La ilusión de un Niño
Foto: Ángel Gutiérrez - ATM

Victoria por la mínima del Atlético de Madrid en San Mamés.  Como hace dos temporadas, el equipo de Simeone solventa con trabajo, oficio y destreza el duro duelo que siempre se plantea en la Catedral. Sin Diego Costa, pero con Fernando Torres. El Niño volvió a mojar y fue decisivo para llevarse los tres puntos. En la segunda parte, el Athletic puso toda la carne en el asador, pero el Atleti es el mejor equipo aguantando estos ataques. Como siempre, el partido no defraudó.

Del susto de Godín al gol de Torres

El partido comenzó con el Athletic “cogiendo el saque”, a lo basket. El equipo de Valverde puso pausa, paciencia y posesión. Quiso mandar en todo momento con un San José muy metido atrás para disipar la presión de Griezmann y Torres, y tener un comienzo de jugada muy inicial. Beñat era el foco de balones locales, pero también de las marcas colchoneras. Para la ayuda, la línea de tres formada por Raúl, Muniain y Susaeta se centralizaban para dejar la banda libre, y que, como hizo De Marcos, pudiera llenar con otro hombre esos ataques. Querer y no poder.

El partido se heló, para los de Simeone, con la temprana lesión de su general Godín. La lesión dejó en estado de shock las mentes del Atleti, que tuvo que seguir remando para equilibrar el juego ante un Athletic mandón pero poco agresivo. El Cholo cambió al 4-5-1 y acertó. Atinó porque Griezmann se añadió al trabajo detrás del balón, pero cogió protagonismo junto a su colega Koke por el centro cuando su equipo tenía el balón. Un aviso de Saúl y el gol de Torres. El Niño, en estado de carcajada, remató de cabeza, perfecto, un gran envío de Griezmann por el centro, por ahí por donde comenzaban a hacer travesuras Zipi y Zape. El gol de la tranquilidad al descanso.

Un experto en sufrir

En la segunda parte, la marea subió y se llevó todas las sombrillas y toallas colchoneras. Poco a poco, el Athletic creció y el Atleti tuvo que resguardarse. Sí, los de Simeone estaban en su salsa. Además, alguna contra tuvo el equipo madrileño, pero poca cosa. Y eso que ya estaba en el campo Carrasco, pero no fue el cambio esperado. En cambio, las sustituciones del equipo de Valverde sí tuvieron su efecto. Sobre todo con la de un hombre, Iñaki Williams.

El atacante de los leones fue el revulsivo final para la avalancha local. Su puesta en escena coincidió con el asedio más grave sobre el área de Oblak. El Athletic estaba desatado y encerrando a los de Simeone. Pero aquí los del argentino se mueven como pez en el agua, pese a las mareas marinas. El juego aéreo, el trabajo, la solidez, la eficacia para sacar balones o taponar es cosa rojiblanca y una vez más quedó demostrado. Augusto y Saúl cimentaron el centro, Koke y Torres se zafaron, Savic y Lucas no dejaron una oportunidad de remate sin taponamiento o despeje. Los laterales a su nivel. El Athletic asediaba pero el equipo de la capital viene de vuelta en este tipo de partidos.

Cerca del final, Carrasco tuvo la que Simeone esperaba. Controló un balón en el área, y su disparo lo sacó Iraizoz y dejó sin tranquilidad al Atleti.  Vendría otro asedio local. Esta vez el foco sería aéreo.  Dos expertos, dos cazas imparables por el aire; San José y “Rulo”. Protagonistas de los últimos intentos, donde el corazón rojiblanco tambaleaba. Al otro lado, a punto de quebrar en otra ocasión dentro del área rival de Yannick Carrasco. La batalla terminó y Simeone se lleva un tesoro que recuerda a la visita de hace dos temporadas. 

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