les apoye un grupo incondicional detrás, siempre tienen un pie por delante del resto. Y hay aficiones que también son capaces de añadir piernas, pulmones y corazones al campo cuando hace falta. El jugador, en este caso, fue Griezmann. La afición, la del Atleti. ¿El equipo? El de Simeone, cómo no. Los rojiblancos voltearon la eliminatoria ante un Barça cuyas estrellas se apagan en el tramo determinante de la temporada. El Atlético lo volvió a hacer. El 'Cholo' volvió a triunfar.

De la pausa al delirio

La afición quería una noche de locura. De las que no se olvidan, de esas en las que el equipo sale a morder, a comerse al rival, a ganar. No se llegaba a los siete minutos cuando los rojiblancos ya lo habían intentado tres veces de diferentes maneras.  El primero, Gabi con un duro derechazo que se marchó alto dentro del área. Carrasco, que fue la apuesta de Simeone en lugar del sancionado Torres, lo intentó minuto y medio después. Y Griezmann dio el tercer aviso. El Atleti había salido en tromba y el Barça parecía amilanarse ante el ambiente, pero el guión cambió a partir de entonces.

Iniesta y Busquets empezaron a domar el balón y el encuentro se volvió plano. Se había hablado mucho en la previa de aquel partido, similar a este, de hace dos años. Pero había una diferencia abismal, y es que los culés no necesitaban salir a marcar. Así que Luis Enrique, sorprendido por el planteamiento del 'Cholo', lo tenía claro: mover el balón, de aquí a allí, en el centro del campo, en la defensa, al portero. Pero rara vez en ataque.

Así que el Barça dormió el partido. Poco inclinado hacia el área, se limitó a controlar el esférico y hacer que los decibelios bajaran mínimamente. Porque enfrente, a parte del Atleti, había 54.000 más gritando, no lo olviden. Como no parecía preocupado por el gol, el conjunto blaugrana apenas llegó a puerta. Una falta de Messi que se marchó alta y poco más. El Atleti, mietras, dudaba si ir o no a la presión, con el riesgo que ello supone dejando huecos en la espalda.

Poco a poco se fue hacia arriba el conjunto de Simeone. Más que el propio técnico, parecía el Barça el que le pedía que le presionara. Así que dijeron: allá vamos. En una de esas, Jordi Alba se equivocó al despejar un balón desde el córner hacia una zona céntrica. Gabi recuperó, Saúl puso el balón al área y encontró a Griezmann, libre de marca. El francés no tuvo más remedio que meterlo y volver loca a la afición colchonera. Impulsado por la grada, cabeceó como si no hubiera un mañana e hizo saltar las alarmas en el lado contrario. Reaccionó tímidamente el conjunto culé con un disparo de Neymar, sin fortuna. El Atleti tenía lo que quería: una ventaja que le metía en semifinales y obligaba al Barça a arriesgar.

Un asedio; un muro infranqueable

Visto que lo de tener la pelota en campo propio no servía para nada, el Barça no tuvo más remedio que cambiar el plan. Si quería hacer un gol, tendría que acercarse al área. Dicho y hecho; los de Luis Enrique adelantaron líneas y acorralaron al Atlético en las inmediaciones de la portería de Oblak. Para cualquier equipo sería un asedio. No para el Atleti. Simeone, que siempre parece tener un plan, juntó las líneas y empezó a salir en velocidad al contragolpe con Griezmann y Carrasco como principales bazas ofensivas. Velocidad para matar.

A pesar de que el Barça salió mejor, fue de los rojiblancos la más clara al empezar. Koke cazó un rechace en el área que, con Ter Stegen ya batido, se estrelló en el larguero. El asedio blaugrana, en este caso amarillo por cosas de la UEFA, fue in-crescenedo hacia la portería de Oblak, siempre imbatible. Saltaba, las cazabas al aire, tras rechaces, a bocajarro. Estaba en todas el esloveno. Un error de Saúl que tapó posteriormente Koke cuando Messi fusilaba, un mano a mano de Luis Suárez que chutaba al centro, otro disparo donde aparecía casi bajo palos Godín... el Atleti era un muro. Allí la pausa, en el otro lado la velocidad: un contragolpe de Griezmann al que el francés llegó demasiado cansado ante Ter Stegen. 

Como no podía ser de otra forma, al partido tampoco le faltó intensidad. Luis Suárez, en esas, volvió a ser el protagonista negativo. El uruguayo, cuando buscaba un remate de cabeza, sacó el codo ante el ojo de Godín. Luego Neymar el pie con Juanfran. Una amarilla para cada uno, Rizzoli no quería problemas. En cuanto al fútbol, el Barça seguía atacando a 15 metros de la línea de gol, pero sin encontrarla. A veces Sergi Roberto, otras Jordi Alba; los centros siempre encontraban a Godín, Lucas o un incombustible Gabi. La entrada de Arda animó un ambiente ya de por sí caldeado y Messi, mientras tanto, desaparecía en el campo.

Cuanto más lento parecía llegar el tiempo, el Atleti mató el partido. Y la eliminatoria. Y la clasificación para semifinales por segunda vez en las últimas tres temporadas. Una contra vertiginosa llevada por Filipe Luis que acabó en una mano de Iniesta en el área. Fue penalti. Lo marcó Griezmann, un jugador al que el apodo de 'Principito' se le empieza a quedar corto. Él elevó al cielo de Madrid a un Atlético que, como siempre, compitió como si la vida le fuera en ello. "A morir, los mios mueren", que diría Simeone. Y ganó. Y vivió. Y opta a la corona. Esperan las semifinales.

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